Llegaron a Chile hace once años y y han penetrado fuerte en los sectores más acomodados. Un movimiento católico peruano que ya abrió un colegio en Huechuraba; busca levantar otro en La Dehesa y aspira a entrar a la Universidad Gabriela Mistral. Más de 30 jóvenes han partido con ellos para hacerse curas, monjas o laicos consagrados. Por Catalina Allendes E.

  • 4 octubre, 2011

 

Llegaron a Chile hace once años y y han penetrado fuerte en los sectores más acomodados. Un movimiento católico peruano que ya abrió un colegio en Huechuraba; busca levantar otro en La Dehesa y aspira a entrar a la Universidad Gabriela Mistral. Más de 30 jóvenes han partido con ellos para hacerse curas, monjas o laicos consagrados. Por Catalina Allendes E.

El lunes 30 de mayo la máxima autoridad eclesiástica en Chile, monseñor Ricardo Ezzati, presidió la bendición de la debutante capilla Madre de Dios, en La Dehesa. Podría haber sido una iglesia más en una comuna más de Santiago, pero se trataba de la segunda que levanta la desconocida sociedad de vida apostólica peruana Sodalicio de Vida Cristiana, en menos de una década. El propio arzobispado le cedió un terreno en los faldeos cordilleranos, a la subida del club de golf Santa Martina.

Ese día la iglesia estaba repleta y para los sodalicios fue la coronación de varios años de trabajo en el barrio alto capitalino, sin domicilio conocido. Y sin duda, significó un tremendo espaldarazo por parte de monseñor Ezzati, en línea con el cardenal Francisco Javier Errázuriz, quien fue el que los invitó a venir a Chile, hace once años. En ese entonces, el ahora ex arzobispo les pidió que realizaran “ayuda apostólica” en los colegios Apoquindo y Craighouse, donde comenzaron sus primeros contactos con la clase alta chilena. De ahí, al Santiago College y al Dunalastair.

Hoy no están en ninguno de los cuatro colegios iniciales. Optaron por levantar uno propio en la emergente comuna de Huechuraba: el Saint Joseph, que partió en marzo de este año. Pero la idea de ese movimiento nacido en Lima es crear otro colegio, en La Dehesa, barrio donde incansablemente buscan terreno. Es que la educación de niños y jóvenes de sectores más acomodados –aunque con los años han derivado también a áreas más populosas–, es su expertise si de establecimientos educacionales se trata. En Perú, donde partieron hace 40 años, tienen 5 colegios, además de una universidad y un instituto; en Colombia, otros dos establecimientos escolares y en Costa Rica, una universidad.

La intención de este movimiento –tildado de conservador y elitista, debido a sus adherentes en la sociedad limeña– era haber entrado a la propiedad del Colegio Apoquindo. Allí se sentían muy cómodos y su trabajo había rendido buenos frutos: de esas salas de clase han obtenido la mayoría de las vocaciones chilenas. Pero finalmente, la Legión de Cristo (más conocidas como los legionarios) les ganó el quién vive y armó alianza con el Apoquindo.

Vocaciones

El cardenal Errázuriz conoció a los sodalicios en Roma, cuando trabajaba en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, de la cual depende este movimiento. El entonces arzobispo quedó sorprendido por la capacidad de la organización para atraer vocaciones, cuestión que aún llama la atención de la iglesia católica cuando el “llamado de Dios” no está precisamente a la orden del día.

Y a juzgar por los números, no se equivocó. En menos de diez años han salido de Chile 31 vocaciones sólo para los sodalicios. 11 son hombres y 19 mujeres, quienes actualmente estudian en Lima o en Roma, ya sea para ser curas o monjas, o que ya son laicos consagrados (hermanos o siervas, como les llaman; algo similar a la figura de numerarios del Opus Dei) destinados a misiones apostólicas en los ocho países en que están presentes: Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Italia y Chile.

Siguiendo la tónica de Lima, de los 31 jóvenes chilenos que han partido con los sodalicios, más de la mitad proviene de colegios del barrio alto y en su mayoría son hijos de conocidos políticos, empresarios o altos ejecutivos del sector privado.

El que abrió el camino fue Sebastián Correa, hijo de la ex alcaldesa de Lo Barnechea Marta Ehlers. Partió a los 18 años y lleva diez estudiando para ser sacerdote. Además, desde 2010 es el encargado a nivel mundial de toda el área cultural del movimiento, que tiene una especial preo-cupación por la evangelización a través de la cultura.

A poco andar, partió un compañero suyo del colegio Apoquindo. Se trata de Guillermo Toro, hijo de la ministra de Bienes Nacionales, Catalina Parot. A éste se sumó Daniel Prieto y luego, Raimundo Bernstein, hijo de la alcaldesa de Recoleta, Sol Letelier. Entre los jóvenes también figura un sobrino del presidente de la Asociación de AFP, Guillermo Arthur. Además de ellos, hay decenas de simpatizantes del movimiento, como Felipe De Mussy, hijo de la gobernadora Paz Hiriart.

Entre las mujeres, la misma Marta Elhers tiene su propia monja: María José Correa, la quinta de sus seis hijos, también se fue a los 18 años a Lima y hoy ayuda a preparar a las Siervas del Plan de Dios, la comunidad formadora de las monjas sodalicias. Después de ella partieron dos ex alumnas del Dunalastair, las hermanas María Ignacia y Josefina Amenábar; Melanie Taylor, del Craighouse, y Valentina Brunner, sobrina del ex ministro y experto en educación José Joaquín Brunner. A ellas se sumaron algunas jóvenes provenientes de Maipú, comuna donde el movimiento tiene una capilla, un auditorium y un centro de acogida que atiende a más de 8 mil fieles.

Una cosa en común: todos partieron muy jóvenes, algunos incluso terminando el colegio o dejando sus carreras universitarias a medio camino. Sin embargo, la mayoría suele retomar esos estudios una vez finalizada su formación religiosa, pues una exigencia del movimiento es que todos sean profesionales.

En Chile, los sodalicios tienen dos casas para vivir. La más grande está en La Dehesa, a un costado de la capilla Madre de Dios. En un ala del edificio viven los hombres consagrados, y en el otro extremo, las mujeres. Todos, muy apegados a la doctrina de la Iglesia tanto en el fondo como en las formas. Por ejemplo, los curas usan sotana y las monjas, hábito. Las consagradas –al igual que las de los Legionarios– usan polleras.

La otra casa, más pequeña, está en Ñuñoa, y ahí sólo viven mujeres.

Mitos y realidades

Marta Ehlers advierte que sólo desde el desconocimiento se puede tildar a este movimiento como elitista y ultraconservador. En Chile, dice, se ha dado la coyuntura de que varios hijos de gente más o menos pública han entrado al movimiento. “Pero he estado en las distintas casa de formación en Lima y me he dado cuenta de que el origen de los jóvenes es bien diverso”, asegura.

Si bien ella está feliz con la vocación de sus hijos, reconoce que hay padres a los que les ha costado más la idea del alejamiento que necesariamente realizan los jóvenes de sus familias de origen. No a cualquier padre le agrada visitar a su hijo y que éste esté generalmente acompañado de un chaperón o chaperona, cosa que para ellos es parte de su formación.

Una de las fuertes críticas que se le hace al movimiento es que les lavan el cerebro a los jóvenes, razón por la cual lograrían tantos consagrados. Sin embargo, es otra la visión que tienen internamente. La misma Marta Elhers sostiene que “son jóvenes que tienen una gran vocación y están convencidos de lo que están haciendo. Si se alejan de la familia, es porque lo necesitan hacer para su formación”.

Una visión similar tiene Manuel José Amenábar, padre de dos siervas de Dios. “Mis hijas son muy inteligentes, no caerían en una cosa así. A ellas les gustó la alegría que les muestran los sodalicios, que les presentan un Cristo amoroso, no una iglesia caduca y golpeadora de pecho. Las veo felices”, señala, y agrega que, eso sí, es un movimiento muy formal en el modo de celebrar la Eucaristía o de relacionarse con los otros. “Hablan muy bien, son muy educados”, señala.

Lo mismo precisa el padre Rafael Otero, único sacerdote sodalicio en Chile: “nuestra orientación fundamental es la fidelidad del Magisterio de la Iglesia (…) Etiquetas como esas (conservadurismo) no siempre expresan con fidelidad ni justicia la naturaleza de una realidad como la nuestra”.

“Parece elitista, pero todo el trabajo es de excelencia. Meticulosos y ordenados, es más bien la definición”, sostiene la directora del colegio Saint Joseph, Soledad Morales, en cuyo equipo de asesores hay también conocidas figuras como Cristina Bitar –quien conoce al padre Rafael desde su niñez en Lima– y el vicepresidente ejecutivo de Lan, Juan José Cueto, además de la hija de la rectora de la UGM Alicia Romo, Magdalena Merbilhaá.

¿Cómo se financian? Entre sus adherentes hay “gente vinculada al mundo empresarial, cultural y otros ámbitos”, admite el padre Rafael. Nombres, prefiere no dar.

Golpe al movimiento
Al igual que los Legionarios, este movimiento enfrentó su propio calvario a comienzos de este año. Su histórico vicario, Germán Doig (muerto en 2006), que se encontraba en proceso de santificación, fue acusado de haber llevado una doble vida. Los testimonios fueron consistentes, el movimiento reconoció su veracidad y sacó del camino todo su legado. El padre Rafael Otero cuenta que fue una experiencia “dolorosa. Nos recuerda que hay que poner la mirada en la cruz del Señor. Aceptar las contrariedades y, desde una experiencia de reconciliación mirar, con esperanza el futuro”.

-¿Cuál es su evaluación de los 12 años que llevan en Chile?
-Hemos podido comprobar cómo la obra de Dios se ha dado a pesar de nuestras limitaciones y hemos podido establecernos en este país, donde vemos muchos frutos.

-Han estado presentes en algunos colegios, pero han ido salido. ¿Por qué?
-El Apoquindo lo dejamos porque la dirección hizo una alianza con una congregación que trabajaba con ellos en el colegio femenino. En varios de los colegios británicos en que trabajamos se nos solicitan ayudas específicas pastorales y éstas tienen un tiempo de duración. Eso hace que los trabajos que hagamos en estas instituciones sean muy dinámicos y variables.

-¿Cuál es el sello de los sodalicios?
-Buscamos realizar un apostolado universal. Nos sentimos llamados a acentuar cinco ámbitos fundamentales: el servicio evangelizador a los jóvenes; el compromiso solidario con los pobres; el anuncio del Evangelio hasta las raíces de la cultura; la evangelización, formación y promoción de las familias cristianas y la defensa de la vida, dignidad y derechos de la persona humana.

– Han tenido un importante crecimiento. ¿Cuántos laicos hay en el movimiento?

-Es difícil dar un número exacto, pero efectivamente estamos muy agradecidos a Dios porque hemos venido creciendo, no sólo en Santiago sino también en otras zonas.

– ¿Cómo se financia el movimiento?
-Ha habido personas e instituciones generosas que han aportado a las obras del movimiento. Nosotros aportamos con nuestro trabajo a las comunidades. Personas con conocimiento de los asuntos económicos nos han ayudado a generar las fuentes de financiamiento para llevar a cabo estos proyectos. El colegio se financió a través de préstamos bancarios (y un socio). La capilla, el centro pastoral y la casa de Maipú fueron realizados con la colaboración de amigos y miembros del movimiento. Lo mismo sucedió con el proyecto en Lo Barnechea. Con la Universidad Gabriela Mistral no hay ningún trato económico.

 

El desembarco en la UGM
La rectora de la Universidad Gabriela Mistral (UGM), Alicia Romo, sabe de los sodalicios desde hace muchos años y hace más de seis que el movimiento tiene relación con su plantel. Conoció al fundador, Luis Fernando Figari, en Roma, cuando formaba parte del Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano. El año pasado fue condecorada en la Universidad de San Pablo, que el movimiento tiene en Arequipa.

-¿Cuál es la relación que tienen los sodalicios con la UGM?
-Tenemos una estupenda relación. Varias consagradas que viven en Chile han estudiado en la universidad. Después del terremoto trabajamos en un proyecto conjunto con la que levantamos 50 casas; un sodalicio está armando el instituto de bioética de la universidad y tenemos otro profesor de filosofía que pertenece al movimiento. Se han ido integrando de a poco y nosotros valoramos su trabajo.

-¿Pero van a entrar a la propiedad de la universidad, como salió en La Tercera?

-Existe el interés de ellos y de muchos otros. Nosotros siempre vamos a ser una universidad católica, al servicio de Dios para la formación adecuada de personas, y nuestros eventuales colaboradores siempre van a estar ligados a la Iglesia. No queremos que se desdibuje nuestro trabajo. Con los sodalicios estamos evaluando cómo hacer las cosas y trabajar en conjunto.

-¿Entrarían a la propiedad?
-Si ellos se integran a trabajar en estos proyectos nuevos, pasarían a ser parte de la corporación que administra la universidad.

-¿Qué tipo de proyectos están evaluando?
-En llevar a la universidad a algo cada vez mejor, no en cantidad de alumnos, sino que en seguir creciendo en calidad. Proyectos académicos y también de infraestructura, pues no podíamos agrandarnos ni construir, pero ahora el plano regulador lo permitiría.

-¿Y hay un plazo para esa evaluación?
-No. Todo tiene que ser con mesura.

-Se trata de un movimiento más bien conservador dentro de la Iglesia, ¿no cree que eso podría alejar a algunos potenciales alumnos?
-Conservadores y formales, igual que nosotros.