En medio del huracán político que lo azota, el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, intenta, como sea, salir lo menos lesionado posible. Pero no es fácil. Conminado a dar explicaciones, ha insistido en que durante toda su vida ha actuado con transparencia e incluso expresó que estaba dispuesto a “comentar” los informes de sus polémicas […]

  • 24 abril, 2015

Rodrigo Peñailillo

En medio del huracán político que lo azota, el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, intenta, como sea, salir lo menos lesionado posible.

Pero no es fácil. Conminado a dar explicaciones, ha insistido en que durante toda su vida ha actuado con transparencia e incluso expresó que estaba dispuesto a “comentar” los informes de sus polémicas asesorías, afirmando que si era necesario, los entregaría al SII.

Es lo más lejos que ha llegado, luego de que la tormenta desatada por el caso SQM lo alcanzara directamente cuando su supo que había entregado facturas a la empresa del recaudador de la campaña de Michelle Bachelet, Giorgio Martelli, la que le facturó Salar, filial de Soquimich.

La información fue un golpe, pero no una sorpresa. Porque era sabido que, más temprano que tarde, los efectos del caso SQM podrían aterrizar en La Moneda.

Lo que sí sorprendió, aumentado el impacto, fue la inesperada reacción del ministro, quien de inmediato salió a defenderse, argumentando que los pagos correspondían a trabajos que realizó como profesional. Pero ni en ese momento, ni tampoco ahora que se muestra dispuesto a comentarlos, ha precisado con exactitud en qué consistieron.

Cuestionado desde que estallaran los distintos escándalos que han producido la crisis de credibilidad en el país, la imagen de Peñailillo quedó en entredicho, situación que empeoró cuando aparecieron otras boletas entregadas a la misma empresa por dos de sus asesores más estrecho, como Robinson Pérez, o Humberto Cucumides, a las que se suman las de dos cercanas a Bachelet, su amiga Estela Ortiz, y su prima Alicia Galdames Jeria, todos los que coincidieron trabajando en la campaña presidencial de 2009.

 

Dudas de la versión
Con ese solo antecedente, la explicación entregada por el jefe de gabinete, la que respaldó después el vocero Álvaro Elizalde, de que se trata de personas que realizaron distintos trabajos para la empresa de Martelli, no ha resultado creíble. Tanto es así que las dudas no han surgido sólo desde la oposición, como lo ha planteado con fuerza Evelyn Matthei, sino también desde las filas del propio oficialismo, donde reconocen que la situación al menos es confusa, por lo que requiere ser aclarada.

Con preocupación, al interior de la Nueva Mayoría perciben que la defensa que ha hecho el gobierno – de la que incluso se hizo eco la Presidenta al justificar los trabajos con el argumento de que era legítimo porque muchas personas quedaron cesantes- pueda desmoronarse si es que, como temen, continúan apareciendo nombres de personeros de gobierno que formaron parte del comando bacheletista.

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