Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter. Pasó inadvertido para varios de los asistentes a la cumbre Nuestro Océano que se realizó a principios de octubre en Viña del Mar y Valparaíso, pero cada vez que algunos de los expositores entregaba antecedentes técnicos sobre la situación de los mares producto del cambio climático global, Alberto II […]

  • 15 octubre, 2015

Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter.

principe

Pasó inadvertido para varios de los asistentes a la cumbre Nuestro Océano que se realizó a principios de octubre en Viña del Mar y Valparaíso, pero cada vez que algunos de los expositores entregaba antecedentes técnicos sobre la situación de los mares producto del cambio climático global, Alberto II de Mónaco parecía concentrarse y memorizar las cifras sobre acidificación de las aguas y mortandad de especies que iban entregando los expertos. Y es que, a diferencia de otros filántropos más repartidos entre otras causas medioambientales y sociales, para él el tema marino tiene un interés personal. Uno que, como era esperable en un príncipe de una monarquía constitucional, partió con uno de sus antepasados.

Fue entre 1898 y 1907 que Alberto dirigió cuatro exploraciones al océano Ártico, recogiendo antecedentes sobre vida marina e hidrografía entre otros datos científicos, en años en que la oceanografía era una disciplina prácticamente desconocida. Casi un siglo después, un recién asumido príncipe de la ciudad estado europea viajaba al Polo Norte geográfico, un punto donde, pese a sus numerosas travesías, su bisabuelo nunca pudo llegar. Ese mismo año, el príncipe Alberto II crearía una fundación destinada a la protección del medioambiente y la promoción de un desarrollo sustentable a nivel global. Una entidad que declaró entre sus prioridades el estudio de la evolución climática en las regiones polares.

“El viaje al Ártico, en abril de 2006, se vinculó al comienzo de la fundación, pero la idea de hacer algo por el medioambiente ya estaba ahí. Eso sólo aceleró el procedimiento. Pensé que era tiempo de hacer algo más personal y de responder de una forma más concreta a algunas urgencia, porque había mucha demanda afuera por fondos”, dice Alberto II, quien recalca que también lo marcó el trabajo de su padre, Rainiero III, en la cuenca del mar Mediterráneo y la cumbre de la tierra de Río de Janeiro de 1992, a la que fueron juntos.

La participación en Our Ocean fue la primera parada de Alberto II en Chile. Tras terminar la cumbre, partió a Rapa Nui para observar in situ la zona marina que, se anunció, será protegida. Ahora, el príncipe tiene sus expectativas para el futuro de la protección de los mares en otro destino: la cumbre de Naciones Unidas COP21 que se realizará a fin de año en París y donde debieran definirse los nuevos compromisos de los países con el medioambiente. Más aún, si éstos serán obligatorios o no.

Se trata de una cita que, comenta, podría resultar exitosa, pero también, terminar en un fracaso como la cumbre de 2009 en la ciudad de Copenhague en que, como plantearían luego diversos intervinientes, los acuerdos entre los países no fueron significativos y concluyentes.

-Usted acaba de participar de la cumbre Nuestro Océano. Más allá de los anuncios de nuevas áreas marinas protegidas en Chile, en que falta definir cómo operarán, ¿considera que tendrá algún impacto real en la protección marina global?

-Pienso que fue una muy buena conferencia, no sólo por los anuncios y los compromisos que se realizaron, sino porque creo que hay un verdadero interés ahora en todos estos temas. Pienso que la preocupación por los océanos es mayor ahora, así que esto es muy alentador, con miras a las próximas reuniones y, por supuesto, la COP21, en París.

-¿Pero sirven estas reuniones para generar conciencia y motivar acciones? ¿O son solamente reuniones?

-Pienso que es esencial tener diferentes plataformas en las cuales los gobiernos, los líderes y la sociedad civil, junto con organizaciones internacionales y el mundo empresarial, y por supuesto también científicos, puedan reunirse y discutir las soluciones apropiadas. La cantidad de redes que se tejen fuera de las sesiones son tan importantes como las sesiones mismas, porque ésas son las que crean sinergias que, de otra forma, probablemente hubiera tomado más tiempo que ocurrieran. Bueno, como en todas las conferencias de esta naturaleza. Pero para los océanos es vital tener a todo el mundo involucrado en encontrar soluciones innovadoras, de manera conjunta.

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-Usted mencionaba la cumbre COP21 y su intención de que se analice allá sobre la situación de los océanos. ¿Cuál es la mayor amenaza que éstos enfrentan hoy y que debiera discutirse?

-Pienso que todas las amenazas son importantes. Pero, por supuesto, la mayor, y eso nos lleva a París, es el efecto del cambio climático en los océanos. Los problemas de acidificación de estos ya son evidentes y lamentablemente están incrementándose (…). La absorción (en los océanos) de los gases de efecto invernadero y particularmente CO2 es mayor que antes, lo que pone mucha más presión e impacto en los diferentes ecosistemas. Se está matando especies y evitando que otras se desarrollen. En eso tenemos que concentrarnos.

-¿Ve viable llegar a acuerdos vinculantes sobre materias medioambientales en la COP21?

-Pienso que todo el mundo está esperando la posibilidad de alcanzar acuerdos vinculantes, pero hasta ahora eso es incierto, ya que no sabemos con exactitud del progreso de las negociaciones, sólo tenemos información fragmentada. Pero considero que ha habido señales muy fuertes de países importantes como Estados Unidos, que ha mostrado planes para reducir las emisiones de forma más sustancial de lo que lo habían hecho en años anteriores.

-¿Confía en los compromisos que pueda adquirir Estados Unidos, considerando que, como usted sabe, no ratificaron el Protocolo de Kioto sobre cambio climático?

-Creo que el presidente Obama tiene muchas intenciones de mostrar liderazgo en esto y espero que las diferentes entidades en Estados Unidos lo sigan también. Además, China ha mostrado un compromiso prometedor. Así que, si los grandes poderes muestran el liderazgo que hemos estado esperando por años, por supuesto que ayudarán en el proceso. Pero, como dije, no sé qué tan vinculantes serán los acuerdos finales que se alcancen.

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-¿Entonces está sólo razonablemente optimista de los resultados de la COP21?

-Soy razonablemente optimista, más optimista de lo que era hace dos años o incluso hace un año. Luego de Copenhague, todo el mundo estaba más bien alicaído y dejando de creer en el proceso, pero ahora hay algunos signos alentadores (…). Y una de las cosas que me alegra es que en la COP21 habrá un día de los océanos y espero que en el acuerdo final de París los océanos no sean olvidados, que haya una clara comprensión de su rol.

 

Inversión

-Más allá de las decisiones gubernamentales, ¿qué tan esperanzado está del rol que puedan tener los privados en este proceso?

-Hay muchas oportunidades para que los empresarios ayuden en este proceso, éste no es un proceso antinegocios. Tiene mucho sentido invertir en lo que, planeamos, será el futuro, si somos capaces de salvar estos ecosistemas y hacerlos rendir en los servicios en que puedan rendir.

-¿No le parece que casos como el de adulteración de softwares de emisiones de Volkswagen pone en duda el genuino interés de algunas empresas por el medioambiente?

-Que esto se hiciera a esa escala y por tanto tiempo, me sorprendió. No estoy totalmente sorprendido, pero sí de que fuera en una compañía como Volkswagen. Así que espero que sirva como ejemplo para mantener mejores prácticas.

-Desde su punto de vista, ¿cómo se debiera lograr eso?

-Se deben mantener controles más estrictos, con más entidades que monitoreen estos temas en todos los mercados. Debe haber también mayores multas y así habrá un elemento disuasivo para que estas industrias no traten de evitar la legislación.

 

Rostros de campaña

Alberto II es jefe de Estado en Mónaco desde 2005 pero, incluso antes de nacer, ya era un personaje frecuente de las revistas que se acumulan en peluquerías y consultas de dentistas de diferentes partes del mundo. Su historia es conocida: hijo del príncipe Rainiero III y la actriz Grace Kelly –que apareció en películas con James Stewart, Cary Grant y Frank Sinatra y que, al convertirse en princesa, alimentó el interés del público estadounidense por la ciudad estado europea– es además hermano menor de Carolina –princesa de Hannover y mamá de Charlotte Casiraghi–, y hermano mayor de Estefanía, quien a principios de la década de 1990 cantó en un programa conducido por Raúl Matas.
En otras palabras, se mueve desde siempre en el mundo de las celebridades, algo que ha utilizado para promover su agenda medioambiental.

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-En julio, usted premió al actor Leonardo DiCaprio por su compromiso con el desarrollo sustentable y lucha contra el calentamiento global. ¿Cuál considera que es la relevancia de las celebridades en estos temas?

-Leonardo DiCaprio lamentablemente no estuvo acá (en la conferencia Nuestro Océano), pero lo he visto en diferentes reuniones y conferencias prestando su voz y presencia para estas causas y pienso que es genial que el príncipe Carlos se haya sumado a este tema, que también lo haya hecho Signourney Weaver y que otras celebridades se estén involucrando. Tenemos que sacar esos mensajes al mundo.

-¿Pero cree que será a través de rostros famosos que se logrará un cambio real en estos temas?

-Ustedes, los medios de comunicación, tienen mejores formas de descubrir lo que la gente piensa acerca de que las celebridades presten sus voces para estos temas. Yo no tengo un dispositivo de medición, pero pienso que mientras más te involucres en las cifras y en entregar estos mensajes a un público más amplio, esto se podrá alcanzar. •••