Las finanzas se ponen al dia verdes como los billetes El mundo financiero se incorporó de lleno al tema medioambiental. Hace cuatro años, cinco bancos internacionales suscribieron una alianza que tenía como eje enfocar la entrega de créditos sólo a proyectos amigables con el entorno. Hoy, el número de instituciones afiliadas subió a 54 y ya hay un banco chileno en las filas de esta liga. Es un tema que llegó para quedarse.

  • 4 abril, 2008

 

Las finanzas se ponen al dia verdes como los billetes El mundo financiero se incorporó de lleno al tema medioambiental. Hace cuatro años, cinco bancos internacionales suscribieron una alianza que tenía como eje enfocar la entrega de créditos sólo a proyectos amigables con el entorno. Hoy, el número de instituciones afiliadas subió a 54 y ya hay un banco chileno en las filas de esta liga. Es un tema que llegó para quedarse. Por Cristián Rivas N.

 

Hace tiempo que los temas ambientales dejaron de ser privativos de ecologistas y ONG. Aunque éstos siguen a firme en su cruzada verde, de a poco han ido ingresando otros actores al ruedo. Primero fueron las empresas las que comenzaron a darse cuenta que se trataba de un tema ineludible para su desarrollo futuro. Ahora es el turno del sistema financiero que,mal que mal, es el que está detrás de los recursos de la mayoría de los grandes proyectos y, por tanto, tiene mucho que decir.

Desde hace unos cuatro años, el mundo bancario literalmente “se puso verde”, luego de que los principales bancos internacionales formaran lo que se conoce como Principios del Ecuador y, con ello, todas sus filiales en el globo comenzaron a hacer hincapié en la evaluación ambiental de proyectos antes de financiarlos.

 

En Chile, esta ola de cambios recién se está alojando en las instituciones locales. A fines del año pasado se produjo la incorporación del primer banco chileno a esta liga mundial de instituciones financieras ecologistas. Se trata de CorpBanca, que por estos días se encuentra en plena etapa de preparación para poner en marcha estos lineamientos.

 

 

 

El nuevo movimiento

 

 

Siendo realistas, y de acuerdo a la visión de varios actores delmundo financiero, como el socio de Ernst & Young, Miguel Vicencio, la industria de las finanzas se sumó a esta causa porque comenzó a concebir los temas ambientales y sociales como otro riesgo del negocio. “Su punto de vista es netamente financiero. Un banco quiere que le paguen. Espera que a las empresas a las que presta dinero les vaya bien, que tengan buena reputación; por eso, quiere que estas empresas se anticipen a los temas ambientales para que puedan pagar sus créditos deacuerdo a lo programado, sin contratiempos”, sostiene.

Así, a mediados de 2003 diez bancos mundialmente reconocidos decidieron tomar el toro por las astas y enfrentar el nuevopanorama,enelquehablardecambio climático, efecto invernadero o Protocolo de Kyoto ya es pan de cada día. Entre ellos estaban el ABN Amro, el HSBC, el Citi, el Credit Suisse y Barclays. Los diez, en conjunto, representaban nada menos que el 75% del mercado global de préstamos sindicados. Por eso, lo que ellos hicieran inevitablemente terminaría por ejercer un efecto sobre la industria global. Y así también lo percibieron ellos.

En junio de ese año anunciaron la adopción voluntaria de los “Principios del Ecuador” –llamados así porque apelan a una temática que es global, al igual que ese eje terrestre–, y definieron un conjunto de criterios y principios socio-ambientales, comprometiéndose a financiar sólo los proyectos que puedan demostrar capacidad y buena voluntad para asegurar una gestión ambiental responsable.

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¿Qué significa esto? Que a partir de ese momento los bancos comenzaron a instaurar sistemas propios de evaluación de impacto ambiental. Algo así como una Conama, pero a nivel de cada banco, que está a cargo de chequear una serie de criterios basados en la International Finance Corporation (IFC) dependiente del Banco Mundial, antes que los proyectos sean aceptados por estas instituciones.

“Es un proceso bien similar a lo que se hace para aprobar los proyectos en la Conama, con la diferencia de que para los bancos le ponen valor financiero asurgir en la materialización de los proyectos”,dice Marcela Bocchetto, gerente de Sustainable Business Solutions de PriceWaterhouseCoopers.

Así, se autoimpusieron, a partir de2006, aplicar sus evaluaciones en todoslos proyectos con una inversión igualo mayor a 10 millones de dólares. Locual constituyó un avance sustantivo,porque hasta entonces ello sólo se hacíacon los proyectos que superaban los 50millones de dólares.

Detrás de la instauración de estos principios también hay razones sencillas.Como que cada vez más institucionescomenzaron a ver un daño ensu imagen al financiar proyectos no sustentables ambientalmente, o ajenosa un comportamiento social adecuado, en cualquier segmento productivo. Laimagen de ahorristas de Europa y Estados Unidos con pancartas mostraban desastres ecológicos Con mi dinero no” fue una de las señalesque gatilló este cambio de comportamiento y provocó una mirada másdirecta al efecto que producían algunosproyectos sobre el entorno.

 

 

 

La evaluación ambiental

 

 

A partir de tópicos como el efecto enel entorno, en las poblaciones adyacentes,en los cursos de agua, en la emisión de gases a la atmósfera y en el consumo de energía, entre muchos otros, lo que se da en la práctica es una clasificación de los proyectos de acuerdo al riesgo socio-ambiental, con categorías de alto, mediano y bajo (ver recuadro). Por supuesto, estar en uno u otro nivel se castiga o premia con mayores o menores tasas de interés o, en el extremo, con la no entrega del crédito. Aunque esta no es la idea final delos bancos, porque a fin de cuentas situaciones extremas… las hay. Según datos del ABN Amro, a nivel mundial entre 5% y10% de la cartera de proyectos que ha evaluado la entidad bajo estas nuevas condiciones han sido rechazados por problemas de corte ambiental.

Uno de los ejecutivos que lideran en este tema en Chile es precisamente el presidente del ABN Amro, Víctor Toledo. Dice que los principios suscritos por la entidad no implican rechazar a priorilos proyectos, sino más bien apuntan a que éstos se materialicen con un criterio sustentable. “No nos vemos como jueces, que dan tal o cual veredicto, sino más bien como agentes que buscan que los proyectos se hagan, pero en condiciones amigables”, sostiene.

Lo que los bancos suscritos comenzaron a hacer en aquellos casos que pudieran encasillarse como menos amigables, es acordar planes de manejo con los clientes para mitigar, monitorear y manejar estos riesgos. Su cumplimiento queda estipulado en el contrato de crédito, y si el deudor no cumple, el banco está facultado para adoptar acciones correctivas que, incluso, pueden llegar a la exigencia del pago total del crédito.

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En sólo cuatro años, los Principios del Ecuador han atraído a varias otras instituciones en el mundo. La lista de bancos comprometidos ya suma 54; la mayoría, instituciones más globalizadas. En América latina sólo hay unas cinco instituciones suscritas entre Brasil, Argentina y Chile.

 

 

 

El camino en Chile

 

 

A nivel local, también existe conciencia en que el tema ambiental definitivamente llegó para quedarse en la industria financiera. La Asociación de Bancos (ABIF) decidió en diciembre pasado crear un Comité de Desarrollo Sustentable, instancia que en una primera etapa se centrará en la elaboración de un diagnóstico sobre la incorporación de las políticas y estándares de sustentabilidad en las instituciones financieras. Este nuevo grupo de trabajo está integrado mayoritariamente por ejecutivos de las áreas de riesgo.

En PriceWaterhouse Coopers explican que varios de los grandes proyectos que se han realizado en el último tiempo ya pasaron por evaluaciones de este tipo en la banca; principalmente, porque su financiamiento se obtuvo de grandes bancos internacionales. En la lista figuran, por ejemplo, el Transantiago, varias centrales eléctricas y la planta Valdivia, de Celulosa Arauco y Constitución.

Lo que los bancos que ya están embarcados en esta metodología han implementado en el día a día son comités de evaluación que reciben los proyectos y los analizan desde distintos ángulos. Por eso, en ellos se pueden encontrar profesionales de índole muy diversa, pasando por ingenieros ambientales, abogados e ingenieros comerciales, entre otros. En ABN explican que estos equipos presentan luego sus comentarios al comité de crédito, indicando lo que se debe sugerir a los clientes antes de aprobar el financiamiento.

En ese mismo camino avanzará en las próximas semanas CorpBanca. Su gerente general, Mario Chamorro, junto al abogado senior Belisario Prats, cuentan que, luego de firmar en julio pasado su adhesión a esta organización mundial, comenzaron a organizarse para poner en marcha estos criterios. Su trabajo por estos días es introspectivo, educando a todos sus trabajadores en el tema, para luego pasar durante el primer semestre al aspecto netamente de financiamiento. La institución se ha tomado bien a pecho su participación en este grupo mundial, a tal punto que realizó la primera traducción oficial al español de los Principios del Ecuador, ya que sólo se utilizaba la versión en inglés.

Sobre lo que viene, en PriceWaterhouse Coopers tienen las cosas más o menos claras. Marcela Bocchetto dice que “la tendencia claramente apunta a que esto se va a extender cada vez más al resto de la industria financiera, porque los bancos grandes han visto que no les acarrea grandes costos y le sacan provecho al dar otra mirada a las inversiones y, con ello, bajar los riesgos en áreas en que ahora hay interés global”.

En Chile sus palabras ya tienen asidero, porque se sabe de otros bancos que están interiorizándose en la materia para ver si participan. Uno de ellos es el BCI, que se suma al Chile, institución que, luego de la fusión con el Citi, deberá hacer suyos estos preceptos.

 

 

Bolsas: la otra mirada verde en las finanzas

En el aspecto financiero, las principales bolsas del mundo también comenzaron hace algunos años a incorporar el aspecto ambiental, principalmente porque comenzó a notarse que los inversionistas están diversificándose, invirtiendo de manera creciente en compañías comprometidas con la sustentabilidad corporativa.

La primera en crear un índice que mostrara este desempeño fue la bolsa de Nueva York al idear en 1999 el Dow Jones Sustainability Index (DJSI). Lo que se hizo fue una selección de compañías que están acogidas a múltiples aspectos ambientales y comparar la evolución de sus acciones con las del resto del mercado. La idea es mostrar que la acción de estas compañías ambientalmente amigables crece con más velocidad que el resto.

En esta misma línea surgieron índices similares en las bolsas de Londres (FT4Good), en Johannesburgo (Social Responsable Investment) y Sao Paulo (Indice de Sustentabilidad Empresarial).

Para Chile, la idea de crear una especie de “IPSA sostenible” es más lejana, porque se trata de un mercado muy pequeño, donde se haría muy difícil la selección de compañías. Para hacerse una idea, el Dow Jones está compuesto por unas 2.500 empresas, mientras que en Chile las que cotizan no superan las 100, número que es ampliamente superado sólo por la selección del índice sustentable de la bolsa neoyorquina (que agrupa unas 150 compañías).

 

 

 

Las categorías de riesgo

Al aplicar los Principios del Ecuador a un proyecto individual, el punto de partida para un banco es evaluar el nivel de riesgo ambiental y social existente en el proyecto. Las instituciones los clasifican en tres categorías:

Los proyectos “Categoría A” son los que presentan un adverso y significativo potencial de impacto. Muchas veces irreversible o sin precedentes.

Los proyectos de “Categoría B” son los que tienen un adverso pero limitado potencial de impacto. Éste puede ser reducido en número, generalmente específico a un lugar, completamente reversible y fácilmente acotado o mitigado.

Los proyectos de “Categoría C” son los que presentan un impacto mínimo o nulo.