Por Carla Sánchez M. Fotos: Julio Donoso “La política es sumamente entretenida. Por eso todos quieren volver”, dice Juan Andrés Fontaine. No es su caso. No al menos por los próximos años, aunque desliza que “la centroderecha está al aguaite para retomar las funciones apenas el país vuelva a cambiar de ideas”. Su salida del […]

  • 21 marzo, 2014

Por Carla Sánchez M.
Fotos: Julio Donoso

j-a-fontaine

“La política es sumamente entretenida. Por eso todos quieren volver”, dice Juan Andrés Fontaine. No es su caso. No al menos por los próximos años, aunque desliza que “la centroderecha está al aguaite para retomar las funciones apenas el país vuelva a cambiar de ideas”.

Su salida del Ministerio de Economía fue inesperada. Alcanzó a estar casi un año y medio en el gobierno, jineteando la Agenda de Impulso Competitivo, que contemplaba 50 medidas para aumentar la productividad, muchas de las cuales quedaron en el papel. Un episodio ingrato para el economista, quien incluso calificó el cambio de mano como “un retorno de la vieja derecha cortoplacista”

Para Fontaine, este episodio es capítulo cerrado. Hoy tiene otras preocupaciones y su nombre suena para encabezar el directorio de la Bolsa de Comercio de Santiago, de la cual es director independiente. Incluso se dice que podría asumir la presidencia, tras la decisión de no postular de Pablo Yrarrázaval. Una posibilidad que “no le quita el sueño” y para la cual asegura “no está haciendo campaña”.

Aunque el cariz que ha adquirido el término “liberal” le da un poco de pudor, hace 30 años lo llevaba con mucho entusiasmo. Dejando de lado el apelativo que a su juicio se ha manoseado, Fontaine es un férreo defensor de la libre competencia y del crecimiento para mejorar el bienestar de un país, algo que a su juicio “el gobierno de Piñera en buena medida logró. Tuvo un resultado muy significativo en materia de creación de empleos y de disminución de la cesantía”, explica. Pero como suele ocurrir con las metas, “una vez que se consiguen pasan a ser un dato”, agrega.

Las políticas públicas le apasionan. Y desde la vereda de consultor y columnista, se siente con total libertad para opinar del desempeño del gobierno del cual formó parte y de los desafíos que deberá enfrentar Michelle Bachelet. “No hay que olvidarse que así como la Presidenta plantea que la desigualdad es el adversario número uno, cuatro años atrás el adversario número uno era la cesantía”.

-Usted escribió en una columna que la receta económica funcionó…

-Sí, en términos económicos y sociales funcionó.

-¿Cómo puede una receta funcionar sin uno de los ingredientes centrales que es la energía?

-Energía durante todos estos años y hasta el día de hoy ha habido, a costos más altos de los que habríamos pagado si años atrás se hubieran concretado las inversiones necesarias.

-En los 4 años del Presidente Piñera, en materia energética no se hizo mucho.

-Efectivamente, fue insuficiente el avance en materia de eliminación de trabas para los nuevos proyectos de inversión. Para un gobierno comprometido con el crecimiento, creo que éste era un aspecto crucial y desgraciadamente es un campo en el cual las cosas no se hicieron bien, pero el impacto de eso es algo que se va a venir a notar en 3 o 4 años…

[box num=”1″]

-O sea, le chutearon la pelota al gobierno de Bachelet…

-Hubo una cantidad de medidas que encausaron a Chile en un camino de crecimiento acelerado, pero toda obra es perfectible y ahí quedó un área pendiente que es importante…

-¿Cree que el no haber resuelto el tema energético influyó en un menor apoyo al Gobierno?

-Se anticipaba que esos problemas se iban a resolver. Lo que resulta importante entender en economía es que las reacciones de los empresarios y también de los consumidores y, en consecuencia los resultados que uno ve en la economía, dependen muy fuertemente de las expectativas, y esas expectativas fueron muy positivas. Es cierto que algunas de ellas fueron frustradas, por ejemplo en el terreno energético, y eso es algo que está en la columna del pasivo del Gobierno.

-¿En la columna del pasivo podrían agregarse las reformas estructurales, que a juicio de muchos no se concretaron?

-No comparto ese juicio planteado en forma global, porque habría que entrar a discutir de qué reformas estamos hablando. Creo que quedó una tarea inconclusa en materia de remoción de obstáculos para las inversiones, tanto en materia energética como en minería. Como ministro me tocó echar a andar el comité de agilización de inversiones. Desde el Ministerio de Economía se detectaron muy temprano cuáles eran las trabas, se hicieron los equipos correspondientes en los ministerios. Algo se avanzó en esa materia, pero mucho menos de lo necesario; se politizó el proceso de aprobación final al nivel del consejo de ministros y se judicializó por otras razones el tema de las aprobaciones ambientales.

 

Las recetas de Piñera

-A su juicio la receta económica del gobierno de Piñera funcionó, pero ¿qué pasó con la política?

-Esa receta falló. Es más fácil, políticamente hablando, convencer a la gente de que un gobierno los favorece cuando, por ejemplo, se reparten bonos. Es más difícil hacerlo cuando lo que hace el Gobierno es crear condiciones para que la gente, con su propio esfuerzo, progrese. Cuando hablamos, por ejemplo, que el principal logro del gobierno de Piñera es la reducción de la cesantía, la creación de 1 millón de empleos, para los beneficiados no es tan fácil atribuir ese hecho a las condiciones más favorables que se crearon. Con razón, muchos pensarán que consiguieron ese empleo por su propio esfuerzo, hay un trabajo político ahí más sutil y complejo.

-¿Dónde estuvieron las principales fallas?

-Hubo fallas en dos cosas: el Gobierno, sabiendo que no tenía todas las mayorías en el Parlamento, que incluso había divisiones al interior de su coalición y que había una oposición política muy dura –y una oposición social en el caso de los estudiantes muy vociferante– rehuyó la toma de decisiones duras en el campo energético y laboral. Al hacerlo, fue más difícil para el electorado asociar decisiones con resultados, porque las decisiones fueron un poquito disimuladas.

También en el discurso, el Gobierno fue tomando banderas, argumentos del campo adversario y eso de alguna manera desfiguró su acción. La lección que yo saco es que aquí faltó más claridad, más convicción y determinación en avanzar en aquellas ideas que nosotros creemos son positivas, aunque provoquen resistencias. Me tocó empujar medidas de la Agenda de Impulso Competitivo, que obviamente producen ciertas resistencias, y tras mi salida esas medidas quedaron en tramitación.

-¿Fue populista el gobierno de Piñera?

-Yo no uso ese término, porque creo que sí hubo posiciones más claras, por ejemplo en el tema de educación. Lo que sí, creo que hubo un intento de apaciguar a los sectores opuestos y de rehuir las medidas más complejas como parte de una estrategia más política que no funcionó.

-¿Usted se molestó cuando fue reemplazado por Pablo Longueira en Economía?

-En algunos aspectos hubo algo de eso. Personalmente estoy muy satisfecho con lo que logré en el poco tiempo que estuve a cargo. El impulso que me tocó dar se mantuvo dentro de los equipos que ahí quedaron en Economía y Corfo.

-¿No quiso tomar el Ministerio de Minería, como le propuso Piñera, por tener un rango menor que Economía?

-No. A mí me parecía que el hecho de hacer este cambio me invalidaba también en otros campos. Cuando el Presidente me mencionó Minería, mi reacción fue decir que si por alguna razón las ideas que estoy impulsando en Economía no reciben la prioridad que creo corresponden, mal podría yo sentirme avalado para entrar a un tema tan difícil como minería. Preferí dar el paso al costado.

-¿El haber perdido la elección implica la derrota del ideario de la centroderecha?

-No, porque ese ideario no se planteó en toda su magnitud durante el propio gobierno y tampoco durante la campaña. Claramente lo que sí se perdió fue la iniciativa para liderar el debate, para poner los temas, pero no me parece que esto sea una derrota para nuestras ideas. Al revés, una vez que se evalúe con más calma y serenidad la aplicación de algunas de ellas –aunque todavía es incipiente– se va a comprobar que funcionaron y eso le va a dar a nuestro sector una base sobre la cual encarar la futura campaña. Mientras tanto, creo yo, las ideas alternativas pueden haber demostrado ya su falla y vamos a estar en una posición favorable para enfrentar los futuros desafíos políticos.

[box num=”2″]

-¿Uno de los problemas de la derecha fue perder la conexión con la calle?

-Al revés, la calle se la tomó la extrema izquierda. La izquierda siempre ha tenido buenas condiciones para eso,  lo que sorprendió al país, que pasó rápidamente a aceptar que aquí había un grave problema que resolver. Es cierto, había temas importantes que resolver en financiamiento de la educación, por ejemplo, buena parte de los cuales han sido resueltos. Pero la percepción de que aquí había un quiebre en la sociedad, una necesidad de refundar el modelo y que masivamente ése fuera el sentir de la ciudadanía, me parece una exageración. Aunque haya algunos grupos que así piensen y hay que tomarlos en cuenta. Los votantes pueden entusiasmarse con un candidato o candidata que promete educación gratuita, eso es humano, pero otra cosa es cuando empiezan a verse las consecuencias de ese tipo de políticas.

-Si estuviéramos en una clase de economía, podríamos estar frente al caso de una empresa con buenas utilidades que cae en falencia de un día para otro y no precisamente por razones financieras.

-No asimilaría el fracaso electoral a una quiebra. Es el fracaso de una candidatura específica, que surge en condiciones bastante difíciles y de un Gobierno que no logra la popularidad necesaria para neutralizar las dificultades que se produjeron durante la campaña. ¿En qué se traduce esto? En que el camino que planteamos puede sufrir una alteración en su ritmo o en su dirección y eso es algo que lamento. Por otra parte, la centroderecha está al aguaite para retomar las funciones apenas el país vuelva a cambiar de ideas. No es una quiebra.

-Es un retiro involuntario…

-(Sonríe) Un retiro involuntario, pero temporal…

-¿Está seguro que la centroderecha va a volver al poder?

-La alternancia es parte de la democracia. No veo ninguna razón para pensar que este gobierno de centroderecha fue un episodio que terminó y que por muchos años no se va a repetir.

-En ese futuro, ¿es Piñera la persona más indicada para representar a su sector?

-En este minuto es difícil decirlo. Creo que Piñera tiene obvios méritos, aunque el último resultado electoral no haya sido favorable.

-En este minuto es el mejor posicionado…

-Este minuto no es relevante.

-Que el gobierno no haya sabido tener alineada a la coalición, ¿fue responsabilidad del ex Presidente o de los partidos?

-Son responsabilidades compartidas. Si hago yo alguna autocrítica desde la configuración del programa de gobierno por parte de los equipos Tantauco –en los que participé hasta la implementación de ese programa– es que hubo pocas instancias de debate, de esfuerzos por aunar criterios, por compenetrar a los actores políticos respecto de las ideas del programa. En consecuencia, es una responsabilidad compartida.

-¿Se pecó de personalismo?

-Puede haber habido eso, pero más que todo, mirando retrospectivamente y haciendo una autocrítica, creo que la política exige dedicarle más tiempo a la labor de compenetrar, de sociabilizar los proyectos y las ideas.

 

El segundo partido de Bachelet

-Qué le parece que el ministro Arenas diga que vienen a recuperar el tiempo perdido o que la Presidenta Bachelet afirme que en dos meses se gastó más que en años…

-Son el toma y daca habitual de la política, no le concedo ninguna importancia. Lamento sí que un ministro con un cargo importante caiga en eso, porque creo que su mayor tarea en este momento es infundir confianza y ese tipo de planteamientos no contribuyen a ello.

-Considerando el actual escenario económico de desaceleración, ¿va a ser difícil para la Presidenta de Bachelet cumplir sus promesas?

-Las promesas tienen dificultades conceptuales más allá de las dificultades coyunturales. Me parece erróneo plantear como prioritaria una reforma tributaria antes de discutir el proyecto educacional. Veamos primero para qué se quieren usar los recursos, convenzámonos de que hay proyectos que pueden permitir mejorar la calidad de la educación, veamos cuántos recursos requieren y después de dónde extraerlos. Se está partiendo al revés, lo que además de tener una dificultad lógica implica una tendencia a mal utilizar los recursos que se recaudan. Y como todo recurso recaudado tiene un uso alternativo, hay que ser muy cuidadoso respecto de qué se hace con esos dineros.

-¿Es riesgosa una reforma tributaria?

-La propuesta tiene una cantidad de defectos. Tal como está planteada atenta contra la creación de un clima propicio para el emprendimiento, la innovación, la inversión y la competitividad. El camino para aumentar ingresos, crear más empleos y hacer de Chile un país más desarrollado exige cuidar ese clima y fortalecerlo.

[box num=”3″]

-¿Qué es lo más complejo de crear una nueva Constitución?

-Crea una enorme incertidumbre tanto respecto al procedimiento como al contenido de la nueva Constitución. Hay planteamientos que incluyen ideas que reducirían la protección del derecho de propiedad en minería, o que pondrían en jaque la autonomía del Banco Central, instituciones sumamente importantes. Avanzar por ese camino es muy peligroso. Espero que a medida que se vayan elaborando los proyectos correspondientes se vayan aclarando esas dudas, buscando fórmulas que despejen las incertidumbres y que pulan las aristas más peliagudas de estos proyectos.

-¿Es el momento más propicio en términos económicos para realizar estos cambios?

-Estamos asistiendo a una caída muy importante en las expectativas empresariales –no tanto de los consumidores– respecto del futuro de la economía local. Esto forma parte de un fenómeno mundial en que hay una caída en las expectativas respecto a los países emergentes, lo que está vinculado a la muy probable alza de la tasa de interés en Estados Unidos y al debilitamiento del cobre por efecto de China. Hay un escenario desfavorable que exige un particular esfuerzo para levantar las expectativas empresariales, señalar caminos de inversión, de productividad, despejando trabas para invertir. La Presidenta habla que la primera prioridad es la desigualdad, pero si la economía se descompone va a volver a ser prioritario el empleo. Lo que corresponde hacer a las nuevas autoridades es dedicarse a fomentar confianza en el futuro de la economía chilena y despejar aquellas dudas que crean incertidumbre y aquellas trabas que desde antes de la asunción del Gobierno estaban afectando el desarrollo.

-Bachelet en su primer gobierno tuvo buena relación con los empresarios, ¿cómo fue esa relación con Piñera?

-Es difícil hacer un juicio sobre la relación con los empresarios, porque hay tantos tipos y actividades distintas, pero creo que el gobierno de Piñera levantó fuertemente las expectativas empresariales por el hecho de que se trataba de un empresario exitoso elegido por un programa comprometido con el crecimiento. Con el tiempo surgieron problemas; los avances insuficientes en materia energética y de obras públicas, de flexibilidad laboral tuvieron su costo. Al final hubo una cierta decepción respecto a la insuficiencia de esos avances. Pero por otro lado, hubo una fuerte valoración de los campos en los cuales sí se avanzó, como en emprendimiento e innovación, el sector financiero, telecomunicaciones, o educación y salud, todas las cuales tienen el signo de propiciar el esfuerzo personal, la competencia, la libre iniciativa.•••

__________________________________________________________________________________________

Caso Cascadas: “En la Bolsa no ha habido ningún incumplimiento de la normativa”

La decisión de Pablo Yrarrázaval de no postular a la Bolsa de Comercio de Santiago, tras 25 años a cargo, ha acelerado las maniobras para definir quién será su sucesor. Los nombres que suenan con más fuerza son Juan Andrés Camus, de BTG Pactual, y el propio Fontaine. Dentro de los temas que deberá resolver la nueva autoridad son el manejo de los conflictos de interés, la discusión sobre su desmutualización y cómo aumentar su influencia a nivel regional.

-¿Era esperable la renuncia de Yrarrázaval?

-Sí. Él había manifestado dos años atrás su intención de retirarse y los accionistas de la Bolsa prefirieron que se mantuviera. Ha hecho una buena labor en su larga presidencia y me parece razonable que quiera dar un paso al costado.

-¿Es una víctima del caso Cascadas?

-Como digo, esto estaba en discusión desde antes.

-¿Le gustaría ocupar su cargo?

-No es algo que esté en mis planes, participo del directorio de la Bolsa, me incorporé dos años atrás porque tengo interés en el desarrollo del mercado de capitales y creo que la Bolsa tiene mucho que mejorar. Es un área en la que me siento motivado, pero el aporte lo puedo hacer tan bien o mal como director, vicepresidente o presidente. No ando buscando en absoluto tener ninguna función especial.

-¿Pero está disponible?

-Estoy en principio disponible, pero eso es materia a resolver por los accionistas y tengo como política no pedir a ellos que voten por mí.

-Pero ya lleva varios potenciales votos…

-No me he movido nada y tampoco lo voy a hacer.

-Si fuese el nuevo presidente, ¿cómo se imagina las bolsas? ¿Fusionadas, desmutualizadas?

-Son temas interesantes a discutir. La existencia de más de una bolsa ha sido positiva porque ha llevado a que haya más competencia, que fomenta la innovación y el desarrollo. Pero también cabe en un mundo tan globalizado como el actual, pensar en una bolsa unificada en que las empresas puedan registrarse en otras bolsas. La desmutualización se refiere a que no sería necesario ser accionista para ser corredor, eso hace que la bolsa pase a tener un accionariado distinto de los corredores y pase a transformarse en un centro de negocios con más vida propia, como ocurre con el Bovespa en Brasil.

-¿Y no sería bueno para Chile?

-Eso tiene sus ventajas, pero hay un tema patrimonial que dirimir, respecto de los actuales accionistas que compraron su acción a buen precio. Es un tema que tiene complejidades. Al final esto es absolutamente una decisión de los propios accionistas, que son los que deben adoptar la decisión. De repente en el debate esto se plantea como si fuera la solución para temas como el de las cascadas y, en mi opinión, no tiene en absoluto que ver con eso.

-¿A la Bolsa no le corresponde fiscalizar?

-A los emisores no, sí a los corredores y se siguen las recomendaciones del comité de buenas prácticas cuando es el caso.

-El caso Cascadas explotó por la fiscalización de la SVS y no de la Bolsa…

-Ahí hay una denuncia que está en investigación, de un eventual abuso de poder por parte del accionista controlador de esa sociedad respecto de los restantes accionistas. Eso es una típica materia que debe ser vista por la SVS, y la Bolsa aporta toda la información de las transacciones que se hicieron a través de ella, cosa que así ha sido. Me parece que lo que ha hecho la SVS es muy importante, aquí hay una denuncia grave de abuso de inversionistas controladores respecto de inversionistas no controladores que tiene que investigarse y establecerse las sanciones e indemnizaciones correspondientes en el caso que la denuncia sea comprobada.

A propósito de esa investigación, el directorio de la Bolsa estimó conveniente crear un comité ad hoc –del cual formo parte– que revisó estos procedimientos y ha hecho una propuesta de modificaciones para perfeccionarlos y adaptarlos mejor a las prácticas de las bolsas más desarrolladas.

-¿Y qué pasa con el comportamiento de los corredores?

-Hasta donde nosotros sabemos, en general las operaciones cuestionadas se hicieron con arreglo a la normativa de la Bolsa, toda la cual ha sido previamente aprobada por la SVS. En relación a las transacciones de los corredores con sus empresas relacionadas, probablemente es un tema que podría mejorarse en cuanto a hacerse más transparente; eso es algo cuyo estudio está hoy en manos del Comité de Buenas Prácticas.