Para el presidente de la Asociación Chilena de Seguridad, Eugenio Heiremans, cada día hay que hacer algo nuevo.

  • 9 junio, 2009

 

Se pregunta cada mañana el presidente de la Asociación Chilena de Seguridad. Como resultado, su fortaleza, convencimiento y experiencia siguen enriqueciendo la actividad empresarial y la discusión coyuntural. “Hay que hacer cosas diferentes todos los días”, dice a sus 85 bien trabajados años. Por Patricia Arancibia Clavel.

Una manera de saber qué tan joven o mayor es una persona consiste en averiguar si tiene más proyectos que recuerdos o más recuerdos que proyectos. Es una fórmula simple, pero eficaz. No falla. Lo comprobé conversando con don Eugenio Heiremans Despouy, que a los 27 años fue presidente de ASIMET y hace ya medio siglo desempeñó la presidencia de la Sofofa. Hoy, contando con 85 bien trabajados años a su espalda, sigue en la vanguardia de la actividad empresarial a la cabeza de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS).

Estudió en los Padres Franceses –el colegio ubicado en la Alameda de Santiago, por cierto– cerca de la casa de sus padres, en el barrio que por entonces era el sector más tradicional de Santiago. El segundo ciclo de las humanidades lo cursó en la Escuela Naval. No fue a la universidad porque, como veremos, el destino le obligó a asumir graves responsabilidades a una edad temprana.

En efecto, su abuelo, un belga de sangre flamenca llamado Amadeo Heiremans Vaerman, había emigrado “con lo puesto” a nuestro país a fines del siglo XIX, haciendo fortuna al levantar la primera fábrica que produjo aquí los repuestos que necesitaban los ferrocarriles, los molinos y la incipiente industria nacional. Ese fue el origen de Elecmetal. También incursionó en otros negocios y con Pascual Baburizza –sí, el del palacio en Valparaíso– crearon la Sociedad Ñuble y Rupanco, con tierras en Osorno, Ñuble y Vallenar, orientada a la exportación de frutas a Europa. Fueron, probablemente, los primeros en comprender que el futuro de la agricultura estaba en el ancho mundo. Tan bien le fue, que regresó a Bélgica con el sueño del emigrante a América cumplido… pero la nostalgia pudo más y regresó a Santiago, donde en señal de arraigo construyó una gran casa.

Dicho sea de paso, ese inmueble, ubicado en avenida República 475, ha sido un excepcional testigo de los flujos de la historia reciente de nuestro país. Ahí habitó la familia Heiremans hasta 1944, año que falleció don Amadeo. Sus herederos lo vendieron al gobierno español, el cual lo utilizó para instalar allí su embajada. Más tarde pasó a la Universidad de Chile, y después sirvió de cuartel general a la dirección de la DINA. Ahora es la sede del Museo Salvador Allende.

El padre de don Eugenio fue Oscar Heiremans Brockmann, ingeniero que, luego de trabajar un tiempo en Estados Unidos, se hizo cargo de la gestión de la empresa familiar. Pero, además, fue profesor de la Universidad de Chile, su alma mater, donde introdujo los estudios de administración de empresas. Por desgracia, falleció repentinamente, y por eso su hijo Eugenio no tuvo tiempo de estudiar ingeniería, como habría sido natural. Siendo, pues, extremadamente joven, se hizo cargo de Elecmetal.

Con la amabilidad y lucidez que lo caracterizan, me recibe en su sobria oficina de la Asociación Chilena de Seguridad, en Vicuña Mackenna, y responde mis preguntas con ese poder de síntesis con que se expresan los hombres de acción. El cigarrillo le ha jugado una mala pasada y lo tiene obligado a utilizar un balón de oxígeno que lo incomoda, pero que no lo limita en lo absoluto.

Pensando en lo que él ha visto y experimentado en una vinculación tan larga con el desarrollo de las empresas chilenas, le pregunto a boca de jarro:

-¿Cuáles han sido los momentos más difíciles que, como empresario, ha tenido que afrontar?

-Yo diría que los años más difíciles fueron los del gobierno de Eduardo Frei padre –responde sin titubear–.

-¿Ah, sí? ¿Por qué?

-Porque ahí se desarmó, desde el gobierno, al eje que había centrado al sector productivo durante muchos años. Y no se le reemplazó por otro al menos tan eficaz como el que se había destruido. ¡Hasta se modificó la Constitución para relativizar el derecho de propiedad! Con esa medida se paralizó la inversión en Chile.

-Así de grave…

-Sí. Lo que vino después, la debacle con la Unidad Popular, no fue sino la consecuencia lógica del proceso que puso en movimiento la Democracia Cristiana.

-Durante la Unidad Popular usted se distinguió en la defensa de la libertad desde la trinchera gremial. Con especial admiración se suele recordar la lucha que dio la Papelera para evitar su estatización… ¿Por qué estuvo siempre tan cerca de don Jorge Alessandri?

-Yo tuve una estrecha amistad con don Jorge. Perdí a mi padre siendo yo muy joven, entonces me allegué mucho a él y fuimos muy amigos hasta su muerte. Él me aconsejaba en todo y yo le pedía consejos prácticamente sobre todo. Fue un privilegio haber estado tanto tiempo cerca de una persona tan inteligente, tan notable y tan patriota.

 

La mirada económica

-El tema del último semestre, y seguirá siéndolo quizás por cuánto tiempo, es el de la crisis financiera internacional. Usted ha vivido muchas crisis de parecida gravedad a lo largo de su trayectoria, ¿qué opina frente a quienes sostienen que ahora, como consecuencia de lo ocurrido, el sistema económico tiene que ser cambiado radicalmente?

-Difiero de eso. Yo creo que la crisis actual, evidentemente, ha demostrado que había ciertas costumbres o ciertos procesos con que se manejan los recursos económicos que necesitan otra orientación; pero creo que el sistema está bien asentado y es bueno que siga funcionando sobre los mismos principios.

-Uno de los temas de que usted se ha preocupado permanentemente en su labor empresarial es el del capital-trabajo. ¿Cuál es el papel que debe jugar el empresario frente al desempleo y la crisis que están viviendo muchos trabajadores?

-Yo creo que tiene que hacerse un análisis muy profundo de las medidas que se toman frente a esta emergencia, porque en primer lugar está el derecho de los trabajadores y, en segundo lugar, está la dificultad de formar gente que conozca bien su oficio. Por lo tanto, son dos cosas que se combinan.

-¿Usted piensa que el gobierno actual está haciendo bien esa tarea?

-No. Definitivamente, no.

-¿Cuáles serían las medidas que debían tomarse para mejorar la situación, no sólo del empleo sino en general?

-Me parece que una de las cosas fundamentales es buscar la forma de crecer en forma intensiva. Ahora, hay que ser muy consciente de la dificultad de reemplazar trabajadores, por lo tanto yo creo que las empresas tienen que tener muy claro que una de sus buenas inversiones es mantener su personal, aunque no tenga la carga de trabajo suficiente. Ahora, obviamente que esto tiene límites.

-Don Eugenio, usted ha sido un defensor bastante pertinaz de la empresa privada pero, ¿usted le da algún valor al papel del Estado en la economía?

-¡Por supuesto! Y fundamental. No hay ninguna duda de que es el Estado quien da la pauta y el que debe manejar las cosas en forma tal que pueda garantizar que el proceso económico y social sea justo y de progreso.

 

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-¿No ve usted una lucha entre el rol que juegan los privados y el que juega el Estado en la economía?

-Yo no sé si diría una lucha, pero sí diría que hay un poco de desconocimiento del sector público sobre cuáles son las verdaderas necesidades de la empresa para su crecimiento y desarrollo.

-En el año 1959, usted fue presidente de la Sofofa. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

-Una de las cosas fundamentales que han cambiado es la importancia que el gobierno les da a estas instituciones. Yo creo que hoy día hay mucha más relación y mucho más diálogo. Antes –hace medio siglo– las cosas se resolvían más bien por políticas partidistas. Yo creo que esa es una de las grandes diferencias. Ahora, por otro lado también, creo que es un hecho muy importante que el Estado está consciente de que no debe ser inversor en empresa, sino que debe fomentar en la empresa. En eso se han hechos progresos muy grandes y prácticamente todos los sectores están en esa línea, en esa política.

-Pero así y todo, seguimos escuchando ciertas voces que no entienden el verdadero rol del empresariado. ¿Cómo podemos superar esa permanente distorsión que algunos sectores políticos aún tienen del rol del empresariado?

-Una de las cosas que a mí me inquieta en la actualidad es la falta de comunicación y contacto que existe entre el independiente –que es la inmensa mayoría del país– y los partidos políticos. Antes había más contacto, un contacto más fluido. En tiempos de elecciones, por ejemplo, prácticamente todo el mundo, de una u otra forma, se metía, se involucraba. Hoy día son mundos separados, que prácticamente no tienen diálogo.

-¿Ha sido la Sofofa una buena instancia para esos diálogos?

-Yo creo que la labor que ha hecho la Sofofa en los últimos años ha demostrado que es posible establecer un diálogo con el sector trabajador y que éste sea constructivo.

-Le he oído decir muchas veces que uno de los grandes defectos del chileno en general es no tener visión a largo plazo…

-Es cierto, pero ese defecto se encuentra menos acentuado en el mundo empresarial. Y es que la misión fundamental del empresario es pensar en largo plazo. La dirección de las empresas requiere que haya una proyección hacia el futuro, muy claramente definida como primera condición –a mi juicio–de la empresa. En eso hay que hacer los mayores esfuerzos.

-¿Cómo está funcionando la ACHS?

-Muy bien.

-¿Es su “chiche”, no?, donde usted ha puesto toda su energía, toda su fortaleza, ¿cuál es la varita mágica que explica el éxito?

-En realidad es el encuentro entre los empresarios y los trabajadores en objetivos comunes, como son la prevención de riesgos, la salud. Esa es la gran fortaleza de la institución.

 

En el plano político

-Hace poco participó en la reunión que el CEP organizó con Sebastián Piñera, ¿cómo evalúa su propuesta?

-No pude estar mucho rato, pero me pareció una exposición muy seria. La parte económica estuvo muy bien presentada y sin ninguna demagogia. Fue una buena exposición la que hizo Piñera.

-¿Y qué le ha parecido el surgimiento de una candidatura paralela a la de Frei?

-Bueno como decía antes, hoy en día hay una separación entre el mundo privado y el mundo político. Antes, esa relación existía, era mayor y para que hubiera aparecido una candidatura como la del señor Enríquez-Ominami tendría que haber habido una manifestación muy clara y numerosa de parte del electorado. En cambio, hoy día son decisiones más individuales. En el fondo, nada nos puede llamar la atención en estas cosas.

-¿Qué consejos les daría a los jóvenes emprendedores, después de su larga experiencia en este ámbito?

-Lo importante es tener posibilidades o buscar las posibilidades de desarrollo y progreso, porque éstas siempre existen. Yo noto una tendencia en la juventud a ser pechadora, más proyectiva. Yo diría que, por lo menos desde hace diez años, ha habido una verdadera revolución de empresarios jóvenes, con mucho conocimiento, con mucha preparación y que han logrado salir adelante. O sea, éste ha sido un período mucho más intensivo que los anteriores, a mi juicio.

-Su familia y su trabajo han sido dos pilares fundamentales de su vida. ¿Como se está organizando hoy en día?

-Hoy, por ejemplo, estaba en la oficina a las 8:30 AM. Con mis 9 hijos mantengo mucho contacto. Nos hablamos con frecuencia y almorzamos juntos todos los sábados. Tengo 40 nietos, por lo que no es mucho el trato personal que puedo tener con cada uno de ellos, como quisiera. Pero en los veranos nos reunimos todos.

-¿Hasta qué hora se queda trabajando?

-Si no tengo algún compromiso especial, hasta las 20:00 horas.

-Con esa rutina, ¿qué pasa con los amigos, con los amigos ausentes y con los amigos presentes?

-Los amigos ausentes son muchos desgraciadamente, porque como yo soy viejo se han ido muriendo muchos. Ahora, a medida que pasan los años, hay una tendencia a relacionarse menos, se sale menos. Yo diría que uno se va transformando en un solitario con el paso de los años.

-¿Qué lo hace estar tan activo y animoso?

-Creo que es el convencimiento de que hay que hacer cosas diferentes todos los días. Yo tengo una costumbre: cuando entro a mi oficina –e imagínese los años que llevo trabajando– siempre me pregunto, ¿qué cosa nueva voy a hacer hoy día?