¿Cómo vivió la familia del ex ministro de Salud su salida del gobierno? ¿Qué hizo las horas posteriores a su renuncia? Miembros del clan Mañalich Raffo cuentan que lo han visitado a la terraza de su departamento en Las Condes y que en lo inmediato, se apronta al reencuentro con su mujer, María Cristina, una vez que pasen los 14 días de su cuarentena.

Por María José Gutiérrez y María José López

  • 16 junio, 2020

El domingo 7 de junio fue la última vez que la familia de Jaime Mañalich vio al ministro. Ese día el entonces secretario de Estado cumplió 66 años y para celebrarlo, organizaron un “Zoom” a la hora de almuerzo: ahí estuvieron sus tres hijos; Juan Pablo (40), abogado; Felipe (39), publicista y padre de Ana, su única nieta; y Francisco Javier (36), violinista que vive en París. También estuvo su mujer, María Cristina Raffo, quien vive desde marzo en la casa de su hermana -casada con el médico Carlos Reyes- en Providencia. Ella no puede contagiarse de covid-19: a fines del 2012 padeció de fibrosis quística idiopática, enfermedad que dificulta el paso del oxígeno a la sangre y que en poco más de un año le destruyó ambos pulmones. Hoy vive gracias a un transplante.

Durante al almuerzo virtual todos comieron sopa de cebolla de entrada. De segundo plato, había opción vegetariana y alternativa en base a carnes, dependiendo de las preferencias, y de postre, torta de tres leches para cantar al festejado. Uno de los integrantes cuenta que, dada su preocupación por las cifras ascendentes de la pandemia, en ese momento el ministro de Salud se notaba cansado. “Hace una semana y media, se le veía con la guardia más baja en los medios”, relatan de su entorno.

La noche del viernes 12 de junio, Jaime Mañalich, como de costumbre, habló con sus familiares. Según cuenta uno de sus hijos, nada de aquella conversación anticipó lo que sucedería al día siguiente. “No sabía que él dejaría su puesto. No hablamos de ello”, relata. “Él siempre ha sido muy discreto”, agrega otro familiar.

Cerca del mediodía del sábado cuando la prensa informó que el entonces ministro de Salud se dirigía a La Moneda, los integrantes del núcleo Mañalich Raffo supieron de qué se trataría aquella reunión extraordinaria: dejaría su puesto en la administración de Sebastián Piñera. De inmediato comenzaron a hablar por el chat en el que participan los padres y los dos hijos menores. El abogado Juan Pablo Mañalich no usa la plataforma. “Desde el estallido social nos había dicho que tenía su carta de salida en el puesto del Presidente. Pero esto es algo que se conversa a puertas cerradas”, indica alguien de su círculo íntimo. Y añade: “En estas situaciones, los involucrados más cercanos son los últimos en enterarse”.

Ese día, el doctor salió de su departamento en el sector de El Golf en su auto poco antes de las 12:00. Se estacionó en un parking privado en la calle Teatinos y caminó al palacio de gobierno. Una vez ahí, conversó con el Presidente Sebastián Piñera y con quien dentro de los siguientes minutos se convertiría en su sucesor, el pediatra Enrique Paris, entonces integrante de la Mesa Social por Covid-19. “Afinaron algunos detalles del cambio de mando”, relata una persona que trabaja en el segundo piso. A las 12:50 el mandatario tomó posición en el Patio de los Cañones para dar inicio a la ceremonia de cambio de gabinete. Luego de ello, el saliente jefe de Salud –que ese mismo día cumplía 1 año de su llegada al gobierno– habló públicamente y se despidió. “Nos llamó la atención que eso sucediera y nos pareció un gesto muy loable del gobierno”, relata un miembro de la familia.

De ahí conversó por última vez con su mano derecha, el subsecretario de Redes Asistenciales Arturo Zúñiga. Desde entonces no han vuelto a hablar.

Un grupo de colaboradores del Segundo Piso acompañó caminando al médico a su auto en Teatinos: entre ellos estaban Carla Munizaga, jefa de Prensa de Piñera; su jefa de gabinete, Itziar Linazasoro; miembros de Avanzada y de Producción. Hubo lágrimas, y señales de abrazo a distancia. A las 2 pm se subió al asiento del piloto y partió manejando a su casa.

Saludos por la terraza y la ambulancia

La salida del arquitecto de la estrategia sanitaria del gobierno para enfrentar el covid-19 fue bien recibida no solo por gran parte de la oposición -que hace rato lo pedía-, sino también por grupos técnicos que criticaron desde el comienzo la poca transparencia con los datos. Pese a que públicamente se le ha reconocido el haber multiplicado el número de camas críticas y ventiladores, cometió una serie de errores comunicacionales -la famosa “meseta” y el “castillo de naipes”- que hacen que hoy muchos lo sindiquen como el “responsable del fracaso” de la estrategia. Su salida del gabinete de produjo cuando las cifras de contagios y muertes por coronavirus -muy lejos de aplanarse- sólo crecen.

Puertas adentro, los hijos del ahora exministro, cuentan que ese sábado 13 le perdieron la pista. Fue Raffo quien los mantuvo al tanto. “Dedujimos que dedicaría ese día a hacer algo que no había logrado en 100 días: dormir”, relatan en su grupo cercano. Cerca de las 7 de la tarde tuvieron noticias de él: les contestó los mensajes en los que le preguntaban cómo estaba. “Estupendo”, les respondió. Felipe, el hijo publicista que vive a dos cuadras, lo pudo ver en persona: todos los días saca permiso para pasear a sus perros y, cuando su padre estaba en el departamento, pasaba a saludarlo por la terraza. Eso hizo el día de la renuncia. Hablaron cerca de 20 minutos y, a las 9 de la noche, el ex ministro comentó a su familia lo agradecido que estaba del cariño de sus vecinos que a esa hora aplaudieron su gestión. “Incluso llegó una ambulancia que se instaló afuera de su edificio. Fue emocionante”, relata un cercano. También recibió cartas, regalos y mensajes de apoyo de distintos sectores. “Sabemos que es una persona que despierta pasiones. Y nos alegramos de todos los gestos de apoyo que han llegado”, señalan de su entorno.

Los integrantes de su familia cuentan que son bastante “recatados” en el chat familiar: hubo filtraciones de sus datos privados hace un par de semanas, y desde entonces, evitan hablar temas importantes por medios digitales. De todas formas, era prácticamente una rutina conversar entre ellos todos los días a las 11 de la mañana, hora en que el ministro daba el informe sobre los avances de la pandemia.

Uno de ellos asegura que en el corto plazo el plan del médico es reencontrarse con su mujer: “Lo más probable es que se encierre durante catorce días para poder estar con Cristina. Luego de eso debe hacerse el test para descartar que tenga coronavirus y ella tiene que esperar el visto bueno de su doctora de cabecera, María Teresa Parada (jefa de la Unidad de Transplantes de la CLC), para volver a reunirse”.

La sobrevida

A comienzos de la pandemia el matrimonio tomó la decisión de separarse de casas. “Cristina vive con un solo pulmón, que es el nuevo, y el otro no le funciona. Y el covid-19 es un virus que se aloja en el sistema respiratorio”, explica una persona relacionada a la pareja. Además de mantenerse con un tratamiento diario, cada cierto tiempo Raffo debe ponerse un shock de corticoides para evitar el rechazo al órgano.

Durante este tiempo -dado que el médico no sabe cocinar-, cada día su hermana Teresa le prepara comida y se la deja en su puerta a un horario que él no esté. “Ellos tienen una relación muy fuerte”, relata una persona de la familia. Los Mañalich Muxi eran tres hermanos. El año pasado, con el doctor ya de ministro, uno de ellos murió de cáncer. Y, fuera del núcleo cercano, no hay más parientes.

Raffo, en tanto, dicen que ha estado “bien” y “contenida” durante la pandemia. “La conexión que los dos tienen es súper especial y ajena a todos nosotros. Tienen su propio mundo. Lo más difícil de este período fue necesitarla a ella, estar viviendo esto lejos de la persona que te contiene y te cuida”, confidencia una persona que conoce de cerca al ex ministro. Otra persona de su núcleo agrega: “Hay un minuto en que esto le afectó emocionalmente. Porque en cierta forma con el transplante le alargaron la vida, y él se cuestionó el desaprovechar así la oportunidad de estar con ella”.

En tiempos normales, la pareja sale poco por la condición de salud de la mujer. Rara vez van a restoranes, o al cine. En vez, invitan a su casa a sus hijos. Suelen frecuentar también al doctor Antonio Vukusich y su señora, de quienes son muy amigos. En los veranos -dado que históricamente Jaime Mañalich ha estado en trabajos “intensos”- las decisiones de dónde vacacionar la toman a último minuto. Siempre escogen destinos distintos con un factor común: que sea una casa lo más alejada posible en un lugar tranquilo con espacio para toda la familia. Allá el panorama común es leer, jugar cartas y Trivium donde el exministro casi siempre gana.

Los 365 días en el Minsal

Nadie quería que Jaime Mañalich volviera a ser ministro. La familia, consciente de la fragilidad de Raffo, sentía que era tiempo de estar con ella. “Fue una decisión difícil y muy conversada, que pasó de un no rotundo a apoyarlo”, relatan.

El estallido social y la pandemia lo pusieron en el centro de las críticas y funas. “Llegó un momento en el que Jaime no podía salir ni a la esquina porque recibía amenazas constantemente. Él y toda su familia”, asegura una fuente cercana a la ex autoridad sanitaria. Por eso Raffo se vio obligada a cambiar su número de celular y toda la familia quedó con protección especial. A partir de entonces, Mañalich se retiró de Twitter. “Eso fue bueno”, relatan en su círculo, «pero no sabemos qué irá a pasar ahora». Otra persona agrega que su salida de la red social marcó un quiebre: «Hay un antes y un después en cuanto a su exposición pública. Y que ahora no esté ahí, lo ayuda a mantenerse lejos».

Pese a su alto perfil político, en el entorno del nefrólogo dicen que “la política no le importa”. Y que por lo mismo una eventual acusación constitucional -como ya anunció la oposición- está fuera de sus preocupaciones. “Pero sí le preocupa que el odio persista”, aclaran.

A fines de noviembre nació su única nieta, Ana. Él no alcanzó a estar ese día pues tenía un asunto pendiente en Antofagasta. Contrario al carácter duro con que se le conoce al ex director médico de la CLC, dicen que puertas adentro es común verlo en el suelo jugando con ella o sacándole fotos. Cuando levantaron la cuarentena, su hijo Felipe llevaba a la nieta a visitar a sus abuelos para que la vieran por el balcón. Antes de la pandemia, Mañalich se “escapaba” de la oficina cuando sabía que ella estaba en su casa con Cristina.

Raffo es profesora y trabajó toda la vida en el colegio Sagrados Corazones de Providencia. Luego de la cirugía de 2012, continuó como subdirectora. Sin embargo, al poco tiempo le hicieron ver que por su complicada salud no debía exponerse y era mejor que se quedara en casa. “Para ella fue difícil dejar de trabajar”, cuentan en la familia. Desde entonces se ha dedicado a tejer, recibir visitas y cuidar a sus dos sobrinos nietos. Para hacerlo adecuó una pieza del departamento donde hizo una especie de guardería con juegos y contrató a una persona para que la ayude porque no puede hacer fuerza. La misma pieza de juegos la usa cada vez que puede con Ana. “Ella siempre está disponible para cuidarla y es la mejor abuela posible”, dice Josefina Santa María, su nuera.

“Para ella no ha sido fácil ni este periodo, ni el anterior, porque no tiene la personalidad de Jaime. Para ella esto ha sido un sacrificio”, relata el doctor Rodrigo Gil, amigo de Mañalich desde la la época de la beca en el hospital clínico de la U. de Chile, y médico tratante de Raffo previo a la cirugía. Y agrega: “Él recibió muchas criticas, muy destructivas. Quedó al final como que el problema no era el virus, sino Jaime Mañalich, y eso es perder el sentido y proporción de las cosas”.

¿Jubilado?

En la familia de exministro no se lo imaginan de vuelta en un trabajo expuesto ni demandante como los que encabezó con anterioridad en la Universidad de los Andes, donde fue director del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina, ni en la gerencia general de la Clínica Las Condes. Creen que, como ya cumplió 65 años, jubilará, y dedicará sus años posteriores a la lectura, a la familia. Por ahora, dicen, estará “enclaustrado” junto a su mujer para evitar exposición alguna. Gil, en tanto, piensa que seguirá activo: “Yo creo que no se va a retirar. Tiene inteligencia, capacidad y energía para seguir haciendo muchas cosas. Él dejó la medicina, pero le gusta mucho la epidemiología clínica”.

“Ha estado solo durante 100 días en su casa. Ni siquiera compartía un plato de comida con alguien en las noches. Saber que eso terminó, nos tranquiliza”, asegura un cercano.

Por mientras, los Mañalich Raffo ya planean el próximo encuentro virtual por Zoom el domingo 21 para celebrar, con un menú sorpresa, el día del padre.