En octubre la periodista renunció a su trabajo como conductora de Mega Plus, el canal de cable del Holding Bethia. Dice que sale de la pantalla, después de 20 años, al menos por un tiempo, para dedicarse a su trabajo en la radio. “Quise dejar mi zona de confort y probar nuevos rumbos”, cuenta la periodista, quien planea volver a estudiar y prepararse para ser, tal vez, directora de empresas.

  • 14 febrero, 2020

El 29 de septiembre de 2019, después de correr 42 kilómetros en 3 horas y 46 minutos en Berlín, Catalina Edwards puso fecha y título a la próxima carrera que desafiaría. “Dejaré de trabajar en la tele”, decretó la entonces conductora de Meganoticias Plus Morning, el noticiero que transmite a las 2 pm Mega Plus, la señal de cable que el holding Bethia lanzó a principios del año pasado.

La periodista terminó la maratón en Alemania, junto a otros 47 mil participantes que llegaron a ese lugar de Europa para el torneo, con esa idea en mente. Y el 15 de octubre se lo contó a su jefe, Patricio Hernández, director ejecutivo de Mega Media, la estación controlada por el empresario Carlos Heller. El plan de la conductora del programa económico Divina Proporción, de radio Infinita, también de Bethia, era dejar el canal definitivamente a principios de noviembre. Pero ese diseño que tenía en mente se desplomó.

Minutos después de su conversación con Hernández, Jaime Huerta, productor general del departamento de Prensa, le dijo que la necesitaba por unos días. Le contó que Soledad Onetto saldría de Santiago ese fin de semana y le pidió que la reemplazara en el noticiero central. “Quedé de una pieza. ¿Cómo le digo que estoy renunciada, que estoy de salida? Y pensé: ‘Lo más probable es que sea mi último central. Y acepté’”, relata. Su trabajo tenía fecha de inicio: 18 de octubre.

Su jornada partía a las 8 de la noche, pero por los incidentes e incendios que comenzaron durante la tarde, se sentó en el estudio, sola –no había ningún conductor en la capital–, a las 5:10 de la tarde. Se levantó de su puesto a las 5:10 am. “Lo viví como mi despedida. Lo hice con la dedicación de una despedida. En los 20 años que trabajé en televisión me tocaron varias transmisiones de ocho horas. Pero esta superó todo… y fue lejos la más impactante”.

-¿Por qué decidiste renunciar? ¿Te aburrió la tele?

-Desde hace más de un año tengo la inquietud de hacer otras cosas. A principios de 2019 me empezó a dar vueltas la idea de estudiar, y me metí a un curso online de sustentabilidad en Stanford. Me di cuenta de que quería moverme de donde estaba, seguir ligada a los medios de comunicación, pero con otra mirada. Y empecé a hacer el Divina Proporción en Infinita a principios de 2019. Ahí me reencontré con los contenidos económicos. Me fascinan esos temas. De hecho, me he dado vueltas por distintas universidades: fui al MBA de la UAI y a conocer el PADE de la Universidad de los Andes, que es el Programa de Alta Dirección de la Empresa. Me interesaría hacerlo.

-¿Quieres ser empresaria?

-No, pero es demasiado necesaria la visión de las mujeres en la alta dirección, y no solamente porque tienen otra mirada, sino porque abrir el espacio a las mujeres humaniza. Hoy día es demasiado necesario humanizar la empresa, con todo lo que ha pasado. Es una etapa que viene y a mí me gustaría participar, tal vez, como directora.

-Ese sí que sería un cambio en tu carrera.

-Sí, sería un cambio importante. Pero me tengo que preparar.

 

La jaula de oro

Catalina Edwards Delpiano (43) nació en Viña. Su padre, ligado al mundo de la construcción, tenía un trabajo en la V Región, y su madre repartía su tiempo entre la casa y su oficio como decoradora. Cuando ella cumplió tres años, volvieron a Santiago, donde nacieron sus tres hermanos menores. Estudió en el colegio Villa María y periodismo en la Universidad de los Andes. Tuvo como profesora a Patricia Bazán, quien en 1999 la reclutó para Tele AM. Trabajó luego con Iván Valenzuela en En boca de todos, donde ella estaba a cargo del espacio de finanzas personales. Hasta que la llamaron de Mega, en 2006.

Partió reporteando para el noticiario de la noche. Al año le encargaron las noticias del matinal y de Ahora Noticias (actualmente se llama Meganoticias) al mediodía, donde se desempeñó durante casi 10 años. A fines del 2018 dejó todo eso, pues el equipo directivo tenía otros planes para ella: ser uno de los principales rostros del canal de cable que el grupo lanzaría a principios del 2019.

El proyecto se atrasó y el programa finalmente salió al aire a mediados de julio. Ella, en total, alcanzó a aparecer menos de cinco meses. “Mi plan era estar el año completo, pero así son las cosas en la tele, hay atrasos. Y yo ya tenía mi decisión tomada”, relata.

El proyecto que el grupo Bethia tenía para ella estaba en el cable: estaría a las 2 de la tarde y su compañero sería Felipe Bianchi, quien incluso alcanzó a aparecer en la promo del nuevo canal. Al poco andar, este último se restó del proyecto. La partner de Catalina Edwards, entonces, fue Claudia Salas.

Revisa su celular, y retoma: “El proyecto se atrasó y tuve la suerte de poder mirar desde fuera todo lo que estaba pasando conmigo y con la industria, porque salir de la televisión estando dentro de la máquina es muy difícil”.

-¿Por qué tanto?

-En el medio se habla de “la jaula de oro”, porque es un lugar donde uno está muy cautiva. Es una pega súper apasionante, con muchos beneficios de distinto tipo; económicos, sociales. Y dije: quiero correr el riesgo de ser nueva en algo y salir de este entorno de confort. Me di cuenta de que había otra cosa que me movía más, que me motivaba más, que era la radio.

-La radio se puso de moda y las cosas en la televisión se complejizaron… Tal vez por eso te desencantaste.

– Me pasó que en la radio dije: “Aquí quiero estar”. La radio tiene una cosa física, por su estructura, que es muy protegida. Estás dentro de un estudio que tiene esta esponjita en sus paredes… da la sensación de que uno está muy resguardado. Y la tele es todo lo contrario. Estás en un estudio abierto, expuesto, donde no tienes posibilidad de corregir sobre la marcha si te equivocas. La radio tiene una bajada que yo necesitaba en ese momento para mí.

-¿Te sentiste muy expuesta?

-Es que la tele es expuesta. La exposición es parte de mi pega, lo tengo asumido. Aunque igual he notado que cada vez me reconocen menos.

-Llama la atención las palabras “protección”, “resguardo”.

-En algún momento busqué esa protección. Y en la radio, la sentí. No me pasó nada especial. Pero la exposición igual te hace más vulnerable.

-Hubo un episodio en 2016 por el cual te criticaron bastante, cuando defendiste a las AFP. Tras ello se publicó tu dirección en Twitter y asociaron tu postura al trabajo de tu marido (Juan Pablo Tisné, asesor financiero).

-Fue un momento difícil que me costó leer en un comienzo. Pero que después, como todo en la vida, decanta y uno aprende. ¿Qué aprendí? Que no era el momento para ese planteamiento. Aprendí también que las redes sociales dan para todo y que las fake news llegaron para quedarse, y eso es una doble exigencia para los medios.

 

Cataclismo, catarsis y el abismo

“Además –retoma– me pasó que nunca he apostado al periodismo más incisivo o punzante. Y en la radio pude desplegar ese periodismo amable. Los entrevistados llegan y se van felices de mi programa, como agradecidos de poder dar su punto de vista. No significa que yo no pueda contraponer ni hacer preguntas incómodas. Las hago, pero no tienen por qué ser pesadas”.

-¿Eso no se puede hacer en televisión?

-La televisión tiene una exigencia por la premura. Entonces tienes que hacer preguntas duras y punzantes porque tienes poco tiempo y quieres sacar rápido la cuña. La radio no tiene eso.

-¿Crees que están los tiempos para ese periodismo amable? Con la crisis hay más opinión, más interpelación a la autoridad.

-Es una buena pregunta. Y no tengo la respuesta. Para mí sí. Hoy, todos tenemos que colaborar para mejorar el ambiente. Y uno puede hacer las preguntas igual y cuestionar igual, pero sin aportillar al otro. Para los entrevistados ir a la televisión es siempre un riesgo, para un presidente, o un vecino, el que sea… en televisión te pones nervioso, estás ahí en una posición vulnerable y para que más encima se transgreda, muchas veces, el respeto. O exponerse a alguien que sea insolente, porque uno hoy día ve insolencia en la televisión, pienso que no es necesario.

-¿Eso explica en parte tu salida?

-Sí, pero no es la única razón. Mi razón principal es mi inquietud personal por jugármela por otra cosa. Lo interno, lo que me pasó a mí, que es mucho más fuerte, quise salir de mi zona de confort. La experiencia vale muchísimo y puedo correr el riesgo de hacer otras cosas. Quiero arriesgarme en la radio, donde soy como una alumna en práctica.

-¿Cómo viviste los años de gloria de Mega?

-Miro para atrás y creo que he cambiado. Hice una catarsis. Mi marido se ríe de mí porque me pregunta cómo estoy, y yo le respondo con estados anímicos relacionados con mi nombre. Durante un tiempo le decía: “En onda cataclismo”. Luego, vino la catarsis. Catarsis de haberme visto ahí, liderando la sintonía… y no sentirme cómoda. Nunca me sentí como un rostro. Mi personalidad no es así. Pero caminé en el abismo. Aunque soy una persona súper consciente de que los pies tienen que estar en la tierra, es una pega que te lleva siempre a caminar por ese abismo. Y hay gente que lo cruza, y gente que no. Y ojo, yo no juzgo a nadie. Es cosa de estilos y personalidad.

 

El coach

En diciembre la periodista fue invitada a dar un discurso a los cuartos medios del colegio Villa María Academy. “Todos los años eligen a alguna ex alumna, dependiendo el tema que haya marcado el período. Por la crisis, pensaron que sería bueno conversar con una periodista”, relata. Y confiesa: “Fue uno de los momentos más lindos del año para mí”.

-¿Por qué tanto?

– Fue emocionante hablarle a una generación tan distinta a la mía. Mucho más reflexivas, opinantes, informadas, dispuestas a cambiar el mundo. Fue una ceremonia además donde las alumnas estaban muy conectadas con lo que estaba pasando en el país. Y cuando cantaron el himno de Chile, hubo algunas que se taparon un ojo e hicieron un minuto de silencio. Hay quienes no sospechan que algo así pase en un colegio como ese. Es algo que no se aprecia, pero las nuevas generaciones, de la elite y de todos lados, vienen con otro enfoque en la vida. Aproveché de dar las gracias al colegio porque a mí me becaron durante muchos años. Mi familia tuvo una situación económica complicada, y el colegio se portó increíble. Además, ahí nace mi parte deportiva.

-¿Qué significa el deporte en tu vida?

-El atletismo forjó mi personalidad y me sirvió mucho para enfrentar el proceso que hoy vivo. Porque cuando tú corres y haces deporte, sufres, te cansas. Salir de ese estado cómodo y empujar tu cuerpo, y ver hasta dónde llegan tus límites. Yo tomé esa filosofía y entrené para esta decisión.

-¿Cómo entrenaste?

-Fui a una coach porque yo tenía mil ideas conectadas. “Me quiero ir por la exposición, me quiero ir porque quiero tener más tiempo para mi familia”… Tenía un montón de razones, pero no tenía construido el relato y la coach me ayudó a hacerlo. Está súper ligado a mi amor por el deporte, a esa intención de ir más allá, de correr los 42 kilómetros. Hay una frase de maratonista, que dice: “Tú entrenas para los 30, los siguientes 10 años los corres con la cabeza y los últimos 2 con el corazón”.

-¿Qué tiene que ver con el momento que atraviesas?

-Llevo tres maratones en el cuerpo. Y ahí siempre va a haber algo que te va a doler. Desde el pie o el roce con la polera. Yo tengo una uña por medio. Me duelen demasiado las uñas cuando corro. Uno se cansa y la mente empieza boicotear porque físicamente ya no hay más recursos. En Buenos Aires iba en el kilómetro 30 y me empezó una puntada en el pecho. “No, no me duele el pecho, estoy súper bien. La carrera está increíble, el día está maravilloso y yo me siento físicamente muy bien”, pensé y le puse más fuerza. Es puro trabajo mental

-¿Por qué corres?

-Siempre dicen que los corredores huyen de algo o van hacia algo. Yo lo hago porque siento que cada vez que salgo de mi comodidad, voy más allá de mis límites. Es una meta personal que, como ahora, me permite probar nuevos desafíos.

-¿Es algo más psicológico que físico?

-Es un reto. Bueno, y empecé a correr porque cuando tuve a mi hijo me dijeron que tenía menopausia precoz. Me costó mucho tenerlo, me demoré como cuatro años. Y me urgí por mi salud. No quiero tener una vida corta. No quiero envejecer rápido. No quiero. “¿Cuáles son las consecuencias que tiene esta cuestión?”, le pregunté al doctor. Porque no me quiero llenar de hormonas. Y me dijo que una buena herramienta era correr. Porque el rebote te mejora la densificación ósea. Yo busqué ahí una excusa. Y me ha hecho súper bien.

 

Nuevas ofertas: otros canales y un partido político

El último día que Catalina Edwards estuvo en televisión fue el 29 de noviembre.

-¿Qué opina de la crítica que se le ha hecho a la tv por la cobertura de la crisis?

-Tuve una conversación con un psicólogo y me dijo algo muy cierto: que en situaciones de crisis, de caos, la gente busca certezas. Busca que alguien le diga que mañana todo pasará y volverá a comprar pan al mismo local donde iba siempre, que va a poder volver a llevar a su hijo al colegio. Y cuando esas respuestas no las da la autoridad, las busca en la televisión, en los medios de comunicación. Y nosotros tampoco dimos esas respuestas porque no las teníamos, porque no sabíamos, porque la fuente oficial no nos dio esa información. Me acuerdo de que el 18 de octubre, habían pasado cuatro o cinco horas desde que empezó todo y no teníamos ninguna versión oficial. No había hablado nadie del gobierno, no había intendencia, carabineros, organismos de emergencia. Nada. No había una sola vocería. Y nadie sabía lo que estaba pasando.

Fue una transmisión súper desafiante, que exigía todo tipo de controles y probablemente en algunos casos, en todos los medios, se pudo cometer un error. Tener a un departamento de prensa al aire 170 horas es un desafío sobrehumano y técnico para el que nadie nunca se preparó.

-¿Volverás a la tv?

-Hoy no descarto nada. No es una puerta que está cerrada. Es lo que he hecho los últimos 20 años y me encanta. Lo disfruté, le di toda mi energía, me dio también a mí toda la experiencia, muchas herramientas.

-¿Te han llamado de otros canales?

-Sí. He recibido ofertas de todo tipo. Menos mal ninguna indecente (ríe). Me han llamado de medios de comunicación variados y de partidos políticos. Eso lo descarto, pero estoy pensando qué hacer. Lo que tengo claro es que de Infinita no me voy a mover. Estoy inmensamente feliz. Me han hecho sentir y saber que soy un elemento valorado. Juan Manuel (Astorga) es un jefe increíble.

-¿En la tele no te pasaba lo mismo?

-Sí, yo sentía que mi trabajo era apreciado. Pero este año he sentido que Juan Manuel me ha estimulado a hacer otras cosas.

-¿Qué cosas nuevas planeas?

-En marzo-abril debiéramos estar andando con otro programa de actualidad, que es lo que me gusta. No puedo decir mucho, pero está enfocado en mujeres multifacéticas. Está por verse.