Santiago será sede del relevante encuentro de líderes femeninas. Irene Natividad, su directora y elegida como una de las 100 personas más poderosas de Estados Unidos, espera que la cumbre permita avanzar en temas fundamentales para las profesionales de todo el mundo.

  • 20 agosto, 2008

 

Santiago será sede del relevante encuentro de líderes femeninas. Irene Natividad, su directora y elegida como una de las 100 personas más poderosas de Estados Unidos, espera que la cumbre permita avanzar en temas fundamentales para las profesionales de todo el mundo. Por María Luisa Vicuña. Foto, Verónica Ortíz.

En mayo próximo los hombres chilenos tendrán que andar con cuidado, porque cuando las mujeres se reúnen hay muchos que huyen, y en especial si se trata de profesionales con “power” y líderes en sus respectivos países. Esta es la gran novedad del Global Summit of Women, conocido informalmente como “el Davos femenino”, que por primera vez se realizará en Santiago, el 2009.

Su directora, Irene Natividad, vino recientemente a Chile para ultimar detalles del evento, el que congregará a unas mil mujeres de todo el mundo, tanto del ámbito privado como del público, y cuyo sello común es ser profesionales que trabajan y que son las mejores en sus respectivas áreas.

Filipina de nacimiento pero residente en Estados Unidos durante la mayor parte de su vida, Irene Natividad es una fiel representante del tipo de mujer que llegará a Chile para participar en el encuentro, cuyo eje será analizar la realidad femenina en el mundo laboral. Elegida como una de las “21 Líderes del siglo XXI”, exhibe también distinciones como figurar entre las “25 mujeres trabajadoras más influyentes”, las “25 personas asiático-americanas más influyentes” y una de las “100 mujeres más poderosas en Estados Unidos”. Además, ha recibido numerosos premios por su labor.

Relajada y con sentido del humor, accedió a conversar con Capital en medio de su intensa agenda, que incluyó una reunión con la presidenta Michelle Bachelet y su asistencia protagónica a un encuentro con líderes chilenas organizado por la Sociedad de Fomento Fabril, Sofofa.

En nuestro país, menos del 40% de la población femenina trabaja fuera del hogar, cifra debajo del promedio de América latina, que alcanza al 45%: un aspecto que se abordará en la cumbre. El evento, dice, tiene como propósito central “que se compartan experiencias, que otras mujeres cuenten sus ejemplos y se traten temas que todavía están pendientes con respecto al rol de la población femenina como fuerza laboral”.

Es también una oportunidad para generar redes entre las empresarias y microempresarias y que los ejemplos de unas inspiren a las otras, comenta. Son también instancias para generar contactos que posteriormente permitan relaciones de negocio y exportación.

Expone que “queremos saber qué se hace en cada nación, ahora especialmente en Chile que será la próxima sede y conociendo la realidad de este país, ver qué experiencias o aprendizajes se pueden replicar. Damos a conocer también la realidad de otros países”.

-¿Y por qué considera usted tan importante que las mujeres trabajen?

-Es que aquí hay dos cosas. Una, es importante para ellas mismas; y otra, es que es importante para la sociedad que trabajen, y eso es lo que ha costado que se entienda. Es importante para las mujeres, porque es una forma de crecimiento. El trabajo es necesario, pero no sólo mirado desde el punto de vista económico, como sobrevivencia. Es importante para desarrollarse, para fortalecer los talentos de cada persona, para descubrir los intereses, y eso es tanto para hombres como para mujeres. El trabajo, a veces, se entiende sólo desde el punto de vista de la necesidad de tener un ingreso, pero es mucho más que eso. Da seguridad, desarrolla facetas de la personalidad y la creatividad de cada uno. Y además, incluso si lo miramos sólo desde el punto de vista económico, hay muchas familias en que la única fuerza trabajadora es una mujer, y ahí sí que el ingreso es indispensable. En estos casos, no puede ser que la mujer reciba un trato perjudicial o con menos alternativas en relación a los hombres.

-¿Y qué pasa con respecto al rol de las mujeres en la sociedad?

Los jefes de hogar son en su mayoría mujeres. Cuando está la figura paterna lo general es que el hombre tome este rol, pero son muchos los hogares en que sólo hay una madre a cargo, es decir, ellas son quienes dirigen el consumo: qué productos necesitan, qué es lo que les interesa, qué valoran más o qué menos. Finalmente, son los clientes más importantes, porque deciden qué es lo que se compra para el hogar. Podríamos decir que ellas dirigen la economía. Es por eso que es tan valioso para una empresa tener a mujeres entre de sus empleados, porque son capaces de entender mejor qué es lo que el cliente quiere y, en ese sentido, que la empresa tenga mayor probabilidad de éxito. No digo tampoco que sólo debiera contratarse mujeres. Siempre es mejor la diversidad, pero si en su mayoría son hombres van a llegar con mayor dificultad a entender los intereses de los clientes.

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-A pesar de lo valioso del trabajo de las mujeres, todavía existen diferencias en las remuneraciones…

-Ese es un problema universal y pendiente todavía. En Chile existe la misma diferencia de sueldos entre hombres y mujeres que en Estados Unidos. Yo rescato que, a pesar de la diferencia, las mujeres siguen trabajando, y eso es porque un sueldo bajo es mejor que nada. Aunque no sea mucho lo que puedan ganar sigue significando una cuota de libertad, les da independencia, les da poder, tanto si es una alta ejecutiva o una empleada de menor grado. La mujer logra igualarse con el hombre al traer también dinero al hogar. Esa es una de las principales razones de por qué la mujer decide trabajar.

-Pero todavía quedan puntos pendientes. Las mujeres que trabajan fuera del hogar se sienten culpables por no tener más tiempo para sus hijos o su casa. Se estresan o hasta enferman.

-Siempre están presentes los casos de mujeres que se sienten culpables porque no tienen tiempo para estar todo el tiempo con sus hijos o para cumplir sus obligaciones como dueñas de casa. En la cumbre de Vietnam se presentaron casos del costo de éxito en el trabajo, los niveles de estrés u otras enfermedades. Hoy todavía existen pocas soluciones y el apoyo para las madres es escaso o prácticamente nulo. Recién en las generaciones de ahora veo que las parejas son más equilibradas y los dos se encargan de trabajos de la casa y de repartirse el cuidado de los hijos.

-¿Qué otros apoyos se podrían crear y fomentar para que las mujeres puedan trabajar con mayor tranquilidad?

-En mi encuentro con la presidenta Bachelet ella me contó de la política de jardines infantiles y salas cunas financiadas que existen para que las mamás puedan llevar a sus hijos que no van al colegio, mientras ellas trabajan. Eso me pareció una excelente iniciativa. En Estados Unidos no tenemos nada parecido, pero hace falta. Mira, siempre he admirado la capacidad de organización y gestión de las mujeres. Es milagroso, cómo, a pesar de las prácticas discriminatorias respecto de los hombres, las mujeres han entrado a la fuerza laboral en gran número; cómo, sin el acceso a créditos bancarios, las mujeres se han convertido en empresarias; cómo, sin la colaboración de las personas que tienen más cerca, las mujeres se han comprometido con las economías de sus países. Los cambios que han ocurrido a favor de las mujeres han sido porque ellas los han pedido. Nadie se los ha dado, ni tampoco ha sido iniciativa de los gobiernos. Creo que con esa misma fuerza irán surgiendo los apoyos que les permitirán insertarse cada vez más en el mundo laboral.

-¿Cómo lo ha hecho usted para poder trabajar?

-Mi marido es italiano y, aunque no es lo usual entre ellos, me ayudó con las responsabilidades de la casa desde el principio. Si yo cocinaba, él lavaba los platos. Dividimos el trabajo y así es cómo he podido trabajar. Cuando mi hijo era pequeño siempre nos preocupábamos de no trabajar al mismo tiempo. Siempre uno estaba en la casa. Cada familia tiene que encontrar su forma. La mayoría de las mujeres trabajadoras en América latina tiene la necesidad de contratar ayuda externa o de sus propias familias, como una madre, o abuelos. No hay una solución perfecta. Cada persona tiene que encontrar la suya.

-¿Cuándo decidió ocupar cargos como el actual e intervenir en foros y organizaciones de participación femenina?

-No pensaba que estaría en algo así. Siempre quise ser profesora de universidad, y así fue, pero cuando me di cuenta que eran pocos los cupos de trabajo de tiempo completo y estables, me cambié y pasé a trabajar en el área de gestión. Entré a dirigir un programa de educación continua, y de a poco me fui involucrando con la actividad política. Renuncié a la seguridad de un trabajo académico para convertirme en una abogada de las mujeres, pero no quería ni escribir libros ni dictar cátedras. Quería estar en el trabajo en terreno y participar activamente en esta labor por las mujeres. Tengo 60 años y trato de pensar si dejé algo importante atrás. Pienso si todo el tiempo que he estado trabajando significó tener menos tiempo para otras cosas, pero la verdad es que lo que hago para mí no es un trabajo. Es más que eso, es parte de mi vida. El trabajo de las mujeres y sus condiciones laborales es algo que me preocupa mucho. Global Summit of Women es una de las vías para ayudar y participar. Cuando miro a una mujer que tiene una pequeña empresa, con pocos recursos, pero que logra alimentar y mantener a sus hijos, me conmuevo. Las mujeres tienen la fuerza y la capacidad de sobreponerse y sobrevivir. Han logrado cosas imposibles incluso con todo en contra. Tengo fe en ellas.