Los vecinos de la única playa del litoral central que aún no se ha convertido en balneario están preocupados. A pocos metros del humedal que conservan como “joya”, Santa Augusta de Quintay planea hacer uso de su derecho de agua para alimentar su resort. Un conflicto medioambiental que tiene a conocidas figuras públicas a la cabeza y que recién comienza. Por Carla Sánchez M

  • 4 octubre, 2011

 

Los vecinos de la única playa del litoral central que aún no se ha convertido en balneario están preocupados. A pocos metros del humedal que conservan como “joya”, Santa Augusta de Quintay planea hacer uso de su derecho de agua para alimentar su resort. Un conflicto medioambiental que tiene a conocidas figuras públicas a la cabeza y que recién comienza. Por Carla Sánchez M.

En Tunquén no hay un solo poste de electricidad. Tampoco hay cañerías de agua potable. Ni siquiera existe un boliche para comprar el pan. Una virginidad que lo ha convertido en el reducto preferido del llamado red set criollo. Ubicado a una hora y media de Santiago –por la ruta 68 que lleva a Viña del Mar–, es una franja de 300 metros de costa con una extensión de 5 kilómetros. Luego de pasar la portería, donde se anuncian las famosas parcelas ecológicas, un camino de tierra recorre la zona en la que se han instalado cerca de 450 familias. A pulso.

Una invitación a la casa de un amigo bastó para que el ingeniero consultor Jonny Heiss quedara simplemente embobado con el lugar. Hace 15 años pagó 6 millones de pesos por su “terruño” y se instaló, arrastrando a otros conocidos a tomar la misma decisión. Y si los primeros sitios –cuenta Heiss– se vendían en 10 cuotas de 90 mil pesos, hoy los terrenos de 5 mil metros, en primera línea, valen cerca de 100 millones. “Nosotros valoramos la tranquilidad. En febrero, en la playa ¡hay tres personas! A la gente que viene para acá le gusta que haya caminos de tierra, casas sencillas integradas a la naturaleza, es el opuesto a Reñaca”, comenta.

Junto con Heiss, son varios los políticos y artistas que han optado por este reducto. Sólo por nombrar algunos, entre los vecinos figuran la ex presidenta Michelle Bachelet, los ex ministros Ingrid Antonijevic y Álvaro García, la presidenta del PPD, Carolina Tohá, el ex senador Jaime Gazmuri y el biólogo Humberto Maturana. Incluso, comentan los tunqueninos, el ex presidente Ricardo Lagos habría adquirido una casa, conocida como “la araña”, por sus bases inclinadas.

Un lugar que se ha caracterizado por no tener reglas, salvo una: ser sustentable. Cuando hubo que tomar la decisión de urbanizarlo, la respuesta de los vecinos fue tajante: cada uno se rascaría con sus propias uñas. Así, cada casa tuvo que instalar paneles fotovoltaicos, construir su pozo de agua y una fosa séptica. “La gente que no quiere problemas no viene a este lugar, porque es un lío ser sustentable”, dicen los tunqueninos. De hecho, el pasto no existe en este lugar. En cambio, crecen cactus, docas y alguno que otro árbol en este paisaje desértico.

Recorriendo los soleados caminos se pueden ver una casa tejana; un poco más allá, la de una neoyorkina que viene dos veces al año y, a lo lejos, la de un japonés que cada año la pinta de un color distinto –hoy es rosada– y que, según cuentan los lugareños, tiene cuitas de plata con los maestros. Pero la mayor parte de la arquitectura es de casas modernas –muchas de ellas curvas– y construidas en madera. Muchos de los que han optado por este estilo son actores y personajes de la farándula. Entre la maraña de caminos de tierra se esconden la casa de Roberto Artiagoitía –más conocido como el Rumpy–, Cristián Campos, Sergio Lagos, Rafael Araneda, Claudia Conserva y Pollo Valdivia, Pancho Reyes, Mane Swett y Alfredo Castro, sólo por nombrar a algunos.
Cada fin de semana, la ex ministra Vivianne Blanlot sube a sus dos perros al auto y parte a Tunquén. “En una tarde allá uno se limpia”, comenta. Su casa está en el sector de Punta de Gallo (ver diagrama), en medio de roqueríos donde se forman pozas para bañarse. Y pese a que rara vez baja a la playa grande de Tunquén –no apta para el baño–, el verano pasado notó que había movimientos de tierra y muchas cañerías. Averiguando por aquí y por allá se enteró de que las tuberías pertenecían a Santa Augusta, un resort ubicado a pocos minutos del lugar, que planea sacar agua cerca del riachuelo. Los vecinos pegaron el grito en el cielo: “¡se va a secar el humedal!”, exclamaron.

En medio de la playa de arenas blancas descansa el humedal de Tunquén, que se forma en el estero de Casablanca, un riachuelo que se embolsa entre las dunas y que no logra llegar al mar. Un lugar milenario que acoge a varias especies en categoría de conservación como violetas (en peligro de extinción a nivel nacional), palos colorados y quiscos; animales como el chungungo, la garza grande, el pájaro de siete colores, la gaviota de Franklin y el sapito de cuatro ojos. “Este estero es una joya”, dicen los vecinos, los mismos que tuvieron que restringir el acceso para impedir las poblaciones de carpas en el verano, como ese año en que llegó un grupo religioso de 400 personas que dejaron el humedal convertido en un verdadero basural.


Desde Tahití, sin escalas

Si Tunquén es el refugio de los hippies, Santa Augusta es el paraíso de los más pitucos. Un complejo turístico contiguo a la caleta de Quintay –uno de los primeros de este tipo que se desarrollaron en Chile– que cuenta, entre otras cosas, con canchas de golf. En 1991, el empresario francés Yves Buhagiar aterrizó en Chile con la idea de buscar un lugar que le permitiera aprovechar el auge de la segunda vivienda. Recorrió desde Rapel a Marbella hasta que se topó con lo que andaba buscando: el fundo de Santa Augusta, de 750 hectáreas.

Junto a ocho socios, Buhagiar creó el fondo de inversión Moana Nui –que en tahitiano significa Gran Océano– y que es propietario de la cadena de hoteles Pearl Beach Resort en las colonias francesas del Pacífico, un centro comercial y supermercados, entre otros negocios. Un grupo que tiene activos por más de 300 millones de dólares y que decidió desembolsar unos 60 millones para levantar Santa Augusta.

Con un castellano afrancesado, Rotui Tehei nos recibe en las oficinas del complejo. Este tahitiano llegó hace 9 meses a Chile, pero trabaja hace varios años con el grupo que preside Buhagiar. ¿Por qué se interesaron en Chile? “Bueno, es un país emergente, con un buen nivel económico y hay avión directo entre Santiago y Papeete”, resume el gerente general de Santa Augusta. Tehei quiere saber por qué los vecinos de Tunquén están preocupados. Y confirma que las tuberías pertenecen a su firma. “Desde el inicio (1995) sabíamos que para alimentar este proyecto necesitábamos agua. Y empezamos a tramitar los derechos, que adquirimos en forma legal hace 15 años”, asegura. Una autorización que les permite sacar hasta 60 litros por segundo.

“Por el momento, tenemos pozos propios y diferentes brazos de alimentación. Es decir, en condiciones normales estamos bien, pero cuando está muy seco surgen los problemas”, comenta Tehei. Pasó el verano pasado, que tuvieron que reducir el agua de riego para los jardines. “El agua de la cancha de golf la recuperamos de un tanque artificial que tenemos arriba del complejo. Y si te fijas, la cancha tiene partes secas, lo único realmente verde son los green. En el mundo, la tendencia es no gastar agua por el golf; de hecho, se aceptan las partidas secas”, explica el tahitiano.

Hasta ahora, Santa Augusta tiene construido el 10% de su capacidad, pero quiere crecer más. Y para ello, asegurar el suministro es clave. “En Tunquén vamos a sacar agua de un pozo, fuera del estero; hay una distancia razonable con el humedal. No hay razón para pensar que tomar agua de ahí vaya afectar el equilibrio ecológico”, asegura Tehei, quien cree que detrás de esta polémica, se esconde otra razón: “parte de esta denuncia viene de los problemas de agua que tienen los propios vecinos de Tunquén”.

Tehei nos lleva en su jeep a dar una vuelta por el complejo. Un departamento en primera línea aquí cuesta 9.500 UF. Entre los vecinos de Santa Augusta figuran políticos, ex ministros y famosos, como la galerista Isabel Aninat o Marcelo Hernández, más conocido como Marcelo de Cachureos. Los edificios y casas de estilo europeo se distribuyen entre la cancha de golf y los jardines, que a juicio de Tehei, se ajustan al entorno. “El uso del agua aquí es controlado. Mira los jardines, se adaptan a la naturaleza local”, comenta y agrega: “tenemos este derecho de agua, pero lo vamos a usar en la medida en que sea necesario”.

La primera etapa de la construcción del acueducto está lista. La segunda, que permitirá llevar el agua a Santa Augusta, está en etapa de licitación. La idea, dicen, es completar el proyecto en menos de un año.

“Chile depredado”

El 70% de las casas de Tunquén tiene agua, pero en proporciones pequeñas. El resto ha hecho pozos sin éxito, por lo que deben conformarse con contratar camiones aljibes para subsistir cada fin de semana. Pero a nadie se le ha pasado por la cabeza sacar agua del estero. “Es interesante porque somos un grupo de vecinos, ninguno de los cuales se beneficia directamente con el humedal, pero lo estamos defendiendo porque nos parece que es una cuestión de principios”, explica Blanlot.

La ex ministra de Defensa del gobierno de Bachelet está aterrada. “Cuando hablamos de que pueden sacar 60 litros por segundo, eso equivale a una transferencia de 216 metros cúbicos por hora, ¡4 piscinas por hora! Es una locura”, sentencia. A lo que Jonny Heiss agrega: “nuestro temor es que, cuando empiecen a bombear agua, en 10 días sequen el estero”.

Cuesta juntar a los vecinos de Tunquén. Tienen una asamblea una vez al año, que a veces se realiza allá y otras en el Club Providencia. Pero para la tradicional minga de cada verano –en la que recogen la basura de la playa– no hay quien no participe y comparta después una empanada. Incluso, ha trabajado en ello la ex presidenta Bachelet. “Michelle era súper participativa. Pero hace tiempo que no la vemos”, comenta Heiss, el actual presidente de la junta de vecinos de Tunquén, la cual suele comunicarse a través de una cuenta en Facebook, a la que sólo se puede acceder por invitación.

Ya no se trata de juntar plata para pintar los portones o arreglar los caminos. Ahora la batalla es por el humedal. “Es una de las pocas cosas que han puesto a la gente de acuerdo”, comentan en la zona. Por eso, los tunqueninos han creado un comité de protección del humedal en el que trabaja activamente Blanlot. Y quién mejor que ella para hacerlo: como consultora ha estado ligada a temas medioambientales y además fue directora de la Conama (Comisión Nacional de Medioambiente).

La primera tarea del comité fue indagar si los derechos de agua de Santa Augusta estaban constituidos legalmente y en qué condiciones habían sido otorgados. En carta fechada el 17 de noviembre de 2010, la Dirección General de Aguas de Valparaíso (DGA) acredita que “existen derechos de aprovechamiento, inscritos en el Registro de Propiedad de Aguas del año 1996, que el derecho autoriza a extraer un caudal instantáneo de 60 litros por segundo, que las obras denunciadas no se ubican en el estero Casablanca y que no impiden o entorpecen el libre escurrimiento de las aguas”.

No contentos con la respuesta de la DGA, mandaron una carta al seremi de Medio Ambiente de la región de Valparaíso, quien remitió la inquietud a la Conaf. Consultado por el tema, Julio Figueroa, director regional del organismo, explica que corresponde al ministerio de Medio Ambiente velar por la protección del humedal de Tunquén, “sin perjuicio de que a Conaf le corresponde fiscalizar el cumplimiento de la prohibición de corta, destrucción, eliminación o menoscabo de la vegetación hidrófila nativa existente en el humedal, siempre y cuando esté afecto a un Plan de Manejo Forestal”. Agrega, además, que “en la fiscalización por personal técnico de la Conaf, el 27 de septiembre pasado, no se detectó infracción alguna”.

Y no sólo eso. Por ley, la autorización de un derecho de agua no exige que se realice un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), sino que sólo basta con asegurar un caudal mínimo ecológico, requisitos que Santa Augusta cumple.

Con todo, Blanlot cree que el tema medioambiental debiera estar por sobre la legislación de derechos de agua. Y aunque sabe que hay situaciones que complican su postura, añade que “estamos seguros de que este humedal merece ser declarado sitio prioritario… Desde mi punto de vista, hay que acotar todos los medios y como la ley puede ser no suficiente, tendremos que defender el principio legal último”, remarca.

-Aquí en Tunquén hay mucha gente con poder, quizás no va a ser tan difícil salvar el humedal…
-Los personajes excesivamente públicos tienen un cierto temor de involucrarse –explica Blanlot–.

-¿La ex presidenta Bachelet está al tanto de lo que está pasando?

-Hace harto tiempo que no se la ve por acá, ahora está en Estados Unidos. Puede ser prudente que ella no se vea implicada.
Por estos días, los vecinos están afinando la estrategia legal para defender su santuario. Una lucha que recién comienza y que podría intensificarse en el verano, cuando el agua escasee. Y los tunqueninos no van a bajar los brazos. No lo hará, al menos, Blanlot: “si las comunidades que advierten amenazas ambientales no se movilizan, vamos a terminar con Chile depredado entero”.