Cuesta creerlo, pero hay un sector de la población que paradójicamente está rezando porque el colapso que ha provocado el nuevo sistema de transporte no se termine nunca… Son los que han ganado con el Transantiago y los que ingeniosamente se las han arreglado para hacer una pasada. Como diría un gurú del management: son […]

  • 20 abril, 2007

Cuesta creerlo, pero hay un sector de la población que paradójicamente está rezando porque el colapso que ha provocado el nuevo sistema de transporte no se termine nunca… Son los que han ganado con el Transantiago y los que ingeniosamente se las han arreglado para hacer una pasada. Como diría un gurú del management: son los que ven una oportunidad donde otros solo ven una crisis. Por Lorena Medel y Franco Vera; fotos, Verónica Ortiz.

Sería injusto decir que el nuevo sistema de transporte se ha portado mal con todos los capitalinos. Hay algunos, a los que la escasez de micros, el enredo de los buses clones, el colapso del Metro, el complejo tinglado de los recorridos, la desesperación de los usuarios, les ha venido de perilla. Tanto, que aun sabiendo que el Transantiago tiene a medio país patas para arriba, están pensando en prender velas a todos los santos para que esta “buena racha” no termine.

Encabezando la lista de los afortunados están los vendedores de motos y bicicletas que, dicho en buen chileno, se han “hecho el pino” en este nuevo escenario. Es cosa de ver cómo han aumentado los vehículos de dos ruedas en las calles de Santiago, cuyos conductores, muchos de ellos inexpertos, tienen que hacer verdaderos malabares para avanzar en medio de los autos y micros que casi no se mueven…

Para los que siempre habían sido peatones, la alternativa de andar motorizados se ha convertido en una oportunidad extraordinaria. Por menos de cien mil pesos es posible encontrar una estupenda bicicleta y por 700 mil una moto que va más allá de ser puramente funcional.

Le siguen en fortuna los taxistas y choferes de colectivos, quienes confiesan –radiantes– que dejaron de tener días malos… Ahora pasan llenos de lunes a lunes, cuando históricamente habían sido los fines de semana los días más demandados.

Las mejores carreras, dicen, son las que parten al lado de una estación de metro, en el paradero de una micro o en las vías donde, literalmente, no pasa nada. Hay algunos que hablan de un incremento de hasta 30% en los ingresos de febrero y cerca del 50% en los de marzo, lo que explica la tremenda irrupción de este tipo de vehículos de un tiempo a esta parte.

Otros que han ganado con el Transantiago son los vendedores de autos usados, sobre todo esos que se han focalizado en el segmento entre los tres y cinco millones de pesos. Quienes están en este negocio aseguran que la salida de modelos como el Kia Pop, Chevrolet Corsa y Toyota Yaris, con tres y más años de antigüedad, se ha más que duplicado con respecto a 2006, lo que confi rma que una parte no menor de la población ha estado dispuesta a meterse la mano al bolsillo con tal de eludir los vaivenes del nuevo sistema. Y de la mano de la compra del primer auto ha venido también una fuerte demanda por aprender a manejar.

Aunque no hay datos concretos, se estima que las escuelas de conductores capitalinas –que suman más de 100– han aumentado en un 10% promedio la capacidad de sus cursos. Y si de celebrar se trata, no podemos dejar de mencionar a las empresas constructoras que se han ganado las licitaciones de los terminales de buses; a las firmas de capacitación para choferes; a las que confeccionan uniformes para choferes; a las que ofrecen servicios de desabolladura y pintura; a las de aseo industrial y, sobre todo, a las que gestionan el suministro de buses usados… Entre estas últimas, tenemos a la famosa Transpalitos, que en un mes de operaciones ha logrado colocar más de 60 máquinas en las calles de Santiago. Eso, para empezar.

JUANITO MENA
El rey de las bicicletas

Como un verdadero monarca, “Juanito” Mena está encima de todo… Mientras un joven le pregunta por frenos de disco, él ordena unos papeles, revisa facturas, contesta el celular y saluda a un amigo que lo pasa a visitar a su local de San Diego. Así de movidos están sus días desde febrero de este año, cuando la gente comenzó a optar por comprarse una bicicleta y así sortear los inconvenientes del Transantiago.

-A fines de febrero se empezó a ver un fuerte auge de la bicicleta. Principalmente porque el Transantiago ha dejado la gente a pie –comenta Juan Mena, (Juanito para los clientes), “El rey de la bicicleta”–.

Hemos tenido un alza aproximada del 20 o 25% en las ventas, y los colegas deben andar por las mismas. Sus ingresos no solo han aumentado por las ventas. Las reparaciones también le han venido como anillo al dedo, pues muchos de los que tenían su bicicletita botada, tuvieron que desempolvarla y mandarla a arreglar antes de volverle a dar uso.

También están los que se han aparecido por su local pidiendo que le pongan motor a su bicicleta. -El motorcito vale unos 90 mil pesos –comenta–. Por esa plata, que es poco tomando en cuenta los benefi cios, te quedas con una bicicleta que te lleva prácticamente a cualquier lado. Pueden llegar a tener un rendimiento de 70 kilómetros por litro, con una velocidad máxima de 40 km/h. La venta de esos motores ha aumentado en 50%. La mayoría de la gente viene porque los ha visto en la calle y nos trae su bicicleta para ver si se lo podemos instalar.

En sus tiendas de San Diego 911 y 917 fabrican y arreglan bicicletas de todo tipo, y pese a que los ciclistas necesitan de calor, las ventas han seguido buenas en otoño. Juanito cree que se van a mantener. Claro que para eso, dice, es necesario que las municipalidades se pongan de acuerdo para armar ciclovías. Y ya tiene a un alcalde de su lado, el de Ñuñoa, Pedro Sabat, quien además de ser un buen ciclista, es uno de sus clientes regalones.

Los modelos que más se están vendiendo son las mountain bike, y las “beach” (de paseo), favoritas de los universitarios. También se han puesto de moda las “chopper” (bicicletas con forma de moto), que son más para el “lolerío”, según opina el experto. La última novedad en su tienda es una bicicleta chopper, con motor eléctrico. No produce ruido, es potente y se carga como un teléfono celular.

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JAIME RUITORT
Sin descanso

No alcanza a pasar un minuto desde que Jaime Ruitort detiene su taxi-colectivo en el lado norte de la calle Cruz del Sur –a un costado de la estación Escuela Militar del Metro– cuando ya tiene que volver a partir. La cantidad de gente que va copando los vehículos de la línea 1006 del recorrido Santa María–Vespucio–Lo Curro no le permite siquiera bajarse a estirar las piernas. Es impresionante… Claro que a este chofer de colectivo, que lleva más de 10 años en el negocio, no parar le da exactamente lo mismo. Está tan feliz que no le importa tener que saltarse el almuerzo o trabajar de sol a sol de lunes a sábado.

De los 400 mil pesos mensuales líquidos que ganaba en promedio hasta diciembre pasó a 600 mil. Y está convencido de que en los meses fríos la cosa mejorará. -El fl ujo de gente ha aumentado como en 30% –dice Ruitort con voz seria y mirando a la cámara de fotos–. Y otra cosa es que antes teníamos varios períodos muertos en el día, a veces hasta de una hora, y hoy no paramos. Pero no todo es tan bueno. No se crea. Si no hubiera tanto taco podríamos estar mucho mejor. Por lo bajo haríamos dos recorridos más en el día, y eso, con un promedio de cuatro personas por carrera, a 500 pesos el pasaje, son cuatro mil pesos más. En un mes son casi cien lucas. Pero no se puede. Nos estamos demorando 45 minutos en un trayecto que antes no nos tomaba más de 20.

Entusiasta y bueno para hablar, Jaime nos cuenta que entre sus colegas se refi eren al “San Transantiago”, por todos los favores que les ha concedido, y a pesar de que resienten lo mal que lo está pasando mucha gente con el nuevo sistema, rezan para que ese “veranito de Juan” dure el mayor tiempo posible.

Comenta también que la mayor parte de sus pasajeros son obreros de la construcción, empleadas domésticas y estudiantes universitarios. “Nunca un ejecutivo o damita bien”. Y que el mejor día de la semana es el lunes, pues es cuando las nanas vuelven de su día libre .

MARIO AGUILERA
Taxi Driver

Bastante menos oscura que la película de Scorsese está la vida de los taxistas hoy en día en Santiago. El negocio se ha disparado. Sobre todo en las horas peak, cuando la gente entra o sale del trabajo.

Así al menos lo ve Mario Aguilera, taxista autorizado para trabajar en el sector de la clínica de la Universidad Católica. -La frecuencia de las micros nos ha convenido –cuenta–. El negocio mejoró. La gente en su desesperación por llegar pronto al trabajo, o irse luego a casa, opta por tomar un auto.

Lo mejor de este nuevo escenario, dice Aguilera, es que le ha permitido manejar su tiempo. Ahora sale a las 11 de la mañana de su casa, vuelve a almorzar a las 3 de la tarde y reaparece por las calles recién a las 5:30 de la tarde. De ahí no para hasta las 10 de la noche, por lejos la mejor hora para ganar dinero.

-Estoy ganando más que antes, y eso que antes trabajaba hasta mucho más tarde –señala don Mario, recordando cuando llegaba a casa a las 12 ó 12:30 de la noche–. Si fuera más ambicioso, saldría más temprano, me iría más tarde y ganaría mucho mejor. Pero acá cada uno tiene su horario y trabaja según el propio tope, o según lo que necesite para la casa.

Respecto del público, Aguilera cuenta que la gente que antes solía tomar taxi una o dos veces a la semana, ahora lo hace con mayor frecuencia. Y que los que nunca lo hacían, ahora se juntan con otros en los paraderos de micro y comparten el valor de una carrera larga. Y como con el Transantiago los taxistas pueden manejar por pistas exclusivas de buses, quien toma un taxi ahora puede llegar más rápido y por menos plata, pues se evita todos los tacos.

-Yo ando con el Diario Oficial guardado acá, así que no me pueden sacar partes, –dice–. Y esto no lo puede hacer un auto particular. Yo he visto a los que se meten a estas pistas en la Alameda, y fijo que les cae un parte.

Otro aspecto positivo de esta nueva “era” es la relación con los micreros. Cuenta que ahora hasta les dan la pasada para virar y son mucho más correctos y relajados.

MARIO PERSICO
Con listas de espera

Antes del Transantiago, un auto usado en torno a los tres millones de pesos podía estar dos, y hasta tres meses, sin que apareciera un comprador.

Hoy, en cambio, no pasa de las dos semanas… Eso, al menos, está ocurriendo desde mediados de febrero en la compra y venta de automóviles de Mario Persico, un empresario ligado a este rubro desde hace más de 60 años que, sin buscarlo, se ha visto favorecido con los vaivenes del nuevo sistema de transporte metropolitano.

La demanda ha subido mucho –dice–, sobre todo para los modelos más pequeños, como Chevrolet Corsa, Kia Pop y Toyota Yaris, que han llegado incluso a tener listas de espera. -Todavía no hemos sacado las cuentas de marzo, pero estimo que vendimos un 15% más que el mismo mes de 2006. La salida de vehículos ha sido impresionante –sostiene Persico–.

No quiero, con esto, pasar a llevar a los directivos de Cavem y la Anac, que han dicho que el nuevo sistema de transporte público no va incidir en las ventas. Ellos manejan cifras más globales y puede que a otros vendedores de autos usados no les esté yendo muy diferente. Pero es curioso. Si uno mira las transferencias efectivas de los últimos dos meses se da cuenta que hoy se están vendiendo cuatro autos usados por cada nuevo, en circunstancias que hace dos años la proporción era de dos a uno. ¿Qué quiere decir eso? Que las ventas han aumentado…

En el caso de Persico, la mayoría de estos compradores “impulsivos” son padres preocupados de que sus hijos lleguen tranquilos y a tiempo a la universidad; mujeres laboralmente activas en torno a los 40 años y, en una porción menor, gente que está adquiriendo un auto por primera vez. El caso particular del conductor primerizo, dice Persico, es bien impresionante. Se trata de personas que no ganan más allá de 300 mil mensuales y que están dispuestos a endeudarse hasta en 48 cuotas de 70 mil pesos con tal de evitarse las inclemencias del Transantiago.

De ahí la congestión a las horas punta. Los modelos más vendidos por Persico son los Chevrolet Corsa, Chevrolet Sport, Suzuki Maruti y Renault Clio. Todos, con antigüedad de entre tres y seis años.

{mospagebreak}JAIME BRAVO
En la certificación

Las estadísticas dicen que uno de cada siete nuevos conductores toma cursos de conducir antes de sacar documentos. Es evidente que la demanda por cursos ha crecido, tanto que algunas escuelas incluso no dan abasto. Y es que históricamente era tan poca la gente que aprendía vía instrucción profesional, que a muchas esta buena racha las pilló sin infraestructura.

El ganador indiscutido es el Automóvil Club de Chile, cuya escuela de conductores recibe a más del 70% de los santiaguinos que quieren aprender a conducir. Lo interesante, sin embargo, es que hay otros, como la Escuela de Jaime Bravo que, aunque representan menos del 3%, han tenido un crecimiento más que exponencial.

-De los 100 alumnos que en promedio teníamos por mes, pasamos a 112 en febrero y a 125 en marzo –comenta Jaime Bravo–. Sin embargo, creo que podríamos estar en 150 si tuviéramos infraestructura para poder recibirlos. Lamentablemente, no contamos con autos y personal para tanta gente. Pero eso no signifi ca que nos estemos quedando abajo. Al contrario. El caos que ha generado el Transantiago, en términos de siniestralidad, ha motivado a muchas empresas de transporte a exigir certifi cación a sus conductores. ¿Y quién presta ese servicio? Nosotros. En la escuela evaluamos conductores y enviamos un certificado a las empresas.

Esa área ha signifi cado un incremento de casi un 500% en los ingresos respecto de marzo de 2006. Jaime Bravo sabe de su negocio. Fue el primer director del Automóvil Club de Chile y en los más de 35 años que lleva en el rubro ha participado en la redacción de varios de los reglamentos de tránsito que se usan en la actualidad. Ha sido consultor en países como Bolivia, Ecuador, Perú y México y fue uno de los grandes gestores intelectuales de toda la estructuración del Transmilenio, en Colombia. Según él, el sistema de transporte en Chile es malo desde la raíz, pero tiene fe en que algún día va a funcionar.

En lo que respecta a su área de interés, las escuelas de conductores, dice que le encantaría que hacer el curso fuera una obligación. Y no precisamente por lo mucho que crecería su negocio, sino porque de esa manera bajarían los accidentes.

-En Europa todo el mundo pasa por una escuela de conductores. De lo contrario, es imposible tener una formación metodológica que le permita a la gente circular por las calles. Pese a ello, solo el 60% los pasa –sostiene–. Aquí, en cambio, el 98% pasa la prueba sin haber siquiera dado la vuelta a una manzana.

IVAN RIQUELME
¡Chanta la moto!

Hace rato que la venta de motos está en alza. La llegada de modelos baratos, unido al costo de oportunidad que tiene en relación al automóvil, ha ayudado a que este negocio haya crecido de manera exponencial en los últimos dos años. Si a eso se suma que una persona se puede demorar un tercio del tiempo que le toma llegar a su destino, incluso con el nuevo sistema de transporte público, tenemos que la opción de la moto va in crescendo. Y todavía hay más. Ocupa menos espacio, se puede meter por recovecos y, en consecuencia, avanza mucho más rápido.

La economía también es importante. A la hora de tomar la decisión, el ahorro que éstas significan es fundamental. Rinden 35 ó 40 kilómetros por litro y pueden llegar a rendir hasta 50, ¡ó 60! en el caso de los motores de 50cc. Aparte, son ideales para realizar trámites, pues resultan mucho más “estacionables”. Sumando todo lo anterior, y agregando lo desmotivada que está la gente de usar la locomoción pública, la opción de la moto se ha convertido en la alternativa más requerida por los antiguos peatones. Iván Riquelme, socio de Todomoto, lo ha comprobado en números. La demanda es tal, que tuvo que abrir una segunda sucursal de su negocio en Lira 945. Calcula que para este año sus ventas van a superar por lejos el 100% en comparación a 2006, y ya tienen encargados cuatro containers para los próximos meses. Y para demostrar que está interesado en profesionalizarse, esta semana asistirá a una feria en China, pues los productos nuevos no han parado de salir.

Definitivamente, el futuro del negocio se ve redondo.

GUILLERMO DIAZ
Enchulado

Todavía no cumple tres meses de operación, y sin embargo tiene números que ya se quisiera cualquier empresa consolidada. La empresa de suministro de buses usados (Transpalitos) ligada al ex director de Conama metropolitana (gobierno de Lagos), ex subsecretario de Transportes y ex presidente de EFE (gobierno de Bachelet), Guillermo Díaz es, defi nitivamente, una de las grandes ganadoras de esta historia. Y cómo no, si desde que comenzó a operar el Transantiago, en febrero de este año, no ha dejado de recibir peticiones de arriendo de micros amarillas. Las mismas que se suponía habían quedado obsoletas en el nuevo sistema… En marzo, de hecho, la demanda llegó a tanto, que Transpalitos tuvo que poner sendos avisos en los diarios La Cuarta y Las Ultimas Noticias, para responder a la escasez de buses de su gran cliente, Subus.

¿Cual es el negocio? Arrendar buses usados y reacondicionarlos para que las firmas operadoras del Transantiago –Subus, básicamente– puedan cumplir con la flota necesaria para desarrollar sus servicios.

Ellos no enchulan. Según publicó La Tercera, la fi rma opera identificando las patentes de los buses que quedaron excluidos de la licitación de recorridos de Transantiago, luego contacta a los propietarios y gestiona los contratos de arriendo para alguna fi rma operadora de los recorridos. Estos tienen una vigencia de entre seis y 24 meses. Por esa operación, la fi rma obtiene un porcentaje del monto involucrado en el contrato de arriendo.

Aunque no tuvimos acceso a los montos, entendidos señalan que el arriendo de una micro bordea los 700 mil pesos mensuales, con chofer incluido y que, dadas las emergencias, es posible que la empresa de Díaz esté cobrando entre un millón y un millón y medio por los servicios al mes. De ahí que a modo de broma, hay quienes digan que “Trans” viene de Transantiago y “palito” de la cantidad de millones que Guillermo Díaz y su socio Mario Zúñiga se han echado al bolsillo en este último mes. Pese a todo, supimos que Díaz y Zúñiga quieren salirse del negocio. Ahora que está caminando, que tienen 60 buses en arriendo y una larga fi la de microbuseros esperando ser “contratados”, están haciendo las gestiones para traspasarle todo a una empresa de propiedad de Subus, con la fialidad de que a partir de mayo sean ellos los que administren las flotas en arriendo.

¿Por qué? Porque están llenos de proyectos nuevos. Y todos relacionados con el negocio del transporte.