El 5 de agosto de 2008, a las 7:15 de la mañana, la vida del empresario mexicano Federico Sada González cambió para siempre. Heredero de una de las grandes fortunas de Monterrey (en los 90 y hasta buena parte de la siguiente década era un infaltable en la lista de los 50 mayores magnates de […]

  • 25 febrero, 2013
Federico Sada González

Federico Sada González

El 5 de agosto de 2008, a las 7:15 de la mañana, la vida del empresario mexicano Federico Sada González cambió para siempre. Heredero de una de las grandes fortunas de Monterrey (en los 90 y hasta buena parte de la siguiente década era un infaltable en la lista de los 50 mayores magnates de México), se encontró cara a cara con la muerte.

Un accidente en su propia casa, llegando de un viaje por Camerún, le provocó fracturas de la cervical que de milagro no lo dejaron parapléjico, pero que supusieron dos complejas operaciones en México y una tercera en Houston, donde le rehicieron el cuello con titanio.

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Y no sólo eso: tuvo que volver a aprender a caminar, a moverse y a escribir. Dedicado a la recuperación, debió decir adiós al mundo de la alta política y los negocios, replegándose por cuatro años en su casa, de la que este año salió por primera vez: vino a Chile con su hijo menor, Mauricio, a pescar en el Río Baker. Luego pensaban pasar unos días en el Hotel Llao Llao de Bariloche, pero el incendio de la aduana Pajaritos –en Puyehue– los obligó a cambiar de planes y pasar tres días en Santiago, donde conversamos con él.

El accidente de Sada coincidió con un momento complejo para la empresa que había heredado de su padre, la vidriera Vitro, que llegó a ser una de las más grandes del mundo. Con problemas para refinanciar deudas, enfrentada legalmente con algunos acreedores norteamericanos y con acciones cuyo valor se desplomaba, Sada tuvo que tomar una decisión: salvaba su vida o salvaba la empresa. “Elegí lo primero, porque nadie es indispensable. Y renuncié”, cuenta. “Creo que fue una buena decisión, porque veía nubes en el horizonte y como no estaba en mi cien por ciento, no podía ni quería meterme en medio de una batalla”.

Vitro quedó entonces en manos de su hermano Adrián, quien el año pasado ostentó el lugar 34 de los empresarios más importantes de México, de acuerdo a la Revista Expansión. La misma publicación sitúa a la corporación en la posición 95 de las 500 empresas más grandes del país norteamericano.

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El patrimonio personal de Federico Sada, en todo caso, continúa siendo bastante suculento. Aún es uno de los hombres más ricos de México, aunque ya no salga en los rankings. Pero seguramente volverá a figurar, porque después de estar cuatro años prácticamente muerto en vida, hoy se está recuperando. Y viene por más. No en el mismo rubro en que tradicionalmente estuvo: “el futuro está en industrias como la médica, de alimentos, telecomunicaciones y tecnología”, apuesta. Ahí pondrá nuevamente sus fichas y espera renacer como el Ave Fénix, acompañado de sus hijos: Federico, Liliana y Mauricio. Eso sí, esta vez no pondrá todos los huevos en la misma canasta: “trabajé 36 años en Vitro y muy tarde aprendí que cuando estás arriba tienes que diversificarte. Yo no lo hice, pero bueno, ya vendrá otro tiempo”, comenta en un salón del Hotel Ritz.

El magnate en sus dominios

Mientras planea su regreso, la salud lo obliga a pasar otoño y primavera en Monterrey, y el invierno y verano en Acapulco, buscando un mejor clima. En Monterrey tiene un enorme rancho heredado de su padre, donde posee una casa de tres mil metros construidos. En Acapulco su casa se emplaza en un terreno de veinte mil metros cuadrados. En esas casas, y también fuera del país, Sada vivió su “primera vida”, como él mismo la llama, cuando llegaba a estar unos 200 días de viaje por año. Y en ellas también se ha dedicado a reflexionar, replantearse la existencia, leer muchos libros y agarrar fuerzas para esta nueva etapa que comienza.

La primera vida de Sada fue movida y glamorosa. Entre otras cosas, fundó y presidió el Consejo Mexicano de Comercio Exterior, lo que lo llevó a trabajar con los presidentes Zedillo, Salinas y Fox, participando en las negociaciones de los tratados de libre comercio de su país con Israel, la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y México. También fue Presidente del Consejo Nacional de la Cultura, en cuya gestión lideró la restauración del Museo Nacional de Historia, el más grande de México, y del castillo de Chapultepec.

Cuando Vicente Fox ganó las elecciones en 2000, el presidente electo invitó a tres empresarios como representantes de su relación con el sector privado: Valentín Diez, del Grupo Modelo; Alfonso Romo, del Grupo Pulsar; y al propio Sada, del entonces Grupo Vitro. Federico hizo buenas migas con Fox y durante seis años fue su asesor: estuvo a cargo de coordinar los encuentros del presidente con el sector empresarial durante sus giras internacionales. Su misión era atraer inversiones a México y logró importantes avances.

Acompañó al mandatario en unas 40 ó 50 oportunidades y en esos viajes forjó algunas amistades que hasta el día de hoy mantiene. George Bush padre, George W. Bush y Bill Clinton son algunas de ellas. Sada fue varias veces invitado a la casa de Bush padre en Maine y a la misma Casa Blanca –“no es tan grande por dentro como uno cree”, dice–, y él lo visitaba también en Monterrey o Acapulco. “La última vez que lo vi fue hace un año, porque ahora está muy enfermo”, afirma con nostalgia sobre el patriarca de los Bush.

Con Bill Clinton tiene una anécdota que no duda en relatar. “Al terminar su período, el presidente de los Estados Unidos generalmente construye una biblioteca en la que guarda todos los archivos de su gobierno. La de Clinton se construyó en Arkansas y no sé por qué creyó que yo le había donado todos los vidrios, cosa que nunca fue así”. Cada vez que viajaba a México Clinton lo invitaba a jugar golf y desayunar: “Yo no entendía qué estaba pasando, pero finalmente hicimos una muy buena relación”, comenta riéndose.

De Bush padre recuerda un viaje desde Londres a México en que el entonces presidente de Estados Unidos le preguntó: “Federico, ¿quién es la persona más importante que has conocido en tu vida?”. Sada se ríe y dice que probablemente George W. pensó que le iba a contestar que era él, pero no, le dijo que era el Papa Juan Pablo II. Bush lo miró muy serio y comentó: “he is a pope who knows how to be a Pope”.

Otro de los que se transformó en íntimo de Sada fue el rey de España, con quien compartía la pasión por la cacería. Cada año, el rey lo invitaba para su cumpleaños a cazar en Ciudad Real, al sur de España. Pero junto a la caza, también desarrolló proyectos ecológicos y participó de foros como el de Davos (ver recuadro).

El segundo acto

El primer año después del accidente fue conflictivo internamente para Sada. “Pensaba qué va a pasar, qué voy a hacer”, recuerda. Y agrega: “luego te das cuenta de que hay un plan maestro que nos rige a todos, te disciplinas, y así como en algún momento ese plan te puso en un camino muy interesante, luego te pone en descanso y en un futuro regresarás”.
Y lo está haciendo de a poco. De su antigua vida sólo mantiene su rol de consejero en dos instituciones: el M.D. Anderson Cancer Center, una de las entidades dedicadas a esa enfermedad más prestigiosas del mundo; y el Museo de Louvre en París. Todo lo demás quedó detenido.

Pero de a poco, ha comenzado a asistir a eventos públicos “y es divertido, porque mucha gente cree que estoy muerto”, comenta con humor. “A mi edad no voy a tener muchas oportunidades: voy a tener una más, tengo que capitalizarla y no me puedo equivocar”. En esta pasada, Chile no está para nada descartado. Sin entrar en detalles, desliza que tal vez lo veamos más seguido por estos lados. Y pese a los problemas en su país, se declara optimista por el futuro en México: “el ambiente está más tranquilo, la delincuencia ha disminuido y el nuevo gobierno ofrece un panorama alentador”. •••

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Ecología, jet privados y Davos

Antes de su accidente, Sada ocupó posiciones claves en el mundo privado, aparte de las funciones que ejerció en su empresa: durante ocho años fue uno de los 20 consejeros del World Economic Forum de Davos, en Suiza. Renunció al cargo después de la caída en su casa que casi le cuesta la vida, “porque esos puestos son por la posición que ocupas, no por la posición personal”, comenta.

Durante una década, además, fue consejero de Bombardier Internacional, logrando que la empresa aeronáutica emplazara la fábrica de su Lear Jet en Querétaro, lo que significó una enorme inversión y beneficio para esa zona de su país.

Fanático de la caza, siempre pensó que debía devolver un poco la mano a la naturaleza y así fue como puso en marcha proyectos medioambientales y de conservación, como el Parque Ecológico Chipinque de Monterrey, que tiene 1500 hectáreas y es el pulmón verde de la comunidad. También compró una isla de 15 mil hectáreas en el Golfo de California, donde se protege a especies en extinción.

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Empresarios y amigos

Las redes de Sada con la elite de los negocios son profundas y diversificadas. En una de sus tantas andanzas, le tocó reunir en México a los entonces CEO’s de Chase Manhattan Bank y de JP Morgan, Bill Harrison y Sandy Werner. Después de la cita los dos banqueros se fueron a tomar un trago, al poco tiempo vino la fusión de ambos bancos y a él le llegó una carta de ambos ejecutivos, diciéndole –medio en serio, medio en broma– que le agradecían haber sido el artífice de la operación.

En México, siendo presidente de Centro Fox en Guanajuato conoció muy de cerca al actual hombre más rico del planeta, Carlos Slim: “Con mi esposa está ahora en el consejo Rehaciendo Acapulco y siempre me manda saludar. Carlos es una persona que no ha cambiado en los últimos 30 años, a pesar de su éxito empresarial”.

En Chile también tiene conocidos. La primera vez que vino al país fue en el verano de 2000, en la primera gira del Presidente Fox fuera de México: “Nos invitaron a una comida al palacio de la Moneda y me impactó ver entrar a la señora Allende: qué valiente pasar por esas puertas con su historia de vida”, dice.

Regresó en dos ocasiones, una de ellas para la “Cumbre Empresarial de Padres e Hijos” que anualmente organizan Carlos Slim y Gustavo Cisneros. Allí conoció a Andrónico Luksic hijo, aunque tuvo más cercanía con el padre, a quién frecuentó en Nueva York. Y dice tener muy buenos recuerdos de Ricardo Claro, con quien comió en numerosas oportunidades en México.