Por: Antonieta de la Fuente Fotos: Verónica Ortíz Hace algunos meses en un seminario de energía organizado por Bloomberg en Nueva York, el ministro de Energía, Máximo Pacheco, recibió la siguiente pregunta: ¿por qué los chilenos andan de tan mal humor? No fue fácil para él dar una respuesta. Desde que volvió a Chile en […]

  • 15 octubre, 2015

Por: Antonieta de la Fuente
Fotos: Verónica Ortíz

pacheco

Hace algunos meses en un seminario de energía organizado por Bloomberg en Nueva York, el ministro de Energía, Máximo Pacheco, recibió la siguiente pregunta: ¿por qué los chilenos andan de tan mal humor? No fue fácil para él dar una respuesta. Desde que volvió a Chile en 2013, luego de una larga carrera ejecutiva que lo llevó a ocupar la vicepresidencia senior de la multinacional International Paper, el ingeniero comercial venía percibiendo un ánimo enrarecido en el país. Y ahora, después de darle varias vueltas al asunto, concluye: “Estamos atravesando un momento de profunda melancolía”.

“Tengo la impresión de que, como país, estamos en un terreno muy incómodo, como si estuviéramos atrapados entre la desesperación de no ser otro y la imposibilidad de ser uno mismo. Eso es melancolía pura”, dice. Cree que la única forma de salir es “abriendo nuevas perspectivas del futuro del país”. Es ahí donde, sostiene, la energía juega un rol decisivo. Cuenta que sus amigos “momios” lo retan cuando habla mucha maravilla de cómo está Chile, pero al mismo tiempo valora que, hasta ahora, los empresarios que llegan a su ministerio no parecen temerosos ni desconfiados. “Por lo menos, acá entran todos diciendo, ¿dónde pongo 10 luquitas?”.

-Usted ha recorrido Chile y ha estado en contacto con diversas comunidades. ¿Cree que el chileno es excesivamente desconfiado, como señalan algunas encuestas, y que esto puede ser un obstáculo para el desarrollo?

-Sí, el chileno es mucho más desconfiado que el promedio latinoamericano. Todos los estudios que tenemos de Latinbarómetro, que hace Mori, lo muestran. Y eso cuesta muy caro, es desgastador y al final le hace daño a nuestra convivencia social y a nuestra economía. Los países que crecen, evoluciona y se desarrollan son aquéllos donde hay instituciones sólidas y relaciones de confianza. Y por eso no me canso de enfatizar la importancia que tiene: uno, hablar con la verdad; y dos, cumplir los compromisos. No hay nada que produzca más daño a la confianza que sentirse que a uno lo han engañado o que le prometieron algo y no le cumplieron.

[box num=”1″]

-¿Será que tenemos muchos traumas y que la gente carga con esta sensación de insatisfacción?

-Mire, yo no soy sicólogo ni sociólogo, pero sí constato que este ministerio y yo en lo personal hemos hecho un tremendo esfuerzo por desplegarnos en el territorio y estar cerca del país real. En mi caso, el tema de la energía no se resuelve sentado en un escritorio frente al computador. Necesitamos hacerlo en diálogo con la gente y tenemos que aprender a hacerlo, cómo desarrollar esa competencia comunicacional, de relacionamiento. De cómo construimos un lenguaje, de cómo plantear nuestras ideas.

-Hoy existe una tensión permanente entre la empresa y el territorio, y eso hace que muchos de los proyectos energéticos queden en el camino. ¿Cómo se resuelve esa disyuntiva?

-La ingeniería blanda es hoy el mayor desafío que tiene la industria energética. Porque este sector siempre fue muy bueno en la parte de la energía dura, en el desarrollo de la solución técnica y después se desarrolló una cierta habilidad para entender los temas ambientales. Pero eso fue hace 15 años atrás. Hoy, para ser exitoso en proyectos energéticos debes tener la capacidad de relacionarte con la comunidad, entender cómo relacionar este proyecto al desarrollo local. Y, por lo tanto, generar ese diálogo y esa relación de confianza.

-¿Cómo se logra esa asociación con el desarrollo local?

-Se necesita que tengamos una llegada temprana a los proyectos y que nos preocupemos de la asimetría de información que existe entre el titular del proyecto y las comunidades. El primero formula su proyecto, lo analiza y lo evalúa, pero no comparte esa información con las comunidades. Entonces éstas comienzan a construir mitos: se va a secar el río, la tierra, no vamos a tener agua para la agricultura. Y esto le hace mucho daño a los proyectos y a las comunidades. Tenemos que construir una política energética con proyectos que no sólo sean buenos para el país y las empresas, sino también para la comunidad.

-¿Cómo puede una central de electricidad cumplir con esa promesa? Considerando que una vez construida, ya no se necesita más mano de obra… y luego ocurre que justo en lugares donde hoy hay centrales, se pagan algunos de los precios más altos de energía del país.

-Lo que falta para que esa ecuación cierre es que se diga qué va a traer este proyecto de bueno para la comuna. Y la respuesta no puede ser: mire, vamos a pintar la escuelita y mientras la central esté en construcción va a haber mucho empleo para la gente que vive acá, y después nos vamos y no pasó nada. Por ejemplo, Aysén es hoy una región turística, una región pesquera y ganadera. Pero qué pasa. El turismo es precario porque no hay energía, en la ganadería cuando hay que faenar hay que llevar los animales a Osorno porque no hay planta faenadora de carne, porque no hay energía a precios razonables. En Aysén había 14 plantas pesqueras, hoy hay una y media. Lo que tenemos que entender es que el gran desafío del sector energético es cómo haces desarrollo de proyectos energéticos de la mano con el desarrollo industrial, con el desarrollo naviero, turístico…

-Hay un tema con las rentabilidades de estos proyectos que no se comparten con las comunidades y los retornos se van a las casas matrices. ¿Hasta qué punto se puede lograr hacer proyectos donde las comunidades logren ser accionistas de estos mismos?

-Bueno, es que aquí tiene que haber una relación de asociación con las comunidades. Hoy, hay algunos avances. Las patentes se pagan en las comunas donde están las instalaciones y no en donde está la casa matriz. Hemos enviado al Parlamento un proyecto de equidad tarifaria para poder contar con tarifas eléctricas relativamente comparables entre comunas. Porque en Chile tenemos hoy comunas donde se paga el doble que en Santiago por la misma cantidad de energía. Y lo tercero, hemos hecho un proyecto de ley de reconocimiento de la generación local. ¿Qué quiere decir esto? Que las comunas que son grandes productoras de generación eléctrica tengan un factor que reduzca la cuenta de la luz de los vecinos de esa comuna.

-En la relación con las comunidades ocurre mucho que aparecen grupos de interés con cierto tipo de demandas, y cuando éstas se solucionan llegan otros grupos de interés con nuevas demandas… y así suma y sigue.

-Eso no tiene solución porque la sociedad es diversa, es parte de la complejidad de la realidad. Tenemos que hacer mucha más gestión social de los proyectos. Es una enorme responsabilidad de las empresas y del Estado reconocer la complejidad que tiene la sociedad informada y empoderada, que requiere tiempo, paciencia y tolerancia y no tenerle miedo a eso. Y con esos ingredientes uno debe ir buscando acuerdos, en vez de decir: esto lo voy a simplificar pagando para sacarme este problema de encima. La sociedad es mucho más compleja que eso y mientras más se desarrolla, más complejo se hace gobernarla y administrarla, y ése es el rol de la política. Y ahí estamos, en la política.

 

70% al 2050

Pacheco habla entusiasmado de los avances realizados en materia de energías renovables. Hace sólo algunas semanas, el Gobierno presentó la agenda 2050, un documento que es producto del trabajo de 10 meses de un comité consultivo –compuesto por 27 profesionales, entre Gobierno, empresarios, consultores, ON, académicos y dirigentes sociales– que entrega una hoja de ruta que será el insumo base para la propuesta energética que hará el Gobierno a largo plazo.

[box num=”2″]

-En esta agenda se propone llegar al 70% de energías renovables no convencionales al 2050. ¿Es factible?

-No. Se habla de renovables. La categoría no convencional es una categoría inventada en Chile. Lo que estamos diciendo es 70% de renovables donde están todas las energías del agua, el sol, el viento y el calor de la tierra, la geotermia, la biomasa y eventualmente de los océanos. Lo que queremos es enfrentar dos grandes temas: uno es la dependencia externa. Nosotros no tenemos gas, no tenemos petróleo y no tenemos carbón. Tener una matriz concentrada en energéticos importados genera una dependencia grave. Y segundo, debiéramos enfrentar los temas asociados al calentamiento global las emisiones y los fósiles.

-¿Por qué cree que Chile se ha demorado en avanzar en ese sentido?

-Fue un comienzo difícil, lleno de prejuicios, fantasmas e ideas equivocadas de que las renovables eran un lujo de los países ricos, que se podían hacer en Alemania porque estaban todas subsidiadas, pero no en Chile. Y creo que esto ya está como idea completamente superada por la historia y hoy las energías renovables son completamente competitivas. Chile tiene un tremendo subsidio de la naturaleza. Es el país con los mayores índices de radiación solar del mundo, con los vientos y las aguas que tenemos, somos afortunados. Hace 50 años, el 80% de la matriz energética era hidroeléctrica. Tenemos una profunda tradición renovable. Y esto es recuperar un rumbo que perdimos cuando, luego de que se terminó el suministro del gas argentino, tuvimos que salir rápidamente a comprar generadores y a producir energía con petróleo diésel y con plantas térmicas a carbón.

-¿Y esa idea ha permeado a las empresas?

-A las empresas más tradicionales, más conservadoras, les toma un tiempo hacer esta transformación. Pero en el portafolio de proyectos empiezan a ingresar cada día con más fuerza las energías renovables. En el mundo hay una conciencia sobre el calentamiento global, de lo difícil que es manejar un aumento de la población mundial, con el ensanchamiento de la clase media y la urbanización, y la presión tremenda que todo esto genera sobre los recursos naturales.

-¿Se podrá prescindir en algún minuto de los combustibles fósiles?

-Yo no soy futurólogo ni analista, soy ministro de Estado y, como tal, me corresponde dar ciertas directrices y orientaciones. Y lo que hemos dicho es que queremos contar con una matriz energética diversificada, equilibrada y sustentable. La que tenemos hoy no nos ha permitido tener toda la energía que necesitamos. Y por lo mismo es muy cara. Tenemos los precios más altos de América Latina en la cuenta de la luz y eso les hace mucho daño a los hogares y a la actividad productiva.

 

Cambio de paradigma

-Los proyectos de generación distribuida como el net metering permiten que los hogares puedan generar su propia energía e incluso inyectar al sistema lo que no consumen. ¿Cree que van a marcar la diferencia a futuro?

-Estamos haciendo un gran esfuerzo para darle un impulso a eso. En el Presupuesto del año 2016, venimos con 29 proyectos de techos solares en edificios públicos que por su tamaño pueden instalar una capacidad de generación solar. Estamos trabajando con la Armada, con el Ejército, con las municipalidades, con los hospitales para atraer más inversión y que se sumen más empresas. Y lo interesante es que ha habido muchísimo más interés de las empresas por vender estas soluciones. Y ha habido más competencia. Si tomas los precios por kilowatt al que se vendía esta solución hace 90 días, y lo que se vende hoy, ha caído más de la mitad.

[box num=”3″]

-En otros países hay subsidios y créditos cruzados con la banca para la instalación de estos sistemas…

-Nosotros hemos intentado promover esto a través del BancoEstado y estamos de a poco avanzando. Y las compañías distribuidoras se han dado cuenta de que pueden dar un financiamiento y luego ir descontando el pago con lo que las personas inyectan a la red.

-A futuro, ¿contar con energía va a dejar de ser un problema o siempre existirá esta tensión entre generación y consumo?

-No, yo creo que esto va a estar siempre en la columna vertebral, creando presión y tensión. No soy de los que creen que este problema se resolverá alguna vez para siempre. Pero diría que estamos en una transición: en el mundo hoy se acabó el modelo único, centralizado, de megacentrales como única opción. Hoy pueden convivir distintas escalas con distintas tecnologías en el suministro eléctrico. •••

________________________________________________

Geotermia, maremotriz y nuclear

-Se habla mucho del potencial de la geotermia en Chile. ¿Cuánto puede el país avanzar en esa tecnología?

-Hoy ya está en construcción la primera planta de geotermia a 100 kilómetros de Calama y a 4.500 kilómetros de altura sobre el nivel del mar. Es un proyecto conjunto entre Enap y Enel, va a tener 100 MW. En esta etapa son 40 MW y va a a estar generando energía eléctrica antes de fines de 2016. Así que la energía geotérmica va a ser una realidad, el primer grano del choclo. Por Dios que nos costó sacar ese primer grano. Y espero que se siga desgranando. Los estudios dicen que el potencial geotérmico va desde 3.000 MW o 4.000 MW. Pero todo estos estudios al final tienen supuestos de cuánto va a costar la energía alternativa, cuáles son los sustitutos, cuánto va a costar producirla. Somos un país montañoso que tiene volcanes y un potencial geotérmico muy interesante.

-¿Y qué sucede con la energía maremotriz?

-Se ha explorado en varios países del mundo. Acá la Armada es la que más ha avanzado, a través de estudios que se han hecho en el canal de Chacao, de los cuales ojalá podamos llegar a tener energía del océano. Pero creo que estamos todavía en pañales.

-Hace algunos meses este ministero encargó retomar el estudio de la comisión Zanelli sobre la energía nuclear. ¿Existe el interés de volver a estudiar esa posibilidad?

-La palabra nuclear, en la agenda de energía que la presidenta presentó el año pasado, no existe.

-¿Qué se busca entonces con ese estudio?

-Tenemos una comisión nacional de energía nuclear que lleva 50 años de vida, donde trabajan más de 330 profesionales, hay 10 o 13 PhD. El presupuesto de la comisión subió a 20 millones de dólares para 2016. Por lo tanto, lo que estamos haciendo con la energía nuclear está muy relacionado con la salud, con el alimento y también con la nucleoelectricidad. Obviamente, esta comisión tiene la obligación de seguir estudiando este tema. Pero lo que yo sí sé es que el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet no ha tomado ninguna decisión al respecto, porque es un tema que en Chile todavía está muy verde.