Adriático. Así se llama el nuevo emprendimiento de Juan Yarur y que está inspirado en el nombre de su madre. Su apuesta es producir y vender objetos de diseño de autor, algo parecido a lo que hace zara home. Aquí explica por qué decidió abrir esa ruta y cómo la figura del padre sigue siendo determinante en su vida.

  • 30 agosto, 2019

Ya no es Juanito, el excéntrico hijo del empresario Amador Yarur. Tiene 35 años. Se casó. Quiere ser padre. Tan grande es su anhelo que se está preparando disciplinadamente para ese momento y lo hace al mismo tiempo que abre sus alas para desarrollar nuevos proyectos.

Juanito ya no es Juanito. Es Juan Yarur, uno de los principales filántropos de Chile y uno de los coleccionistas más importantes del mundo. En 2018, sin ir más lejos, fue el primer chileno en recibir el Premio Montblanc de la Cultura Arts Patronage por su aporte al desarrollo de los artistas nacionales y la difusión del arte nacional a través de su Fundación AMA. Solo para hacerse una idea, los personajes que han ganado ese premio son el príncipe Carlos, Robert Wilson, Yoko Ono, la reina Sofía de España, entre otros.

Desde su casa –con una vista increíble a Santiago–, Juan admite que ese reconocimiento fue más que una consagración para él. Fue el momento en que se dijo a sí mismo: “La hice”. Él lo explica así: “Lo siento como un agradecimiento profundo; como que algo hice bien. Le estás hablando a un niño que lo hicieron concha toda su vida”, dice tomando un té aromático en el living con paredes vestidas de enormes cuadros.

Pero Juan no llegó hasta ahí porque los buenos vientos lo empujaron, sino por un largo proceso de formación y asesoría para desarrollar el talante de un buen curador.

Ahora, va por más. Con una mirada más empresarial, está desarrollando una marca –Adriático– de productos de decoración y accesorios de alta gama, pero a un precio razonable. El sello de cada objeto tendrá su estilo de vida. Pero será un lujo al alcance de todos.

Su apuesta es trabajar con diseñadores chilenos y productores de altísimo talento. Un poco siguiendo la línea de descubrir y promocionar a los artistas. “En nuestro país existe talento por explorar. Incluso los talentos que ya han sido reconocidos no tienen la voz necesaria para mostrarse al mundo. Queremos que Adriático sea esa voz”, señala Juan al explicar que en una primera etapa los productos serán vendidos por e-commerce.

-Tengo en la retina esa portada tuya en Revista Cosas.

-No hay nadie que no la tenga en la retina.

-¿Y cómo fue que hiciste ese tránsito de Juanito a Juan?

-La gente crece y evoluciona. Yo agradezco infinitamente a Mónica Comandari porque si no hubiese tenido esa portada no estaría hablando de arte hoy día.

-¿Por qué?

-Porque no sería un personaje tan relevante. Tengo pares que hacen cosas fantásticas, pero no tienen el foco de atención que tengo yo. Porque cuando eres un personaje más mediático se amplifica un poco más lo que haces. Pero además hoy tengo 35. A los 18 años quería llamar la atención. Yo era un gran “quiéreme”. en el sentido de que era una persona muy insegura, a la que le hicieron mucho daño en el colegio.

-¿Tan mal lo pasaste?

-Sí. Pero no te quiero dar la lata. Lo pasé muy mal, pero empecé a segurizarme y lo hice con mucho tiempo y trabajo en mí mismo. Sé que antes tenía una cara que era un personaje. Pude destruir este personaje y volver a ser lo que soy.

-¿Lo destruiste o lo transformaste?

-Lo convertí. Terminé mostrando lo que siempre fui. El personaje tenía una parada un poco soberbia. Ya no la tengo. Y piensa en todo lo que ha pasado en estos últimos 10 años: dimos becas, residencias a los artistas chilenos. Hoy es más frecuente, pero antes casi no existía. Y de verdad eso me llena de felicidad. O sea, de las mejores cosas que me han dicho los artistas es: “Juan, tú me cambiaste la vida”. Imagínate lo maravilloso que es eso para un niñito al que le enseñaron a tener amor. No le enseñaron a trabajar. No tuve una enseñanza de cómo hacerlo. Muchas veces lo traté de hacer, pero no tenía la experiencia en la parte comercial.

-¿Y en qué estás hoy?

-En algún minuto quiero tener familia. Y pensé: “Qué difícil es decirle a tu hijo que es importante trabajar si tú no lo haces”. Entonces, empecé a ver qué me gustaría hacer. Tú sabes perfecto que no necesito trabajar, pero es necesario darles el ejemplo. Y me di cuenta de que siempre me han gustado las cosas de casa. Soy fanático. He empezado a trabajar con diseñadores en Europa y noté que el costo de muchas de las cosas bonitas era demasiado elevado, y la materia prima no es tan cara. Tú puedes tener una casa a la que le puedes poner mucha plata y puede ser horrible. Pero entras a una casa de alguien que solo tiene creatividad y la casa es preciosa.

-Entonces, ¿quieres montar una gran casa de diseño?

-No. No una gran casa. Vamos a empezar de un modo más tranquilo. Con mi equipo queremos tener una colección de cosas originales, con firma de autor y precios accesibles para todos. Ya tenemos cerca de 10 diseñadores. José Ignacio Yanis me está viendo toda la parte comercial.

La mesa

-¿Qué tipo de diseños quieres tener?

-Mi estilo. Todo muy lujoso, pero un precio accesible para cualquiera. Algo parecido a Zara Home, pero que funcione más e-commerce. En algunos puntos cercanos, vamos a tener nuestros productos, pero no estamos pensando por ahora en una gran tienda. Queremos ganar, pero queremos establecer precios justos y, sobre todo, descubrir talentos. Eso es lo más importante. Eso es Adriático.

-¿Adriático?

-Sí, le puse así por mi mamá. Ella se llama Adriana, pero aún no sabe. En Adriático tendremos cosas de casas y yo seré el curador, el que define la colección. El look siempre debe ser lujoso. Vamos a empezar por la mesa. Y nuestra primera colección está basada en el año 1500, que es la época del manierismo, el período artístico que más me gusta.

-¿De qué hablamos cuando hablamos de mesa: de platos, de manteles, de sillas?

-Hablamos de manteles, individuales, flores, floreros, copas, o de cosas que podrían ser para tu cama, pero que si le das una vuelta creativa, las usas en otra cosa. Puede ser un echarpe encima de una silla. La idea es replantear, resignificar algunos objetos.

-¿Y por qué elegiste la mesa y no otros espacios de decoración?

-Porque para mí la mesa es lo más importante. Así fue siempre en mi casa. Toda la vida tuvimos una mesa para 24 personas y siempre hacíamos cosas grandes… Cuando se abría la puerta corredera que daba al comedor, la mesa era un paraíso, un sueño. Somos árabes. ¿Que más importante que mostrar el cariño a través de la comida?

-Me llama la atención que casi todas tus iniciativas llevan el nombre de tus padres. ¿No pensaste en poner tu marca: Juan Yarur?

-Ah, es que no me gusta poner mi nombre. Es muy egocéntrico. Todo el mundo sabe que estoy detrás, ¿para que le voy a poner Juan Yarur? Además, el tema no soy yo. El tema es descubrir nuevos talentos, hacer diseños de autor y que todos puedan acceder a ellos. Me encanta que la gente sea feliz.

-¿En Chile existirá un espacio para un proyecto comercial así?

-No lo sé, pero vamos a tratar. Lo que es claro es que, al final del día, todo el mundo quiere una cosa lujosa, algo distinto. La gente está ávida de cosas nuevas. Ya nadie quiere ser tan igual al otro. Hay ganas de una mayor individualidad, de una identidad. Y queremos hacer un mercado justo, muy justo para todos. Que sean productos baratos y que la gente pueda tener la belleza que yo tengo.

-¿La idea es democratizar el arte?

-No. Esto es muy distinto a la fundación, pero se parece en el sentido de que vamos a potenciar talentos. Un poco lo que hizo mi papá en los años 40: tenía una empresa monstruo, pero también era muy social. Tuvieron la primera sala cuna para las trabajadoras.

-¿Y sientes que tienes que poner ese mismo espíritu?

-No lo siento, viene en mí. No es un sentimiento o algo que deba ser por mi papá. Me nace sin pensarlo. Como lo hice con Fundación AMA en su minuto. O sea, a los 21 años yo podría haber arrendado cuatro yates e irme a Saint Tropez dos años pasándolo chancho, pero se me ocurrió hacer una fundación para potenciar a gente talentosa. Estoy muy orgulloso de lo que he realizado. Siento que la fundación me salvó.

-¿Te abrió otro camino?

-Me hizo ser una persona pensante. Yo me junto con la gente que, para mí, es la más inteligente del mundo; personas que admiro infinitamente. Ahora son mis pares.

-Seguramente tuviste que aprender, entrar a tallar en ti…

-Tuve que demostrar mucho, sí. Tuve que demostrar que no era el personaje que creían.

-Alguna vez dijiste que en Nueva York no existía esa cosa intelectual pesada que en Chile te deja sin aire. ¿Así es el mundo del arte aquí?

-Claro, es querer usar siempre la palabra difícil. No sé si eso ha cambiado o no, pero realmente ya no me importa. Antes estaba en un minuto que necesitaba revalidación. Ya no la necesito.

-¿Cuánto sentiste que te validaste ante ti mismo?

-El  año pasado, cuando me gane el premio Montblanc. Fue la primera vez que sentí que mi papá hubiese estado orgulloso de mí. Y piensa que en estos últimos 10 años he hecho bastante, pero recién ahí sentí: “Sí, la hice”. Porque a mí siempre me siguen diciendo las mismas estupideces acá.

-¿Qué cosas te dicen?

-Cosas que jamás me las dicen en la cara, pero como tengo muchos amigos que me quieren, termino sabiéndolas igual. Te hablo de comentarios como: “Mira quién se ganó el premio. La Paris Hilton de Chile”. Pero créeme que no me importa nada.

“Maduré”

-¿Nunca pensaste en ser artista?

-No tengo ese talento. Pero sí soy un buen curador. No un curador artístico, sino que un seleccionador. Mi colección se ha ido haciendo importante porque he seguido mi gusto, pero también porque he tenido muy buena gente que me ha apoyado en el camino y que me ha enseñado.

-Juan, ¿qué es la filantropía para ti?

-No tengo idea, pero sé que me gusta ayudar a gente porque a mí me han ayudado mucho. Uno no está aquí parado gracias a nadie. Si no fuera por la señora que me enseña a hablar, yo no te podría hablar a este nivel en una entrevista. No podría estar seguro de que mi voz sale perfecta. Eso se lo debo a ella y me debo a un montón de gente. Tú no eres por ti solo. Uno es parte de una cadena de gente que te va ayudando a ser tú mismo.

-Por lo tanto, Adriático es como seguir la cadena…

-Es la cadena de amigos. Me gusta ayudar. Lo gozo. Me hace feliz. No tiene mucho más fondo que eso. Lo paso bien.

-Pero elegiste el mundo del arte. También podrías ayudar, no sé, a una fundación de niños enfermos…

-Yo trato de trabajar en descubrir talentos. No sobre la pena. Evidentemente, el tema que más me toca es la vejez. Yo vi a mi papá anciano. Lo vi siendo un capo y lo vi en el ocaso. Entonces, no hay nada que me destruya más que la vejez. Si todos envejeciéramos como la Julita Astaburuaga, sería la perfección. Pero lamentablemente no es así. Ese tema me toca.

-¿Ha sido muy difícil la vida sin tu padre?

-No. Ha sido grandioso.

-¿En serio?

-Sí, porque maduré, sino jamás habría madurado.

-Era una figura súper potente en tu vida.

-Era más grande que esta casa. Mi papá siempre será omnipresente en mi vida. Él me enseñó cosas muy importantes que todavía repito…

-¿Cuáles?

-La certeza de que todo va a pasar… No importa lo que sea. Todo pasa. Y mi mamá, que siempre me ha dicho: “Todo es para mejor”. Así que trato de ser una persona bastante positiva.

-Estás como en un momento de mucha plenitud, ¿no?

-Estoy tranquilo. Estoy feliz con mi familia, con mi mamá, con mi marido. Yo amo Chile. Ya me instalé aquí. Quiero vivir cerca de mi hermana, ver tele en su casa, hablar cosas fomes. Quiero que mi mundo sea un círculo chico.

-¿Te vino como el reposo?

-O sea, me acuesto a las 23:30 y ya encuentro que es tardísimo.

-Eras fiestero, te gustaba la noche…

-Era, pero ya no. Lo hice todo y viví intensamente. No es que me falten muchas cosas por hacer. Ahora bebo cero alcohol y es una de las mejores decisiones que he tomado. Por supuesto que es divertido ir a fiestas, bailar de vez en cuando, pero ahora quiero otras cosas.

-¿Qué quieres?

-Quiero ser padre, no sé cuándo podrá ser, pero me estoy preparando para eso. Hago ejercicios, pero no para sacar músculos, sino que para poder tener a mi guagua en los brazos. He tenido dislexia toda la vida y tengo clases una vez a la semana para poder escribir bien las comunicaciones. Todavía es un sueño, pero yo soy súper preparado.

-Te pasaste.

-Mis amigos me dicen que soy un poco crazy. Piensa que ya organicé el año nuevo. Me gusta que las cosas salgan bien, que resulten, y por eso me programo. Por eso me quiero preparar para ser un buen papá.