Entrevista al presidente de Telefónica quien habla sobre la OPA lanzada por la compañía y los pasos a seguir

  • 22 diciembre, 2008

 

Cuando César Alierta nombró a Emilio Gilolmo presidente de Telefónica Chile, lo envió con varias misiones. En estos dos años y medio, se podría decir que ha cumplido gran parte de ellas. El último hito fue la OPA lanzada por la multinacional, lo que se puede considerar un hito en lo que serán los destinos de la nueva compañía. Tras todo esto está la mano de Gilolmo, que con una forma diferente de liderazgo ha logrado casi lo imposible. Por Sandra Burgos. Fotos: Verónica Ortiz.

Quienes lo conocen dicen que Emilio Gilolmo es una persona entrañable, con una empatía y una caballerosidad de esa que ya no existe –aprendida de seguro en sus años en la Escuela Diplomática Española–, que le han permitido abrir puertas en los ambientes más hostiles y que lo convierten en un embajador innato, aunque él se niegue a asumirlo.

Pero, por sobre todas las cosas, su estilo de liderazgo, capaz de sacar lo mejor de sus colaboradores –esculpido en su paso por una congregación jesuita para laicos– fue, sin duda, lo que llamó la atención del presidente de la multinacional, César Alierta, para invitarlo a tomar el desafío de hacerse cargo de la presidencia de Telefónica Chile, una compañía a la que urgía encauzar.

Su aventura en Chile, que ya alcanza dos años y medio, ha sido bastante meritoria. Por un lado, logró contener a una organización desgastada por los enfrentamientos con la administración, producto de ajustes de personal y de costos. Ello se vio coronado con el acuerdo histórico alcanzado con los 22 sindicatos de la compañía y que se selló con la firma de un protocolo, mediante el cual los trabajadores se comprometieron a elaborar junto a la administración una agenda laboral por dos años.

Asimismo, logró acercar Telefónica a las autoridades con un estilo diferente y transparente, terminando con el estigma de lobbista que pesaba sobre los hombros de esa compañía.

Por último, ha logrado tender puentes con los accionistas minoritarios, especialmente las AFP, y crear una instancia de diálogo y confianza, que se coronó con la OPA por cerca de 900 millones de dólares lanzada a fines de este año y que marcó un antes y un después en la historia de Telefónica Chile.

Así, en dos años y medio, Emilio Gilolmo puede decir que cumplió con el primero de los encargos que le hiciera Alierta cuando le pidió que viniera a Chile… Tentados por la curiosidad de conocer cuál fue el plan estratégico que implementó para cambiar el rumbo de las operaciones de la multinacional en Chile, subimos al piso 30 de la Torre de Telefónica a entrevistar al Gilolmo ejecutivo… Sin embargo, terminamos sentados en la terraza de su casa conversando con el Gilolmo persona, un hombre que en cada frase derrocha experiencia de vida.

 

 

 

El mandato de Alierta

 

La primera misión que encargó César Alierta a su amigo Emilio Gilolmo cuando lo envió a hacerse cargo de las operaciones de Telefónica en Chile fue posicionar a la compañía dentro de la sociedad chilena. “El mandato era deshacer algunos mitos
históricos que se arrastraban desde hace cien años, tratar de mejorar esa imagen de la compañía en la medida de lo posible, estar más presente en las actividades de orden social, tener una buena relación con los poderes públicos y continuar la obra hecha por mi predecesor, que hizo cosas estupendas”, explica el ejecutivo.

Lo primero que hizo fue conocer a fondo Chile, su historia, su gente, sus tradiciones y valores culturales. Tenía a su favor el haber leído La Araucana de pequeño –libro que le encantó– y conocía algo de la historia contemporánea de Chile. “Siempre había seguido la trayectoria del presidente Frei Montalva, porque en España en aquel momento la Democracia Cristiana estaba apoyando la lucha contra el franquismo y Frei era un referente para nosotros”, comenta.

Por eso, apenas recibió la invitación de Alierta de venir a Chile no dudó en aceptarla y en ponerse a estudiar a Encina y Castedo, texto que hoy guarda en su “biblioteca chilena”, la cual ha ido formando con textos que ha comprado en cuanta librería se le cruza en el camino. Así, admite, entre dato y dato de libreros y remates, ha conseguido la Historia de España de Modesto Lafuente; las obras completas de Andrés Bello, la Vida de Bolívar, de Salvador de Madariaga, “que no la había encontrado en ningún sitio antes”.

Tras su aterrizaje en Telefónica Chile, Gilolmo se concentró en tres ejes de actuación: los empleados, los clientes y luego en la sociedad. “En los empleados nos hemos volcado mucho como compañía. El clima laboral ha mejorado de manera muy sustancial en estos últimos tres años con la labor de mucha gente, y la verdad es que hemos pasado de un grado de satisfacción interno modesto a uno que en la última encuesta que hicimos está en 82 puntos, lo que representa una mejora significativa”, revela.

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Eso se ha visto reflejado en el ranking de las Mejores Empresas para Trabajar en Chile (Great Place to Work). Hace tres años, Telefónica Chile estaba en el puesto 126; al año siguiente quedaron en el 66 y este año subieron al 36, a un pelo de estar entre las 35 mejores. Es que, a su juicio, tener empleados satisfechos es un must de la empresa moderna y que hace que mejore la satisfacción de los clientes.

“Teníamos un decálogo de cosas que queríamos implementar, las cuales, al igual que los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia, se resumen en dos: amar al cliente por encima de todas las cosas y amar al empleado como a nosotros mismos. Con esos dos mandamientos básicos, yo creo que hemos ido consiguiendo mejorar tanto la satisfacción de los clientes como de los empleados y, en tercer lugar, de la sociedad. Claro que ésta es más difícil, lleva más tiempo, pero que también creo vamos
mejorando”, reflexiona.

La relación con la autoridad también ha progresado, evitando la confrontación que antes ocurría. “Procuramos, al revés, ponernos más a su disposición, alinearnos con los objetivos del gobierno en el mundo de las telecomunicaciones. Lo que he querido, en la medida de lo posible, es desvirtuar el mito de una empresa prepotente, monopólica, displicente con los clientes, que se arrastraba por 100 años. He trabajado en eso, en mejorar esa imagen. Hacer ver que esta no es sólo una empresa española, sino una multinacional que tiene un millón y medio de accionistas de todo el mundo, de que nos encanta competir porque en la competencia crecemos como los toros en el castigo y de que no somos nada prepotentes, ya que voy humildemente por la vida siempre pidiendo perdón si a alguien alguna vez le piso sin querer”.

 

 

 

 

El fin de una edad

 

Todo ese proceso de conocimiento y reconocimiento de la compañía y la implementación de fórmulas para aplacar sus debilidades concluyó con un hito: el acuerdo con las AFP que permitió a la controladora lanzar una OPA para quedarse con el control accionario “casi total” de su filial chilena.

¿Ha terminado una etapa en la gestión de la compañía?, le preguntamos. “¿En qué momento se acabó la Edad Media y empezó la Edad Moderna? Dicen que en 1492, con el descubrimiento de América, pero los señores que vivían entonces, ¿pensaron que habían cambiado de época? Pues no, nadie se dio cuenta. ¿Aquí las cosas cambiaron con la OPA? Pues no, pero si hay que buscar un hito, la OPA lo es. Desde afuera se puede ver como el paso de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea, pero no necesariamente es la Paz de Aquisgrán. Lo que estamos haciendo es un proceso evolutivo”.

Explica que con las AFP se hicieron todos los acuerdos por unanimidad, que no hubo votos discrepantes. “Cuando ha habido un tema conflictivo se ha seguido negociando y hablando y la relación ha sido estupenda. Los representantes de las AFP han sido gente constructiva, aportadora de ideas, se sabían los temas, se los estudiaban, gente súper responsable y estamos muy satisfechos. Lo que pasa es que efectivamente en todos los demás países en general la compañía tiene el 100% y preferíamos acá tener la agilidad de poder tomar las decisiones sin tener que estar consensuando”.

A ojos de mercado, la materialización de la OPA tras el acuerdo con las AFP ha sido sin duda uno de los mayores logros de Emilio Gilolmo. Y es que no era una misión fácil. Para ello, Telefónica necesitaba de un hombre como él, con un expertise en negociaciones, conocimientos que adquirió a lo largo de su carrera y también en sus años como observador de la ONU y de la Federación Internacional de Derechos Humanos.

De esa época recuerda que tuvo la suerte de hacer misiones de observación internacional en países en conflicto, lo cual fue una experiencia espectacular. “El día que tenga tiempo escribiré un libro, porque eso fue impresionante. Estuve en países como Camboya, que salían de una guerra civil salvaje, en la que hubo 2 millones de muertos sobre una población de ocho millones; es decir, uno de cada cuatro habitantes”.

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También estuvo en Liberia: “a pesar del señor James Monroe, aquello fue una salvajada entre hermanos, los esclavos liberados en América volvieron a su tierra y empezaron a esclavizar a los nativos, una cosa horrible”.

Las misiones lo llevaron también a Etiopía, Mozambique, Zimbawe y Bosnia Herzegovina. “Estuve en las primeras elecciones libres después de los acuerdos de Dayton. Ibamos en tanques sobre campos de minas antipersonales”.

Pero, sin duda, lo que lo marcó más fue su participación como observador en Sudáfrica, en las primeras elecciones contra el apartheid, oportunidad en que conoció a Nelson Mandela –personaje al que admira– y a Frederik De Klerk. “Allí nuestra misión era supervisar cómo los blancos enseñaban a los negros a votar –ya que la mayoría no sabía leer ni escribir–,sabiendo que lo harían en contra de ellos. Nuestra labor era que lo hicieran bien. La experiencia de la votación en las cárceles custodiadas por estos guardias enormes, neonazis muchos, fue tremenda. Un señor me quiso dar un papelito con toda la historia de lo que les hacían en las cárceles, pero en ese momento un guardia se puso en medio y no me lo pudo dar. El jefe de la misión me dijo: hemos estado en la piel de nuestros dientes de quedarnos en la cárcel…”.

Como observador de la Federación Internacional de Derechos Humanos, le tocó estar en las elecciones de Fujimori en Perú, lo cual también fue una experiencia, ya que además de compartir misión con Bianca Jaeger, tras el duro informe que hicieron fueron declarados por el gobierno personas non gratas. “No pude entrar a Perú hasta que cayó el gobierno”, consigna.

Además de aventuras, a Emilio Gilolmo no le falta experiencia de negociador. Aprendió mucho de ello en el tiempo que estuvo próximo a la política, cuando colaboró con la transición española. En esos días, de hecho, le ofrecieron ser viceministro, cargo que desechó porque dice no tener la piel lo suficientemente gruesa para aguantar ataques.

“En esa época hicimos muchas cosas. Entre otras, con un grupo de constitucionalistas elaboramos un estudio que le entregamos al entonces príncipe, a petición de él, sobre qué leyes fundamentales del franquismo había que abolir, cuáles podían ser reformadas y subsistir y cuáles se podían mantener íntegras. Reunimos a un grupo de catedráticos y de gente que financió el estudio, y ese trabajo fue el origen de la transición, jurídicamente hablando”, cuenta.

Y agrega que para él interactuar con el entonces príncipe, hoy rey Juan Carlos, fue memorable: “fue espectacular, porque tenía ideas clarísimas de lo que quería y debía hacer. Decía que necesitaba que Franco le nombrara un jefe de gobierno porque durante 6 meses no podría hacer nada, pues el poder estaba tomado por las estructuras del franquismo. Y así fue: Franco nombró un jefe de gobierno, Carrero Blanco, que luego ETA asesinó, tras lo cual designó a Arias Navarro, que era el ministro responsable de no haber evitado el atentado. Así, cuando se murió Franco, el príncipe logró ese período de 6 meses con Arias Navarro mientras maniobraba, y luego nombró a Suárez presidente de gobierno”, relata.

Ese hecho marcó a Gilolmo. De ser un republicano de tomo y lomo, se convirtió en juancarlista. “La figura del rey es espectacular, él nos decía bromeando en esa entrevista es que yo acá lo tengo muy difícil, porque monárquicos, lo que se dice monárquicos, en España yo conozco a dos, a mi padre y yo… y no nos llevamos del todo bien. Y la verdad es que España no es un país monárquico, es un país juancarlista. Yo lo soy porque creo que el rey le ha hecho mucho bien al país”.

Después de esa incursión, y pese a la invitación a participar en el gobierno, Gilolmo prefirió mantenerse en una segunda fila política. Para la transición hizo los programas de la Unión de Centro Democrático (UCD) de defensa y relaciones exteriores y después siguió trabajando en el mundo financiero.

Ahí estaba cuando lo nombraron director general del Banco Hipotecario de España, un banco del Estado, al cual llegó con la misión de profesionalizarlo. “Esa fue mi única colaboración oficial, ya en el gobierno democrático: me tocó sustituir en el puesto a un general”.

 

 

Los nuevos desafíos

 

La misión encomendada por César Alierta a Emilio Gilolmo cuando le envió a Chile también contemplaba una segunda etapa. ¿Qué viene hacia delante? El ejecutivo asegura que seguir en el proceso de innovación y modernización de la compañía. “Ahora, la siguiente etapa será entrar en la fibra óptica y, claro, eso requiere muchos recursos, de una compañía que invierta a largo plazo no a corto plazo. Las AFP lo que tenían era una inversión financiera, pues preferían una rentabilidad a corto plazo, como es lógico y normal en su negocio. Por lo tanto, hubiera sido más complejo comenzar a desarrollar la fibra óptica con ellos, ya que supone no repartir tanto dividendo. Por eso era conveniente hacer la OPA, que además es una fuerte señal de conanza en el país, en momentos de turbulencias financieras. La autoridad aquí lo entendió como un signo de confianza y yo como presidente de Telefónica Chile lo veo igual”.

En este nuevo proceso asumirá un protagonismo importante Oliver Flögel, quien pasará de la gerencia general de Movistar a
la de Telefónica Chile. “Oliver empezó en la telefonía fija en Argentina, luego estuvo en finanzas y ahora en la móvil ha estado
5 años, que es un tiempo suficiente como para que se haga otra rotación. Eso se ha unido a que José Molés se ha acogido a
un plan voluntario de prejubilación que hay en esta compañía. Como él se iba, nos pareció una buena idea que Oliver, que ya tiene la experiencia de la fija anterior, lidere la transformación acá. Confiamos en que traiga las mejores prácticas. Tiene un potencial que ha demostrado, lo ha hecho muy bien en sus dedicaciones anteriores y nos parece una muy buena idea y él ha aceptado con mucho entusiasmo… Está como una moto”, afirma.

Con esta nueva etapa se busca agilizar y mejorar los procedimientos. “Queremos que los músculos funcionen, que no sobre grasa, lo que no significa que habrá reducción de personal. Desde que estoy aquí no ha habido despidos, sino reacomodos, hemos seguido aceptando gente. Con la ley de subcontratación, de hecho, hemos internalizado a más de mil personas”. Todos estos cambios que se vienen encontrarán a Emilio Gilolmo asumiendo nuevas responsabilidades. La semana pasada el directorio de Telefónica lo nombró director de Asuntos Públicos para Latinoamérica, cargo que apunta a fortalecer la presencia internacional de la compañía con las organizaciones institucionales, con los reguladores, los gobiernos y las instituciones públicas.

Esta nueva responsabilidad sumará más trabajo a su ya apretada agenda. “Pero nunca me ha asustado el trabajo ni moverme
mucho y, como decía don Ricardo Lagos, nunca he rechazado un reto profesional”.

 

 

El lado B

Emilio Gilolmo es de esos personajes que sorprenden a cada instante. No conforme con llevar una agitada vida ejecutiva, especialmente en el mundo financiero, es reconocido en España como un intelectual. Allí participó activamente en la Fundación Ortega y Gasset, institución dedicada a la promoción de actividades culturales en el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades.

También fue vicepresidente del Club Siglo XXI, una instancia de debate político que lo apasiona. Por esa razón, cuando llegó a Chile intentó montar una cosa parecida, “pero aquí es complicado y además no es mi labor. Si me diera el tiempo, montaría algo. Le estamos dando vueltas con algún asesor aquí para hacer algo, pero todo lleva tiempo y la verdad es que no tengo mucho”, señala. Por el momento, su agenda intelectual se remite a reuniones en el CEP y otros encuentros de contenido empresarial y con alguna vertiente política.

Pero sin duda lo que más echa de menos de España son el teatro y las librerías. A falta de ello, ha podido recorrer el país de extremo a extremo. De hecho, es una de las pocas personas que han tenido la suerte de conocer la Antártica, invitado por la Armada chilena.

Asimismo, ha podido –en la medida de lo posible– practicar una de sus grandes pasiones: volar. “Soy piloto y aquí he podido ir a pilotar algunas veces, es que me gusta volar y sentir la sensación de libertad que tienes cuando estás en el aire”.

Lo que no ha dejado nada de abandonado es su pasión por el cine. Esa faceta la maduró por Telefónica. La compañía quería hacer contenido para sus canales de televisión –era accionista de Antena 3 Televisión–, para ello había comprado Endemol en Holanda y Lola Films en España, la compañía más importante de cine. Pero aquello era un tema complejo, ante lo cual le pidieron que asumiera la presidencia de Lola Films y la reorientara de acuerdo a los objetivos del grupo. “Ahí estuve como dos años; y la verdad es que lo pasé estupendo, ahí conocí al productor real que era Andrés Vicente Gómez, un tipo genial, e hicimos muchas películas como por ejemplo Dancing upstairs, que es la historia de Sendero Luminoso, de cómo detuvieron a Abimael Guzmán en Perú. Hicimos también la novela de Vargas Llosa del asesinato de Trujillo: La fiesta del Chivo”.

Le quedó gustando tanto el tema del cine que con su amiga Francisca Sauquillo –que es una líder en derechos humanos y presidenta de la ONG Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, de la cual Gilolmo era vicepresidente– montaron una productora que se llama Metrojavier en honor al hijo de su socia que murió trágicamente en el Metro de Madrid, y porque es como la Metro Goldwin Mayer.

Ya han hecho cuatro películas y están avanzando en una quinta. “Hasta ahora no hemos perdido dinero. Hemos hecho dos películas comerciales dentro de un nivel alto intelectual. Ahora vamos a realizar una película que se llama El Dios de Madera, que es sobre la inmigración africana en España. El guión está hecho por Antonio Muñoz Molina, que es un autor bien famoso en España. Le estamos dando los últimos retoques, para empezar en mayo la filmación”.