Carga con un nombre que es sinónimo de controversia. Robert Kennedy junior, el abogado ambientalista que se opone a todo proyecto que involucre a los ríos de la Patagonia, nuevamente viene a Chile. Esta vez, con un proyecto de energía solar que planea instalar en el desierto de Atacama y que, a su juicio, podría proveer de toda la energía que proyecta HidroAysén. Así de seguro. Por Carla Sánchez Mutis.

  • 9 agosto, 2011

 

Carga con un nombre que es sinónimo de controversia. Robert Kennedy junior, el abogado ambientalista que se opone a todo proyecto que involucre a los ríos de la Patagonia, nuevamente viene a Chile. Esta vez, con un proyecto de energía solar que planea instalar en el desierto de Atacama y que, a su juicio, podría proveer de toda la energía que proyecta HidroAysén. Así de seguro. Por Carla Sánchez Mutis.

 

Su padre, Robert Francis Kennedy, fue un ambientalista. Su tío, el asesinado ex presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy, intentó instaurar el Día de la Tierra en 1962, pero la discusión sobre el desarme nuclear terminó por acaparar toda la atención del país. No es casualidad, entonces, que Robert Kennedy jr. se haya convertido en un férreo defensor del medioambiente, que la revista Time lo haya nombrado “héroe del planeta” y que esté obsesionado por salvar los ríos. Todos. Incluidos los de la Patagonia chilena.

Cada marzo, Bobby viene a Chile a pasar unos días en su spot preferido: el río Futaleufú, al cual ha intentado defender con uñas y dientes de la construcción de represas. Ahora está enfocado en remar contra la corriente de HidroAysén, pero no desde la ribera de las ONG –es uno de los rostros internacionales de la campaña Patagonia sin Represas– sino como empresario. “La mitad de mi vida la he pasado combatiendo proyectos estúpidos y la otra, construyendo buenos”, dice al teléfono desde su casa de veraneo en Hyannis Port, en el estado de Massachussets. Con su clásica voz metálica, Kennedy nos cuenta el último proyecto que se trae entre manos. “Estoy viendo la posibilidad de construir una gran planta termo solar en el desierto de Atacama”, adelanta el abogado senior del Natural Resource Defense Council (NRDC), una de las ONG más poderosas de Estados Unidos, con 1,3 millón de miembros.

“Este proyecto podría proveer de toda la energía que proyecta HidroAysén”, dispara el también socio de Vantage Point Capital Partners, fondo de inversiones que cuenta con una billetera de 4,5 billones de dólares y que actualmente financian la construcción de una planta termo solar de 2,7 gigawatts en el desierto de Mojave, en California.

Kennedy no teme perder, porque de derrotas también sabe. La primera de ellas, en la década de los 80. El joven abogado de Harvard fue sorprendido con 183 miligramos de heroína y sentenciado a más de 800 horas de trabajo comunitario. Bobby cumplió su pena en la asociación Riverkeeper, abocada a salvar al río Hudson de la contaminación. Hoy bucea junto a sus hijos en las aguas del torrente que separa a Nueva York de Nueva Jersey.

“HidroAysén es un error”, repite una y otra vez. De fondo se escuchan ladridos. “Dame un segundo”, pide Kennedy. ¿Es ese su perro? le preguntamos. “No es uno, son cinco”, acota. “Acabamos de tener cachorros”, comenta este amante de los animales que cuando chico quiso ser veterinario y que hoy, de adulto, venera a San Francisco de Asís, figura en la que se inspiró para escribir un libro para niños. De vuelta al teléfono dice que aún no ha recibido respuesta a la carta que le mandó al presidente Piñera instándolo a rechazar las represas en la Patagonia. No cree que eso empañe sus planes en el norte de Chile. Es más, está seguro de que si Piñera conociera su proyecto de energía solar, estaría a favor de esa alternativa.

-¿En qué consiste la planta solar que evalúa instalar en el desierto de Atacama?
-Tengo un grupo de inversionistas estadounidenses interesados en asociarse con chilenos para construir una de las plantas de energía solar más grandes que existan en el mundo. No son las placas solares convencionales que la gente pone en los techos de sus casas, sino que se trata de una turbina gigante en una torre rodeada por un largo campo de espejos gigantes –manipulados por computador– que reflejan la luz solar en la turbina. Ahora estamos en el proceso de construcción de la planta más grande en Norteamérica, en el desierto de Mojave, para entregarle energía a California. Tiene una capacidad de 2,7 gigawatts.

-Y la que planean instalar aquí, ¿es similar a la del desierto de Mojave?
-Necesitamos lograr primero la aprobación del gobierno chileno. Estamos recién en la fase inicial de nuestra propuesta, pero este proyecto podría proveer de toda la energía que planea HidroAysén y hace mucho más sentido, porque podríamos generar la energía muy cerca de donde opera la industria minera.

-Si están en una fase inicial, ¿realmente cree que esta planta podría reemplazar a HidroAysén?
-Absolutamente, eso es lo que estamos haciendo en Estados Unidos con la planta del desierto de Mojave, y el de Atacama tiene la mejor luz solar del mundo.

-Una de las mayores discusiones que enfrenta HidroAysén es el tema de la transmisión. En este caso, ¿cómo planean resolverlo?
-En el desierto Atacama la transmisión está prácticamente ahí, porque la industria minera ya la ha construido. Incluso, tenemos algunas fotografías aéreas de los mejores lugares para instalar la planta solar. Además, no necesitas proveer a todo el país de energía, porque los mayores usuarios son las mineras. De haber requerimientos de cableado, serían mínimos.

-Me imagino que los expertos en Chile ya habrán evaluado una planta solar en el desierto de Atacama para solucionar la creciente demanda energética y, por alguna razón, la habrán descartado…
-La planta solar que estamos construyendo en Estados Unidos –que es mucho más grande que todo lo que se ha construido en Chile– va a tardar sólo 3 años en estar operativa y su costo es de 3 billones de dólares por gigawatt, más barato que cualquier proyecto hidroeléctrico. Además, tenemos alternativas muy convenientes para almacenar la energía producida, lo que no va a aumentar dramáticamente el precio. Me consta que el gobierno chileno no ha evaluado esta opción y me pregunto por qué. Creo que la respuesta está en que hay muchos inversionistas extranjeros –específicamente, un grupo de españoles– que tienen una tremenda influencia y que van a ganar mucho dinero haciendo represas en la Patagonia. A ellos no les interesa pensar en si existen alternativas más económicas. Lo mismo pasa en mi país, donde se han implementado muchos proyectos malos porque existe una alianza entre grupos económicos y miembros del gobierno. Estoy muy seguro de que si el presidente Piñera conociera el proyecto estaría a favor de esta alternativa, porque sé que le preocupan el medioambiente y la sustentabilidad. Y si estuviera al tanto de que existe una mejor opción a la línea de transmisión que pretende atravesar el país, estaría muy interesado.

-Una de las críticas a nivel local es por qué los estadounidenses participan en el debate energético chileno cuando viven en el país más contaminante del mundo…
-Es un buen punto, y por eso más del 90% del mundo tiene a la NRDC tratando de combatir la contaminación que ejerce Estados Unidos. Pero la pregunta también se puede ver desde el punto de vista económico: por qué Endesa, una compañía española, tiene permiso para destruir los ríos chilenos y perjudicar a las futuras generaciones que tendrán un medioambiente dañado a cambio de energía a un alto precio, cuando hay alternativas más económicas disponibles.

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-Entonces, para usted el problema pasa por un tema de costo económico. Ese no parece ser un argumento muy verde…

-El costo es parte del debate, porque puedes obtener esa energía en forma más económica y con un menor costo medioambiental. Este proyecto beneficiará a inversionistas extranjeros a costa del pueblo chileno. Y más encima va a destruir uno de los tesoros a nivel mundial del cual los chilenos debieran estar orgullosos, que es la pureza y belleza de sus montañas y de la Patagonia. Para mí, el costo económico forma siempre parte del análisis. Si se tratara de energía genuinamente más económica, quizás tendrías que despedirte de la Patagonia, pero existen opciones más baratas.

-¿Cómo cuáles?
-Nosotros tenemos muy buena tecnología de almacenamiento para producir energía de manera eficiente y sin toda esa destrucción ambiental.

-Si HidroAysén cumpliera con todos los estándares requeridos y fuera por lejos el mejor proyecto para Chile, ¿seguiría oponiéndose a su construcción?
-Si aún vas a construir represas en todos los ríos del sur, te diría que existen mejores alternativas con un menor costo económico y medioambiental.

-¿Usted se opone a las represas per se?
-No, yo no estoy en contra de todas ellas per se, como tampoco me opongo a todos los proyectos hidroeléctricos. Hay que pensar en si tienes alternativas más sustentables. Ustedes tienen la mejor energía solar del mundo en el desierto de Atacama, ¿por qué lo ignoran?

-Pero estará de acuerdo en que es imposible depender en un 100% de las energías renovables…

-Creo que eso va a tomar tiempo. Los países tienen necesidades distintas y recursos disponibles diferentes. Por ejemplo, en Estados Unidos podemos proveer energía solar y éolica a un precio más barato que el del petróleo o el carbón.

-P ero aún dependen de los combustibles fósiles…
-La principal razón por la que somos aún dependientes es por el poder político de esas industrias.

-Pero, objetivamente, ¿usted cree que en un futuro cercano un país podrá abastecerse sólo de energías renovables?
-Absolutamente. Por ejemplo, este año en Estados Unidos hemos construido más plantas de energía solar y eólica que de petróleo, gas y carbón combinadas. Hay más gente empleada en la industria de la energía solar que lo que tenemos en las compañías carboníferas, y esto ha pasado recién en los últimos 2 años. Probablemente en mi país vamos a transitar a un 90% o 95% de energías renovables. No por un mandato del gobierno, sino porque el mercado nos va a llevar allá; simplemente, porque es más económico.

-¿En cuántos años más?
-Depende de los liderazgos que tengamos. Utilizamos 1.000 giga watts en la demanda pick, y cerca de 500 de ellos provienen del carbón; el resto proviene de otras energías como hidro y solar. El costo de reemplazar esos 500 es de 3 billones de dólares por cada giga watt, una parte ínfima de lo que se ha gastado en la guerra Irak. Una de las dificultades que tenemos en EE.UU. es el problema de transmisión, y en eso estamos trabajando.

-Pero usted está de acuerdo en que cualquier proyecto –sea una turbina o un panel solar– tendrá igualmente un impacto medioambiental…
-Absolutamente. Por eso hay que analizar el costo económico, medioambiental y el impacto en toda la comunidad. Proteger el medioambiente no es solo resguardar ríos y pájaros, es entender que la naturaleza es la infraestructura de nuestras comunidades y que si queremos dar oportunidades a nuestros hijos de prosperar necesitamos proteger nuestra infraestructura. Cuando analizo un proyecto, lo primero que veo es el costo que tendrá, y en muchos casos buenas políticas medioambientales coinciden con la forma más económica de lograr un megawatt de energía.

La “conversión” de Kennedy

La familia Kennedy –conocida por la muerte de varios de sus miembros en circunstancias extrañas– tiene gran influencia política en Estados Unidos. Una posición desde la cual han debido enfrentar ataques y críticas. Algo que el mismo Robert ha vivido en carne propia. El 18 de julio escribió una carta en el Wall Street Journal planteando que el proyecto eólico de Cape Wind, que planea instalar 130 turbinas en el mar frente a su casa en Hyannis Port, es “una estafa”. Según el actual presidente de la ONG Waterkeepers Alliance, “existen muchas alternativas de energías verdes más económicas”. En la misiva plantea que el precio que tendrían que pagar por cada kilowatt producido por Cape Wind es 19 centavos mayor del que podría ofrecer la opción “limpia y verde” de HydroQuebec, un proyecto de mega represas en Canadá.

La carta de Kennedy despertó las críticas de los ecologistas. Algunos hablaron de su “conversión” al preferir la energía hidroeléctrica en vez de la eólica. Otros dijeron que su postura es “el colmo de la hipocresía”. Más aún, considerando que en 2004 escribió el artículo Hydro is breaking our hearts (la hidroelectricidad está destruyendo nuestros corazones), en el que criticó los proyectos hidroeléctricos en Canadá. Pero Kennedy se defiende. A su juicio, fue un malentendido. “Debido a un error de imprenta, que intenté corregir antes de la publicación, mi punto de vista no se presentó en forma adecuada”, dijo posteriormente el abogado. “Déjenme aclarar esta confusión: no estoy a favor de proyectos masivos de represas y líneas de transmisión en Quebec, Canadá”, puntualizó.

-¿Por qué se produjo el malentendido?
-Yo envié al Wall Street Journal una carta previa a la publicación del artículo pidiéndoles que retiraran la línea de HydroQuebec porque no me estaba refiriendo a las grandes represas, las cuales no son verdes. Pero por alguna razón no pudieron hacerlo. En Canadá estoy trabajando con las comunidades locales en la construcción de energías limpias. Allá hay mucho viento, además estamos participando en la construcción de una de las mayores plantas solares a nivel mundial en Ontario. La línea que escribí es técnicamente correcta, pero necesita un poco de explicación: esa energía verde no viene de las grandes represas, sino de las plantas solares y eólicas y de pequeñas represas que estamos analizando.

-Entonces fue tergiversado, ¿igual que la vez que dijo que la presidenta Bachelet se oponía a las represas en Aysén?
-La ex presidenta Bachelet me entrevista dijo que se oponía a todas las grandes represas en el sur, que prefería otras opciones, pero que no se manifestaría públicamente porque no tenía legalmente el poder para luchas contra ellas. Cuando lo comenté, la prensa lo hizo ver como si ella fuera a luchar contra las represas, algo que nunca me dijo que haría. Lo que dije fue correcto, la forma en que lo entendieron, no.

-Volviendo a Cape Wind, usted es un defensor de la energía éolica, ¿cuál es el verdadero motivo de su oposición a este proyecto?
-Me opongo porque es derechamente malo. Mi hermano Joe tiene un parque eólico en el estado de Maine, produce excedentes de energía que ha tratado de vender en el estado de Massachussets a 10 centavos el kilowatt hora, versus los 24 centavos el kilowatt hora que costará la de Cape Wind. ¿Por qué pagar de más? No tiene mucho sentido. No todos los proyectos verdes son buenos, no todas las represas son malas, hay que analizar caso a caso, ver los costos medioambientales y económicos. Yo apoyaría Cape Wind si produjera energía a 10 centavos el kilowatt hora. No creo que las turbinas sean feas, no me opongo por esa razón.

-Algunos dicen que su oposición a Cape Wind es el clásico Nimby (Not in my backyard)…

-No, por ningún motivo. De hecho la gente que me invitó a unirme al movimiento contra el proyecto éolico son pescadores locales que van a perder su trabajo a causa de la central. Desde ese punto de vista es malo. Yo he trabajado 27 años con pescadores artesanales y he tratado de proteger su fuente laboral.

-Pero obviamente usted quiere favorecer a su hermano Joe…
-No se trata de favorecer a nadie, hay otra gente que también tiene proyectos éolicos… pero da la coincidencia que conozco muy bien el suyo. Saquemos a mi hermano Joe de esto y la pregunta es si prefieres pagar más o menos por la misma energía verde. ¿Eso te hace un hipócrita?