Hace unos días, entrevistamos al sociólogo Eugenio Tironi, que vivió parte de su vida en La Greda, la pequeña localidad ubicada entre Quintero y Puchuncaví. Esto es lo que opina sobre el debate de los dueños del plebiscito de 1988.

  • 24 septiembre, 2018

-Hoy está muy fuerte este debate de quién es el dueño del plebiscito. ¿Cuál es su posición?

-Mira, yo encuentro que es bien importante el debate, no es banal.

-¿Es un debate pendiente?

-Yo creo que sí. Pero es un debate que se ha venido realizando desde hace por lo menos 15 años. Y hoy vuelve. Y es si valió la pena o no haber ganado con el No. Hay un sector importante en la izquierda, y no solo en la izquierda, en la Democracia Cristiana, que después de décadas se han venido a preguntar si no habría sido mejor haberse mantenido con Pinochet, lo que habría polarizado las cosas, pero habría permitido desprenderse del modelo.

-Eso también se planteó con fuerza con la película NO, cuando aparece toda esta crítica a la transición.

-Esto viene desde hace un rato. El primero que lo explicita más intelectualmente es Tomás Moulian, que ya el año 94 se hacía la pregunta. Pero esta era un poco la tesis del PC. El PC estuvo por el levantamiento insurreccional, que fracasó con todas sus letras entre el 84, el 85 y el 86. El PC intenta revitalizarlo por la vía de la lucha armada, primero con la internación de armas que se las descubren y luego con el intento de magnicidio de Pinochet, como gatillante para un levantamiento tipo Nicaragua, que hubiese permitido acabar al mismo tiempo con Pinochet y con el capitalismo. Y hacer justicia de forma exprés respecto a las violaciones a los derechos humanos. Y esa cuestión se enfrenta a otra tesis que es buscar una forma pacífica, negociada, incluso aceptando la institucionalidad pinochetista, que desemboca en el plebiscito y el No. El PC se suma muy al final, pero con la secreta esperanza de que fracasara.

-¿Le parece razonable entonces que la DC quiera dejar fuera al PC de la celebración del aniversario de los 30 años del plebiscito?

-Pero el PC ha cambiado. Se dio cuenta, y lo dijo muy lealmente Guillermo Tellier en el entierro de Aylwin, de que ellos estaban equivocados. Pero de repente surgen voces que dicen “a lo mejor no estábamos tan equivocados”. Las perspectivas van cambiando, uno revisita el pasado con otros ojos. Y ha venido toda esta crítica ácida a la transición que se volvió muy popular en el mundo de la centroizquierda, y en el Frente Amplio. Y ahora algunos dicen: quizás no valió la pena porque el que realmente triunfó aquí fue el modelo pinochetista, que se siguió implementando bajo un sistema semidemocrático que legitimó lo que había instaurado Pinochet. Y esto estableció la sociedad que hoy día tenemos, de consumo e individualista. A algunos de ellos les preguntaría: ¿para qué vienen a celebrar al aniversario del plebiscito? Más bien deberían venir a llorar, si son consecuentes con su análisis.

-También está toda esta discusión de quién debería atribuirse el fin de la dictadura, si los que hicieron posible el plebiscito o los que protestaron en la calle e hicieron la resistencia, y dicen que esto no habría pasado sin ellos.

-Yo creo que es medio ridículo empezar a ver quién fue. Estos temas son multicausales. No hay ninguna duda de que todas las manifestaciones y la organización social fueron un factor que influyó. Pero tampoco tanto, digamos las cosas como son. Cuando se hizo el plebiscito, ese movimiento social estaba en el suelo. O sea, Pinochet no hace el plebiscito para detener una insurrección en ciernes, no nos pasemos películas. No. Pinochet tenía el control de todas las cartas. Y si lo hizo como lo hizo, fue más bien por presiones internas dentro de su propio mundo de la derecha civil. Y creo que ahí influyó mucho el Departamento de Estado americano y muchísimo Juan Pablo II. Pero no fue para defenderse de una ola de protesta popular que lo iba a voltear. Además, él estaba totalmente convencido de que iba a ganar.