Acaba de ser publicado un volumen dedicado a su obra en inglés. Hizo las oficinas centrales de Turner en Buenos Aires y participa en un mega proyecto en China, país que compara con el anticipo del Apocalipsis. Aquí habla del Transantiago –“pintar verdes las micros amarillas es una tomadura de pelo”– y dice que el […]

  • 9 marzo, 2007

Acaba de ser publicado un volumen dedicado a su obra en inglés. Hizo las oficinas centrales de Turner en Buenos Aires y participa en un mega proyecto en China, país que compara con el anticipo del Apocalipsis. Aquí habla del Transantiago –“pintar verdes las micros amarillas es una tomadura de pelo”– y dice que el centro de la capital en poco tiempo será tan caótico y decrépito como el de Sao Paulo.

Por Marcelo Soto

LADO A: ELSALTO INTERNACIONAL

Se habla mucho de ciertos economistas locales que son medianamente conocidos fuera de las fronteras –dos o tres, en estricto rigor–, pero en honor a la verdad pocos profesionales chilenos gozan de un prestigio internacional comparable al del arquitecto Mathias Klotz.

“Su trabajo ha fundado una escuela”, dice de él Miquel Adriá, uno de los especialistas más importantes de Europa en la materia, en el libro que la editorial Electa acaba de publicar en inglés sobre el arquitecto nacional que en 2001 ganó el Premio Borromini. El galardón, que se otorga en Roma al mejor arquitecto de hasta 40 años, le abrió las puertas en el extranjero y hoy Klotz acumula proyectos en lugares tan dispares como China, Líbano, España y Argentina. Su obra ha sido recientemente visitada en extenso, por el jurado del premio Pritzker, equivalente al Nobel de la arquitectura.

Buena parte de su prestigio tiene que ver con el Colegio Altamira, que construyó para Fernando Flores y que le permitió dejar de ser considerado exclusivamente un arquitecto de casas unifamiliares para encarar desafíos más complejos.

Aparte del nuevo colegio Verbo Divino en Huechuraba, acaba de terminar en Buenos Aires las oficinas centrales del conglomerado televisivo de Ted Turner. Y en China participa en un mega proyecto de hotel-museo en una ciudad universitaria de 6 millones de habitantes. No es poca cosa.

Pero Klotz, decano de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Diego Portales, sigue teniendo los pies puestos en Chile. Al frente de esa repartición académica no solo ha liderado la transformación del sector de República en barrio universitario, rescatando para la ciudad un área patrimonial que estaba perdida, sino también convertirá en parque público los terrenos de la ex toma de Peñalolén.

Nacido en Viña, aunque santiaguino de toda la vida, Klotz tiene una mirada crítica sobre la forma en que se ha construido la ciudad. De ancestros alemanes, el autor de la casa Tongoy –que se puede ver en la película Dos hermanos, protagonizada por Luciano Cruz-Coke– es un tipo serio, desconfiado de la prensa –nunca sonrió a lo largo de la entrevista–, pragmático, la versión opuesta a arquitectos de moda como Frank Gehry.

Mientras el autor del Guggenheim de Bilbao se ha hecho famoso por sus construcciones extravagantes, la trayectoria de Mathias Klotz brilla precisamente por lo contrario: nada más alejado de su estilo que llamar la atención. “Las mejores obras de arquitectura son las que menos se ven”, dice en su casa-estudio de Pedro de Valdivia Norte.

-Se hizo conocido por las casas cubo, que parecen “cajas”. Algunos le han tildado de minimalista.

-Yo cuando hago un proyecto no pienso si va a ser minimalista. Hago lo que me nace, lo que me gusta, lo que pienso interpretará y resolverá de la mejor manera los requerimientos y anhelos del cliente, y que interactuará bien con el entorno.

El trabajo está ahí y el que quiera analizarlo puede hacerlo. Es como cuando uno se viste: yo no pienso si mañana me voy a vestir de ejecutivo o de gimnasta… es una cosa que me sale natural.

-Hace un tiempo escribió un artículo en que decía que la pregunta que debe responder todo proyecto arquitectónico es parecida a la de la tira cómica “¿Dónde está Wally?” Es decir, ¿dónde se encuentra la obra?

-Un proyecto de arquitectura tiene una o dos cosas que son fundamentales, un par de decisiones que de alguna manera hacen que todo el resto funcione. Si un proyecto no lo puedes describir en una frase, no es un buen proyecto. En ese sentido hago la referencia a Wally. En alguna parte, que a veces no es evidente, se esconde la esencia misma de ese proyecto. No es que cuando parta la tenga como una clarividencia, sino que es algo que también surge en el proyectar, que es un proceso bastante largo, por lo menos dos años, a veces tres o cuatro, desde que se dibuja hasta que se termina. Si el proyecto tiene una base sólida, firme, es capaz de crecer, incluso frente a escenarios nuevos y adversos, que, como en la vida, van apareciendo en el camino. Si la obra no es más que una composición “bonita”, entonces no soporta ningún desarrollo sin transformarse en una especie de mutante mal parido. Es lo mismo que con las personas…

-Si una obra ha de ser definida en una frase, ¿qué diría de la Casa Tongoy, uno de sus primeros trabajos importantes?
-Es un refugio. Eso es. No es una casa propiamente tal. Hay que pensarla como un puesto de observación en ese lugar completamente despoblado. Era muy raro hacer una casa allí.

-¿Y del Colegio Altamira?

-Lo esencial es el corte, que es el patio sobre el techo en contra pendiente del gimnasio. El espacio del gimnasio, tanto arriba como debajo de él, es lo que hace al colegio. Es el corazón del colegio: por ahí pasan todas las comunicaciones, todos los cruces, es el lugar de reunión, de juegos, de eventos.

-En una entrevista en la revista Nexus reconoció que fue muy complicado ese proyecto. ¿Tuvo problemas con el dueño, Fernando Flores?

-Todos los proyectos son complicados. No existen los proyectos fáciles, y yo estoy muy contento de que el cliente me haya dejado hacerlo. Pero no tuve mayor relación con Flores. El tenía una comisión asesora con la cual discutíamos todas las semanas. Yo pienso, que el problema mayor que tengo con esa obra es la falta de cariño de los usuarios con el colegio, hablo de alumnos y profesores. Está bastante deteriorado. Da pena.

-El Colegio Altamira representó un antes y un después en su carrera. Ganó el Premio Borromini en 2001, que lo consagra internacionalmente.

-Sin ninguna duda. Fue el primer proyecto complejo que hice. Por programa y por escala. Y fue un proyecto que tuvo y sigue teniendo muy buena crítica afuera, y eso fue muy importante. A los arquitectos nos encasillan en rubros y yo estaba asociado a las casas. El Colegio Altamira me permitió ampliar mi trabajo. Dejé de ser únicamente arquitecto de casas, aunque las sigo haciendo con el mayor de los gustos.

-También le abrió las puertas en otros países. ¿Cómo ha sido su experiencia en China, por ejemplo?

-Estamos haciendo un proyecto en el cual hay envueltos 20 arquitectos, diez chinos y diez no chinos, en Nanjing, ciudad universitaria a 300 km. de Shangai río arriba. El proyecto es una especie de hotel y centro de convenciones. La particularidad que tiene es que el mismo proyecto es un museo de arquitectura contemporánea, abierto al público, y cada arquitecto hace un edificio-casa de 500 metros cuadrados y esa casa en el fondo es una suite del hotel. El proyecto total debe tener unos 40 mil metros cuadrados.

¿Qué le diría a quienes ven con interés las posibilidades de trabajo que representa el gigante asiático?

-China es una versión anticipada del Apocalipsis. Es el lugar (para mi gusto) más inhumano que conozco, de fuertes contrastes y con los cuales no es fácil convivir. No es que los chinos hablen distinto nomás. Son en todo sentido muy distintos a nosotros. En China me siento en otro planeta. A mí no me gusta nada. No ha sido fácil, es como los gatos con los perros. Uno nunca sabe nada con los chinos.

¿Y qué piensa de las grandes construcciones que se están haciendo? Ciudades nuevas enteras, de la nada…

-Es espantoso, realmente. China es lo más fuerte que existe.

-¿Mejor o peor que Santiago?

-Santiago es el paraíso terrenal al lado de China. La calidad de vida en China no es que sea mala; es horrorosa. No es que haya gente pobre y gente con plata. Es todo: el contexto, el entorno. Es sucio, agresivo, la incomunicación es absoluta. Perdidos en Tokio es nada comparada con China. Hay gente que lo encuentra fantástico, exótico. Pero yo lo encuentro siniestro. Nanjing tiene 6 millones de habitantes y es una ciudad “chiquitita”, imagínate.

-Otro país donde está trabajando bastante es Argentina.

-En Buenos Aires terminamos recién las oficinas de Turner, el conglomerado de televisión, en una antigua imprenta que se transformó. Turner se compró hace poco 20 canales más y levanta la señal para toda América latina, incluido México, desde Buenos Aires. Ahí se editan y hacen todos los programas. La única excepción es CNN, que se emite desde Atlanta. Es un edificio grande, de 4 mil metros cuadrados.

{mospagebreak}LADO B: SANTIAGO, MAL PRONOSTICO

Como muchos jóvenes con intereses artísticos, Klotz llegó a estudiar arquitectura más por descarte que por primera opción.

“La elegí porque era una carrera más estructurada, que me podía dar más herramientas en la vida que estudiar arte. Nunca me había interesado la arquitectura. No tenía ninguna pasión, tampoco pensaba que iba a ser arquitecto… Empecé a trabajar por circunstancias absolutamente casuales cuando la madre de una amiga eligió mi proyecto para construir tres casas en la cordillera… Gente que vio esas casas me encargó otras casas y así empecé, sin querer queriendo, a trabajar solo. Nunca trabajé en una oficina para nadie. Después tuve un dibujante y después dos y al final tuve una oficina”, recuerda.

Durante tres años fue profesor de la Universidad Federico Santa María, en Valparaíso y el tema del puerto le preocupa, en especial tras los recientes incendios en el casco histórico. “Si Valparaíso pierde su patrimonio se va a quedar sin nada, porque comercialmente como ciudad el único destino que tiene es turístico. No tiene ningún otro. Entonces hay que ser muy cuidadoso en cómo ir interviniendo. Pero tampoco corresponde hacer un revival de lo que había antes”.

De hecho, Klotz tiene un proyecto de hotel boutique, cuyo cliente es Eduardo Ergas. “Es el palacio Ariztía, que vamos a reconstruir, porque en este momento está a punto de caerse, está sujetado por las termitas”, dice y casi sonríe.

Pero su tema favorito es Santiago. Y su visión es tan descarnada como inusual.

-¿Cómo ve el explosivo crecimiento de la capital?

-Hay varios Santiago. Hay un Santiago que es donde yo me muevo, que es una ciudad con muy buena calidad de vida, con una cantidad de vegetación alucinante, pero eso no es (con suerte) más que la cuarta parte de la superficie de Santiago. Las otras tres cuartas partes son francamente terribles. Es una ciudad hecha de pedazos. No creo que todo lo que se ha hecho como urbanismo sea malo. Hay cosas interesantes, algunas han resultado bien, otras peor. Por ejemplo, las autopistas han sido un aporte increíble a la calidad de vida, pero hay otras que se están construyendo y que son un error garrafal, como los túneles del San Cristóbal. Van a salir en el punto más congestionado de la Costanera Norte y en Andrés Bello van a sumar varios miles de autos-hora a un lugar que ya está colapsado. Si hoy hay un taco, con el túnel va ser un infierno.

-¿De qué manera observa el caótico debut del Transantiago?

-Ha tenido un inicio desastroso y puede que tenga un desenlace desastroso. Pero creo que la iniciativa de ordenar el transporte público, regularizarlo, licitarlo, son todos pasos correctos. Otra cosa es cómo se licitó, quién ganó la licitación. Creo que pintar los buses amarillos de blanco y verde es una tomadura de pelo. Espero, supongo, que el gobierno se preocupará de que las cosas se resuelvan porque cada día pierde votos.

-¿Qué opina de los nuevas paraderos, muy llamativos y poco amables con el paisaje?

-Me parecen francamente espantosos. No tengo idea quién será el arquitecto, pero no tienen relación con la ciudad. Creo que fueron muy mal resueltos.

-Otro desastre inminente en Santiago es la mala calidad de los edificios habitacionales construídos en el centro..

-Van a envejecer muy rápido y muy mal. Construir residencias en el centro es lo correcto, porque es un lugar con muy buena movilización, y así se evita que la ciudad se siga extendiendo hasta el infinito. Pero no tengo ninguna duda que los edificios van a estar decrépitos muy luego. El centro de Santiago va a ser de una vulgaridad francamente increíble.

-¿Pero es posible construir mejor sin gastar más?

-Yo creo que se puede hacer arquitectura bastante mejor con esos presupuestos. La arquitectura al final la hacen los arquitectos. Ellos son responsables de lo que están haciendo. Decir que la culpa es de las inmobiliarias es una excusa. Más allá de meter tres dormitorios en 20 metros, el tema es cuáles son los revestimientos, cuál es la mantención de los edificios. Están todos hechos con martelina, material poroso que además de descascararse, junta el polvo. O sea cuando tengan diez años van a parecer de 70.

-También se han construido edificios que no respetan ninguna escala, como esas torres que tapan el San Cristóbal.

-La gente que camina por José Miguel de la Barra ya no ve el cerro. Esta claro que hay una serie de problemas, pero la presión por edificar es real, de lo contrario no se venderían los departamentos. Todas las proyecciones son cortoplacistas, nadie está pensando, al minuto de hacer las normas, cuál va a ser la ciudad que construiremos de aquí a 15 años más. Cada municipio está haciendo un buen negocio, en cuanto otorgando permisos de edificación seguirá mejorando sus ingresos por contribuciones… pero es una ciudad muy fea. No se si alguna vez estuviste en Sao Paulo. Es un preview de lo que va ser Santiago centro de aquí a diez años, una ciudad de puros edificios decrépitos, uno al lado del otro, uno encima del otro. Santiago va a ser exactamente igual, un caos.

-¿Ve alguna solución en un panorama tan negro?

-Hay que tener voluntad política de largo aliento, pero en un sistema donde los alcaldes rotan tanto, es difícil. Y como pertenecen a sectores políticos distintos, todos son bastante mezquinos unos con otros. Mientras no exista un proyecto de ciudad coherente, armónico, integrado, por encima de la voluntad del minuto del tipo que está cuatro años en la alcaldía, estamos jodidos. El sistema no genera estímulos para que las cosas se hagan bien.

-¿Es necesario una autoridad metropolitana, un súper alcalde, como plantean algunos arquitectos?

-No. Yo creo que hay tantas autoridades en este país; cada día forman nuevos ministerios, subsecretarías, comisiones y más burocracia. Lo que falta es que las autoridades que hay sean más generosas y responsables, que se pongan de acuerdo. Las ciudades que estos mismos políticos admiran, a las que van de visita, no surgieron de forma espontánea.

-¿El legado urbano de la Concertación es decepcionante?

-Yo no le echaría toda la culpa a la Concertación, pese a que soy ideológicamente opositor. Creo que las cosas se empezaron a deteriorar claramente en el minuto en que Santiago dejó de tener un radio urbano definido, cosa que la oposición de entonces le criticó mucho al gobierno militar. Todos levantaron la voz en su momento, pero resulta que ellos, que ahora llevan 17 años en el poder, no solo no lo rectificaron, sino que lo han extendido cada vez más, agravando el problema. Es un problema que se viene arrastrando desde la década del 70, propio de las sociedades emergentes, culturalmente débiles.

{mospagebreak}BONUS TRACK: LOS EDIFICIOS HAMBURGUESA

-¿Qué piensa de estos arquitectos de moda, como Frank Gehry o Santiago Calatrava?
-La arquitectura está pasando por un período muy complejo de su historia. Porque es el reflejo de la cultura del consumo que vive de lo desechable y de la imagen. En el minuto en que el Guggenheim de Bilbao se transformó en un gran negocio para la ciudad, la arquitectura pública, pasó a ser espectáculo… Que la arquitectura sea espectacular es una cosa que se puede sumar a una serie de otras condiciones que tiene que tener una obra. Pero no puedes basar el espacio construido, en sorprender o impresionar a la gente, porque además es una cosa de corto plazo, que aburre, que pasa a ser como una hamburguesa. Hay una tendencia que es nefasta que está personificada por arquitectos como Calatrava, Gehry y otros. Sus proyectos son encargos de políticos en busca de una postal, para tener una retribución inmediata sin pensar en las consecuencias. Así llegamos a que Gehry diseñe el decimoquinto Guggenheim y después Calatrava repita el mismo puente colgante, que ni siquiera cuelga, porque todo es mentira, en cualquier ciudad del mundo para que el alcalde de turno se saque una foto delante… Es bien trágico.

-Pero usted también ha hecho centros comerciales…

-Un centro comercial no tiene nada de intrínsecamente perverso. Lo perverso es ir llenando la ciudad de objetos llamativos para deslumbrar.

-¿No cree que el concepto de mall en Chile se ha desarrollado de forma muy burda?

-El mall es una realidad a la cual los arquitectos le hemos hecho asco y hemos mirado en menos, pero de verdad es un espacio que funciona y que congrega. El día en que el mall realmente se piense en serio con arquitectos buenos y con proyectos sustentables, no tiene por qué ser malo.

-Por ahora crecen como manchas urbanas, en desorden.

-El Parque Arauco es un mutante permanente. No solo es un desorden visual sino además es un lugar bastante inhóspito. Un alumno mío, que es hijo de Cristián Boza, y que lleva el mismo nombre, está haciendo un proyecto de título, en que transforma toda la superficie plana del Parque Arauco en espacio público. Imagina que techaras los estacionamientos de superficie y, arriba de eso, hicieras puro espacio público, que hubiera pistas para patinar, para escalar, y eso estuviera conectado con el Parque Araucano. O que, en vez de todas esas porquerías del patio de comidas que hicieron metidas en un hoyo al medio, fueran un volumen limpio y permeable, con magnificas vistas sobre el Parque Araucano, y que la calle de servicio trasera, pasara por debajo. Eso es un proyecto y eso lo hace un alumno que se está titulando y que tiene veintitantos años. Y que financieramente sería extraordinario… pero no, van poniendo puros bichos y palmeras.

-En la Plaza de Armas también pusieron palmeras. ¿Qué piensa de los proyectos públicos que se han construido, como el Centro Cultural La Moneda?

-Son proyectos que pueden gustar más o menos, pero son contribuciones a la ciudad, algunas más logradas que otras. A mí la verdad me gustaba más la plaza que había antes. Pero el Centro Cultural Mapocho me parece un lugar extraordinario, lo mismo el Parque de los Reyes. El espacio debajo de la Moneda como lugar para hacer cosas es muy interesante, pero me parece patético que tenga que estar con barreras arriba y todo cercado por carabineros, y que no se pueda caminar por ahí. La parte donde están los espejos de agua está todo cercado, para que no se realicen manifestaciones. No es culpa del proyecto sino de una falta de cultura para habitar un espacio público de manera civilizada, y es entendible porque son cosas nuevas. Nos acostumbraremos y aprenderemos a usarlos con el tiempo, supongo.

-¿Qué diferencia a un arquitecto serio de otro que no lo es?

-Si te paseas por Isidora Goyenechea, hay una colección de artefactos espantosos y entremedio, el mejor edificio de oficinas que se haya construido en este país (Edificio Manantiales), en la esquina opuesta a la plaza Perú, diseñado por Izquierdo, Lehman, Peñafiel y Lira. Está hecho con las mismas normas y las mismas restricciones que todo el resto, y debe haber costado lo mismo. Ahí esta la diferencia entre un arquitecto serio y los que no lo son. Santiago en edificios de oficina tiene un antes y un después del edificio del Consorcio de Borja Huidobro, pero entre ese edificio y los años 60, entremedio hay un hoyo negro, en que pueden haber excepciones, pero la mayoría de lo que se construyó, y que en general se sigue construyendo, es espantoso. Todo lo que hay en la Costanera, salvo el nuevo edificio de CCU, proyectado por Brahm, Nordenflycht, Flaño, Núñez y Tuca, que acaban de hacer por Vitacura, es de una calidad bajísima. En ese lugar hacer edificios rodeados de estacionamientos con techitos de lata fue una tontería. Podría haber sido un espacio público alucinante para la ciudad, con las mismas torres que hay, te gusten o no, pero que pasara algo abajo, en vez de ver secretarias y juniors fumando y comiéndose un sándwich en la vereda, a la hora del almuerzo.

-¿Hay algo que rescate? ¿El Edificio de Justicia?

-Está bien. Pero se siguen cometiendo una serie de crímenes, por ejemplo, el aeropuerto de Pudahuel. El concesionario lo ha transformado en una especie de bazar, de una vulgaridad increíble. Le hicieron un tumor al frente que es un hotel malísimo, cualquier estudiante de primer año de arquitectura sabe que frente a un edificio largo lo que tiene que hacerse, es una torre y no un chancho estacionado al medio…

-El proyecto original no era malo…

-Era un proyecto muy interesante que está siendo destruido sistemáticamente por el concesionario de la mano de la Dirección General de Aeronáutica Civil. Semana a semana aparece una gracia nueva. En los estacionamientos sacaron todos los pimientos y pusieron unos techitos metálicos. Y así suma y sigue.

-Además está congestionado.

-El aeropuerto está colapsadísimo. Pero eso es porque ha aumentado el tráfico, quedó chico. Vamos a ver qué sorpresa nos depara el futuro, cómo lo van ampliar.