Los cambios que Raúl Castro está implementado en Cuba en los dos años que lleva como presidente no tienen vuelta atrás. Así lo han entendido los propios cubanos y quienes siguen los vaivenes de la isla. La pregunta que todos se hacen es a qué puntos llegará está particular “apertura” –que hasta ahora se ha centrado en lo económico– y qué ocurrirá cuando Fidel muera, las fuerzas internas demanden mayores libertades y los ortodoxos del PC se resistan a más modificaciones. Consultamos a quienes, por diversos motivos, son “expertos” en Cuba y su gente.

  • 7 agosto, 2008

Los cambios que Raúl Castro está implementado en Cuba en los dos años que lleva como presidente no tienen vuelta atrás. Así lo han entendido los propios cubanos y quienes siguen los vaivenes de la isla. La pregunta que todos se hacen es a qué puntos llegará está particular “apertura” –que hasta ahora se ha centrado en lo económico– y qué ocurrirá cuando Fidel muera, las fuerzas internas demanden mayores libertades y los ortodoxos del PC se resistan a más modificaciones. Consultamos a quienes, por diversos motivos, son “expertos” en Cuba y su gente. Por Lorena Rubio.

Que el trabajador se sienta dueño de los medios de producción no depende sólo de explicaciones teóricas. (…)Es muy importante que sus ingresos se correspondan con el aporte personal. (…) En resumen, que cada cual reciba por su trabajo”.

La frase dicha por el actual líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro Ruz (77) en su discurso ante la Asamblea Nacional, el 11 de julio pasado, repercutió con fuerza dentro y fuera de la isla caribeña. Y marcó un nuevo un hito, quizás el más potente, en la serie de cambios –que partieron como tímidas medidas–, que el hermano menor de Fidel Castro ha ido implementado desde que el patriarca cubano renunció a la presidencia, en julio de 2006.

Porque si había una característica del régimen cubano, era la casi total igualdad de los salarios, independientemente de la profesión u oficio y que, según datos de organismos y expertos en la realidad isleña alcanza hoy a unos 25 dólares mensuales en promedio.

Hasta ese anuncio que sacudió la lógica salarial en la isla, la consigna era que “lo justo es lo que todos ganan”, explica el economista cubano Alfie Ulloa (ver recuadro). Por eso, se dice que el anuncio de Raúl –como le dicen en Cuba al ex ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y general de Ejército– es una de las medidas más radicales de su mando y que marcaría el fin de la “era Fidel”. Claro que no en su totalidad. Nadie duda que, por mayores que sean los cambios que se emprendan en ese país, éstos se efectuarán bajo la estricta mirada del Partido Comunista (PC) cubano y que en todo momento habrá un grupo de incondicionales al ex jefe de Estado que velará por mantener los pilares fundamentales del régimen socialista iniciado a mediados del siglo pasado.

Pero no fue la única señal de Raúl en su histórico discurso: también habló de terminar con las “gratuidades indebidas y el exceso de subsidios” y detalló el proyecto para la nueva Ley de Seguridad Social que, entre otras cosas, incluye la cotización de “todos los trabajadores” de ese país.

Y aunque las autoridades se han encargado de afirmar que la población cubana “continuará disfrutando de seguridad social para todos”, como lo reseñó el oficialista diario Granma el viernes 1 de agosto, el propio ministro de Trabajo y Seguridad Social, Alfredo Morales Carcaza, ha reconocido que el financiamiento de la nueva ley estará compuesto por tres fuentes sustantivas: el aporte fundamental del Estado, la contribución de las entidades laborales y el “de los trabajadores”. Algo totalmente distinto a lo que ocurría hasta ahora, en que sólo realizaban un aporte “especial” los trabajadores de la flota pesquera y los de tribunales.

A estos anuncios se suman la autorización para comprar computadores, la contratación de líneas de celulares y el libre comercio de electrodomésticos, medidas anunciadas hace ya varios meses.

¿Signos de que el socialismo estaría dando paso al capitalismo en uno de los últimos bastiones de economía centralizada en el mundo? Son pocos los que se atreven a asegurarlo, pero lo que sí está claro es que los cambio de “la era Raúl”, son irreversibles. Más aún: todas las miradas están puestas ahora en el segundo semestre del próximo año, cuando se realice el primer Congreso del PC en 12 años –el último se realizó en octubre de 1997, a fines de la severa crisis económica que azotó a la isla desde comienzos de los 90, tras la caída de los ex URSS–, ya que ahí debieran conocerse otras medidas.

Y, ¿por qué la expectativa? Porque Raúl Castro dijo en abril pasado que el encuentro será un momento importante “para conformar con proyección de futuro la política del partido en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad”. Allí, se estima, además de las obvias ratificaciones al socialismo, la patria, Fidel y demás emblemas de esa nación, deberían concretarse nuevos anuncios en materia económica. Además, será la oportunidad para enviar un “mensaje” al nuevo inquilino de la Casa Blanca, que será electo en octubre próximo. “El círculo militar de Raúl maneja la economía, pero nadie allí quiere un quiebre con Fidel. Prefieren esperar a que muera. Por eso Raúl pospuso las definiciones claves para el próximo congreso del Partido Comunista. Cree que entonces habrá consolidado su poder y su hermano estará fuera del juego”, sostiene el escritor chileno Roberto Ampuero, quien estudió y trabajó en La Habana en los 70.

 

 

Lo que Raúl desnudó

¿Sabía usted que en Cuba las vacas y los caballos son propiedad del Estado? Así es. Los campesinos y pequeños agricultores –en una ínfima cantidad– sólo son propietarios de la leche que producen y sólo los cerdos pueden estar en manos privadas. Si bien no ha habido señales de cambios en este sentido, cuando cumplió un año al mando de la nación caribeña Raúl anunció que mejorarían los precios a los cuales el Estado compra la carne y la leche a los agricultores isleños. El tema de la leche no es menor. Son pocos los discursos en los que el jerarca actual, como lo hacía el anterior, no se refieran al “problema de la leche”, un producto históricamente deficitario y cuya importación se ha encarecido a tal punto que el gobierno cubano ha debido restringir su consumo.

La carne de vacuno es prácticamente inexistente, excepto para los turistas; y durante el “Período Especial” de estrechez –cuya fase más grave fue entre 1990 y 1994– las autoridades de la isla enseñaron a sus habitantes a reconocer los distintos tipos de pastos y hierbajos, que pudieran ser consumidos. En esa época, recuerda Alfie Ulloa, se comenzó a hablar de los poderes de la “medicina homeopática”, al punto que en los consultorios dentales “se les daba a la gente plasmas de arroz, como si eso aliviara en algo los dolores”.

Es por ello que la revolución de Raúl ha ido de lo más básico –consumo de electrodomésticos– a lo más general, lo que incluye cambiar conceptos clave del modelo centralista y estatista que dominaba en Cuba. Hasta dónde puede llegar esta apertura es lo que todos se preguntan. Desde la toma del mando por parte de Raúl se señaló que su modelo a imitar sería China: una economía que se abre paulatinamente y en la que el partido dominante toma las decisiones. Ello, porque mientras Fidel era el idealista de los hermanos Castro Ruz, Raúl siempre fue el pragmático y sabe que el pueblo cubano está cansado de las penurias que ha debido soportar. “Vamos a seguir escuchando al pueblo de Cuba” es una frase clásica en sus discursos. Por ello, se cree, él va a implementar lo que la gente pida, pero sin transar la gravitación del PC y los militares, de donde provienen sus más cercanos.

En cuanto al futuro, algunos como Ulloa señalan que, en el mediano plazo, se repondrá incluso la libertad de prensa. Otros, como Ampuero, son más pesimistas. En su opinión, el “fidelismo” va a ser reemplazo por el “raulismo”, pero por un breve lapso, dada la avanzada edad del actual mandatario. De ahí, agrega, asumirá el poder una suerte de Putin cubano. “Creo que Cuba va ser como Rusia o Rumania, las oportunidades serán buenas si te alías con el nuevo Putin, pero peligrosísimas si estás en su lista negra”, precisa.

Lo que nadie sabe es qué actitud adoptará la fi era disidencia cubana, instalada en Miami, ya que muchos de ellos volverán al país, trayendo consigo el modelo capitalista norteamericano a tierras caribeñas. Otro tema es qué rol jugará la Casa Blanca.

Ampuero lo ve de la siguiente forma: Cuba ya no es una amenaza para Washington y económicamente ya no es atractivo para EE.UU. (para Estados Unidos no existen ni México ni Brasil a la hora de los grandes temas. Menos, Cuba). “El tema sigue vigente sólo por el exilio cubano”, dice.

{mospagebreak}

Roberto Ampuero
Cuba, del verde olivo al color del dinero


El escritor chileno Roberto Ampuero (55) vivió en Cuba entre 1974 y 1979. Estudió en la Universidad de La Habana y también trabajó en esa ciudad como profesor de alemán, traductor y obrero. Luego partió a la RDA, por lo que conoce por dentro los regímenes comunistas. De hecho, los ha descrito en sus libros Nuestros años verde olivo (1999) y Boleros en La Habana (1994).

La visión de Ampuero (MA y PhD de la Universidad de Iowa, donde hoy imparte clases de escritura creativa) sobre el futuro de la isla no es para nada optimista. El escritor plantea que aunque Fidel esté en su lecho de muerte se opondrá con dientes y uñas a reformas económicas que conduzcan al capitalismo. Por eso, agrega, si no hay presión popular (cosa que está más bien clara dado “el pasivismo cívico de la sociedad cubana”, dice), llegará al poder un Putin cubano.

Según Ampuero, los que quieran invertir en la isla deben saber que “después de los Castro seguirán la arbitrariedad y la dictadura y los mejores negocios sólo se lograrán con una excelente relación con el poder y la mafia”.

Desde su privilegiada mirada en pleno corazón del territorio estadounidense, el creador del detective Cayetano Brulé señala que lo que a Washington le interesa es que el régimen cubano siga controlando la inmigración, tal como lo ha hecho y advierte que,
económicamente, “Cuba es un pigmeo” para EE.UU. Eso sí, afirma que para Cuba no será lo mismo si Barack Obama se instala en la Casa Blanca que si lo hace el candidato republicano John McCain.

“Fidel necesita a McCain. Siempre ha preferido la confrontación con EE.UU., porque le permite reprimir y endurecer posiciones. A un Raúl con un Fidel muerto le conviene Obama, porque le facilitaría cualquier transición sin caos”, sostiene. Pero hay un tercer
escenario para este autor de novelas policiales: Un Raúl con un Fidel vivo al lado tendrá problemas, con McCain o con Obama. Su hermano se encargaría de crearlos, precisa.

Lo que ocurra con la salud de Fidel Castro es un asunto de primer orden en la óptica de Ampuero. Sostiene que “el drama de Raúl es que si su hermano no muere pronto, él no tendrá tiempo para iniciar reformas”. Así, añade, el actual presidente perderá su oportunidad y “quedará en la historia cubana como lo que ha sido: un segundón eterno”.

Manuel Feliú
El pionero gremial


El empresario Manuel Feliú Justiniano, como presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) -entre 1986 y 1990-, encabezó una de las primeras misiones empresariales a la nación caribeña, cuando recién se reiniciaban las relaciones con
ese país.

Hoy, es considerado como uno de los precursores del intercambio comercial con la isla y preside el Comité Empresarial Chile-Cuba. El ex líder de los empresarios es socio de la empresa Santa Ana, junto a Jürgen Paulmann, Alejandro Sule y Eduardo Vives. La firma se dedica a la compra de tierras agrícolas y a la producción de alimentos en esa nación.

Según Feliú, la incipiente apertura económica podría traer interesantes dividendos, tanto para pueblo cubano, como también para los capitales foráneos. Afirma que si se profundiza la idea de que quien más trabaja debe ganar más –como ha propuesto Raúl
Castro-, “se abrirán al mercado actividades en las que Cuba tiene ventajas comparativas, como la producción de frutas tropicales, café, servicios de profesionales altamente calificados en ciencia y tecnología, y derivados del azúcar”. Si ello se hace con apertura
y profesionalismo, agrega, será posible crear en Cuba “una cadena de generación de riqueza que en pocos años puede transformar la economía de la isla”. Y la razón es simple: los cubanos son “inteligentes y creativos, y tienen una educación superior. Si a ello
se le agrega la libertad económica, pueden ser lo que quieran”, afirma.

El empresario destaca como una de las propuestas más interesantes de Raúl Castro la de “levantar” el exceso de prohibiciones, regulaciones y normativas, que hoy “impide actividades e inhibe a los funcionarios”. Esto ayudaría a que los bancos fueran menos
restrictivos a la hora de otorgar créditos para invertir en ese país, cuestión que hoy día es compleja, “dados los altos niveles de riesgo en que se ubica Cuba”.

{mospagebreak}

 

Alfie Ulloa
El ex asesor cubano de Eyzaguirre


El economista cubano Alfie Ulloa (32) salió a los 18 años de Cuba y la última vez que visitó la isla fue en 2001. Ulloa está terminando un PhD en Harvard. Sin embargo, sigue al dedillo la información que viene de su tierra natal. Hijo de un dirigente histórico del PC cubano –un médico que prestó servicio en Angola durante dos años– y de madre chilena, Ulloa decidió viajar con ella a comienzos de los 90 y realizar sus estudios superiores en la Universidad de Chile. Cursó Economía en esa casa de estudios y luego un master en Economía Aplicada en la Escuela de Ingeniería de la misma universidad. Entre 2000 y 2004 fue asesor del ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre. Durante su estancia Santiago se casó con una chilena, hoy está ad portas de doctorarse en Harvard, y al igual que su amigo Felipe Kast, también es de los que planean volver a vivir a Cuba.

Conocedor de los intricados vericuetos del PC cubano y de las instituciones del Estado, Ulloa afirma que lo primero que hay que tener claro es que el ejército de Cuba no se parece en nada a otras fuerzas armadas, “ni logísticamente ni en la forma de cohesionarse”. Como ejemplo, menciona que esa institución debió “reciclar” a 300 mil soldados que lucharon en Angola y que hoy están en distintas reparticiones estatales y en el rubro turístico, principalmente. “Fue Raúl quien logró reducir la fuerza militar a no
más de 40 mil efectivos”, dice. También fue el actual presidente quien en el “Período Especial” (1990-1994) puso a los soldados a trabajar los campos, porque había que producir los alimentos que ya no llegaban del exterior. Esa es, precisamente una de las
ideas que Raúl Castro ha refl otado en sus últimos discursos: aumentar la producción agrícola nacional (un 30% de la tierra cultivable en la isla está sin trabajar) y sustituir las importaciones que puedan ser reemplazadas.

Por ello, Ulloa cree que la transición “raulista” irá más allá de lo meramente económico. ¿La razón? El hermano de Fidel ha mostrado don de mando en tiempos difíciles y sus primeras medidas han confirmado “que tiene un sesgo más operacional, con los pies más en la tierra”. De hecho, no duda en califi carlo como más mercantilista que Fidel y lo explica en la razón pragmática que caracteriza a Raúl: “los cubanos se quejan de la comida y el transporte más que de la existencia de un partido único o del líder supremo”.

Felipe Kast
El hijo de Miguel Kast que vivió en Cuba


Cuando estaba en cuarto año de Economía en la Universidad Católica, Felipe Kast Sommerhoff (31) congeló la carrera y partió a La Habana a estudiar durante un año, entre 1999 y 2000. Tomó ramos de Economía y Sociología y convivió con estudiantes de todos los rincones de la isla. ¿Por qué el hijo de Miguel Kast, uno de los iconos de los Chicago Boys y ex ministro de Pinochet, quería aprender sobre economía socialista? “Para ver la otra cara de la moneda y derribar mitos”, explica Felipe Kast, quien hoy realiza un doctorado en Políticas Públicas en Harvard y planea volver en un año a Chile.

Desde Boston, Kast cuenta que su estancia en la capital cubana le permitió aprender a conocer a ese pueblo. “Son gente notablemente alegre, realista y honesta. Muestra lo que siente, sin dobleces”, afirma. En La Habana conoció a su actual esposa, una ingeniera civil cuya madre sigue en la isla y por la que están al tanto de lo que ocurre en estos días. “Junto con alegría, entre los cubanos hay una frustración muy grande. Muchos tienen ganas de trabajar en algo útil, pero no existen oportunidades, y hay otros a los que les gustaría salir de la isla,”, sentencia.

Si bien la gente se cuida de no dar opiniones a favor del mercado abiertamente, en conversaciones más íntimas los cuestionamientos se notan. “Había profesores que me decían que los problemas de Cuba se generaron porque se aceleró el proceso socialista más de la cuenta”, revela.

Tan alucinado quedó con Cuba, que le gustaría volver –“en un par de años, cuando las cosas marchen mejor”– y entregar sus conocimientos de Economía en una universidad. Como profesor visitante en varias cátedras, se ha especializado en el análisis de políticas del Estado, así como en el estudio de la pobreza en Chile y otros países de la región.

En cuanto a la “era Raúl”, sostiene que el hermano menor de Fidel es mucho más pragmático, así que “tendrá menor complejos a la hora de enfrentar a las facciones internas que se opongan a los cambios que él y su gente estiman como necesarios”. Agrega que, como jefe de las FAR, al actual mandatario le tocó hacerse cargo de las empresas del Estado, por lo que además de entender los conceptos básicos de intercambio y producción, “sabe cómo aplicar el garrote y la zanahoria para que la gente produzca lo requerido”.