Casi un tercio de los niños en Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España viven en situación de pobreza o están en riesgo de caer en ella, dio a conocer la organización Cáritas. Las enormes cifras de desempleo juvenil lo avalan: en Grecia ha supero el 60%; en España, el 50% y, en Portugal, el 40%, […]

  • 15 febrero, 2013
Roma. Foto Flickr

Roma. Foto Flickr

Casi un tercio de los niños en Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España viven en situación de pobreza o están en riesgo de caer en ella, dio a conocer la organización Cáritas. Las enormes cifras de desempleo juvenil lo avalan: en Grecia ha supero el 60%; en España, el 50% y, en Portugal, el 40%, informa El Economista.

Este hecho amenaza con que más adelante se pueda producir una nueva crisis en Europa, tras el desgaste y a desmoralización de una “generación perdida”. Además, podría ralentizar la recuperación económica o bien revertirla.

En una región donde se vive de préstamos internacionales y cuyos jóvenes carecen de perspectivas de empleo, eventualmente los más calificados van a emigrar a otras zonas. En Alemania, por ejemplo, el número de españoles y griegos buscando trabajo se duplicó en el primer semestre de 2012.

“Esto no es solo un problema de los países periféricos; es un problema europeo”, afirmó el economista y analista Bruegel Zsolt Darvas. El profesional apunta a que las cifras de desempleo juvenil en 13 de los 27 estados miembros de la Unión Europea supera el 25%.

Las políticas de austeridad de estas economías afectadas, basadas en el recorte de gastos y el aumento de impuestos, ha influido en el empobrecimiento de los menores. “Que los niños tienen un mayor riesgo de pobreza que cualquier otro grupo demográfico se ha convertido en un hecho establecido”, dijo Deirdre de Burca de Cáritas.

Los niños que viven en familias con ingresos del 60% o menos del promedio, que tienen padres con escaso o nulo empleo o les hace falta una serie de recursos básicos como alimentos, calefacción y ropa, son considerados por esta organización como menores al borde de la pobreza.

Revise el artículo completo en El Economista.