Por: Antonieta de la Fuente Fotos: Verónica Ortíz Hace 30 años, Mazapán salió de la televisión. Más bien, las integrantes del grupo musical infantil lo hicieron, porque las grabaciones de sus programas se repitieron una y otra vez por las pantallas de los canales 11 y 7, sin mediar pago alguno, por casi diez años. […]

  • 17 septiembre, 2015

Por: Antonieta de la Fuente
Fotos: Verónica Ortíz

mazapan

Hace 30 años, Mazapán salió de la televisión. Más bien, las integrantes del grupo musical infantil lo hicieron, porque las grabaciones de sus programas se repitieron una y otra vez por las pantallas de los canales 11 y 7, sin mediar pago alguno, por casi diez años.

Su salida de la televisión fue abrupta. De un día para otro. Habían decidido cambiarse desde el canal 11 al canal 7 buscando tener mayor cobertura nacional, hasta que un viernes, después de grabar su programa, les llegó la orden: al día siguiente tenían que ir a cantar a uno de los jardines infantiles que en ese entonces manejaba la viuda de Pinochet, Lucía Hiriart. Ellas se negaron, y por eso el canal las echó. Así, sin más.

“No fue una invitación, fue una imposición y a nosotros nos pareció que no nos tenían que imponer nada si estábamos trabajando en un programa de la televisión con un contrato que no tenía nada que ver con ir a cantar a los jardines de la primera dama”, recuerda una de las fundadoras Michelle Salazar.

“Nunca nos habíamos querido involucrar en política de ningún tipo, entonces también era una manera de relacionarnos con una idea con la que no todas estábamos de acuerdo. Y en eso hemos sido súper respetuosas durante estos años porque hay distintas opiniones, de todas las gamas”, agrega Cecilia Álamos.

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Desde ese día del año 1985 nunca más volvieron a grabar para la televisión, aunque sí tuvieron ofertas. Ocurrió hace unos quince años. Cecilia recuerda que estuvieron con el lápiz en mano, a punto de firmar, pero que finalmente no llegaron a acuerdo, debido que entre las exigencias estaba hacer publicidad dentro del programa. Y no se sintieron cómodas con eso.

Para las mazapanes sentirse a gusto con lo que hacen y ser consecuentes con su estética y sus valores es primordial. Y eso explica, en parte, que en sus 35 años de historia, con 16 discos en el cuerpo y cientos de conciertos, nunca hayan podido vivir de lo que hacen. “Nunca nos ha dado para vivir”, dice Lulú Corcuera.

Sentadas en unas sencillas bancas de maderas y sillas blancas de plástico en su pequeño centro de operaciones, ubicado en el adosado de una antigua casa de la calle Diego de Almagro, en Providencia, las cinco integrantes que hoy componen el grupo –Verónica Prieto, Cecilia Álamos, Victoria Carvallo, Michelle Salazar y Lulú Corcuera– cuentan que nunca tuvieron representante, que han privilegiado la vida familiar y que por eso, cuando en alguna oportunidad un sello les ofreció llevarlas a México, se les apretó la guata.

“Nos miramos como aterrorizadas. No queríamos dejar toda la vida familiar. Cuando partimos teníamos puros niños chicos. Pero para que esto fuera un negocio, tendríamos que haber estado 24 horas dedicadas a esto”, dice Cecilia, quien reconoce que Mazapán bien podría haber sido un buen negocio “si le hubiéramos puesto tinca para que así fuera”.

“Nos moríamos de ganas de ganar plata, por supuesto, no somos tontas. Pero en el fondo, no supimos muy bien cómo y no dimos cabida para que alguien lo hiciera por nosotras. Pero sí, todo el mundo cree que somos infinitamente ricas”, dice entre risas Victoria.

Para Verónica, todo radica en que el desarrollo del grupo se ha ido dando de manera accidental: “Nunca nos pusimos objetivos muy concretos, se fueron dando las cosas”. Y Michelle agrega que la razón por la cual, por ejemplo, nunca se pusieron de acuerdo con un fabricante para hacer peluches de chinitas margaritas o pijamas de cuncuna amarilla, es porque “Mazapán tiene una estética musical y esa estética tiene que chorrear a lo visual también. Era una contradicción que en lo musical hiciéramos cosas de calidad y en el merchandising cosas de pacotilla o de un gusto que no es 100% lo que nos interpreta. Y era meterse en otro rubro. O sea, significaba no sólo ensayar, sino que ir a los talleres para ver que todo estuviera en la línea que nos gustaba”. Pero, a lo mejor, dice Michelle, y deja la puerta abierta, “podría hoy aparecer alguien con nuestro gusto, con nuestra estética, que entiende cómo es la canción, y te propone algo bonito y estaríamos todas dispuestas a hacerlo”.

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El revival

Hace cinco años, Mazapán hizo un recital en el Centro Cultural Amanda para celebrar sus 30 años. El anfiteatro se repletó y tiempo después músicos como Gepe, Pedro Piedra, Nano Stern, entre otros, organizaron un concierto tributo al grupo infantil. De ahí en más, la fama no paró. Hoy, las mazapanes reconocen que están viviendo algo que llaman “el renacer de las abuelitas”. Una especie de revival que ellas explican porque la generación que creció con sus canciones a inicios de los 80, hoy tiene hijos pequeños y ha vuelto a escuchar su música. Pero se trata también de un fenómeno de mayor valoración del folclor nacional, que cuando ellas eran “lolas” era visto como algo “rasca”, dice Lulú. “Cuando yo era lola, el folclor eran unos grupos antiguai con unas voces llenas de vibrato. Hoy se le da mucho más valor al folclor”, agrega Victoria.

“De repente nos pusimos muy famosas de nuevo, entonces todo el mundo como que nos requiere y es una cosa muy divertida”, cuenta Michelle.

Lo que más les ha llamado la atención de este renacer en la fama, es que se dieron cuenta de que después de tantos años había muchas personas que las daba casi que por muertas.

“La gente piensa que entremedio nos retiramos. Que después de la televisión, Mazapán se acabó. Que nos habíamos muerto. Y muchos nos han dicho ‘qué bueno que estén juntas de nuevo’”, dice Lulú.

Se podría decir que la vida de Mazapán es como la vida de Cristo. Durante sus primeros años dieron que hablar, ganaron premios y fueron reconocidas por toda una generación, pero luego vinieron 30 años de los que poco se sabe de su trayectoria, hasta ahora. Se ríen al escuchar la comparación, pero aseguran que no estuvieron todos esos años “en el desierto”. Más bien, dicen que fueron años muy ricos en creación de nuevos discos y de giras alrededor del mundo. Además de recorrer Chile de norte a sur, han tocado en las principales ciudades de Colombia, en Bolivia, en Lima, en Washington DC, en Miami y hasta en el Carnegie Hall de Nueva York. “Nunca hemos parado de cantar y siempre hemos estado con proyectos y cosas”, dice Michelle.

En esta nueva etapa, las cinco integrantes que hoy componen Mazapán –Cecilia Echenique optó en los 90 por hacer una carrera en solitario y Carmen Lavanchy, la fundadora, hoy no está en el grupo– decidieron incorporar a tres nuevos integrantes. Se trata de Teresa Prieto, bailarina y sobrina de Verónica, quien las acompaña en sus shows, y dos nuevos músicos: Juan Pablo Astorga, que toca cuerdas y percusiones, e Isidora Edwards, que toca cello y canta. “Ya estamos un poco viejitas para disfrazarnos. Necesitábamos a alguien más gracioso”, dice Michelle.

“Han sido un súper buen aporte, no sólo en la parte musical sino también en la parte humana. Es difícil entrar en un grupo que se conoce desde hace tanto tiempo. Y ellos comparten nuestra sensibilidad y nuestros códigos, aportan ideas y te solucionan cosas”, explica Cecilia.

 

El Oso Yogi

“Las cosas infantiles son miradas a huevo en este país, como baratitas”. La frase la tira Victoria, quien se lanza a contar una de las tantas amargas experiencias que han vivido como grupo. En una ocasión, una de las grandes tiendas les ofreció hacer una vitrina con el concepto de Mazapán. La idea era destacar su historia y los personajes de sus canciones para mostrar los productos infantiles que ofrecía esa casa comercial. Para inaugurar la vitrina, Mazapán haría un gran concierto. “Estaba todo casi listo, pero al final, al tirar números, ellos nos trataron casi como que nos estaban haciendo el favor de hacernos esta vitrina. Nos dijeron que pagarían el recital, pero que el resto se desprendía solo. Es algo muy raro. Hay un concepto de la gente que maneja las platas en este país de que lo infantil no vale”, recuerda Victoria.

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Pero de todas esas experiencias, las mazapanes sacan lecciones. “Ésa ha sido una de las cosas ricas de nuestra madurez. No cobramos mucho porque nunca lo hemos hecho, pero hoy cobramos más, como lo merecemos. Y la gente cada vez más reconoce nuestro trabajo y lo que hacemos”, dice Michelle. “Estamos cosechando lo que hemos sembrado”, agrega Cecilia.

Aún así, se han encontrado con sorpresas desagradables. Hace algunos años pensaron en hacer un DVD con parte de los programas que desde 1980 grabaron para el canal 11. Se acercaron a CHV para pedir ese material y les entregaron las cintas. Pero al revisarlas, se dieron cuenta de que habían grabado sobre ellas. “En la mitad de las grabaciones aparecía de repente este oso gordo, el Oso Yogi y en otras había comerciales de café que alguna vez hizo Raúl Matas. No lo podíamos creer”, cuenta Verónica. “Es impresionante que hayan grabado encima. Nos ganamos todos los premios, no sólo al mejor programa infantil, sino al mejor programa de la televisión chilena. En realidad, en este país no se resguarda el patrimonio”, añade Cecilia.

De todas formas rescataron lo que pudieron y sacaron cuatro DVD, cuyas ventas repartieron, como siempre, en partes iguales. El problema es que entregaron los DVD a Feria Mix para su venta, y para su mala suerte, la empresa quebró. “Nuestra vida es así. Todo se va muriendo. Salvo nosotros, toco madera. Quiebran o algo pasa”, dice entre risas Cecilia.

 

Educar

Casi todas las integrantes de Mazapán han hecho o hacen clases en colegios. Por eso, el debate actual de la educación no las deja indiferentes. De hecho, el día de esta entrevista estaban recién iniciando un taller con educadoras de la Junji, para educar a través de la música, que dependiendo de los resultados, podría derivar en un plan de más largo plazo.

-Hoy que el debate de la educación y la calidad está en auge, ¿han pensado en tomar un rol más importante en lo que se está haciendo?

Verónica: No nos han llamado. La Carmen hizo una labor bastante importante: desarrolló los programas de música de primero a sexto básico. Y dejó hasta octavo. Entonces, creo que ella sí lo hizo.
Michelle: El problema es que los pobres chiquititos se quedan fuera nomás.

Cecilia: A mí me gustaría participar más. Alguna vez fui a la Junji o a Integra, que son tan parecidos, pero encontré que no había mucho interés. Bueno, a lo mejor esto que vamos a hacer con la Junji ahora se transforma es un bonito proyecto.

Verónica: Ésta es la primera parte del proyecto y después van a venir las otras patas, ellos tendrán que ver si resultó o no.

-¿Cómo ven hoy encaminada la reforma educacional? ¿Están de acuerdo con lo que se está haciendo?

Michelle: Yo, personalmente, no estoy de acuerdo en que sea gratis para todos. En un país que todavía no es desarrollado y donde falta plata, no veo por qué el Estado le va a estar pagando a gente que tiene plata de más. Y, por otro lado, se habla sólo de la educación superior y qué pasa con el preescolar, donde hay libros y libros escritos y no se hace nada. Y la educación parte con los preescolares. ¿Dónde está la inyección de plata, energía, de conversación para esos niños? Como los grandes son los que alegan, me da la sensación de que en preescolar la preocupación es más ir apagando incendios, más que algo realmente serio.

Lulú: Y con las carreras de pedagogías. Yo creo que el problema es ése.

Verónica: Y que todos los niños puedan ir al jardín infantil, que en el sur, en el pueblo más perdido, haya un jardín donde los niños puedan ir y que sea de calidad.

Michelle: Y los sueldos de las parvularias son muy bajitos y se sacan la mugre. Están ocho horas con niños de uno hasta cuatro años que son muy demandantes y después llegan a su casa a atender a sus propios niños.

Cecilia: Yo creo que mientras no se cambie eso, cualquier reforma educacional no tiene sentido.
Mientras no parta de la base de mejorar la carrera.

Michelle: Si vas a estudiar y te van a ofrecer 280 mil pesos líquidos mensuales, ¿quién va a querer estudiar Pedagogía?

Victoria: Sinceramente, no creo que vaya a haber un cambio tan radical en la educación en Chile.

-¿Les gustaría volver a la televisión?

Lulú: Cuando damos recitales la gente nos dice por qué no vuelven, por favor vuelvan, pero de los canales no hay interés.

Lulú: Y la pena es que en la época que estuvimos en la televisión, los sueldos no eran los de ahora.

“Pero por hacer un programa infantil nunca te habrían pagado lo que le pagan a la Tonka”, le responde Michelle, entre las risas de sus compañeras. •••