Por: Natalia Saavedra Fotos: Verónica Ortíz Está como detenido en el tiempo. Los salones, sus cuadros, el comedor y el piano, que recién afinado aún se utiliza, son testigos de más de un siglo de historia. La gente también parece de otra época, principalmente hombres que no dejan por ningún motivo la corbata y tertulian […]

  • 18 agosto, 2016

Por: Natalia Saavedra
Fotos: Verónica Ortíz

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Está como detenido en el tiempo. Los salones, sus cuadros, el comedor y el piano, que recién afinado aún se utiliza, son testigos de más de un siglo de historia. La gente también parece de otra época, principalmente hombres que no dejan por ningún motivo la corbata y tertulian en diferentes mesas.

Con ese escenario de fondo, Kim Anderson sube rauda los cuatro pisos que la llevan a su oficina. De tacones, avanza ágil por los escalones tapizados por una alfombra roja centenaria. La detienen para saludarla. Ella, cordial, se da un tiempo para cada socio. Ya la reconocen, aunque al principio en los pasillos del Club de la Unión se preguntaban quién era esa mujer que con tanta soltura se movía entre un público eminentemente masculino. “Me miraban con curiosidad y yo les decía simplemente: ‘Mucho gusto, soy Kim Anderson, la gerente general del Club’”.

La curiosidad de las miradas mientras camina lo dicen todo: Kim es la primera mujer en ese cargo en los 152 años de historia de esta institución, que recién en 2006 permitió el ingreso de su primera socia.

De alto voltaje

Kim está acostumbrada a ser minoría. Estudió en la Universidad Federico Santa María, una institución donde las mujeres son las menos. Se tituló de ingeniera civil y entró a trabajar a AES Gener, donde estuvo 18 años hasta ocupar la gerencia de recursos humanos. En 2012 se cambió de trabajo, pero siguió en la misma línea: asumió la gerencia de administración y personas. Ahí también era una excepción a la regla entre las gerencias en materia de género. Negociaba con sindicatos y se desempeñaba en un sector empresarial, donde tanto las tareas técnicas como administrativas son lideradas por hombres.

Pero quería dar un giro a su carrera y buscar un proyecto que la motivara. Se abrió al mercado y hace poco más de un año un head hunter la llamó para comentarle que había una oferta. Se trataba de un cargo de primera línea, una gerencia general, pero con algunas particularidades: el Club de la Unión. Sí, el tradicional recinto fundado en 1864 al alero de los conservadores y radicales, buscaba un gerente para liderar su refundación. Un proceso que arrastra hace unos años y que ha buscado sacarlos de un escenario de estrechez financiera empujado por la menor cantidad de socios y el desinterés de las nuevas generaciones por ser parte de este recinto.

La propuesta le pareció interesante a Kim Anderson, una adicta a los rincones patrimoniales del país. “¿Sabes que en Cañete hay uno de los museos más lindos de Chile?”, comenta. Presentarse a la entrevista en el Club era todo un desafío. No se trataba sólo de estudiar los números de la organización, sino de estar convencida de que era un proyecto que podía levantar. “Me entrevisté con el directorio. Sé que había mujeres y hombres en la pelea por el cargo. Me gustó la idea porque era una gerencia de primera línea, pero además porque cuando me entrevistaron fueron súper realistas con el escenario al que yo llegaba. El directorio no maquilló la situación del club. Había trabajo que hacer. ¿Está dispuesta?, me preguntaron. Yo dije que sí”, relata la ejecutiva.

Los nueve directores del Club de la Unión, todos hombres, liderados por Miguel Zegers, se decidieron entonces a dar un vuelco a su tradicional historia y poner a una mujer en el puesto. La tarea no es nada fácil: recuperar socios, aumentar sus ingresos y reencantar a la sociedad con el quehacer del club de caballeros. “Sabemos que las mujeres juegan un rol importante. El mundo ha cambiado y la participación e inserción de las mujeres en el mundo profesional también y, por lo tanto, avanzamos acorde a los tiempos actuales. Lo anterior nos ha permitido trabajar más de cerca con las embajadas, corporaciones, asociaciones, gremios, jóvenes, como también potenciar el trabajo que ya estábamos realizando a nivel de empresas y con ello reposicionar el club con un enfoque distinto”, aseguran desde el directorio.

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Son los nuevos tiempos, añaden, donde la mujer es protagonista del cambio.
El 1 de agosto de 2015, Anderson comenzó a ocupar oficialmente el cargo desde donde, aún rodeada por hombres, ha empezado un trabajo hormiga para hacer un revival del recinto.

La unión hace la fuerza

No han sido años fáciles para la Unión, aunque de a poco su salud ha comenzado a mejorar. Si en sus tiempos de bonanza los socios superaron los cuatro mil, hoy son cerca de mil (en todas sus categorías). No más de 50 son mujeres.

Mantener el edificio histórico no es barato, por eso Anderson elaboró un plan de trabajo a tres años que ha empezado a ver resultados. Ya entre 2013 y 2014, el club había rebajado sus pérdidas. “El primer semestre de este año cerramos la llave de las pérdidas. Nuestro resultado operacional además es positivo y eso nos permite manejarnos en el día a día con tranquilidad”, detalla Kim.

Los primeros meses fueron de meterse a los rincones del club: llegaba temprano, bajaba a las bodegas, se metía a la cocina, almorzaba con los trabajadores. Todo, con el fin de conocer cómo funcionaba la institución con 150 años de historia. Un estilo que no se acostumbraba tanto en la administración de la Unión, pero que Kim comenzó a imponer entre sus 110 trabajadores.

Tras los primeros meses de adaptación, había que ponerse manos a la obra. Ordenar la casa, asegura, fue el primer paso: se redujeron los gastos, pero además se organizaron tres áreas de negocios que ya están atrayendo más ingresos. “Vemos una mayor profesionalización del club, una mejor definición de las funciones. El enfoque comercial se ha definido mejor y con mayor énfasis”, dice el directorio.

Anderson organizó el trabajo del club en eventos, captación de socios y servicios gastronómicos a terceros. Todos han crecido. “Comparando este primer semestre con 2015, eventos aumentó sus ingresos en 4,5%; catering a terceros, 13%, y los socios, todavía a una tasa muy discreta, han empezado a crecer”, detalla.

El área de captación de socios, particularmente, se armó hace poco más de un mes, con el objetivo de invitar a profesionales jóvenes a ser parte de la Unión. La idea es comenzar una avanzada de visitas para que esas nuevas generaciones vean un activo en ser parte del club: “Acá puedes no sólo usar las instalaciones, puedes encontrarte con premios nacionales, senadores, personas que toman decisiones, lo que es súper atractivo para la gente joven”, asegura la gerente del recinto.

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En los eventos, además de los matrimonios y reuniones sociales que copan la agenda de los viernes y sábados hasta 2017, han hecho una avanzada para retomar sus relaciones con el mercado institucional: embajadas, organismos de gobierno y empresas son parte de los clientes que han recuperado. Así, lograron que durante los primeros seis meses de este año sus pérdidas disminuyeran 12%. Todo un hito, asegura la ejecutiva.
En materia de socios, Anderson dice que “es obvio que se han flexibilizado las políticas de admisión acorde a los nuevos tiempos, pero lo que se mantiene es que tengan un amor por el patrimonio y lo que trasciende acá en el club”.

El renacimiento del recinto también tiene que ver con darles vida a sus espacios. Pensando en eso crearon un área de extensión cultural a cargo de tres socios que trabajan ad honorem en un calendario de actividades. El equipo lo componen Aaron García, Arnaldo Salinas y Fabiola García. Que participe una mujer, resaltan, también habla de su renovación.

El objetivo de Anderson es que el plan entregue resultados de acá a 36 meses, para fortalecer la salud de La Unión de forma definitiva. El directorio, en tanto, sigue estudiando ideas para ver también cómo el club puede inscribirse en la historia de los próximos años de Chile: licitar parte de sus espacios, hoteles, tiendas y un boulevard son parte de las ideas que analizan. “Hay una carpeta de proyectos, pero aún no están maduros, estamos analizando varios y vemos varias posibilidades en estos ámbitos. (…) Siempre hay un plan maestro, pero siempre asociado a nuestra historia y esencia como club social”, dicen los directores.

No se quedan sólo en palabras. De hecho, el arquitecto español radicado en Chile Luis Alonso ya ha dibujado algunas ideas que incluyen rehabilitar parte de sus espacios y darle nueva y larga vida al Club de la Unión. •••