Hace unas décadas, cruzarse con un ciudadano extranjero que residía en Chile era, para la gran mayoría, algo muy fuera de lo común. Hoy forma parte del día a día: son nuestros compañeros de trabajo, comparten en el colegio con nuestros hijos, están a cargo de nuestra salud, nos atienden en la cafetería. En otras […]

  • 30 noviembre, 2016

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Hace unas décadas, cruzarse con un ciudadano extranjero que residía en Chile era, para la gran mayoría, algo muy fuera de lo común. Hoy forma parte del día a día: son nuestros compañeros de trabajo, comparten en el colegio con nuestros hijos, están a cargo de nuestra salud, nos atienden en la cafetería. En otras palabras, forman parte de una postal chilena común.

¿La razón? La migración hacia Chile es visiblemente mayor. Según datos oficiales, los residentes extranjeros en nuestro país pasaron de 83.805 personas en 1982 (0,7% de la población) a 410.998 en 2014 (2,3%), lo que lo posicionó, de acuerdo al informe International Migration Outlook 2016 de la OCDE, como uno de los tres países con las mayores tasas de crecimiento de inmigrantes, detrás de Alemania y Dinamarca.

El jefe del Departamento de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval, explica que para entender la migración actual en Chile se debe reemplazar el concepto tradicional por el de movilidad.

“La realidad es que la movilidad o el cambio de residencia por un tiempo más o menos largo en un lugar distinto al que nacimos es parte del plan de vida de una porción cada vez mayor de la población, ya sea fuera del país o dentro del territorio nacional”, asegura.

Otro factor que le da una nueva cara a la migración en Chile es que la nacionalidad de los extranjeros que llegan a establecerse en el país se ha ampliado.

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