Sus jeans tienen un sello: la familia Eblen. ¿No lo sabía? Es que a estos tres hermanos les gusta el bajo perfil, el mismo que han debido relajar en la medida en que sus éxitos empresariales llaman la atención del mercado. Sus redes abarcan diversos negocios: desde casi el 10% de Lan hasta los salmones y berries.

  • 19 octubre, 2007

Sus jeans tienen un sello: la familia Eblen. ¿No lo sabía? Es que a estos tres hermanos les gusta el bajo perfil, el mismo que han debido relajar en la medida en que sus éxitos empresariales llaman la atención del mercado. Sus redes abarcan diversos negocios: desde casi el 10% de Lan hasta los salmones y berries. Por Sandra Burgos.

 

La de los Eblen Kadis es una de esas historias que merece ser contada. El padre de la familia, Clemente, falleció a muy temprana edad en 1972, cuando el mayor de los hermanos tenía solo 27 años. Pese a la juventud de todos y a la posibilidad de haber seguido por caminos distintos, se mantuvieron unidos y lograron multiplicar la herencia.

 

¿La clave? Conservar el espíritu emprendedor y de trabajo que su progenitor les había inculcado junto a su madre, Juana Tala Kadis, quien sigue activa hasta hoy. Después de todo, ambos fueron los artífices de la hazaña empresarial que comenzó con la apertura –en la Alameda, muy cerca de la Estación Central– de la primera tienda que posteriormente daría vida al grupo textil, hoy profundamente diversificado y que sigue creciendo y haciendo reordenamiento de sus inversiones con miras al ingreso de las futuras generaciones. Un tema del cual se hacen cargo, como quedó demostrado al constituir un family office bajo la supervisión de Alejandro Puentes, el mismo que hace un par de semanas emigró a un banco de inversiones, aunque con el compromiso de que los seguirá asesorando.

 

 

 

La profesionalización

 

 

El desafío es grande, porque además de mantener a la familia unida, están buscando nuevas inversiones que les permitan consolidarse como un grupo empresarial, situación que a la vez conspira con lo que ha sido una de sus principales características: el bajo perfil, que han debido transar de a poco, en la medida en que su éxito atrae la atención del mercado.

 

Tras la muerte del patriarca, los hermanos Ramón, Clemente y Jorge se abocaron a la tarea de desarrollar los negocios familiares. En la década de los sesenta, sus padres habían fundado la Industria Textil Nylon, la que pasó a llamarse Clemente Eblen S.A. y sirvió de base para lo que ahora conocemos como The Jeans Company (TJC), cuya propiedad comparten en partes iguales y que crearon luego de conseguir la representación de la marca Van Heusen hace 34 años. Tras ella vino Levi’s, Dockers y Calvin Klein (CK), firmas que pasaron a representar para Chile, Perú y Bolivia.

 

Al comienzo los tres estaban de lleno en el día a día. Clemente era el gerente general de CK y Van Heusen; Ramón se encargaba de Levi’s y Dockers; Jorge desempeñaba su rol gerencial en Clemente Eblen, mientras que el amigo de toda la vida, Alejandro Herane, actuaba como asesor financiero, tributario y de negocios. Pero hace cuatro años decidieron que era el momento de hacer los cambios y alejarse de la gestión directa. Convirtieron a TJC en la matriz del negocio relacionado a marcas textiles e incorporaron a Velko Petric –ex gerente general de la filial de larga distancia de Telefónica– como gerente general de este negocio.

 

Los Eblen Kadis pasaron a formar parte del directorio, lo mismo que Alejandro Herane, dejando la administración de la empresa en manos de profesionales, aunque según comenta Petric, “no hay nadie que tenga mejor olfato que ellos en el tema textil”. Conformaron tres unidades de negocios: TJC (Levi’s y Dockers), Manufacturas Eblen (Van Heusen y CK) y Battery Street (que agrupa las 36 tiendas retail).

 

La apuesta dio frutos. El trabajo realizado en los últimos tres años les ha permitido consolidar sus operaciones en los tres países donde tienen presencia, concretaron fuertes inversiones en recursos humanos, sistemas, distribución y tiendas. La compañía en su conjunto factura unos 40 millones de dólares anuales.

 

El desafío ahora es integrar la operación de cara a convertirse en una empresa líder en retail y brand, armar la plataforma para llegar a otros ámbitos y sumar nuevas marcas a partir de 2008. Para alcanzar este propósito, están efectuando nuevas reestructuraciones. A partir de este mes la unidad que maneja las marcas Van Heusen y CK pasará a llamarse Fashion Company, alineando las operaciones en los tres países.

 

 

 

Las nuevas generaciones

 

 

La forma como operan los hermanos Eblen sufrió algunas modificaciones en el último año, con miras a la incorporación de las nuevas generaciones y un recambio generacional que comienza a evidenciarse en la medida en que sus hijos egresan de sus estudios.

 

Como los intereses de esta familia no se limitan al negocio textil, en noviembre del año pasado reordenaron una de sus inversiones estrellas en que participan como clan: la aerolínea Lan, a la cual llegaron invitados por Boris Hirmas Rubio. Allí pusieron en práctica un proceso de reordenamiento interno de sus inversiones, con el traspaso de sus acciones de cuatro a tres sociedades.

 

Ramón se quedó con el 6,58% de la propiedad de la línea aérea a través de Inversiones Andes S.A.; Jorge, con el 1,5% en manos de Inversiones Los Guindos S.A. y Clemente maneja otro 1,5% mediante Inversiones Alcalá S.A.

 

El reordenamiento no significó cambios en el actuar de la familia, ya que siguen participando en Lan en forma conjunta como siempre han hecho, manteniendo a Ramón Eblen como representante en el directorio. Pero sirvió para sincerar la participación de cada uno, ya que cada sociedad pasó a tener un “hermano-controlador”.

 

“Así cada hermano tiene definida su participación, aunque actuamos como grupo. Ramón es el director, porque tiene la mayor participación y porque hay que reconocer que ha sido siempre quien ha liderado la inversión del grupo en Lan. Afortunadamente jamás hemos tenido desacuerdos, la verdad es que hemos tenido la gracia de tener una relación sobre rosas, donde las decisiones se toman sin grandes problemas, porque no pensamos diferente”, comenta Clemente Eblen.

 

Según cercanos a la familia, el ajuste era necesario con miras al ingreso de sus hijos al negocio, para lo cual se están preparando.

 

“Mi padre falleció el año 1972, cuando éramos muy jóvenes. Pese a ello nos hicimos cargo de las empresas y ahora esperamos que vengan las otras generaciones”, añade Clemente.

 

Hasta la fecha, los hijos de Ramón Eblen –Ramón y Nicolás– han sido los primeros en ingresar al grupo. El primero lo hizo en Agrícola La Cascada, donde está a cargo de adquisiciones y presupuesto.

 

Nicolás, reconocido como brillante entre sus pares, estudió ingeniería civil industrial en la Universidad Católica, tras lo cual ingresó al área financiera e inversiones del grupo y trabajó con Alejandro Puentes en el Family Office. Hoy sigue en esta actividad, mientras postula a un MBA en Estados Unidos.

 

El resto de los hijos de Ramón, Clemente y Jorge, están en plena etapa de estudios, por lo cual aún no han tomado posiciones en los negocios familiares. Eso sí, han seguido la formación de sus padres, quienes desde pequeños trabajaron en las empresas de la familia, partiendo desde abajo como un empleado más. “Cuando conoces a sus hijos identificas inmediatamente que estás frente a un Eblen, porque son sencillos, austeros, respetuosos en el trato con las personas, comparten el estilo de vida de sus padres”, comentan sus cercanos.

 

 

 

 

 

 

El plan de diversificación

 

 

Además de Lan, los hermanos Eblen mantienen inversiones conjuntas en proyectos, como el inmobiliario Costa Cachagua, donde participan con un 47,5% de la propiedad dividido en partes iguales. En forma conjunta también han manejado una portafolio de inversiones financieras, con apuestas en bolsa y diversos instrumentos financieros.

 

Pero la caja que significó la venta de Salmones Mainstream (negocio al cual ingresaron en los orígenes de la actual industria exportadora y por el que recibieron 150 millones de dólares) llevó a cada hermano a emprender proyectos individuales.

 

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Ramón partió con una asociación con Fernández Wood en el rubro inmobiliario, a lo que sumó la actividad agropecuaria. Pero sin duda su gran pasión fue y siguen siendo los salmones.

 

Su hermano Clemente también buscó su negocio propio e ingresó de lleno a la producción de aceite de oliva premium. En tanto, Jorge, el menor, se concentró en la producción de berries que exporta a través de Patagonia Food.

 

Cada uno ha estado haciendo movimientos de fichas en los últimos años, con miras a lograr una participación cada vez más relevante en los mercados en que participa.

 

Cercanos a la familia señalan que son por esencia muy emprendedores, que lo llevan en la sangre, que se involucran a fondo en sus empresas, hasta convertirse en verdaderos expertos en cada área en la que se involucran. Son el clan Eblen, unido pese al paso de los años y de las nuevas generaciones.

 

 

 

Ramón Eblen: Inversiones en cielo, mar y tierra


El más diversificado de los tres hermanos es Ramón Eblen. Tras vender Salmones Mainstream se mantuvo ligado a la actividad, con la producción de alevines y smolts en Pucón y la piscicultura Granja Marina Tornagaleones en Valdivia.


Pero eso no calmó su gusto por el negocio y en 2002 decidió reingresar de lleno a la actividad salmonera con la compra de Salmones Andes, sumando así la producción de mar.


El paso definitivo lo dio en 2003 cuando compró la noruega Marine Farms, hoy cabecera de las operaciones productivas y cuyo gerente general es Ignacio Ochagavía. Esta adquisición le dio un tamaño atractivo que hoy le permite tener más de seis centros de engorda, una facturación cercana a los 25 millones de dólares y una capacidad para llegar a producir 30 mil toneladas sin problemas.


Sus fichas también están puestas en el negocio agropecuario, donde opera a través de Agrícola La Cascada. Esta sociedad está a cargo de Juan Pablo Silva, quien organiza todos los negocios que se desprenden de ella: la producción de wayú, de uva de vino, cítricos y palta. En el equipo también trabaja Mario Cortés, encargado de la producción de Wayú.


En el área inmobiliaria, su presencia se maneja como una inversión financiera, asociado con desarrolladores de gran tamaño como Fernández Wood.

 

 

 

Clemente Eblen: Un toque de oliva


En 1999 partió la aventura empresarial de Clemente Eblen en el negocio del aceite de oliva.


Tenía un campo de 50 hectáreas en Curacaví y, tratando de darle alguna utilización, pensó en una alternativa que requiriera poca agua y suelos irregulares. La conclusión fue rotunda, había que apostar por la producción de olivos. “Es que ya en esa época flotaba en el aire el tema del aceite de oliva, que era un negocio emergente, pero interesante”, explica el empresario.

“Planté las primeras 20 hectáreas y cuando ya estaba cerca de llegar a las 35 ó 40 hicimos un estudio económico y de factibilidad para ver cuál era la unidad económica que permitía transformar esto en un negocio más interesante y no en algo para pasar el rato”, agrega.


El informe arrojó que para tener una unidad económica atractiva debía contar con más de 100 hectáreas de plantación. Con esa cifra en mano, comenzó la búsqueda de un campo. En septiembre de 2003 compró un fundo de 800 hectáreas llamado San Mariano, cerca del Lago Rapel, en el valle del Maipo. Así expandió a 230 las hectáreas plantadas.


Pero el proyecto Monte Los Olivos siguió creciendo. En 2005 integraron el fundo Las Damas, de 455 hectáreas ubicado en el valle de Colchagua, y en 2006 pusieron en marcha su almazara, con tecnología de última generación, la más moderna de Sudamérica.


Hoy el plan es consolidar la primera etapa del proyecto, el que en régimen –estimado para 2011– producirá 1,2 millón de litros de aceite, casi la mitad de lo que consume Chile en la actualidad.


“Organizamos nuestro proyecto mirando el mercado internacional, exportamos a Estados Unidos, Brasil y queremos expandirnos a otros países de América del Norte; aunque nuestro gran desafío es llegar al mercado asiático”, comenta Eblen.


Cuando esté consolidada esta aventura empresarial, con todas las líneas operativas, habrá significado un desembolso de 15 millones de dólares. Hasta ahora los dividendos no han sido menores, con su marca MonteOlivo participando en cuatro concursos internacionales y ganando cuatro galardones, “no los mejores premios, pero son reconocimientos que nos abren las puertas”.


Un avance para una empresa que partió de la nada. “Empezamos a buscar y preparar gente, ingresó Manuel Urmeneta como gerente comercial, pero inmediatamente tuvo que ir a Italia y España a estudiar los procesos y el mercado. Nuestro ingeniero agrónomo y yo hicimos el Diplomado de la Universidad de Chile en aceite de oliva, hemos estado en las ferias, tomando cursos en Italia. Así se fue armando la empresa”, reflexiona.

 

 

 

Jorge Eblen y el cultivo de moda: los arándanos

Jorge es probablemente el Eblen más desconocido de la familia. El menor de los hermanos, cultiva el bajo perfil casi como un voto religioso. Sus inversiones están concentradas en el negocio de la producción y exportación de arándanos, a través de la compañía Patagonia Food, con operaciones en la Región de la Araucanía.


La firma fue creada en 1992, cuando el cultivo de arándanos prácticamente no existía en el país. Su objetivo inicial era producir berries de primera calidad y comercializarlos a compañías exportadoras locales. Sin embargo, con el tiempo no solo creció en producción, sino también comenzó a empacar, comercializar y exportar los productos de otros agricultores con altos niveles de calidad.


La exportación en la última estación alcanzó las 500 toneladas, cifra que esperan elevar a 2.000 toneladas en un horizonte de cinco años. En este emprendimiento, Jorge Eblen cuenta con el apoyo de Matías Rodríguez, gerente general de Patagonia Food. En el último tiempo incorporó a sus negocios a su sobrino, Francisco Benedetto Eblen, quien se desempeña como asesor financiero, a la vez que lo asesora y apoya en nuevos proyectos y negocios diferentes al cultivo de arándanos.