Pocos conocen en detalle el oficio que intermedia en el pago de los seguros. Aunque la mayor parte del tiempo los casos de siniestros se resuelven sin problemas, también hay una fracción en que se echa literalmente mano a todo para cuadrar las piezas de un rompecabezas que no calza. Surgen así elementos dignos de una buena novela policial, con engaños, investigadores privados, fraudes… y hasta asesinatos. 

  • 19 octubre, 2007

Pocos conocen en detalle el oficio que intermedia en el pago de los seguros. Aunque la mayor parte del tiempo los casos de siniestros se resuelven sin problemas, también hay una fracción en que se echa literalmente mano a todo para cuadrar las piezas de un rompecabezas que no calza. Surgen así elementos dignos de una buena novela policial, con engaños, investigadores privados, fraudes… y hasta asesinatos. Por Cristián Rivas.

 

 

Los liquidadores de seguros están detrás del pago de casi todas las pólizas en Chile. Son capaces de reconstruir al dedillo los siniestros más “siniestros” y tienen la responsabilidad de proponer a las compañías el monto que deben pagar a sus asegurados. Quizá el papel más importante –considerando que al año el mercado mueve miles de millones de dólares–, pero no el más conocido. Muy pocos manejan los detalles que hay detrás de esta parte del negocio, donde casi siempre los casos se resuelven sin problemas, pero donde convive un sinfín de ingredientes dignos de la mejor novela policial: investigadores privados, fraudes y hasta asesinatos, son solo algunos de los elementos en casos extremos.

 

Casos de exposición pública donde los liquidadores han echado mano a prolijas investigaciones y detectado irregularidades, hay por montón.

 

Uno de los más comentados hace un par de años fue el del cocinero chino Pongan Tan, asesinado por su patrón para cobrar un seguro por 160 millones de pesos que había tomado a su nombre. También fue conocido el de una pareja que en febrero de 2006 inventó un accidente en la Costanera Norte, fingiendo haber sido impactados con un bloque de hormigón (ver recuadro), lo que terminó siendo un intento de estafa contra la concesionaria. Hace cerca de 20 años fue muy comentado el incendio que afectó al club Regine –en Isidora Goyenechea con Don Carlos–, y que terminó siendo un intento de fraude de sus dueños, que habían pagado a uno de sus trabajadores para que iniciara el fuego y fue él mismo que finalmente cedió a las presiones y delató la trama. Ahí lo que generó suspicacias en los investigadores fue que uno de los dueños llegara al siniestro en pleno verano con botas de agua.

 

Son solo algunos ejemplos que casi todos los liquidadores recuerdan al hablar de casos polémicos. Claro, eso sí, dicen que son los menos, porque en gran parte, sobre todo en los relacionados a grandes o medianas empresas, se llega a conclusiones apegadas a lo que los clientes afirman. Sin ir más lejos, en la Asociación de Aseguradores ponen como ejemplo lo sucedido el año pasado, cuando solo hubo reclamos por 2.451 casos, lo que equivale al 0,0044% de los seguros liquidados.

 

Pero que trabajo de investigación hay, hay. Para hacerse una idea, en el primer semestre de este año las aseguradoras pagaron 2,3 millones de siniestros por unos US$ 2.110 millones. Esto significó que hubo 12.629 siniestros diarios, 526 por hora o 9 por minuto…

 

 

 

Su seguro liquidador

 

 

De acuerdo a la legislación, el liquidador de seguros es un intermediador nombrado por las aseguradoras, en común acuerdo con sus clientes, cuya función es investigar los hechos detrás de un siniestro, entendiendo esta última palabra en el contexto amplio: accidentes, incendios, fallas, explosiones, catástrofes naturales, entre muchas otros. “Como existe un contrato que obliga a la compañía de seguros a tener que responder pagando los daños que el asegurado reclama, la firma tiene el derecho a conocer cómo efectivamente ocurrieron los hechos. Nos traspasa ese derecho para formarnos un convencimiento de que las cosas ocurrieron como el asegurado dice”, resume Roberto Linderman, gerente comercial de Crawford, una liquidadora internacional que opera en Chile.

 

Eso sí, aclara de inmediato para asegurarse de que no hay cosas anormales, la premisa es partir la investigación pocos minutos después de producido un incidente. Es tan inmediato el contacto, que por ejemplo los representantes de la liquidadora Beckett, que estuvieron investigando el incendio del hotel y casino de Pucón hace unas semanas, llegaron al lugar cuando los bomberos todavía luchaban contra las llamas. A diferencia de Estados Unidos o Europa, en Chile el cobro de los seguros funciona de manera inversa. Las compañías designan a los liquidadores para que investiguen en forma previa al pago de la póliza, mientras que a nivel mundial las compañías primero liquidan y luego inician las investigaciones que habitualmente se ven en las películas hollywoodenses. Es por eso mismo quizá que el asecho sea aún mayor en esos países, con verdaderas redes de investigación al mejor estilo Sherlock Holmes.

 

El oficio de liquidador surgió en Chile en 1989, cuando el Ministerio de Hacienda dictó el Decreto Supremo Nº 863, donde se fijaron las directrices de esta actividad. Según datos de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), entidad que regula este mercado, existen un total de 147 personas naturales habilitadas como liquidadores oficiales. Todos debieron rendir un examen ante la autoridad y varios incluso tomaron clases especiales en la Escuela de Seguros, un organismo dependiente de la Asociación de Aseguradores de Chile, explica su vicepresidente René Eyheralde.

 

No es un área reservada para determinadas profesiones. Todo lo contrario. En un barrido rápido se encuentran desde abogados hasta arquitectos, pasando por ingenieros civiles, comerciales, contadores, y un sinfín de actividades. El trabajo cotidiano de un liquidador es apoyado por varios de estos profesionales, porque en la práctica son sucesos tan distintos que se requiere de colaboradores en especialidades muy diversas, sobre todo en el caso de seguros a empresas, en que las pólizas van desde fallas en turbinas de aviones, motores de barcos, centrales eléctricas, grandes maquinarias mineras, equipos tecnológicos, entre muchas otras áreas técnicas.

 

Por lo mismo, hay procesos de investigación que duran más que otros, dependiendo del impacto que generan, como el de la caverna destruida en Chuquicamata, accidente ocurrido el año pasado, pero que aún no logra despejarse por completo. O el de la explosión ocurrida hace unos días en la refinería de Concón, en el que los ajustadores tendrán que evaluar múltiples factores además del daño estructural, como lo que se dejará de producir o vender.

 

 

 

Investigación a fondo

 

 

David Carreño, liquidador de Beckett, explica que en paralelo al trabajo de los liquidadores, las investigaciones requieren de varios otros colaboradores. Es ahí cuando entran a jugar ex policías o investigadores privados cuyos servicios también son habitualmente contratados. Sus mecanismos de investigación pueden ser muy distintos al de un caso normal, donde todo es más oficial pues los liquidadores trabajan en directa colaboración con todos los actores. En los casos en que no, se recurre a indagaciones con vecinos, cercanos, bases de datos, fotografías y hasta disfraces.

 

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El experto recuerda el caso de un misterioso incendio en un galpón usado para acoplar madera en el sur, donde al asegurado se le quedó encendida una estufa de combustión con mucha madera a su alrededor y varios papeles contables. Su reclamo era por 200 millones de pesos, exactamente la misma cantidad que adeudaba y que fue descubierta luego de hacer una investigación sin colaboración del afectado. “Eso se investiga aparte. Hay muchos elementos a los que echar mano… hasta la típica vecina que pasa pegada a la ventana y que siempre vio algo”, describe. Un caso similar enfrentó Arturo Contreras, socio fundador de SGC Ajustadores. Cuenta que a mediados de los ‘80, fueron testigos de una de las primeras condenas por incendio en un caso de investigación de seguros. Un reconocido ingeniero comercial de la época mandó a quemar su casa en un fundo de la IX Región para cobrar un seguro por 1 millón de dólares, pero se encontró testigos que vieron a uno de sus empleados ingresar y salir raudamente del inmueble en momentos en que se iniciaba el fuego. La novela policial terminó en tribunales y con el profesional fugado a Argentina el mismo día en que la corte dictó sentencia.

 

Hay otros casos más extremos, como el que vivió Patricio López, gerente general de Beckett, al enfrentar la verdad final con un vendedor de telas de San Diego, que inundó su bodega un día de lluvia culpando al mal tiempo, pero en realidad dejó abierta una de las llaves de agua. Luego de hacer estudios al tipo de agua y de analizar diversos detalles de la escena, se encaró al empresario, quien viéndose rodeado sacó un arma para amenazar a los liquidadores y la mantuvo apuntando por largos segundos antes de analizar mejor la situación. “En estos procesos ocurren las cosas más increíbles”, concluye.

 

 

 

Desmitificaciones

 

 

Con todo, los liquidadores creen que el mercado funciona. Que casi siempre se logran acuerdos y que en los casos en que no hay consensos, siempre está la posibilidad de seguir procesos de arbitraje o juicios civiles.

 

Además, todos recalcan que no hay presiones mayores de las aseguradoras que los obliguen a buscar un pago menor y dicen que sus salarios están asociados a horas trabajadas, de acuerdo a estándares internacionales, desmitificando la idea de que se ajusten a un mayor o menor pago de las aseguradoras al cliente.

 

Claro que como todas las empresas, se quejan de que hay años buenos y malos. De entrada, y aunque suene un poco frío, casi todos dicen que los años catastróficos son los mejores, porque es donde se liquida un mayor número de seguros y funciona mejor el negocio. Por eso, cuando todos se quejan por temporales, inundaciones o terremotos, habrá un liquidador sonriendo.

 

Y no solo liquidadores, también otras actividades que han florecido en base a este mercado. Como el de los asesores de asegurados, una actividad que se ha intensificado en los últimos años y que básicamente agrupa a abogados que vieron un negocio en las asesorarías a impugnaciones de clientes contra las aseguradoras.

 

Es tanto el interés que varios juristas se han dedicado a encontrar potenciales clientes a los que incluso se encargan de convencer que inicien acciones contra las compañías de seguros tras la liquidación. Espacio hay para todos.

 

 

 

Seguros para todo


A nivel mundial casi todos los días son conocidos casos de peleas por pólizas que no fueron cubiertas por las aseguradoras. Como el de una mujer millonaria que resbaló al bajar de un jet privado en Estados Unidos y aplastó a su anciano perro poodle, que murió en el lugar. Sus abogados demandaron al propietario del aeroplano para cubrir los gastos médicos por la caída de la mujer, su dignidad y recuperar el costo de reposición de un poodle. La discusión en tribunales se centró en si el perro era pasajero, carga o maleta y finalmente se arregló el pago de 3.500 dólares.


Hay otros seguros extraños contratados, o en vías de, en diversos lugares del mundo. Como el de un deportista que aseguró su vida en caso de que el mítico monstruo del Lago Ness lo atacara en medio de una carrera que pasaría por ese lugar. O el de los futuros turistas espaciales, donde las compañías todavía están tratando de dimensionar elementos relevantes en la cobertura, como la seguridad y confiabilidad del paseo por el que muchos viajeros están dispuestos a pagar hasta 200 mil dólares.

 

 

 

 

El inspector francés

Yves Rouse (63 años) es un ex inspector de la policía francesa, avecindado en Chile desde hace 31 años. Es uno de los precursores de la investigación de fraudes en las compañías de seguros, pues él mismo comenzó a ofrecer servicios en esta línea pocos años después de llegar a Chile en 1976.


Recuerda que al comienzo las aseguradoras no confiaban mucho en sus servicios y que hasta lo bautizaron como “Inspector Clouseau” o “Pantera Rosa”, pero que luego de un par de casos se ganó un espacio entre las compañías. De hecho, dice que ha trabajado con varias de ellas y que en la actualidad se da el lujo de seleccionar los casos que desea investigar y solo trabaja con dos compañías de seguros generales y otra dedicada a los de vida.


El no trabaja para las empresas liquidadoras, sino directamente para las aseguradoras en momentos en que éstas no estén de acuerdo con los peritajes e informes de las liquidadoras. Por eso, dice, su trabajo no es muy bien visto por las liquidadoras.


Rouse se ha dedicado a investigar siniestros en vehículos motorizados, robos a casas particulares y accidentes personales. En la primera de las áreas uno de sus últimos logros fue descubrir el fraude que intentaban realizar el año pasado una pareja que acusaba haber recibido el impacto de un bloque de hormigón de 6 kilos. Su estrategia incluso fue dar a conocer públicamente sus conclusiones antes de entregar el informe final, para así dar un golpe más fuerte a los involucrados.


En la actualidad el ex policía comparte su tiempo asesorando a empresas de retail y las nuevas concesionarias de casino en programas para evitar robos.