Se ha viralizado un video que muestra cómo el Presidente de una compañía chilena (GASCO) intenta desalojar a tres mujeres del borde de un lago que reclamaba como propio.
Rodrigo Reyes Duarte, Director Jurídico Prelafit Compliance

  • 12 febrero, 2019

El caso merece, al menos, una reflexión desde el punto de vista de la ética empresarial: la sociedad ha dejado de tolerar ciertos comportamientos que se consideran éticamente reprobables y ha dirigido el reproche no sólo a las personas, sino a las empresas donde trabaja, dirige o es dueño el que comete un acto que se considera impropio. Y, sin duda, este es un buen ejemplo de ello.

En las horas siguientes advertimos cómo, tan pronto se viralizó el video, comenzó la campaña para rechazar los servicios de la compañía de gas y para preferir a las empresas de la competencia.

Y es que hoy la sociedad civil exige a las empresas y empresarios comportarse éticamente. El nivel de exigencia será, además, cada vez mayor. Esto alimentado -bien o no- por las redes sociales, que han transformado a cada individuo en un potencial denunciante, extendiendo los canales de denuncia empresariales hasta esferas nunca antes vistas, han convertido al comportamiento individual en objetivo de escrutinio ciudadano.  

El escrutinio popular tiene que ver con la calidad del producto -por cierto- pero también con la veracidad de las etiquetas, con los servicios a los consumidores, con el comportamiento de la empresa y sus ejecutivos cuando los vemos o no los vemos, y con la consistencia entre lo que se comunica como valores fundamentales de las compañías y el actuar de sus empleados.

En la conducta de los empleados debe aplicarse la máxima, “a mayor responsabilidad, mayor exigencia”, de manera tal que sea la alta administración quien lidere el comportamiento adecuado de todos los empleados.

Sin duda, la conducta ética de los ejecutivos, más allá de sus funciones en la compañía,  es uno de los temas que las empresas están considerando fuertemente en sus códigos de comportamiento.

Quise tomar este ejemplo para advertir que el riesgo en la reputación de las empresas se está convirtiendo en un asunto de gran relevancia al interior de los directorios.

Una conducta impropia, una frase prepotente, un acto de violencia o una opinión o acción reñida con la ética por parte de un empleado, pero – por sobre todo – de un director o alto ejecutivo de una empresa, puede convertirse en una pesadilla para la reputación de la compañía en pocos minutos.

Además, a la gente le interesa saber cuáles son los valores que persigue la empresa y que todo su comportamiento, liderado por sus directores y altos ejecutivos, sea consistente con ello. Si la empresa proyecta como valor la “calidez”, el actuar de su Presidente -se espera- no debe encargarse de borrar con el codo lo que escribe con la mano todos los días.

¿Qué debe hacer una compañía frente al comportamiento impropio de un director o alto ejecutivo?

Hay varias cosas que se me ocurren, pero hay una que jamás recomendaría: señalar que esto se trata de un asunto de la vida privada del ejecutivo y que la empresa nada puede hacer.