Christian Olivares ha realizado sin saberlo una hazaña digna de los personajes que ilustra. Su talento para el dibujo y su inquietud por la Historia de Chile se combinaron dando vida a una secuela de cómic que ha cautivado a sus lectores.

  • 13 marzo, 2008

 

Christian Olivares ha realizado sin saberlo una hazaña digna de los personajes que ilustra. Su talento para el dibujo y su inquietud por la Historia de Chile se combinaron dando vida a una secuela de cómic que ha cautivado a sus lectores.

La historia de Chile en monitos. Suena simple, pero no lo es. De eso puede dar fe Christian Olivares, un antofagastino que desde muy joven ha dado rienda suelta a dos de sus pasiones –el dibujo y la historia– y ha logrado con ello construir una de las formas más atractivas de difusión de la historia de nuestro país.

Histocomix es el nombre de esta secuela de episodios históricos que Olivares cuenta en colores, y que ha logrado captar el interés de varios colegios, medios de comunicación y hasta de Armada de Chile.

Olivares cree que su condición de antofagastino explica en gran medida su sintonía con la Historia de Chile. “Fíjate que en el norte esto se siente de otra manera, sobre todo la Guerra del Pacífico, que allá se lleva muy arraigada”. Por eso, cada vez que su padre le contaba episodios, su mente se echaba a volar y después, a solas, su mano hacía lo mismo sobre el papel.Olivares dice que al principio copiaba dibujos estilo Mampato, revista de la cual era fanático y que empezó a ilustrar por su cuenta cuando cerró la versión original. Le bastaron unos lápices a pasta, unas hojas de block y unos scriptos para embalarse y hacer unas cien ediciones que impresionaron a su padre, que decidió mandar fotocopias a la revista Cucalón (que agrupaba diferentes cómic de Themo Lobos).

Su padre no estaba equivocado. Tiempo después Olivares viajó a Santiago a visitar una exposición de Lobos, ocasión en que descubrió con sorpresa que una de las salas llevaba su nombre y que sus cien ediciones de Mampato estaban ahí publicadas. Fue impresionante. De repente “aparece Themo Lobos y me abraza. Yo tenía 14 años, no lo podía creer”.

Con ese incentivo continuaría dibujando, inventando sus propios personajes y conservando su interés por la historia. Un día estas aficiones se cruzaron: se encontraba cursando 4º medio, cuando en el acto inaugural del colegio descubrió que era el único que cantaba el Himno Nacional. Se propuso entonces seducir a sus compañeros con la historia de Chile y qué mejor para lograrlo que contársela en colores.

Olivares se lanzó a dibujar el Combate Naval de Iquique, basado en Adiós al séptimo de línea, y tuvo una acogida importante. Quizás por eso, una vez terminado el colegio y cuando estudiaba diseño gráfico, siguió con su desafío. Después del combate naval, decidió hacer toda la Guerra del Pacífico, pero ahora investigando en profundidad. Para ello recurrió al archivo de la Armada, a bibliotecas y a historiadores chilenos, peruanos y bolivianos.

“La historia la hice medio novelada, porque inventé un personaje alrededor del cual sucedían los eventos importantes”, dice. Fue un esfuerzo anónimo, hasta que un día el pololo periodista de una compañera de curso vio algunas ilustraciones de la Guerra del Pacífico y decidió hacer un rtículo sobre Christian. Para sorpresa de éste, fue citado por la Armada, y al llegar le exigieron explicaciones, porque pensaban que sus cómic tenían un propósito burlesco. “Yo les mostré los dibujos y rápidamente descubrieron que eran rigurosos. El asunto les gustó, al punto que cuando supieron que los hacía como hobby, me ofrecieron publicarlos”… La vida de Arturo Prat, uno de sus personajes favoritos, fue su primera publicación, en 2000.

Tiempo después, y mientras ejercía como diseñador, conoció a Matías Errázuriz, un publicista que llevaba años buscando a alguien que caricaturizara nuestra historia, y le ofreció su ayuda. Así se patentó Histocomix, en que Olivares se preocupa de la ilustración y el guión y Errázuriz, del financiamiento. Como no eran historiadores, muchas puertas se cerraron. Aun así no se rindieron y consiguieron la certificación de Osvaldo Silva, director del Departamento de Historia de la U. de Chile. La Academia de Historia Naval, por cierto, también los ha apoyado.

Su afán no fue en vano, porque la Editorial Florencia confió en ellos. En 2005 publicaron cuatro colecciones de cinco tomos cada una, desde la Guerra de Arauco hasta la del Pacífico.

Hoy, Christian se entusiasma al mostrar sus publicaciones. “Aquí está la Independencia, basada en O´Higgins, Carrera y Manuel Rodríguez. Tratamos de no tomar partido, mostrando la vida de los tres, a la par. Van también personajes secundarios, como Freire, Bueras, Cochrane. Aparece también la muerte de Carrera en una campaña en Argentina”… Por él, hablaría dos horas de cada episodio.

Como era de esperar el reconocimiento llegó. Histocomix fue elegido el mejor proyecto educativo latinoamericano de caricaturas por Neorama dos Quadrinhos, un sitio web especializado.

Con todo, nos dice, no han podido financiar muchos de los nuevos proyectos en carpeta. Las ventas han funcionado, pero los dibujos son muy poco conocidos al no tener publicidad. Han estado en las distintas ferias del libro y la recepción ha sido muy buena, pero Olivares cree que existe un prejuicio respecto al cómic. “La gente lo ve como algo divertido, pero el prejuicio desaparece cuando leen los libros”.

Pero hay quienes han creído en ellos. Es el caso de El Mercurio, con el cual realizaron una colección de tres tomos de la Vida de Jesús. La investigación fue exhaustiva y en poco tiempo salió a la luz, con apoyo del Arzobispado de Santiago.

Hoy Histocomix es lectura complementaria obligatoria en algunos colegios como el Verbo Divino, el Cordillera y el Tabancura. “El rector del Cordillera me conoció por su hija, y me invitó a una feria del libro en el colegio. En el Tabancura fui recomendado por Andrés Baeza (coautor del libro XIX. Historias del siglo diecinueve chileno, uno de los libros históricos más exitosos)”. En este momento, Olivares está dibujando un mural en uno de estos colegios, que será una sorpresa para los alumnos cuando vuelven a clases.

Junto con sus actuales proyectos, Christian termina un Magíster en Humanidades y está considerando estudiar, a sus 35 años, Licenciatura en Historia. “La historia me está gustando más que el dibujo, quizás derive en eso. Pero el objetivo sigue siendo hacer historia en cómic”.