La que por años fue la exportación estrella del país vive su momento más dramático. La crisis gatillada por el virus ISA no se detiene, dejando, a su paso, una estela de desempleo y menor actividad en la X Región. Al primer caso, aparecido en julio de 2007, se han sumado casi 80. Y los problemas siguen, porque la crisis financiera también los ha salpicado. Autoridades y productores están empeñados en salir del trance. ¿Podrán hacerlo? ¿Cómo? Estas son la sclaves.

  • 30 octubre, 2008

La que por años fue la exportación estrella del país vive su momento más dramático. La crisis gatillada por el virus ISA no se detiene, dejando, a su paso, una estela de desempleo y menor actividad en la X Región. Al primer caso, aparecido en julio de 2007, se han sumado casi 80. Y los problemas siguen, porque la crisis financiera también los ha salpicado. Autoridades y productores están empeñados en salir del trance. ¿Podrán hacerlo? ¿Cómo? Estas son las claves. Por Lorena Rubio.

 

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En estos días, los principales ejecutivos de la industria salmonera pasan de una reunión a otra. Pero no se trata de encuentros con potenciales clientes o compradores, sino que de citas para coordinar medidas que permitan enfrentar la Anemia Infecciosa del Salmón (ISA, en inglés), un virus que no existía en el país y que cambió para siempre el negocio.

Los que partió como un hecho “aislado” en julio del año pasado, ya alcanzó los 78 casos, de los cuales más de 20 son “brotes” (resultado de laboratorio positivos) desde julio a la fecha. Del total de instalaciones con problemas, 53 están en etapa de “descanso sanitario”, lo que significa que no puede haber movimiento en esos centros por períodos que van de 60 a 90 días, dependiendo de lo que decrete la autoridad.

Pero las reuniones entre ejecutivos no son las únicas en agenda. Una parte importante de los socios de firmas salmoneras está de cabeza reuniéndose con bancos y proveedores para reprogramar deudas y pactar nuevas formas de pagos y, lo más Para los doloroso, anunciar despidos, que llegaron a los 4 mil personas –que luego fueron recontratadas– y se anticipa que a partir de marzo de 2009 los despidos sumarían 6.000.

Para los bancos, digámoslo, el asunto ha sido chocante. Clientes privilegiados hace cuestión de meses, hoy son, en cambio, un dolor de cabeza al punto que el dilema pareciera ser “esperar o dejar caer”, como reconoce el presidente de Salmón Chile, Cesar Barros.

Sí, porque el desconcierto es de uno y otro lado Dos años atrás, los salmoneros sólo sacaban cuentas alegres. Aparte acusación de dumping por aquí o por allá –parte del juego en industrias tan competitivas como esta– o de la crisis de precios de 2001, nada parecía empañar el horizonte. Las exportaciones superaban los 2.200 millones de dólares, los precios como promedio de todas las variedades de salmón y trucha rondaban los 6 dólares y Chile le pisaba los talones al principal productor del mundo, Noruega.

La velocidad de crecimiento también era notable. En la última década la industria venía expandiéndose a tasas promedio de 22% anual, sólo superada por la minería. Para tener una idea del explosivo crecimiento de este mercado digamos que, en 1996, la industria del salmón exportó 135.000 toneladas y tuvo retornos por 538 millones de dólares. En 2007, los envíos totalizaron 397.000 toneladas por un valor de 2.241 millones de dólares. La zona que habían elegido como centro de operaciones (Puerto Montt, Castro, Ancud, Quellón y los fi ordos de la X Región) también mostraba los signos de este boom: cerca de 53 mil personas se relacionaban laboralmente con la actividad, de las cuales unas 28 mil correspondían a trabajadores directos.

El ex gerente general de Marine Harvest, Andrés Johnson, quien llegó a la zona en 1988 como experto de la Fundación Chile, recuerda que en esos años había sólo una sucursal bancaria en Castro –capital de Chiloé–, mientras que “hoy deben ser unas diez”, señala. Lo mismo ha ocurrido con el comercio asociado y las ciudades y pueblos en los que el ejecutivo salmonero –otro “ejemplar” surgido al alero del boyante negocio– escogió para instalarse. No es exagerado decir que parte importante del crecimiento de Puerto Varas se debe a que “la mayoría de los ejecutivos eligieron esa ciudad para instalarse con sus familias”, explica Johnson.

Claro que no todo era celebración. Desde hace años las ONG ambientalistas venían advirtiendo sobre “los costos sanitarios” que el crecimiento sin mayor supervisión estaba provocando en los lechos marinos y en los ecosistemas de la X y la XI regiones. Pero eso no quitaba el sueño a los salmoneros y las perspectivas eran llegar a tener envíos por 2.500 millones de dólares antes de 2010.

La batalla del ISA

Las cosas marchaban así hasta que en julio de 2007 todo cambió. Ese mes, uno de los centros de cultivos de Marine Harvest arrojó positivo para el ISA y las alarmas se encendieron. Hasta ese momento Chile era el único productor de salmón del mundo que no sufría el virus y en el negocio todos sabían lo difícil que había sido para Noruega y Escocia combatirlo, en una batalla que los hechos probaban casi imposible de ganar.

Frases como “el ISA vino para quedarse” se hicieron frecuentes y comenzaron las medidas de mitigación. El resto es historia, aunque todavía falta saber el origen del virus, tema no menor si se piensa que existen otras enfermedades propias del salmón que aún no están en Chile. La tesis que ha adquirido más fuerza es que hubo importación de ovas contaminadas. De hecho, la aparición de un brote de ISA en Magallanes refuerza esta hipótesis, ya que los ejemplares contagiados provendrían de ovas importadas.

Como sea, por ahora la idea de Sernapesca y los productores es apagar el incendio lo más rápido que se pueda, y para ello ya se han inyectado 600 millones de pesos extra a Sernapesca.

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“El momento en que nos pegó el ISA era el menos apropiado”, señala César Barros. El dirigente de los productores recuerda que cuando este virus surgió en Noruega, a comienzo de los 90, “se trataba de una industria chica, de nos más de 50 mil toneladas anuales”. Por ello, con la correcta aplicación de know how tecnológico y recursos, ya a mediados de esa década la enfermedad –que sólo afecta al salmón Atlántico o Salar y no tiene efectos en la salud humana– estaba acotada y Noruega disparó sus volúmenes de producción como nunca antes El tamaño de la industria chilena y la alta densidad –algunos hablan derechamente de hacinamiento– entre los distintos centros de producción hacen que algunos vaticinen que el peak de contagio y, por ende, de mortandad, todavía está por llegar. Por lo mismo aconsejan celeridad. Según Johnson, “si el gobierno no actúa con rapidez, esto puede transformarse en una catástrofe económico-social de proporciones”. Dice que la autoridad debería adoptar frente al ISA la misma actitud que tiene cuando aparece un brote de fiebre aftosa en la ganadería, que “también es un virus, mata animales y tiene un perjuicio en una actividad económica”.

Concuerda el socio y gerente de Consultores ISC Ltda., Sergio Martínez, también ex ejecutivo de la industria. A su juicio, “la autoridad no se atreve a tomar medidas drásticas”, como sería construir un muro sanitario entre centros contaminados y centros limpios. Para Martínez la clave es una sola: “no muevan peces, personas o barcos de un lado a otro”.


Plazos y costos

En cualquier caso, nadie se atreve a aventurar el plazo en que este verdadero rock star de los exportadores chilenos se recuperará. Lo que sí se sabe es que las tasas de 20% anuales de crecimiento no se verán “al menos hasta 2010”, plantea Barros. Por el contrario, el próximo año será crítico, ya que la producción, a raíz del adelantamiento de la cosecha en 2008, caerá entre 30% y 50%. Para 2009 se estima una baja en los retornos de al menos 10%, para cerrar, en el mejor de los escenarios, con ventas por 1.900 millones de dólares. Siempre y cuando las cosas no empeoren.

Para Felipe Sandoval, quien preside la Mesa del Salmón, que agrupa a autoridades y productores, “no antes de 3 ó 4 años las cosas volverán a la normalidad”. El ex subsecretario de Pesca reconoce que hasta el momento se ha optado por una mitigación “gradual”, modelo distinto al usado, por ejemplo, en Islas Faeroe, donde se eliminaron todos los peces existentes. Sandoval anticipa que si la situación “se volviera más crítica, obviamente se adoptarían medidas con mayor agilidad”. De hecho, anuncia que a mediados del próximo año, y previo consenso con los candidatos presidenciales, se realizará un “cambio a la institucionalidad”. Y si bien en un principio se pensó en una subsecretaría, hoy se habla de “agencia público-privada”, al estilo de la propuesta para la Superintendencia de Valores, anota Barros.

Los cambios en los estándares sanitarios le costarán a la industria unos de 250 millones de dólares, según cifras de SalmonChile. Para aquellas empresas que no cuenten con capacidad financiera para cumplir con su parte –ya se sabe, por ejemplo, que Cultivos Marinos de Chiloé pasa por grave problemas de liquidez y Multiexport ha perdido a la fecha 27 millones de dólares–, Sandoval anuncia el otorgamiento de créditos CORFO bajo la figura de “mitigación medioambiental”. Para tener una aproximación: en la actualidad, producir un kilo de salmón cuesta en promedio 2,80 dólares. Estimaciones preliminares apuntan que con las nuevas prácticas sanitarias los costos podrían aumentar entre un 10% y un 15%, nivel que sería compensado, en parte, con la caída en la mortalidad que hasta ahora le ha costado a la industria cerca de un 3% de su producción anual. Pero la pregunta que muchos se hacen es: ¿llegó a su fin de la industria salmonera? Si bien con matices, la mayoría de los actores del rubro estiman que no. ¿Cambiarán su perfil y modelo productivo? Definitivamente, sí.

 

El gerente del área de Recursos Marinos de Fundación Chile –y uno de los mayores expertos en salmonicultura del país- Luis Pichott, aclara que “no existe ninguna actividad productiva en el mundo que haya desaparecido por sufrir alteraciones de este tipo,”. Según el técnico, lo que vendrá “es un ajuste productivo que será más importante que el financiero, porque este negocio es bueno y Chile tiene potencial”. Asegura que el concepto básico en este nuevo modelo productivo será la bioseguridad, es decir uno donde “la producción se haga en un contexto que garantice la seguridad biológica. Para ello hay que reconfigurar las densidades”. Todo esto traerá obviamente mayores costos, algo que impactará a aquellos que no cuenten con capital para soportar de aquí a 2011, cuando ocurra la próxima cosecha.

En los próximos días, los socios de SalmonChile encargarán un estudio que analice las variables oceanográficas y geográficas del fenómeno para, en una segunda etapa, comenzar la configuración de “barrios” en los que se agrupen los productores, aislando a los centros de cultivo contaminados. “Queremos que esté listo en enero de 2009”, precisa César Barros. Eso sí, en el rubro salmonero reconocen que las primeras aproximaciones para formar dichos “barrios” no han estado exentas de polémicas y roces entre productores.

El presidente de AquaChile, Víctor Hugo Puchi, es crítico de lo ocurrido y asegura que esta crisis muestra que como sector “tomamos más riesgos de lo prudente, privilegiando el crecimiento y descuidando como país nuestro patrimonio sanitario”. Por ello, propone modelos de “asociatividad” entre productores de distinto tamaño con fuerte énfasis en la sustentabilidad y en el valor de venta del salmón chileno por sobre el volumen. En defensa del patrimonio sanitario, Puchi afirma que “es urgente el cierre de la importación de ovas para evitar el ingreso de nuevas enfermedades”. Un tema discutible, ya que Sandoval objeta que esa es una medida de difícil aplicación, a la luz de los tratados comerciales que Chile ha suscrito

 

El dilema de los bancos

La banca, ya lo dijimos, han sido un interlocutor relevante de las empresas en las últimas semanas, ya que además de estar sufriendo una restricción en sus línea de créditos por la crisis financiera, han debido a sentarse a renegociar sus pasivos de corto plazo a largo plazo para capear el temporal de mejor forma.

“Hoy son varias las compañías que están reprogramando deuda, ante los vencimientos que se avecinan”, cuenta el presidente de AquaChile, la mayor salmonera del país y la tercera, en términos de producción, del mundo. Y si bien AquaChile terminaría el 2008
con cifras azules, anuncia que estimaciones de la industria ya hablan de firmas que terminarán el año con pérdidas e incluso en la quiebra.

Al respecto, el consultor Andrés Johnson reconoce que los bancos se han puesto “más duros” para otorgar líneas de créditos y que eso tiene muy complicados a los productores.