Está convencido de que hoy “la izquierda tiene más sentido que nunca” porque, a su juicio, el “cáncer” de Chile es la desigualdad. Aquí, el ex ministro insta a las izquierdas a unirse en un solo bloque y deja entrever que la opción de ser candidato a la Presidencia no le resulta del todo lejana. Por ahora, dice, “tranquilein”.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 10 octubre, 2019

Nadie honesto y que sea un militante comprometido como yo, debe dejar cerrada la puerta al cargo más relevante de Chile”, dice el ex ministro Francisco Vidal mientras enciende un cigarrillo y responde a la pregunta de si le gustaría sumarse a la lista de presidenciables.

Como es diestro y conoce bien los hilos del lenguaje político, Vidal no responde como todos, con la clásica frase de “si me lo piden, estoy disponible”. No. Vidal despliega otra estrategia, como tanteando el terreno, como viendo si hay agua en la piscina. Y por momentos, de verdad parece sentirse tentado a explorar esa posibilidad.

Es mediodía y sobre la mesa ya tiene un cenicero con varias colillas consumidas. Fuma mucho. Lee mucho. Habla mucho. Y a pesar de que no tiene un cargo político de primera línea, el ex ministro de los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet ha logrado reinventarse. A sus 66 años es vicepresidente del PPD, pero la mayor parte de su actividad está concentrada en los medios de comunicación. Es panelista de televisión; escribe columnas para El Mercurio, tiene un programa de radio con Joaquín Lavín y, además, ambos participan de un matinal de televisión una vez por semana. Para muchos, la fina sintonía que ha cultivado esta dupla es un misterio.

Francisco Vidal es profesor de historia. Hacer clases es una de las cosas que más le gustan en la vida. Por eso, sus cátedras en la Universidad Diego Portales son el centro de su pasión. Con eso vive y se sostiene económicamente.

Con los años, el discurso de Vidal es más de izquierda y cree que el gran error del gobierno de Michelle Bachelet –de quien se declara amigo personal– es que le faltó convicción para empujar los cambios que estaban en su programa de gobierno. Dice que el “cáncer” de Chile es la desigualdad y que esa es la gran batalla que debe dar su sector.

-Directo al grano: ¿va a ser candidato a gobernador?

-Lo estoy pensando. Tengo ventajas, como el respaldo de mi partido y algunas encuestas muestran que soy bien competitivo. Pero lo que más me inquieta es la vigencia de la ley aprobada. Esa es mi mayor reticencia para postular.

-¿Por qué? ¿Cuál es el tope?

-Que la ley terminó siendo una jalea. Te voy a poner un ejemplo. Si en este momento yo fuese gobernador regional metropolitano y se produce un apagón en Santiago, yo podría seguir en esta entrevista y el que se hace cargo del apagón es el delegado presidencial.

-¿Un gobernador no tiene atribuciones de verdad?

-No. Y se va a producir una contradicción brutal. Un gobernador con una legitimidad democrática de un millón de votos no va a poder hacer nada frente a una emergencia.

-¿Es un cargo decorativo?

-Claro, porque además el presupuesto regional autónomo de un gobierno regional es de 230 mil millones de pesos. Ese es el presupuesto que tiene Joaquín Lavín en Las Condes. La diferencia es que el presupuesto regional es para 52 comunas y el de Lavín para una sola.

-Parece que tiene razones suficientes para decir que no…

-Es verdad. Son razones suficientes para decir que no, pero las cosas pueden cambiar. El presidente Piñera recibió un documento para que, efectivamente, un gobernador regional pueda hacerse cargo de las emergencias y del orden público. Ese sería otro escenario. Pero a mis 66 años recién cumplidos, no estoy dispuesto a frustrar a un millón de personas.

-¿Y estaría dispuesto a renunciar a esta vida mediática que tiene?

-Es que también hay un compromiso más político, partidario.

-¿Qué compromiso político? La centroizquierda en la que usted habita está desmembrada, como sin proyecto…

-No, pero de a poquito nos vamos reconstruyendo. ¡Yo soy un guaripola de la reconstrucción! No de la centroizquierda como la conocimos. Soy partidario de la reconstrucción de las izquierdas, porque somos tres: la Convergencia Progresista donde están el PPS, PS y radicales; la Unidad por el Cambio donde están los comunistas y el Pro, y como tercera fuerza el Frente Amplio. Comparto con Genaro Arriagada su diseño estratégico en el sentido de que se acabó el ciclo de la alianza del centro con la izquierda.

-¿Y cuál sería el nuevo ciclo?

-Que la izquierda haga la pega de la izquierda y el centro haga la pega del centro. Y llegado el momento, se ponen de acuerdo. Es la única forma de derrotar a la derecha.

-¿Y las ideas y el proyecto? Su mundo representó a una mayoría. ¿Dónde están ahora?

-Las izquierdas, para tener sentido y enganchar con la mayoría, tiene que hacerse cargo del problema de la desigualdad y el abuso en todas sus dimensiones. Si yo tuviera que explicarle a un japonés cuáles son las tres características del Chile post Pinochet, le diría: tenemos el mejor crecimiento económico de la historia. Disminuimos la pobreza. No se olvide que el 11 de marzo de 1990, la derecha y Pinochet nos dejaron con el 38,8 por ciento de la población bajo la línea de la pobreza. Hoy es el 8 por ciento. Pero también tendría que decirle que tenemos un tumor canceroso que no hemos podido erradicar: la desigualdad más abrumadora. Las izquierdas tenemos que hacernos cargo de eso.

-¿Cómo hacerlo?

-Primero déjeme decirle cómo se expresa esa desigualdad: nos queda un déficit de 450 mil viviendas. Nos quedan mil personas viviendo en campamentos. El 94% de los pensionados en Chile gana menos que el salario mínimo. El sueldo promedio es de 575 lucas y la mediana son 400 mil pesos. Tenemos más de 4 millones de chilenos que ganan menos de 400 mil pesos al mes. ¡Ese es el camino de la izquierda!

-El segundo gobierno de Michelle Bachelet también se planteó superar la desigualdad. ¿No funcionó?

-Yo admiro lo que hizo Bachelet. Corrió el cerco. Pero tuvo muchas vacilaciones.

-¿Debió haber sido más de izquierda?

-No. Debió haber sido un gobierno más nítido. O sea, es indecente que en Chile solo negocie su salario colectivamente el 8 por ciento de los trabajadores. El 92 por ciento restante está en la parte no escrita del Código del Trabajo: “Si te gusta bueno y si no, te vas”.

-¿Y por qué cree que la clase media terminó votando por Piñera?

-Votó por Piñera como presidente, pero votó por nosotros como opositores. Porque aquí hay una paradoja: el mismo día que Piñera sacó el 36 por ciento de los votos en primera vuelta, nosotros como oposición total obtuvimos el 62 por ciento.

-¿Cómo habría que leer eso?

-Se lee así: que Piñera apuntó a tres expectativas de una mayoría y que era crecimiento económico, empleo y seguridad ciudadana. Hoy está al debe porque nada de eso se ha cumplido.

-Aún así parece estar un poco mejor que la centroizquierda, ¿o no?

-Nuestro problema es la falta de unidad. Chile no resiste tres izquierdas. Bastaría con una poderosa. Para gobernar se requiere mayoría. Por eso es imprescindible el acuerdo con el centro, pero cada uno haciendo su pega. Porque, ¿cuál es la lección aprendida de nuestra alianza de centroizquierda que se llamó Concertación? Que había vetos cruzados. Unos decían: no hagamos esto para no herir a los DC. Y otros decían: no hagamos esto para no herir a la izquierda. Entonces, es mejor que la ciudadanía sepa cuáles son las propuestas de cada uno.

-¿Chile querrá ser más de izquierda?

-Chile quiere ser un país más justo, con menos abusos. No es posible que el año pasado, la industria del lujo vendió 760 millones de dólares, casi el presupuesto del Ministerio de Vivienda. ¿Cómo va a ser decente que eso ocurra en Chile, mientras tenemos mil familias viviendo en campamentos? Entonces, lo que demanda la ciudadanía, que está aburrida de nosotros, que no nos cree nada, es que tengamos un mensaje directo.

-Pero fueron bastante directos en el segundo gobierno de Bachelet…

-La experiencia de Bachelet 2 es que, tomada la decisión de un programa de gobierno, hay que cumplirlo. Porque me consta que había ministros que no creían en la reforma tributaria ni en la laboral. ¡Me consta! Nos faltó convicción. Nos faltó responder la demanda de los chilenos, que es más igualdad, más equidad y menos abusos.

-Para muchos en la derecha, son ellos los que están representando mejor las aspiraciones de esos sectores medios. ¿Qué cree usted?

-¡Pero cómo la derecha va a representar a la clase media! Si la derecha, su castillo de naipes, es Casa de Piedra.

-Pero varios de la Concertación iban gratamente…

-No todos. Yo reconozco que había amigos míos que les fascinaba Casa de Piedra y andaban levitando. Yo prefería ir a la casa de la CUT. Así es la vida

-¿De verdad usted es tan de izquierda?

-Hoy, la izquierda tiene más sentido que nunca. Necesitamos un piso mínimo de igualdad para que la libertad de cada chileno sea real. Permíteme un ejemplo: un alumno de un colegio municipal hoy día saca en promedio 460 puntos en la PSU. Un particular subvencionado obtiene 500 y un particular pagado, 610 puntos. ¿De qué libertad estamos hablando? Cuando estás marcado por la comuna en que naciste y por el colegio al que fuiste. El problema, el cáncer de Chile, es la desigualdad.

-¿Y cuál es su propuesta?

-Nuestro desafío es que la gente que vive y sufre la desigualdad siga votando por nosotros. La mayoría se fue para la casa por nuestros errores, por nuestras omisiones. Y aquí hay cosas insostenibles. ¿Sabes que el presupuesto municipal de Vitacura –dividido por su número de habitantes– es de un millón 150 mil pesos? Y que el de Cerro Navia dividido por sus habitantes es de 150 lucas? No es posible que en 25 minutos puedas pasar de Holanda al Congo. No es decente, no es moral.

La dupla con Lavín

-Si hoy es más de izquierda, ¿cómo se entiende esta súper dupla que han hecho con Joaquín Lavín?

-La dupla con Lavín ha resultado exitosa porque hay un segmento importante de la población que reconoce nuestras profundas diferencias, pero que le gusta que podamos conversar. Claro. Eso tiene un costo en los votos duros. A Lavín lo critica la derecha dura porque habla conmigo. Y a mí me critica una parte de la izquierda dura porque hablo con Lavín.

-Ustedes llevan años trabajando juntos en radio. ¿Qué ha descubierto de Lavín? 

-He descubierto a muy buena persona en lo humano y creo que, además, ha evolucionado. Le hace bien al país una derecha que evolucione. Él ha reconocido que se equivocó, que si hubiese sabido todo lo que pasó con la tiranía de Pinochet, hubiera votado que no. Y ha dicho también que a pesar de ser un hombre del Opus Dei, ha entendido el tema del matrimonio homoparental.

-¿Le parece un cambio genuino?

-Yo le creo a Lavín. Mi problema no es con él. Es con la derecha. Porque Lavín, aunque se vista de seda, derecha queda… Y si ganara Lavín, ¿con quién crees que va a gobernar? Con la UDI, pues.

-¿Lavín coincide con usted de que el gran tema es la desigualdad?

-Aunque Lavín está en Beverly Hills, está consciente de las desigualdades. Tenemos un diagnóstico común. Nuestra diferencia sustantiva es en cuál es el remedio.

-Lavín lidera las encuestas como presidenciable. ¿Cómo ve esa carrera?

-Sin duda, el candidato natural de la derecha es Joaquín Lavín. Es tan claro como que la candidata natural del Frente Amplio es Beatriz Sánchez. Y si la elección fuera este domingo, la segunda vuelta sería entre Lavín y Beatriz.

-¿Y ella podría ganar?

-Si se levantan a votar en La Pintana como se levantan en Vitacura, puede ganar.

-Pareciera que ser gobernador no lo tienta, pero ser candidato presidencial, ¿no lo tentaría más?

-A ver… La vida me ha enseñado que en la política hay que estar con cero ansiedad. Hoy, yo tengo cuatro candidatos presidenciales en mi partido: Heraldo Muñoz, Ricardo Lagos Weber, Jorge Tarud y Felipe Harboe también tiene potencial. Para mí sería impresentable ser como un quinto.

-¿Por qué?

-Porque hay que dejar que los cuatro que te mencioné se desplieguen.

-O sea, ¿está esperando ver qué pasa con ellos?

-Qué pasa con ellos y con el conjunto de los candidatos. Están Ximena Rincón y Francisco Huenchumilla en la DC. Carlos Maldonado en el Partido Radical. Daniel Jadue en el PC. Y Beatriz Sánchez en el FA…

-Mi pregunta es si a usted le gustaría ser parte de esa lista.

-Bueno, en la última encuesta Cadem ya me pusieron en esa lista y salí sexto en evaluación política.

-Digamos que ser candidato presidencial no es una puerta que tenga cerrada.

-Nadie honesto que sea un militante comprometido como yo, debe dejar cerrada la puerta al cargo más relevante de Chile. Para aplicar tus convicciones, tus esperanzas y tus sueños.

-Entonces, ¿estaría disponible para ser candidato?

-No te podría responder hoy. Tengo dudas.

-¿Pero le podría interesar?

-O sea, si logro enganchar con la ciudadanía que me interesa representar –y que son las capas medias y las populares–, ese es un incentivo importante para mí. Te voy a dar un objetivo súper concreto. El otro día fuimos a almorzar con mi mujer, mis tres hijos y mis ocho nietos, y en la esquina de Vespucio con Las Hualtatas se acercó una vendedora de chocolates. Me reconoció y me dijo: “A usted lo veo en la tele. Yo votaría por usted. Parece honesto”. Así me dijo. Literal.

-¿Y le pasa mucho eso?

-Me pasa harto, harto, harto.

¿El heredero?

-¿Por qué se habla de usted como el heredero de Bachelet? ¿Es así?

-Es lo que se habla, pero yo no me siento heredero de Bachelet. Lo que pasa es que siempre he defendido a los presidentes con los cuales trabajé. No miro para el techo ni me hago el tonto. Ahora, yo me siento heredero de Bachelet en su objetivo final, que es correr el cerco de la sociedad chilena hacia una sociedad más justa. Apoyo lo que hizo ella, pero no me gustaron ciertas vacilaciones. Eso nos llevó a una pérdida de credibilidad en la convicción.

-Que Bachelet haya aclarado que no va a ser candidata, ¿fue un alivio o una pesadilla para el mundo de la izquierda?

-Fue una mezcla. Ahora te puedo desclasificar algo. Yo estuve con la presidenta Bachelet cuando vino privadamente a Chile hace un par de meses. Comimos con el mismo grupo de amigos de siempre y le pregunté directamente. Y ella me dijo: “No quiero, no quiero”.

-¿Qué implica eso para ustedes?

-Obliga a los liderazgos que hoy son presidenciables a desplegarse más. Alguien tiene que captar ese bacheletismo porque mi presidenta sigue siendo un referente en Chile.

-¿Y quién lo podría captar?

-Una dimensión es Beatriz Sánchez. Otra dimensión es Daniel Jadue. Otra dimensión son Lagos Weber y Heraldo.

-¿Y usted? ¿Al aguaite, como dicen en el campo?

-Yo tranquilein.