Cuando se presenta una crisis, hay que saber que tipo es.

  • 27 noviembre, 2008

 

 
El abecedario de la crisis
a que tipo de crisis nos enfrentamos
Chile: ¿Recesión o no recesión?
opinión de Guillermo Tagle
El nuevo (des)orden financiero internacional
Bienvenido al far west
el nuevo orden mundial

 

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El abecedario de la crisis

Los expertos se debaten para Chile entre un frenazo que discurrirá en V, en U o en L: la parte baja de cada una de esas letras corresponde a la duración que tendrán los meses más fríos de la crisis. Francisco Rosende, Carlos Massad, Patricio Arrau y Tomás Flores aceptaron el desafío de pronosticar qué tipo de crisis tendrá el país y, de paso, dan algunas recetas para enfrentarla. Por Alejandra Rivera.

Ya casi no es novedad afirmar que Estados Unidos está recesión y ya tenemos constatado que los colosos europeos y asiáticos viven el mismo proceso. Así las cosas, está fuera de discusión el carácter mundial de la actual crisis y, como bien sabemos, cuando llueve todos se mojan.

En Chile, cuál más cuál menos, hemos venido escuchando en las últimas semanas que el país está preparado para enfrentar los embates económicos, gracias a los suculentos ahorros fiscales conseguidos en tiempos de vacas gordas. Sin embargo, las estimaciones se han venido corrigiendo sistemáticamente a la baja.La última de carácter oficial corresponde a una actualización extraordinaria de los escenarios contenidos en el Ipom (Informe de Política Monetaria) de septiembre, tras los cuales ya se habla de un PIB expandiéndose entre 2% y 3% el próximo año.

Eso en la vereda oficial, porque en el mundo privado las estimaciones se mueven en rangos más amplios y con pisos más bajos. Como sea, a estas alturas lo único cierto es que todos los pronósticos son más bien aventurados, algo así como apuestas casi al azar y que seguirán oscilando en la medida en que sigan saliendo a la luz nuevos datos de proyectos e inversiones postergados; dificultades para obtener créditos, desvinculaciones, cierres de plantas y bajas en las ventas.

La crisis se siente, qué duda cabe. Lo que todavía no sabemos es de qué tipo será. En EE.UU., en todo caso, hay quienes dicen tener las cosas más claras. Nouriel Roubini, profesor de la escuela de negocios de Stern de la Universidad de Nueva York, y quien fuera asesor del gobierno Bill Clinton, sostiene por ejemplo que la recesión se prolongaría entre 18 y 24 meses, dando paso a un estancamiento de muchos años. Habrá que ver, puesto que Roubini fue uno de los pocos que vaticinaron la crisis.

 

 

Crisis, recesión y depresión

Aclarado el punto sobre la magnitud estadística del frenazo, digamos que los expertos suelen clasificar las crisis con las letras V, U y L, como forma de graficar la curva. La V ilustra una caída brusca, seguida de una rápida recuperación. Un ejemplo de este tipo de crisis fue la asiática (1997-1998), que se inició con la devaluación de la moneda tailandesa y que tras ejercer un efecto dominó en otros países de la región, como Malasia, Indonesia, Filipinas, Taiwán y Corea del Sur, tuvo un rápido rebote. Eso en Asia, porque en Chile la recuperación fue más lenta.

La U supone un ciclo de caída menos brusco, proceso que da paso a un período relativamente largo de estancamiento, al cabo del cual se vuelve a repuntar paulatinamente. Un ejemplo fue la crisis económica chilena de los 80.

La L grafica una caída abrupta y profunda, con un horizonte de salida incierto y con una recuperación muy lenta, como la depresión de 1929.

Este sería, por decirlo de algún modo, el abecedario de la crisis: un abecedario en torno al cual los expertos aún no se ponen de acuerdo. Con todo, en lo que sí hay consenso es que no se ven condiciones para que Chile entre en una recesión. Que habrá caída, habrá. Que las cosas se pondrán frías, por cierto. Lo que no sabemos es cuánto durarán las temperaturas bajas.

 

 

 

“V o U, depende de las expectativas”
Francisco Rosende, decano facultad Economía de la UC


Una buena respuesta en economía siempre parte con depende, dice Francisco Rosende, decano de la facultad de Economía de la Universidad Católica. Y es que para el economista la amplitud y la magnitud de la crisis dependerán exclusivamente del escenario externo y de cómo reaccionen las autoridades. “La combinación de ambos factores va a determinar el tipo de crisis”. Se resiste a optar por sólo un escenario probable, aunque se inclina a pensar en que será en V o en U, y en ningún caso en L, porque “tenemos un buen margen de maniobra, que hay que usarlo bien”.

Pese a que tiene una buena valoración de lo que el gobierno ha hecho hasta ahora, confiesa que está pesimista porque las decisiones se tomarán en un escenario electoral. “La política lo va a enredar todo”, vaticina.


Proyecciones 2009

CRECIMIENTO: depende de las expectativas, pero podría situarse en un rango de 0% a 2%.

INFLACION: es probable que la contracción que se está viendo en la demanda lleve a una inflación más baja que la de este año. Ahora, cuánto más, depende de la autoridad.

DESEMPLEO: en torno al 10%. Al estar en año electoral habrá una presión más intensa por aumentar el gasto fiscal en proyectos que generen empleo.

TIPO DE CAMBIO: está muy alto y se va a quedar así por un tiempo, porque la gente todavía cree que el dólar es una moneda estable. Entre 600 y 615 pesos.

IMPUESTOS: hay que configurar un sistema eficiente de impuesto al gasto más que al ingreso, de manera de estimular la inversión y el ahorro. Y ahí, el primer candidato a bajar no es el IVA.

GASTO FISCAL: lo óptimo sería un crecimiento en torno al 2%, es decir, un crecimiento que pueda permitir al Banco Central sostener una tasa de interés más baja que hoy.

ESCENARIO POLITICO: las elecciones serán clave. Ya se están viendo discusiones que introducen incertidumbre en torno a la propiedad privada y hay senadores que han hablado de nacionalizar el agua y las AFP.

RECOMENDACIONES: una combinación de tasas de interés bajas y tipo de cambio real alto. Junto con esto, habría que expandir la oferta, pensar en esquemas tributarios más amistosos y flexibilizar el salario mínimo hasta los 25 años.

 

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“Chile no va a tener una crisis”

Carlos Massad,ex presidente del Banco Central


Carlos Massad es optimista. No cree que Chile entre en una crisis, porque el crecimiento no será negativo –sino marginal–, y porque tiene la esperanza de que las medidas que los países están adoptando puedan acortar la crisis externa. De hecho, espera que la economía mundial se levante después del 2009.

“Chile está bastante bien fortalecido para evitar una caída brusca del producto en términos absolutos. Hablar de crisis en el contexto de que vamos a tener un reventón de caída en el PIB es un error, es animar a los más pesimistas”, dice.

Es más, el economista comenta que el próximo año habrá un déficit fiscal importante que se podrá enfrentar con los recursos acumulados en ocho años de política anticíclica sin tener que recurrir al endeudamiento externo.


Proyecciones 2009

CRECIMIENTO: marginal.

DESEMPLEO: va a haber una desocupación más alta. Actividades muy intensivas en uso de mano de obra, como la construcción, sufren más en estas condiciones. A esto se suma el desempleo de la industria salmonera, producto del virus ISA. Podría llegar a dos dígitos.

IMPUESTOS: es necesario revisar en el largo plazo el sistema tributario, para elaborar un sistema pro-empleo y procrecimiento a través de la creación de un consejo con participación múltiple, que estudie técnicamente el tema y que busque un consenso.

TIPO DE CAMBIO: en el corto plazo, el tipo de cambio nominal se va a mantener alto, entre 600 y 700 pesos, pero volverá a mostrar una tendencia a la baja después del primer trimestre.

INFLACION: hay mucha inercia debido a la reajustabilidad automática de muchos precios y salarios, de modo que no hay que descuidar el tema inflacionario. Espero que la inflación medida por el IPC baje, pero la inflación más permanente demorará en hacerlo.

GASTO FISCAL: si se aumenta el gasto, debería ser muy focalizado. Es la oportunidad de ejecutar algunos proyectos públicos, hay recursos y hay una necesidad de enfrentar el desempleo.


“Vamos a tener una desaceleración en U”

Patricio Arrau,presidente de Gerens


El presidente de la consultora Gerens, Patricio Arrau, dice que Chile tiene una economía pequeña y que, por lo tanto, lo que va a afectar verdaderamente a la situación del país es “la profunda contracción de crédito interna que estamos viviendo”. Por ello, considera clave lo que haga el ministerio de Hacienda para revertir esta situación, como promover alternativas de financiamiento. De hecho, concuerda plenamente con la propuesta del gobierno de capitalizar el BancoEstado, porque “en una situación de crisis como la actual, hay que usar todos los instrumentos de apoyo al crédito interno que tiene el Estado”.

“Bajo condiciones normales he sido partidario de privatizar el BancoEstado, pero todavía no tenemos una banca competitiva en segmentos de mediana y pequeña empresa. Hay que apoyarlas, porque están sufriendo una contracción del crédito que podrían profundizar la caída de la demanda interna y el desempleo”, afirma Arrau.

El economista evalúa bien la rapidez con que ha actuado la autoridad, pero no está tan seguro de que se pueda bajar la contracción de crédito de una forma rápida. De ahí que considere que Chile tendrá una desaceleración en U. “La contracción de crédito es más profunda de lo que se cree”.


Proyecciones 2009

CRECIMIENTO: en torno a 1%.

INFLACION: 4%, incluso menos.

DESEMPLEO: podríamos llegar a dos dígitos.

TIPO DE CAMBIO: entre 600 y 620 pesos.

GASTO FISCAL: si la demanda interna sigue bajando, soy partidario de lanzar un paquete fiscal en marzo, para infraestructura y subsidios para vivienda inferiores a 2 mil UF.

IMPUESTOS: eliminar el impuesto de timbres y estampillas. Y si la situación lo amerita, consideraría a partir de marzo una rebaja transitoria del IVA para apoyar la demanda interna.

ESCENARIO POLITICO: las autoridades económicas ya han demostrado que van a hacer lo que la economía necesita.

RECOMENDACIONES: baja inmediata de la tasa en 50 puntos base. Esto, más las medidas de relajamiento, ayudaría al refinanciamiento de algunas empresas.

“Una crisis en V con una recuperación lenta”
Tomás Flores,director de estudios de Libertad y Desarrollo


El director de estudios de Libertad y Desarrollo, Tomás Flores, señala que la crisis que viviremos será una variante de V, es decir, una caída brusca pero con una recuperación más lenta, porque “Chile está mucho mejor preparado que para la crisis asiática. Tanto el sector público como el privado tienen más recursos y nuestra canasta comercial está más centrada en China, que es el único país que va quedando con crecimiento”, explica.

Pero este no es el único factor que incide en la recuperación. Flores sostiene que las decisiones que se tomen durante la caída también afectarán al repunte, y en este sentido, valora las medidas tomadas. “La tasa de interés se ha mantenido y el gobierno ha hecho un gran esfuerzo por mantener la liquidez”.

Para el economista, la oportunidad de la crisis está del lado de los exportadores del sector agrícola, quienes se verán beneficiados con un tipo de cambio alto porque podrán competir con productos más baratos, tal como ocurrió con el vino chileno durante la crisis asiática. Sin embargo, le preocupan los posibles escenarios proteccionistas que puedan surgir y, por ello, es partidario de que la cancillería use los tratados de libre comercio y evite que las puertas se empiecen a cerrar.

Proyecciones 2009

CRECIMIENTO: 2%.

INFLACION: 5%.

DESEMPLEO: entre 8,8% y 9,5%. Depende de cómo reaccione la fuerza de trabajo secundaria (mujeres y jóvenes). Si este grupo percibe que es una pérdida de tiempo buscar trabajo, quedaría fuera de la estadística.

TIPO DE CAMBIO: depende del precio del cobre, el que podría situarse entre 1,8 y 2 dólares la libra, lo que estabilizaría el dólar en 650 pesos.

GASTO FISCAL: hay que intensificar la inversión en infraestructura, aprovechando que hay insumos más baratos y que las constructoras tienen espacio para afrontar proyectos de obras públicas por la caída del sector inmobiliario.

IMPUESTOS: bajar el impuesto de timbres y estampillas para compensar el aumento del costo del crédito y reducir el impuesto a las empresas que reinviertan sus utilidades.

RECOMENDACIONES: bajar paulatinamente la tasa de interés en la medida en que la inflación vaya cayendo. Tipo de cambio alto e incentivos tributarios a la inversión.

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Chile: ¿Recesión o no recesión?

Si todo el mundo desarrollado entra simultáneamente en un periodo recesivo, es poco probable que Chile resulte ileso, con crecimiento positivo. Por Guillermo Tagle.

Hacer pronósticos en medio de una tormenta se ha vuelto cada vez más difícil. La triple crisis por la cual actualmente atraviesa la humanidad ha descolocado a prácticamente todos los analistas del mundo. Triple crisis, porque lo que partió como una desaceleración natural de la actividad económica a fines del 2006 (por su efecto en el sector inmobiliario de EE.UU.) desencadenó una crisis financiera global, la cual a su vez (por su impacto en los mercados de capitales), ha terminado por provocar una profunda crisis de actividad en el sector real de todas las economías del planeta.

Estados Unidos, Europa y Japón se encuentran ya en recesión. A pesar de ello, los pronósticos de crecimiento “oficiales” para el 2009 mantienen cifras positivas en el agregado mundial, que en buena forma se sostienen en la expectativa (o esperanza) de que el mundo emergente (China, en particular), mantenga un ritmo razonable de crecimiento. Esto, a pesar de que la evidencia más inmediata indica al mes de octubre una reducción de 25% en el volumen de exportaciones saliendo de China, respecto de igual mes del año anterior.

En Chile, en una acción inédita, el Banco Central actualizó sus proyecciones de crecimiento e inflación para 2009, respecto de lo que se había recién publicado en el IPOM de septiembre. Con un ajuste a la baja en la tasa de crecimiento esperado para 2009 se estableció una expectativa aún positiva, de entre 2% y 3%, para el año próximo. Sin embargo, siendo tan grandes y rápidos los cambios que están aconteciendo en la economía mundial, tan alta la volatilidad de las bolsas, del precio del cobre, del petróleo y de los alimentos, es perfectamente posible que en cuatro o seis semanas tengamos que dibujar nuevamente el panorama económico del año que viene.

En efecto. Falta resolver el dilema de la industria automotriz y completar la ejecución del rescate financiero en EE.UU. Son miles os bancos de la principal economía del mundo que deben pasar aún por una restructuración que les permita ser viables. Las acciones originales de la mayoría de los grandes bancos que se han visto involucrados en problemas tendrán que perder casi todo su valor, para luego ser rescatadas con aportes de capital del Estado o nuevos inversionistas privados. Falta también encontrar una solución al problema de los deudores hipotecarios y el sistema financiero del mundo tendrá que ser re-dibujado. La Unión Europea tiene que probar si ha llegado a la edad adulta, resolviendo sus necesidades financieras entre países como si éstos fueran sólo una nación que sostenga al euro como moneda única. En definitiva, la lista de temas pendientes de solución es más larga de lo que este espacio permite.

En la nota positiva, la acción concertada y comprometida de las autoridades monetarias de Europa, el Reino Unido y EE.UU. se suma a los programas de reactivación económica anunciados por algunas economías emergentes, provocando la mayor inyección de liquidez al sistema monetario mundial de que se tenga registros en la historia. Esta acción de política monetaria ha logrado devolver el flujo al mercado del crédito y, aunque todavía con elevada volatilidad, ha permitido recuperar gradualmente la confianza en los sistemas de pago internacionales.

¿Tendremos o no una recesión en Chile? La evidencia disponible hasta hoy indica que lograr una tasa de crecimiento positiva, en el rango que señala el Banco Central, se sostiene por el efecto que generan la expansión del gasto público y la reducción de las importaciones (que resultarán de la depreciación del peso). Sin embargo, a pesar de estas proyecciones positivas, la temperatura ambiental en Chile y el mundo es de máxima incertidumbre y cada día se agregan noticias más complejas. Si todo el mundo desarrollado entra simultáneamente en un período recesivo, es poco probable para Chile resultar ileso, con crecimiento positivo. El 2009 será un año para dar gracias por la disciplina con que fueron ahorrados los excedentes fiscales, que generó la bonanza del cobre. El uso ordenado y bien focalizado de esos recursos, para apoyar y fortalecer sectores de la economía más afectados por las circunstancias, será determinante en el resultado final que Chile pueda mostrar al mundo, en un año como 2009 que quedará registrado como uno de los más difíciles de la historia económica contemporánea.

El autor es director ejecutivo IM Trust

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El nuevo (des)orden financiero internacional
Bienvenido al far west

Es un hecho. La crisis económica dejó en entredicho la capacidad de alerta y reacción de los organismos internacionales. Los países emergentes acusan a los grandes y demandan ahora más protagonismo. Los europeos quieren desbancar a Estados Unidos de la hegemonía financiera internacional y desde Medio Oriente surgen nuevas potencias de la mano de años de ganancias petroleras. Es el nuevo orden que se manifiesta, pero que aún carece de un liderazgo claro y de un norte seguro. Por Claudia Heiss.

 

Descarga el audio aquí.

 

Qué duda cabe, el orden económico internacional está cambiando y nosotros somos los testigos a distancia. Lo que no sabemos con certeza es la dirección precisa de este cambio, ni quiénes serán los invitados a establecer el nuevo orden. La reunión del Grupo de los 20 (G-20), efectuada hace pocos días en Washington D.C., llegó a concebirse como un “Bretton Woods II”, algo así como la Meca en lo que a redefinición de las bases del sistema financiero internacional se refi ere. Sin embargo, tras seis horas de discusión, el encuentro terminó con una desabrida serie de declaraciones de intenciones que no alcanzan a marcar un punto de quiebre en la actual crisis financiera.

 

 

 

 

En resumen, la esperada reunión sembró más expectativas que resultados. Mientras el New York Times destacó la imposibilidad de alcanzar acuerdos sustantivos en la cumbre, el Wall Street Journal señaló que ahora la pregunta no es si los grandes poderes económicos podrán enfrentar la crisis, sino que hasta qué punto podrían empeorarla. En un ambiente tenso, los principales líderes del mundo decidieron postergar las grandes decisiones para 2009 ¿Por qué? Simplemente, porque –aunque nadie lo mencionó– faltaba el actor principal a esta cita: el presidente electo Barack Obama.

Los rituales y declaraciones en torno a la reunión del G-20 demuestran un giro en las correlaciones de poder en el mundo. Aunque la magnitud de estos cambios es incierta, pocos dudan que el actual ordenamiento institucional global tiene sus días contados.

G5, G7, G8, G20, G-¿N?

La historia se remonta al fin de la Guerra Fría, cuando el colapso de la Unión Soviética dejó a Estados Unidos como principal superpotencia militar y a un grupo de países en Europa y Asia como actores económicos relevantes, aunque sin una estrecha coordinación. A nivel político, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas perdió su capacidad de representar este nuevo orden internacional y, aunque durante gran parte de la década de los 90 fue el único instrumento de gobernabilidad global, surgieron numerosas propuestas para reformarlo. Potencias emergentes como India y Brasil empezaron a demandar participación en esta esfera de decisión.

La incapacidad de las principales potencias para lograr acuerdos en el marco de Naciones Unidas había llevado, años antes, al surgimiento de espacios alternativos de toma de decisión. En 1975, a propuesta del entonces secretario del Tesoro George Schultz, se reunieron los ministros de finanzas de cinco países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia e Inglaterra, a los que posteriormente se sumarían Italia y Canadá. A partir de 1998 se integró Rusia, conformándose lo que hoy conocemos como G-8.

Cumbres de jefes de Estado como las del G-8 se han transformado en instancias clave para el sistema internacional, por el peso económico de quienes allí se reúnen y por el tipo de agenda que se discute, y que incluye temas financieros, comerciales, ayuda para el desarrollo, seguridad alimenticia y medio ambiente, entre otros.

El Grupo de los 20

Creado en 1999, el G-20 tiene por objetivo discutir temas de economía global. Lo integran, en orden alfabético: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, República de Corea, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y un representante de la Unión Europea. En conjunto, sus miembros representan el 90% del PIB mundial y el 80% del comercio mundial. Desde su creación se han efectuado 10 reuniones. La de Washington D.C. es la primera que se cita en forma extraordinaria para alcanzar consensos sobre la crisis financiera internacional. Las próximas reuniones ya programadas se realizarán en Reino Unido, Kenia y Nueva Zelandia.

Sin embargo, una de las principales críticas que se ha formulado al G-8 es la exclusión de importantes naciones que tienen un significativo peso en la economía global, como China, India, Brasil y los países exportadores de petróleo.

La creciente necesidad de una adecuada coordinación entre naciones desarrolladas y potencias emergentes llevó en 1999 a crear el G-20, compuesto por el G-8 más once países emergentes y un representante de la Unión Europea .

Así, la cita que se desarrolló estos días en Washington D.C. no tiene precedentes en la historia del G-20 y apunta, definitivamente, a un cambio en las relaciones de poder. En vez de citar al G-8, frente a una situación de crisis se decidió incorporar en el debate a actores tan centrales como China, Arabia Saudita, República de Corea y Brasil. Pero el problema central con mecanismos informales de coordinación global como éste es su representatividad. Más de alguien se preguntará por qué incluir 11 y no 12 potencias emergentes o por qué invitar a Argentina, un país cuya fama financiera le persigue (y cuya presidenta se dio, incluso, el lujo de llegar retrasada a la fotografía oficial de mandatarios). La inclusión o exclusión de países depende tanto del peso estratégico y político que ellos tienen como del poder de veto de las principales potencias del mundo. Al igual que en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, existe un serio problema de legitimidad de origen en los actores que finalmente decidirán los destinos de la economía mundial en los años venideros.

La Cumbre de los 19 + Bush

Una de las grandes dificultades para concretar acuerdos en esta reunión fue la poca estatura política del anfitrión, George W. Bush, tanto por su inminente salida de la Casa Blanca, como por el escaso nivel de apoyo que detenta en su país. Y en realidad, más que a veinte potencias reunidas para discutir asuntos de economía global, la cita congregó a 19 países que buscaban respuestas por parte de Estados Unidos a una crisis que se inició precisamente en esa nación.

La presencia de Obama fue indirecta, al recalcar en una declaración efectuada el mismo día que se iniciaba la cita que se estaba frente al “desafío más relevante de nuestro tiempo” y que “esta crisis global requiere respuestas globales coordinadas”. Sin embargo, la cautela política de Obama llevó a evitar cualquier demérito al presidente saliente. Un encuentro bilateral con alguno de los jefes de Estado presentes en el cumbre hubiese sido interpretado como una señal hacia la actual administración y, fundamentalmente, hacia los mercados. El futuro gobernante enfatizó que “tenemos sólo un presidente a la vez y hasta el 20 de enero es George W. Bush”.

Quienes sí sostuvieron reuniones privadas con algunos de los jefes de Estado presentes en Washington D.C. fueron Madeleine Albright (ex secretaria de Estado de Bill Clinton) y James Leach (ex senador republicano); ambos, por expreso encargo de Obama. No hubo trascendidos sobre el contenido de estos encuentros, lo que refleja la preocupación del equipo del futuro presidente de no filtrar mensajes equívocos en medio de una crisis económica de proporciones.


El inicio de un nuevo (des)orden

El acuerdo de Bretton Woods, que sentó las bases del actual esquema financiero internacional, demoró proximadamente dos años en salir a la luz. La reunión de Washington D.C. podría considerarse como una primera aproximación a los temas a discutir por los países que representan gran parte del comercio mundial. El presidente francés Nicolas Sarkozy planteó que si bien la cita del G-20 era histórica, al poner en la discusión problemas estructurales del sistema económico internacional, la agenda no sería fácil de negociar.

Lo interesante de esta reunión fueron las actitudes de algunos de sus protagonistas. El presidente brasileño y otros representantes de países emergentes insistieron en destacar el agotamiento de espacios de negociación más restringidos, en referencia indirecta al G-8. Lula da Silva planteó la necesidad de una reforma estructural a las instancias multilaterales para incluir la presencia de nuevos actores, incluyendo por cierto a Brasil. El primer ministro de India, Manmohan Singh, por su parte, señaló que se convocaba a los países emergentes para resolver una crisis de la que ellos eran las víctimas y no los responsables. El peso de las soluciones y de los recursos debía, en su opinión, provenir de la primera potencia mundial.

Nicolas Sarkozy se preocupó de destacar la unidad de posiciones de todos los representantes europeos en la reunión, todos interesados –por cierto– en cobrar la cuenta a Estados Unidos por la crisis y conseguir un mayor protagonismo en el futuro nuevo orden financiero global (incluyendo, claro está, a su moneda única en relación al dólar). Uno de los principales puntos de fricción con Washington en lo inmediato será la insistencia europea en aumentar los controles sobre el sistema financiero, lo que ciertamente se ve con más resistencia en círculos de la Casa Blanca. No es casualidad que Sarkozy declarara que “no fue fácil convencer al presidente Bush” de avanzaren una agenda como la propuesta por Europa y algunos países emergentes.

Los temas que causaron mayor resistencia por parte de Estados Unidos fueron, primero, la necesidad planteada por franceses y alemanes de crear una agencia reguladora internacional, capaz de establecer controles en los aspectos financieros a nivel nacional. Tampoco se llegó a acuerdo respecto del rol que el Fondo Monetario Internacional debe asumir en la actual coyuntura. Aunque es conocida la necesidad de aumentar las condiciones de crédito para los países emergentes, no se llegó a un consenso sobre la materia. Los únicos compromisos concretos fueron el interés del gobierno de Japón de otorgar 100 mil millones de dólares al FMI (organismo que necesita una inyección de recursos y que, con este objetivo, ha apelado incluso a los voluminosos fondos árabes) y la declaración de intenciones respecto de que otras potencias asuman una actitud similar.

La reunión del G-20 fijó una hoja de ruta para comenzar a discutir una reforma al sistema financiero internacional. Tal vez el resultado más importante del encuentro sea precisamente definir los puntos que debe contemplar esta agenda futura: el fortalecimiento de los procesos de control y transparencia de los mercados financieros; establecer mecanismos de regulación prudentes; promover la integridad en los mercados financieros de modo de evitar conflictos de interés y manipulaciones ilegales; el fortalecimiento de regulaciones nacionales y regionales; y la reforma a las instituciones financieras internacionales de modo de incrementar su legitimidad y efectividad ante los mercados y la ciudadanía, incluyendo la necesidad de ampliar la representación de los países más pobres y de potencias emergentes.

En los próximos años se desencadenará una ronda de negociaciones que abordará estos y otros temas. La postura de Estados Unidos fue de cautela, en especial porque uno de los puntos más sensibles de la agenda es precisamente la forma en que se regularán los mercados a nivel nacional e internacional. En lo inmediato, Brasil, Reino Unido y la República de Corea quedaron con la misión de presentar un plan de acción el 31 de marzo de 2009. Por otro lado, los jefes de Estado del G-20 se volverán a reunir el próximo 30 de abril para evaluar las acciones emprendidas. Barack Obama tendrá 101 días para llegar a esa reunión preparado para responder por las acciones que ya debió haber emprendido para entonces.

En este contexto, el timing de las decisiones parece crucial. Para algunos analistas, lo que se requiere es un liderazgo decidido en lo inmediato para intervenir los mercados y reactivar las economías; es decir, ampliar el crédito y proveer de mayor liquidez al sistema financiero a fin de evitar la recesión. El hecho de que los líderes hayan postergado sus decisiones hasta fines de marzo podría ser interpretado como un signo de debilidad y falta de consenso. El problema de esta solución es que no deja claro quién asumirá las responsabilidades por eventuales nuevas pérdidas. Para la Unión Europea, por ejemplo, son los bancos los que deberían reservar dinero fresco para cautelar ciertas caídas. Los bancos en Londres sostienen que aquella medida hará el dinero efectivo más caro, desincentivando la posibilidad de ampliar el crédito.

En el intertanto, los signos de una recesión global se hacen cada día más evidentes. En Estados Unidos las grandes corporaciones han anunciado el despido de miles de trabajadores. Las compañías de automóviles han declarado que sin el apoyo del gobierno podrían reducir la producción generando más de tres millones de desempleadosen los próximos 12 meses. La recesión tocó las puertas de Alemania y Japón y ya se habla de nuevos países como España, Singapur y Reino Unido.

Los tiempos políticos parecen, una vez más, rezagados frente a los acelerados acontecimientos de una crisis económica internacional. Obama asumirá la presidencia de Estados Unidos en enero, el plan de acción de Brasil, Corea y Reino Unido quedará elaborado a fines de marzo y el G-20 se volverá a reunir a fines de abril. Pero mientras se cumplen esos plazos, cada semana suma nuevas economías en recesión.

Es poco probable que la reciente reunión del G-20 pase a la historia como el Bretton Woods II, como muchos auguraban. Sí puso en evidencia que el viejo Bretton Woods no refleja la realidad del mundo. El poder ascendente de los Estados Unidos de post guerra, a comienzos de la división bipolar del mundo de la Guerra Fría, no tiene nada que ver con el escenario actual, donde no sólo los europeos tienen algo que decir, sino también potencias emergentes como China, India y Brasil.

Si la multipolaridad puede parecer normativamente superior a los dictados de una potencia hegemónica, la multiplicidad de intereses diversos hace evidente que se trata de un escenario más caótico y de un desafío mayor de coordinación. El presidente electo Obama se ha comprometido a jugar un papel más conciliador con el resto del mundo que Bush. Aunque el país que le tocará gobernar no tiene el peso político ni el prestigio de los Estados Unidos de Roosevelt o Truman, su papel en el nuevo orden mundial sigue siendo crucial. Está por verse si Obama podrá manejar el complejo escenario internacional que plantea la construcción de un nuevo orden económico.

El viejo Bretton Woods

El acuerdo de Bretton Woods, que según muchos esta reunión del G-20 vendría a reemplazar, es el orden mundial que resultó de la Conferencia Monetaria y Financiera de Naciones Unidas realizada en julio de 1944 para lidiar con una crisis internacional que se arrastraba desde la entreguerra y a la que, en parte, se responsabilizaba por la Segunda Guerra Mundial.

Reunidos en un gran hotel del centro de esquí de Bretton Woods, en New Hampshire (EE.UU.), unos 700 representantes de 44 países acordaron un paquete de medidas de cooperación que incluía la creación del Fondo Monetario Internacional, el GATT (precursor de la OMC) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, precursor del Banco Mundial. Entre los objetivos del acuerdo estaba asegurar la convertibilidad de todas las monedas, facilitando el comercio internacional. El acuerdo proponía poner fin al nacionalismo económico, abriendo los mercados. Pero al mismo tiempo ofrecía ciertas normas comunes y un mecanismo de regulación a través del FMI.

Las potencias industrializadas se comprometían a rebajar sus barreras al comercio y al movimiento de capitales, y a la vez asumían la responsabilidad de gobernar coordinadamente el sistema financiero internacional.

A pesar de las numerosas delegaciones que participaron en Bretton Woods, en la práctica fue Estados Unidos quien llevó el pandero de la reunión y tomó las decisiones. La conferencia marcó el traspaso de la preponderancia financiera desde Europa a Estados Unidos.

Aunque abrió espacio al libre comercio, al contrario de lo que muchas veces se asume –en especial, al vincular Bretton Woods con el Consenso de Washington de fines de los años 80—, el acuerdo no fue un movimiento hacia el laissez faire, sino un esfuerzo de coordinación que tenía mucho de keynesiano. No en vano el representante del Reino Unido en la conferencia fue el propio Sir John Maynard Keynes.