Tras su expulsión del partido a fines del año pasado, muchos pensaron que el ex presidente de la DC era “un cadáver político”. La vida, sin embargo, ha dado muchas vueltas y a contar de marzo encabeza la mesa de la cámara alta. Una oportunidad que dice no haber imaginado, pero que puede ser su puerta de entrada a un renovado camino político. Por Elena Martínez C.; fotos, Verónica Ortíz.

  • 30 abril, 2008

 

Tras su expulsión del partido a fines del año pasado, muchos pensaron que el ex presidente de la DC era “un cadáver político”. La vida, sin embargo, ha dado muchas vueltas y a contar de marzo encabeza la mesa de la cámara alta. Una oportunidad que dice no haber imaginado, pero que puede ser su puerta de entrada a un renovado camino político. Por Elena Martínez C.; fotos, Verónica Ortíz.

 


Pocos saben que un día después de ser elegido presidente del Senado, en marzo, lo primero que hizo Adolfo Zaldívar fue ir a la población La Bandera, en el sector sur de Santiago. Allí vive uno de los hombres que dice admirar. Se llama Julio Soto, es concejal y reside a pocos metros del emblemático sector donde el Papa Juan Pablo II lanzara su frase que hasta hoy resuena: “los pobres no pueden esperar”.

Junto a su señora, la pintora Alicia Larraín, el ex presidente de la Democracia Cristiana y senador por la XI Región se reunió con su amigo, al que define como “un líder popular nato”, y otros dirigentes sociales. Estuvo horas con ellos porque quiso demostrarles que iba a abrir la presidencia del Senado a ese mundo.

A más de un mes y medio del episodio, este abogado y profesor de Derecho Constitucional transita inmutable entre ese mundo bastante terrenal y el de la alta política, donde ha estado permanentemente dando batallas y soportando remezones.

El primero y quizás el de mayores proporciones fue su expulsión de la DC tras más de cuatro décadas de militancia. Su negativa a apoyar un millonario préstamo para el Transantiago desencadenó un proceso marcado por un duro enfrentamiento con Soledad Alvear y que culminó con la automarginación de un grupo de diputados cercanos a él.

Tras el cisma, muchos vaticinaron que el otrora poderoso líder “colorín” era un “cadáver político”. Craso error. Sí, porque hoy ungido en la testera del Senado, Zaldívar desempeña un rol protagónico en la cinematografía parlamentaria. Fue ese papel justamente el que le tocó como presidente de la Cámara Alta en el desarrollo de la acusación constitucional contra Yasna Provoste, otra prueba de fuego a escasas semanas de su designación como sucesor de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

Le preguntamos por ese desafío. Sentado con cierto aire señorial tras su imponente escritorio de la oficina institucional del Congreso, afirma que el 16 de abril, fecha de esa histórica jornada, se sintió corriendo una final, sin haber pasado por las eliminatorias ni los cuartos de final. Todo un privilegio del destino, dice. Y de paso refuta a quienes señalan que lo sucedido atenta contra los mecanismos democráticos, porque lo que pasó en el Senado permitió que dentro del estado de derecho se colocara un contrapeso al Ejecutivo.

 

 

 

En aguas turbulentas

 

Zaldívar es un hombre de leyes, sin duda. Estudioso y meticuloso. Cita con frecuencia artículos de las diversas constituciones que ha tenido Chile y se nota que disfruta analizando sus alcances.

Esta formación académica le ayuda en sus nuevas tareas. En el Senado, se ha apegado al reglamento de un modo estricto, casi obsesivo. Esta actitud le ha granjeado gradualmente el reconocimiento de sus pares, incluso de quienes le cuestionan su decisión de votar con la Alianza y los independientes. “No se puede hablar de un sello Zaldívar en la presidencia del Senado. Todavía es muy pronto. Pero hay que reconocer que lo ha hecho bien hasta ahora”, nos dijo un parlamentario .

El senador Zaldívar junto a parte de su equipo: el jefe de gabinete, César
Berguño; Patricia Pizarro, secretaria del senador desde hace años; e Isabel
Guerrero, asistente del Senado.

El no descuida un detalle. Un ejemplo: en la sesión del caso Provoste se preocupó de que todos los senadores dijeran lo que querían expresar, aunque superaran los 10 minutos fijados. Y cuando hubo menciones a la imposibilidad de acceder a todos los antecedentes de la acusación, no dudó en suspender la sesión e instar a los comités a zanjar el tema.

Extraña esta cautela en un dirigente cuya vida política ha estado marcada por la polémica. Nunca la ha eludido o temido. Es más, a menudo pareció disfrutarla.

¿Qué lo mueve ahora? Difícil decirlo. Sus detractores afirman que sabe que cualquier error de procedimiento lo pondrá en el ojo del huracán. Que es un “animal político” y que busca sobrevivir en aguas turbulentas.

La tormenta pasada incluye haber dejado en el camino al senador socialista Ricardo Núñez, lo que provocó la furia del presidente del PS Camilo Escalona.

El sólo reconoce que quiere hacer una buena gestión. Y añade que es un amante del fair play y que no entiende ganar un objetivo al margen del mismo. “Hay que ser justo y prudente”, afirma.
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Aunque dice que con el tiempo ha dominado su carácter impulsivo, su temperamento surge, inevitable, cuando recuerda los epítetos que le dedicaron personeros políticos de la DC y la Concertación en plena efervescencia de las crisis. “Dijeron que yo era enemigo del partido, un cáncer”, anota. Y enseguida asoma una sonrisa irónica, que algo podría tener de dulce venganza, porque las vueltas de la vida obligan hoy a sus contendores, varios de ellos ministros de Estado, a relacionarse protocolarmente con él: “los que se han tenido que tragar las palabras son ellos”, saborea.

Su relación con el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, la define en una escueta frase: “es una relación política, y punto. De ahí no me voy a alterar”.

 

 

 

Prioridad al centro político

 

 

Mientras aquilata aún el sentido histórico de su nuevo rol –“cuando miro estas piezas, como que empiezo a reflexionar y he sentido la responsabilidad del cargo”– no olvida su prioridad: crear un referente de centro. Para ello, apelará a amigos, los diputados que renunciaron a la DC y seguidores.

Si este espacio le servirá de plataforma para futuras aspiraciones políticas, es algo que le incomoda comentar. Prefiere no especular sobre su futuro político. No quiere aparecer promocionándose como posible candidato presidencial por mera ambición, afirma. Pero igual reconoce que si su idea avanza y se legitima, “ahí se verá quiénes son las personas o quién es la persona más adecuada”.

¿La posible competencia con Ricardo Lagos?… Afirma que lo ve como a un rival menos difícil que antes, porque “tiene muchas cosas que responder”. Y aquí retoma sus cuestionamientos a un gobierno que, en su opinión, dejó muchas tareas a medias, con graves consecuencias para el país.

 

 

 

Un equipo de confianzas

 

 

En lo inmediato, Adolfo Zaldívar se preocupa de reforzar su gestión en la presidencia del Senado. Y para ello ha dado varios pasos.

Un frente fue mejorar las relaciones internas en el Congreso. Hace un par de semanas se reunió con los funcionarios, gesto que fue muy valorado ya que, según ratifica el senador independiente Carlos Bianchi, “se sentían muy lejos de quienes estaban dirigiendo el Parlamento”.

Otra medida clave fue reforzar su equipo de trabajo. César Berguño, funcionario de carrera del Parlamento y secretario de la comisión de Hacienda, es hoy su jefe de gabinete y el hombre fundamental en la agenda con el cuerpo legislativo. Entró así al exclusivo mundo de la gente de confianza de Zaldívar. Es sabido que éste prefi ere los grupos reducidos y reservados. Esa ha sido siempre su impronta en el campo político.

Algunos incluso lo califican como “un lobo estepario”, ya que se mueve esencialmente solo, apoyándose en unos cuantos profesionales de lealtad probada. El principal es el periodista Juan Carlos Osega, a quien el propio Zaldívar menciona como “mi asesor más cercano” y que le acompaña hace años.

Hace más de 15 años también está a su lado su secretaria Patricia Pizarro, a quien mantiene en su círculo más cercano. El resto del grupo lo integra parte del staff permanente de la mesa del Senado y al que no hizo cambios.

Quienes le conocen explican que Zaldívar no tiene equipos que le diseñen estrategias, sino que va requiriendo asesores según el tema. “Es un hombre de alianzas para un fin determinado”, nos dijeron. El confirma en parte esta visión: “escucho harto. Y dependiendo del tema”.

Y ahí existe un grupo de profesionales destacados, que son sus amigos, y a quienes recurre al minuto de confrontar puntos de vista, pero cuyos nombres tanto él como quienes le rodean intentan mantener en estricto hermetismo.

En todo caso, lo que más le agrada, confiesa, es caminar por la calle y escuchar lo que piensa el ciudadano común y corriente. “La gente de la calle es muy inteligente y muy viva. El chileno es muy político”, dice. En sus caminatas percibe, según cuenta, que tiene apoyos por su postura frente al Transantiago o a la acusación constitucional contra Yasna Provoste. “Me felicitan”, señala.

Por eso, no se inmuta cuando en plena sala del Senado algunos le gritan “traidor” por su voto: “¿traidor de qué?… Fui expulsado de la DC porque no acepté órdenes de partido contra mis valores y por denunciar la corrupción. Los hechos me han dado la razón. Levantas una piedra y aparece la corrupción. Yo, lealtades mal entendidas no acepto. Hoy soy independiente. Puedo votar como quiero”, contesta a sus detractores.

 

 

El distanciamiento con Bachelet

En la práctica, el cargo de presidente del Senado constituye el segundo poder en el país después de la presidenta Bachelet. Otra ironía del destino para Adolfo Zaldívar, quien no ha sido precisamente un seguidor incondicional de la mandataria y con quien ahora debe tener una relación protocolar obligatoria en acontecimientos públicos.

De hecho, su primera actividad, una vez elegido en la mesa de la cámara alta, fue reunirse con la jefa del Estado. Y los medios captaron ese singular momento del ex líder DC entrando por la alfombra roja del palacio de La Moneda.

El afirma que “en lo personal, nunca he tenido un problema con ella”. Aunqueotra cosa es en términos políticos:

-Lo que pasa es que hemos tenido un distanciamiento. De alguna forma siento que ella tuvo una gran oportunidad con el nuevo gobierno y por eso la apoyé. Creo, además, que ella tenía esa impronta con la gente y ha defraudado. Al comienzo, le concedí más bien todo el beneficio, pero después, al ver que el gobierno se comienza a inclinar, obviamente que hemos tenido hartas diferencias.


-Su nuevo rol implica una necesaria cercanía con la presidenta de la República.
-Y lo he hecho. En lo protocolar, lo he hecho. La fui a ver también una vez por un problema de la I Región, que me pidieron tratara los senadores Flores y Orpis.

-¿Es una convivencia incómoda?
-Me tengo que sobreponer, no más. Yo con ella siento que no tengo problema alguno. Lo que sí es que su gobierno ha tenido una orientación política muy diferente a la que a mí me habría gustado. Pero es su gobierno. Ella tendrá que respetar cómo ejerzo la presidencia del Senado y, bueno, ambos tendremos que respetar la Constitución y la ley, con la delicadeza que esto tiene. Y ella lo va a encontrar en mí siempre. Yo nunca voy a hacer una cosa que no corresponda.

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Sus pares lo evalúan


 

 

Evelyn Matthei, senadora UDI: “el estilo Zaldívar en la presidencia del Senado la defino con 3 palabras: correcto, caballeroso y sagaz. Debo confesar que yo prefería a Fernando Flores porque encontré que en la pelea de Zaldívar con Soledad Alvear llegarona extremos muy duros, pero reconozco que hasta ahora se ha portado impecable. Ni un solo gesto que pudiera demostrar una emoción personal. Y cuando ha sido provocado, ha reaccionado con tranquilidad. Ha hecho abstracción absoluta de su expulsión y sus rivalidades y ha actuado como se espera actúe un presidente del Senado”.

 

 

Carlos Bianchi, senador independiente: “no sé dónde dejó su perfil polémico. Me ha llamado
la atención. Creo que ha primadoen él su gran experiencia de tantos años en la vida política
y entendió que la mesa del Senado está por sobre cualquier situación personal. Tiene un
mandato que representa al Senado. Olvidar eso por una situación individual no le iba a conducir
a ningún beneficio, porque el conflicto no es lo que el país quiere, ni soberbias ni individualismos.
Al contrario de los pronósticos apocalípticos, hoy está llevando una mesa como esperábamos que
lo hiciera: muy tranquilamente, con una conducción unitaria y con situaciones de acercamiento tanto
con La Moneda como con la presidenta Bachelet. No ha habido ningún conflicto y eso demuestra la
voluntad de trabajar los grandes proyectos”.

 

Guido Girardi, senador PPD: “la única crítica que puedo haceres que Adolfo Zaldívar, con quien
compartía sus planteamientos críticos sobre el modelo de desarrollo, ahora vote con la derecha.
Más allá de la inconsecuencia, lo importante es que no va a lograr su propósito. Esos cambios
no los va a poder hacer con la Alianza. Su gestión en la presidencia del Senado me parece
bastante razonable. Más allá de las diferencias políticas, creo que se puede trabajar en conjunto
y es una gestión que va bien encaminada. Está ahí la representación del Estado y su compromiso
con el país y no necesariamente con sus intereses personales”.

 

 

Jovino Novoa, senador UDI: “este primer mes de la presidencia de Adolfo Zaldívar lo califico de
excelente. Se podían visualizar problemas por su relación con el gobierno y su ex partido,
pero pasó la prueba inicial. Creo que está haciendo una gestión institucional, y espero que esta
opinión sea corroborada por senadores de la Concertación y gente de gobierno, porque no veo
ninguna razón objetiva de parte de ellos para hacer un reproche. También hay que considerar
que no es fácil iniciar este rol en el Senado con una acusación constitucional, y sus pasos fueron
los correctos. Veo un primer mes muy exitoso y cualquier crítica que se le pudiera haber hecho
por prejuicio, está superada, y pasó una prueba de fuego que no se la doy a nadie”.

 

Jorge Pizarro, senador DC: “ha estado bien, normal. Nada especial ni distinto. Hasta el momento
le ha puesto mucho empeño y la relación con los comités ha sido la adecuada. Nunca pensé
que habría conflicto. Zaldívar es un político con muchos años de experiencia. Sabe cómo funciona
la institución. Y él es muy tradicional, apegado a las formas, tiene formación jurídica y maneja
buen parte de reglamento. Su gestión en la presidencia no tiene nada que ver con su decisión de
votar con la derecha. Eso ya forma parte de los acuerdos que adoptó con ella. En eso ha sido coherente. Pero son materias distintas. Si hay que resumirlo en una palabra, yo hablaría de continuidad, en el buen
sentido de la palabra”.