De tradición DC, María José Zaldívar, hija del exsenador Adolfo Zaldívar, es la encargada del proyecto que obliga a cotizar a los independientes. Estudiosa compulsiva, de alta capacidad técnica y agudeza política, la subsecretaria de Previsión Social es pieza clave del equipo que trabaja en la reforma para mejorar las pensiones de los chilenos, una de las promesas del gobierno de Sebastián Piñera que ingresaría al Congreso a principios de octubre.

  • 26 septiembre, 2018

Es respetada en el mundo de las AFP, pero también temida. Su misión en el gobierno como subsecretaria de Previsión Social es liderar la iniciativa que obliga a cotizar a los independientes, la cual marcará el termómetro de lo que sucederá en la reforma que busca mejorar las pensiones de los chilenos, donde también jugará un rol estratégico. 

María José Zaldívar (42) es de ideas fijas y hay un tema que no transa: que junto con mejorar la calidad de vida en la vejez, se ponga énfasis en la seguridad y salud del trabajo. “Prioriza esos temas mucho antes que centrar la discusión en la mejora de las pensiones”, dice una fuente de las AFP. 

Abogada e historiadora de la UC, donde fue compañera de Ernesto Silva y Javier Macaya, Zaldívar sabe que en el mundo público se tienen tantos amigos como adversarios. Creció imbuida en esa esfera, donde la política fue siempre tema central en las conversaciones: es hija del fallecido senador Adolfo Zaldívar, quien fue expulsado de la DC, justo cuando ella ejercía el rol de fiscal en la Superintendencia de Seguridad Social en la primera administración de Michelle Bachelet. “Fue un momento muy duro, en el que por supuesto pensé en renunciar. Se dijeron cosas violentas, que en el contexto de la política se entienden, pero como hija uno lo vive de otra manera. En algunos momentos, sentí que había decisiones políticas en las que yo no podía ser parte, pero después me convencí de que mi cargo era netamente técnico y decidí quedarme”, cuenta María José, a quienes sus cercanos atribuyen un interés y compromiso con el servicio público e institucionalidad del Estado difícil es de encontrar, incluso entre los actuales colaboradores del gobierno. Por eso, en La Moneda valoran que una persona ligada históricamente a la DC (aunque nunca ha militado en un partido), haya empatizado con la administración Piñera. En su primer mandato fue superintendenta de Seguridad Social, haciendo buenas migas con el entonces subsecretario, Augusto Iglesias, con quien hoy trabaja codo a codo en el proyecto que pretende mejorar las pensiones y que están ad portas de dar a conocer.

Ella afirma que se ha sentido cómoda trabajando en gobiernos de derecha, “porque creo en los planteamientos que hacen. Yo engancho políticamente con la idea de poner al hombre al centro, concepto vinculado al humanismo cristiano. Es la persona la que debe mover las políticas públicas. Pero no creo en la lógica de derecha e izquierda, porque genera divisiones. Sin esa lógica se funciona mejor, porque se dejan los prejuicios de lado”. 

 

Entre Elizalde y Matthei

En el primer gobierno de Michelle Bachelet, Zaldívar, que antes había trabajado con el abogado Guillermo Carey en encontrar soluciones habitacionales para quienes vivían en la toma de Peñalolén, comenzó asesorando legalmente a la Superintendencia de Seguridad Social. Llegó a convertirse en fiscal, en momentos en que su líder era el actual senador Álvaro Elizalde, a quien hoy ve poco, aunque lo considera dentro de su círculo de amigos, que también integran el abogado Gonzalo Frei; la subsecretaria de Derechos Humanos, Lorena Recabarren, y cercanos a su padre, como el presidente de la DC, Fuad Chaín, y la senadora Carolina Goic. 

Pero Zaldívar se ha mantenido alejada de la política, aun cuando vivió en un entorno donde autoridades y figuras del mundo público eran invitados habituales en su casa, donde se generaban tertulias que duraban horas y en las que ella y sus siete hermanos estaban siempre invitados. “En nuestra familia siempre hubo visiones muy distintas. Ninguno de mis hermanos militó en la derecha, pero muchos no votaban por el candidato de mi papá. Él nos educó con libertad, nos inculcó que era importante tener opinión, y siempre se valoró la diversidad”, cuenta María José, la quinta entre sus hermanos –casada con el fiscal de CAP, Stefan Franken–, muy cercana a Adolfo, con quien tenía gran afinidad. Aun así, reconoce que el centro de la vida de un político es la política, y que por lo mismo su padre casi siempre olvidaba su cumpleaños, hasta que un día lo computó y en el último tiempo, antes de morir, fue él quien primero la llamaba. Enterarse de su enfermedad fue un capítulo duro en su vida. “Uno nunca está preparado para enfrentar algo así. Por eso agradezco el apoyo familiar”, dice. 

Al terminar el período del primer gobierno de Bachelet, Elizalde y todo su equipo, incluida Zaldívar, presentaron la renuncia. La abogada llevaba siete años en esa entidad y conocía al revés y al derecho el tejemaneje del organismo. Por lo mismo, ofreció quedarse hasta cumplir la entrega del bono marzo, una materia estratégica para el gobierno. 

Estaba en medio de eso cuando ocurrió el terremoto. Su renuncia nunca fue cursada y para entonces Zaldívar esperaba su tercer hijo. “Recuerdo que un 28 de abril, día de la seguridad y salud en el trabajo, me llamó la ministra Camila Merino (entonces titular de Trabajo) para ratificarme en el puesto. Fue un gran gesto. Sentí que se valoró mi capacidad técnica, por sobre cualquier asunto político”, recuerda la subsecretaria. 

En ese período trabajó también con otros ministros: Evelyn Matthei y Juan Carlos Jobet, de quienes destaca la especial confianza que le dieron para hacer y deshacer al interior del organismo. En todo caso, ella insiste que se mueve en un terreno técnico, a pesar de su background. “Me criaron con la idea de que tengo que contribuir al país, con la convicción de que uno se debe a eso. Pero yo creo que puedo aportar más desde lo técnico, no me interesa figurar, porque entiendo que el costo familiar y personal es alto, lo sentí fuertemente cuando echaron a mi papá de la DC”.

Aun así, quienes la conocen insisten en que uno de sus atributos más visibles es que “por su historia tiene la capacidad de los buenos políticos: decir lo correcto o lo que la gente quiere oír con una sonrisa, pero después, hace lo que ella considera correcto”. 

 

Sintonía derecha

“María José es una persona criteriosa y balanceada, que genera buenas relaciones en los equipos. Piñera la ha puesto en temas estratégicos porque sabe que está a la altura”, dice el exministro Jobet. 

Los más escépticos creen que el haber llegado a puestos claves en los gobierno de Piñera ha sido una fórmula que ha encontrado el mandatario para dar una señal de apertura. Pero la exministra Matthei difiere, pues afirma que la subsecretaria es una persona clave: “inteligente, con olfato político, para saber qué se puede negociar y qué no. Sabe cuándo ponerse firme, sin amenazas ni aspavientos y sin estar sedienta de notoriedad”. 

Con Zaldívar a la cabeza de la Superintendencia de Seguridad Social de la primera administración Piñera se gestionó el posnatal de seis meses, se presentó el proyecto que modifica la ley de accidentes de trabajo (aún en tramitación) y se reestructuró la superintendencia, creando la Intendencia de Beneficio Social y la de Seguridad y Salud, para dar real importancia a ambas materias por separado. 

Rodrigo Gutiérrez, quien fue el primer intendente de este último organismo, creado luego del accidente de los 33 mineros, dice que “se generó un cambio que no se había dado en 50 años, que fue liderado por María José en un proceso que fue sumamente desafiante”. 

Pero con el cambio de gobierno, Zaldívar tuvo que buscar nuevos horizontes. A su primera reunión con Javiera Blanco, entonces ministra de Trabajo de la segunda administración Bachelet, la abogada llegó con la renuncia en un sobre. Pero nunca alcanzó a presentarla. La despidieron antes de eso. Según cercanos a la actual subsecretaria, ella sufrió el estigma de quienes consideraban que los que se habían quedado trabajando para el gobierno de Piñera eran sencillamente “unos traidores”. En ese momento, en todo caso, la posibilidad de continuar en el cargo no estaba en sus planes: en enero de 2014 vivió uno de los episodios más traumáticos de su vida. Su hijo Pedro, de tres años, se cayó a una piscina y estuvo varios minutos bajo el agua. “Me lo entregaron prácticamente muerto. Yo algo sabía de primeros auxilios y logramos junto a otras dos mujeres reanimarlo, y después de estar en la UTI, logró salir de ella sin ninguna secuela. Fue un milagro, pero entonces me di cuenta de que necesitaba un cambio de ritmo en mi vida”, cuenta Zaldívar, emocionada, al mismo tiempo que hace un llamado para que ojalá todos los establecimientos educacionales de Chile impartan el curso, porque con ese conocimiento, ella sabe, se pueden salvar vidas.

Ese acontecimiento marcó un giro radical en su rutina: trabajó como gerenta en la Corporación de Investigación, Estudio y Desarrollo de la Seguridad Social (Ciedess) de la Cámara Chilena de la Construcción, período en que profundizó sus estudios en temas de seguridad social, preferentemente pensiones, pero con flexibilidad total para dedicar tiempo de calidad a su familia, algo que no había experimentado en sus últimos 10 años laborales. 

Hasta que en el verano pasado, la llamaron nuevamente para un rol estratégico en el diseño del nuevo gobierno. Su pasado reciente la hizo dudar, pero al final decidió tomar el desafío.

 

Diseño de pensiones

Hoy, Zaldívar está concentrada en el diseño final de la reforma a las pensiones y el ajuste a la ley de incorporación al sistema de seguridad social de los trabajadores independientes que emiten boletas de honorario. En ese rol, la subsecretaria ha tenido encuentros con parlamentarios en la comisión de Trabajo del Senado para presentarles los detalles de la propuesta del gobierno, la cual fue ingresada en agosto pasado al Congreso. 

La iniciativa plantea un nuevo mecanismo de obligatoriedad de cotización para estos trabajadores bajo una nueva gradualidad, pero además, busca asegurarles una protección de seguridad, para que tengan acceso a cobertura contra accidentes laborales, prestaciones de salud, licencias médicas, ley Sanna, seguros de invalidez, sobrevivencia y pensiones, permitiendo así, que los independientes puedan enfermarse, sin comprometer sus ingresos; o cuidar a sus hijos en caso de enfermedades catastróficas, entre otros beneficios, desde el primer año de cotizaciones, perfeccionando así la norma vigente y poniendo fin a la distinción que existe en el ámbito de la protección social entre los trabajadores dependientes –que sí cuentan con cobertura– y los independientes, que hasta ahora tienen un acceso limitado a ella.

Este sello integrador es el que ha intentado extender en su trabajo en la reforma de pensiones, donde la mejora a la calidad de vida de los adultos mayores es crucial. La subsecretaria ha participado desde marzo pasado de los encuentros semanales de los equipos técnicos de los ministerios de Trabajo y Previsión Social, Hacienda y Segpres, a quienes se les encargó el diseño de la reforma. Esta se enfoca en un aumento sustantivo del aporte estatal al Pilar Solidario de pensiones para mejorar los beneficios de los actuales jubilados, principalmente de las mujeres y de trabajadores de la clase media; la generación de incentivos a quienes quieran extender voluntariamente su permanencia en la fuerza de trabajo y el respeto al derecho de propiedad de los trabajadores sobre sus ahorros previsionales, además de cambios en la industria, incluida la disminución del encaje, que hoy, dicen desde ese equipo, es una barrera de entrada para nuevos competidores. 

Si bien, sabe que son iniciativas que presentarán dificultades para ser aprobadas, ella está convencida de que lo que hay sobre la mesa va en directo beneficio de las personas. Y, por lo mismo, es una pieza clave para dar la pelea una vez que la reforma ingrese a trámite legislativo, lo que ocurriría los primeros días de octubre.