Luciano Cruz-Coke se encuentra en un período de reflexión sobre su apoyo a la nueva Constitución y el 25 de enero dará a conocer su decisión. Crítico sobre la actuación de la oposición y a su falta de condena a los hechos de violencia durante el estallido social, el diputado Evópoli asegura que “hemos sido burlados por personas que pensaron que podían aprovechar una oportunidad que con votos no pudieron ganar”.
Foto: Rodolfo Jara

  • 17 enero, 2020

Se ha legislado a la rápida”, declara Luciano Cruz-Coke (49) al referirse al trabajo que se ha hecho en la Cámara de Diputados durante el estallido social. Además, el jefe de bancada de los diputados Evópoli se ha embarcado en un proceso de reflexión, junto a otros tres diputados de su partido, para determinar si finalmente aprobarán o rechazarán en el plebiscito para una nueva Constitución. El próximo 25 de enero espera comunicar su decisión, sin embargo, asegura que, “en marzo la gente va a tomar muchas definiciones respecto de su opción por el apruebo o rechazo, basándose en lo que suceda y en la capacidad que tenga el mundo político de cohesionarse detrás de la condena a la violencia”.

Cree firmemente en la unidad y continuidad de Chile Vamos, aunque reconoce que las relaciones al interior del conglomerado oficialista han estado más tensas durante los últimos meses. Con todo, asegura que: “Hemos demostrado tener en la base una cierta solidez, una suerte de fuerza centrípeta, que nos lleva hacia el centro y hacia la unidad. Obviamente con discusiones, que son de público conocimiento, pero existe una coalición oficialista ordenada, que opera en conjunto, a diferencia de lo que tenemos al frente”. Asimismo, piensa que “cualquier persona con dos dedos de frente entiende que hoy día dejar una coalición y operar por fuera es un suicidio político. Creo que con todo lo que se le puede achacar a Chile Vamos, es actualmente la única alternativa de gobernabilidad que el país tiene. No hay ninguna otra”.

Esta entrevista fue concretada una hora antes del comité político del día lunes, en el que la UDI anunció el “descongelamiento” de su participación en el bloque oficialista. Al café cerca de La Moneda, el diputado –quien es actor y gestor cultural– llegó con su cuaderno de la Universidad Católica, club en el que está abonado y alienta con frecuencia. El teatro –por ahora– lo mantiene en pausa, luego de terminar la temporada del montaje Los vecinos de arriba en 2018. Sin embargo, está esperanzado de volver a las tablas algún día.

Mientras se aboca a su trabajo parlamentario, siente preocupación por lo que ve a su alrededor.

-¿Se arrepiente de haber sido parte del Acuerdo de Paz y Nueva Constitución?

-No me arrepiento. Concurrimos al acuerdo de muy buena fe y creo que todos lo hicieron así. Lamentablemente, el clima en el cual se dio se ha visto alterado y traicionado en la práctica por acusaciones constitucionales permanentes a ministros, al presidente de la República y al intendente Guevara. Las cinco interpelaciones a ministros dan cuenta de que una vez que se lleva adelante un itinerario constitucional, la segunda parte del acuerdo –que era precisamente crear las condiciones de gobernabilidad, que es claro que requerían también apoyo político– a ellos les da lo mismo. La oposición pretende darle golpes permanentemente al gobierno hasta desestabilizarlo. Algunos quieren ver a Piñera fuera del gobierno y hay otros que callan cobardemente y no condenan la violencia porque creen que pueden conseguir objetivos políticos a través de esto.

-¿Sectores del Frente Amplio?

-Sectores de izquierda moderada también, que es lo más lamentable. Hemos sido burlados por personas que pensaron que podían aprovechar una oportunidad que con votos que no pudieron ganar. Eso sí, debo decir que en el Senado han tratado de estar más a la altura de las circunstancias, porque ven con mayor claridad la gravedad de la situación.

-¿De qué forma han sido burlados?

-La buena fe y la disposición eran para crear un clima propicio, y siento que este se ha visto absolutamente traicionado por parte de una izquierda secuestrada por los extremos políticos y que hoy no se atreve a ser taxativa en la condena a la violencia. Tampoco ha sido capaz de darle el apoyo político y los votos que requiere a proyectos relevantes para poder mantener la paz y el orden público.

Luciano-Cruz-Coke

El avispero

El jueves 9 de enero, durante la interpelación al ministro de Hacienda, Ignacio Briones, Cruz-Coke alzó la voz: pidió que se suspendiera la sesión, pues de los 63 diputados que habían votado a favor de la instancia solo había 12 en la sala. Durante cinco minutos el proceso fue detenido.

“Se le dio un mal uso a la herramienta de la interpelación. Una hipocresía al mostrar interés en que el ministro rinda cuentas y finalmente no estar siquiera ahí para escucharlo”, dice.

-¿Qué lo motivó a solicitar esta pausa?

-No logro entender que haya una mala voluntad en el diálogo político, que particularmente se manifiesta en la Cámara de Diputados, en la que se dice públicamente que se quiere buscar diálogo y llegar a acuerdos, pero en la práctica se hace todo lo contrario. La Cámara Baja se ha transformado en un avispero, un lugar donde ojalá los proyectos importantes puedan salir rápido, porque es evidente que ahí no se va a lograr ningún acuerdo y se va a terminar logrando en el Senado. Es lamentable para su prestigio y reputación.

-¿Por qué cree que pasa esto en la Cámara de Diputados y no en el Senado?

-Es la fragmentación propia del sistema de escaños D’Hondt y particularmente la situación que hoy existe en la oposición: el único factor que los cohesiona es tratar de hacerle la vida imposible al gobierno. No hay diálogo entre la DC y el PC, porque al interior de cada una de sus facciones existen posiciones muy distintas, donde hay algunas personas que sienten que si votan algún proyecto a favor del gobierno, van a ser objeto de funa, bullying o de troleo vía redes sociales. Hay una falta de compromiso con ciertos valores democráticos en pos de tratar de generar algún tipo de unidad más a nivel partidario, a nivel de oposición en términos generales.

-¿Qué valores han dejado de lado?

-El respeto, la libre circulación de las personas, el valor de la seguridad, de que se pueda vivir en un ambiente sin violencia. Son cosas que hoy día se están siempre contextualizando y justificando.

Evolución constitucional

-Respecto al plebiscito de abril, ¿cuál es la situación interna en Evópoli? ¿Existe un quiebre como el que se aprecia a veces en RN?

-No hay quiebre. Hay un proceso de deliberación interna. Yo me he declarado en reflexión junto a otros tres diputados del total de seis de la bancada.

Reflexionamos respecto de este proyecto y de la posibilidad de que el proceso constituyente pueda realmente darse en un contexto de violencia, de odio desatado, y si nosotros vamos a poder tener un ambiente de deliberación democrática, en el que los constituyentes se sientan libres de poder señalar qué es lo que piensan acerca de cada una de las materias que aborda la Constitución.

Muchos tenemos dudas de que eso pueda darse. Al menos en las condiciones de hoy, lo vemos bastante difícil. Eso ha suscitado una deliberación interna que ha cambiado la situación original y que vamos a definir en un consejo el 25 de enero.

-¿Este proceso de reflexión es hacia una nueva Constitución o hacia el proceso en sí? ¿Usted quiere una nueva Constitución?

-La Constitución de 1980, con todas sus reformas, es una carta que está validada en su tránsito democrático. Por supuesto que creo que requiere cambios en algunos temas, como los quórums supramayoritarios, el Tribunal Constitucional, tal vez incorporar algunos derechos en el artículo 19 y también eventuales cambios en el sistema político. Me gustaría pasar de un sistema presidencialista a un sistema parlamentario, semiparlamentario o semipresidencial, donde haya una responsabilidad compartida entre el Congreso y el Ejecutivo. Pero creo que podemos avanzar hacia reformas a la Constitución que no necesariamente pasen por el proceso constituyente. De esta forma, pienso que tanto la opción “apruebo” como la opción “rechazo” son válidas y no creo en que una opción se asimile al “sí” a Pinochet. Ambas son legítimas y permiten cambios posteriores a la Constitución.

-¿Cuál hubiera sido el escenario ideal para una nueva Carta Magna?

-La misma Constitución hoy permite mecanismos de reforma. El ideal hubiese sido que nosotros pudiésemos, a través del acuerdo político que tomamos el 15 de noviembre, haber avanzado en crear una nueva Constitución que diera garantías, para eso se estableció también el requisito de los dos tercios, pero creo que el clima político en el cual estamos hoy día –y en el que campea la violencia– puede inhibir la libre deliberación de los constituyentes. Las condiciones de libertad para que se pueda ejercer la acción de los constituyentes que puedan ser electos en octubre próximo no están dadas.

-¿Su voto y el de Evópoli están condicionados al actuar de la oposición?

-No necesariamente. Uno debe tener la libertad suficiente y el compromiso con ciertos valores. Espero que este escenario cambie, pero hoy día –al menos en la Cámara de Diputados– lo veo improbable.

-¿Ve más cercano el rechazo entonces?

-Es parte de la reflexión que estamos llevando adelante con buena parte del partido. Si esto se va a transformar en una guerra de guerrillas al interior de la Convención Constituyente, finalmente lo que podemos hacer es terminar pervirtiendo un proceso que tenía por horizonte la virtud, no un defecto.

-Si el proceso de reflexión termina con un apoyo a la nueva Constitución, ¿su partido haría campaña por el sí?

-Me cuesta pensar en salir a hacer campaña con el diputado Tellier, con el PC, con el Partido Humanista… Dudo mucho de la idea de que haya un compromiso por parte de los grupos más extremos con la democracia liberal. Me costaría mucho estar en una misma franja con el diputado Gutiérrez o con Pamela Jiles, por más que en la Cámara tenemos que relacionarnos y eso sucede más o menos de buena manera.