En Tierra del Fuego , esta reserva es el laboratorio de pruebas donde un puñado de científicos y empresarios -como Eliodoro Matte y Pedro Ibáñez- elaboran la formula para conciliar ecología y negocios. Conoce la historia de este proyecto y accede a nuestra galeria de imágenes del parque.

  • 18 febrero, 2009

 

Hombres de negocios y científicos de alto calibre están trabajando disciplinada y discretamente con el propósito de demostrar que la sustentabilidad tiene dos apellidos: ambiental y económica. El laboratorio de pruebas: los terrenos que Goldman Sachs heredó de la malograda Forestal Trillium y que equivalen a un tercio de la superficie de Tierra del Fuego, en esas 270 mil hectáreas, conservación y empresa ya marchan de la mano. Por Cristián Rivas Neira.

 

Revisa la galería de imágenes del Parque Natural Karukinka

 

En el extremo sur, en una faja equivalente a un tercio de la superficie de Tierra del Fuego, se está esmerilando la que podría ser la llave maestra que permita abrir las compuertas que hoy separan los mundos de la ecología y de la empresa. Congregado por Goldman Sachs, y al alero de la fundación Wildlife Conservation Society (WCS), un puñado de científicos, empresarios y personalidades de distintos ámbitos están trabajando “en serio” para que el significado de la palabra sustentabilidad tenga una acepción ambiental y económica integrada.

Sin hacer ruido, los integrantes del consejo asesor de Karukinka llevan años conciliando puntos de vista. Provenientes de quehaceres distintos: empresarios de la talla de Eliodoro Matte o Pedro Ibáñez, y científicos de reconocida trayectoria como Javier Simonetti y Juan Carlos Castilla, además de otras figuras destacadas en distintas facetas, como el historiador MateoMartinic, la consultora Kathleen Barclay y la abogada Laura Novoa, han trabajado en forma ecuménica para dar con un modelo al químico que demuestre que la ecología y los negocios no tienen por qué llevarse de las mechas, sino que pueden coexistir y madurar armónicamente.

En total son 19 los participantes de este consejo, quienes se han enfocado en la tarea de conocer y administrar el lugar. Lo primero que los ocupó, cuentan, fue bautizar el lugar. El nombre escogido fue Karukinka, una expresión de origen selk’nam que significa “nuestra tierra”. Visto desde fuera, el nombre representa no sólo un homenaje a la extinta etnia originaria de la zona, sino que a la vez tiene una significación especial: la Tierra es nuestra, o sea, de todos.

Pero dejémonos de poesía. Lo cierto es que esta experiencia tiene una importancia práctica sustantiva. En un mundo de necesidades infinitas y recursos escasos, tarde o temprano las inquietudes ambientales y económicas terminan friccionando. De ahí que un trabajo mancomunado como el que hace este consejo sea crucial. En Karukinka han decretado que su tarea es hacer conservación, incorporando la sustentabilidad financiera como requisito esencial. Y es ahí donde ya hay varias novedades.

 

 

 

Eliodoro Matte, Kathleen Barclay, Pedro Ibáñez, JavierSimonetti, Juan Carlos Castilla, empresarios y científicos conforman el consejo asesor de Karukinka. Su misión es compatibilizar los proyectos que aporten financiamiento con aquellos enfocados a la conservación y a la investigación.


Trabajo en serio

Bárbara Saavedra está a la cabeza de este emblemático proyecto de conservación. Pese a su potente formación como doctora en ecología y biología evolutiva, cuando le preguntamos por las emociones que le provoca Karukinka habla con el corazón: “es un lugar mágico, al que cuesta llegar, pero cualquiera sea el esfuerzo, se recompensa con creces”.

Ese “cuesta llegar” es literal, porque poner un pie en pie en la zona exige como mínimo un vuelo de rutina a Punta Arenas y entre seis y siete horas a través del Estrecho de Magallanes, hasta llegar a la parte suroeste de Tierra del Fuego, donde se encuentran las ¡270 mil hectáreas! Que componen Karukinka.

Pero no sólo la lejanía es lo que hace especial esta iniciativa de conservación. Como dijimos, en su carga genética hay una particularidad esencial: Karukinka quiere ser un referente que pueda marcar pauta en lo que a conservación respecta.

La primera diferencia específica proviene de la concepción misma de Karukinka. Hemos estado acostumbrados a que la conservación esté en manos del Estado o de ambientalistas particulares, como Douglas Tompkins, que administran por sí solos las extensiones de tierra que desean mantener.

Acá, en cambio, el esquema es distinto: Karukina surgió a partir de la donación que hizo uno de los bancos más reconocidos en el mundo, Goldman Sachs, a la fundación Wildlife Conservation Society (WCS) para que se encargara de la conservación de las extensiones que había recibido en Magallanes. De paso, este hecho salvó a Tierra del Fuego de caer en las manos del proyecto de explotación industrial de los milenarios bosques de lenga que promovía Forestal Trillium. (ver recuadro)

Pero eso sería apenas la antesala de lo que vendría. Los siguientes pasos fueron la conformación de un consejo asesor heterogéneo y el establecimiento de una carta de navegación que permitiera un punto de encuentro entre ambos mundos. “Nuestra misión es aplicar la investigación científica para tratar de resolver algunos conflictos entre el uso humano y la conservación de la naturaleza, tratando de generar situaciones en que ambos sean compatibles. Lo que nosotros esperamos es usar Karukinka como un modelo para mostrar que estas áreas sí se pueden integrar a la economía desde distintos ángulos y que pueden constituir ciertamente elementos de desarrollo con una visión de sustentabilidad”, expone Saavedra.

Uno de los aspectos destacables del proyecto es que aquí todos los planteamientos son válidos. Incluso cuando hay diferencias entre los miembros del consejo se analizan detalladamente los argumentos y, finalmente, se opta por uno u otro camino, explica el agrónomo y PhD en Economía de Recursos Naturales, Guillermo Donoso, que oficia de presidente del consejo.

En la misma línea, Kathleen Barclay recalca que el proyecto “es un ejemplo para el mundo. Principalmente, por la participación activa del sector privado. Los desafíos de conservación de este tipo son tan importantes y de tal magnitud que no pueden ser enfrentados sólo por los gobiernos, sino por todos. La alianza que en este caso se produce entre distintos sectores es ejemplar. El área productiva y las organizaciones ambientales pueden trabajar como socios, porque cada lado tiene algo distinto que aportar”.

Ambos cuentan que hasta ahora no han tenido necesidad de votar, sólo ha sido preciso debatir puntos de vista.
Sobre las posiciones más extremas de conservación, agregan que lo que se ha prestado para facilitar las decisiones es la amplitud del terreno, que da para poner en marcha zonas al 100% de conservación, otras con aptitud intermedia y una tercera en que se puede hacer un uso turístico más intensivo.

¿En qué están ahora los consejeros? Muy cerca de fijar un plan de uso público, que se conversará en la reunión anual de consejo de este año –a realizarse en marzo o abril próximos– y que abarcará toda una serie de proyectos de negocios asociados básicamente al turismo y que buscan dar un soporte indefinido al proyecto en el tiempo.

Turismo… y otras hierbas

En enero del año pasado, National Geographic puso al aire un extenso documental que expuso Karukinka ante los ojos de todo el mundo. Tras varias jornadas de grabación en la Patagonia y, particularmente, en estos terrenos de la dupla Goldman Sachs-WCS, fue tal la impresión que se llevaron del lugar, que al video lo bautizaron Edén en el fin del mundo. Así de simple y directo.

 

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Y es que el carácter de único de esta reserva es evidente. Si se mira el globo terráqueo a la altura del paralelo 54 del hemisferio norte, encontraremos una gran cantidad de tierras y bosques en América, Asia y Europa. Para hacernos una idea, la ciudad de Berlín está a esa altura. Ahora, si hacemos el mismo ejercicio de observación en el sur, lo único que veremos es Tierra del Fuego. Y dentro de la isla, las reservas de bosques y biodiversidad están casi todas del lado chileno, porque por el lado argentino se hizo un fuerte trabajo de explotación a comienzos del siglo pasado.

El territorio que describimos contiene grandes bosques de antiguas lengas, además de turbas, praderas, sistemas de ríos y montañas nevadas, junto a una amplia gama de vida silvestre, como pájaros carpinteros, picaflores, guanacos y zorros. Por eso, las bellezas naturales son uno de los pilares centrales para el desarrollo de la zona. Sobre todo, del turismo.

A eso es a lo que se está apostando con el diseño del plan de uso público que busca poner en marcha en el consejo asesor. En2008 ya avanzaron en un desarrollo piloto en algunas zonas. Pusieron en marcha cuatro rutas completas en distintas áreas, especiales para realizar caminatas, pesca y avistamiento de fauna como cóndores y guanacos.

Pero como todavía no existe equipamiento para un flujo importante de turistas, el consejo optó por comenzar a trabajar con pocos visitantes; en su mayoría estudiantes, académicos, investigadores y gente que se contacta con ellos directamente y que conoce del parque más que nada por los comentarios de quienes ya lo han visitado. Los acomodan en las distintas haciendas que hay dentro del predio, como una que está en Vicuña y que tiene capacidad para albergar a unas 13 personas.

Para ayudarlos en su visita, este año también adquirieron equipamiento básico, como bicicletas y kayaks, e hicieron evaluaciones de pesca con mosca en distintos ríos y lagos. Además, iniciaron la demarcación de senderos, los que imitan el colorido y la cultura de los selk’nam.

El olfato de negocios

Pero todo eso es apenas una pequeñísima parte de lo que se viene para Karukinka. Porque varios de sus consejeros están trabajando en distintas propuestas de nuevos negocios, que permitirán desplegar varios millones de dólares en inversión. Lo que se está haciendo es jerarquizar los lugares y proyectos que podrían ser atractivos para inversionistas externos, pero cuidando que su desarrollo sea compatible con la conservación.

Para ello, incluso están afinando un acuerdo con la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, que los ayudará a contactarse con potenciales inversionistas. “La idea, si todo resulta bien, es ponerle precio a un proyecto y salir a venderlo”, revela Saavedra. Dice que para la reunión del consejo de este año esperan tener más armado el plan de negocios y así discutirlo entre todos los participantes.

Entre los proyectos que se estudian hay varios que concitan un gran atractivo. Por ejemplo, la idea de construir una especie de puerto en el Seno del Almirantazgo (en la parte sur de Karukinka y que colinda con el Parque Nacional Alberto D’Agostini), para ofrecer un complemento terrestre a la oferta naviera que ya existe en la zona. Hoy son varios los barcos que llevan turistas a esa área, pero al descender no tienen ningún tipo de oferta, como guías turísticos, restaurantes u hoteles.

En esa misma zona está la localidad de La Paciencia, donde –aseguran los consejeros– están las mejores vistas de la Cordillera de Darwin. Lo que quieren levantar ahí es un hotel, que sería el complemento perfecto para el acceso público mediante un camino que ya construyó el ministerio de Obras Públicas.

Otro de los proyectos está dirigido a la zona de Puerto Arturo, uno de los sitios de mayor valor histórico. Allí subsisten los vestigios dejados por la explotación forestal de principios del siglo pasado y la colonización de europeos. Lo que se quiere es construir un museo, además de otras instalaciones como hoteles o restaurantes.

También es importante lo que se pueda lograr hacia el interior del territorio. Por ejemplo, se está pensando en desarrollar un lodge en la zona de Lago Escondido, donde está la naciente del Río Grande, y que es un lugar ideal para practicar pesca con mosca.

Pero las ideas van mucho más allá. Guillermo Donoso, por ejemplo, se preocupó de estudiar este año los sistemas de turbas (material orgánico esponjoso de origen vegetal, rico en carbono), que comercialmente en el mundo han tenido un uso creciente; por ejemplo, en la industria de pañales, por su alta absorción de agua. La idea entonces es que en abril próximo presente sus compañeros todo el material que reúna sobre este tema.

En otro plano, Laura Novoa ha estado preocupada de dirigir un grupo de abogados que defina la forma en que se enfrentarán, por ejemplo, a eventuales decisiones de explotación minera. Como la concesión minera se da a los recursos que hay debajo de la tierra, podrían enfrentar problemas por el interés de algunos grupos en explorar hidrocarburos en la zona y, ante ese riesgo, están trabajando en una propuesta que permita acotar eventuales litigios.

 

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En paralelo, varios de los científicos que componen el consejo asesor del parque realizan trabajos y mediciones en forma separada. Algunos están dedicados a temas de valoración de los recursos naturales; otros, a analizar el uso sustentable de los bosques nativos; o desarrollando planes de educación con las comunidades cercanas y algunos, estudiando la conservación en zonas costeras.

Una de las áreas sensibles en la que todos están participando es en cómo erradicar las especies exógenas, como el castor. Este animal se introdujo a Tierra del Fuego el siglo pasado y, por falta de predadores naturales se expandió rápidamente por la zona y hoy, incluso, estaría colonizando el territorio continental.

Lo que produce en el ecosistema es observable a simple vista. Bosques inundados a causa de las represas que construyen, zonas de árboles milenarios destruidas por su acción taladora y distintos tipos de cambios en los microclimas, con zonas pantanosas que antes no existían. Por eso, el grupo también está trabajando coordinadamente con organismos chilenos y argentinos para poner en marcha un plan de erradicación de esta especie invasora. De que tienen trabajo, lo tienen.

 

 

El giro ambiental de Goldman Sachs

La experiencia ambiental que emprendió Goldman Sachs al donar los terrenos a la WildlifeConservation Society (WCS) los hizo pensar más abiertamente acerca de cómo los asuntos ambientales se relacionaban con su negocio, netamente financiero. El managing director de la compañía, Tracy R. Wolstencroft, contó a Capital desde Nueva York que un año después de la donación, en 2005, decidieron establecer una política medioambiental propia, con la que contrajeron una serie de compromisos para desarrollar a través de sus negocios.

“Nuestro Environmental Strategy Group es responsable de supervisar la implementación de estos compromisos, coordinar y ayudar a dirigir las iniciativas ambientales globales de la empresa y manejar el Center for Environmental Markets de Goldman Sachs, a través del cual nos juntamos con organizaciones académicas y no-gubernamentales para examinar y dar soluciones a los desafíos ambientales, basados en el mercado”. Dice que un ejemplo concreto de cómo están llevando adelante su trabajo es lo que han desarrollado en el área de las energías alternativas, donde ya han invertido más de 2.000 millones de dólares en proyectos eólicos, solares y de geotermia, excediendo con creces el compromiso inicial de invertir del orden de los mil millones de dólares.

Cuenta, además, que son líderes en el mercado de emisiones de carbono, donde han estado intercambiando créditos de carbono en el mercado europeo a través del Emissions Trading Scheme de la Unión Europea, actividades que han expandido desde hace poco a Norteamérica, donde están invirtiendo en créditos de reducción de emisión y ayudando a los clientes a manejar sus riesgos de carbono. “En conclusión, lo que comenzó como una iniciativa inteligente de una de nuestras personas para hacer lo correcto, resultó no sólo en la preservación de las tierras de Karukinka en alianza con Wildlife Conservation Society, sino que en la solidificación de nuestra política ambiental y en una serie de atractivas oportunidades de negocios para la empresa, basados en la premisa de que un ambiente saludable es la base para una economía fuerte y sustentable”, puntualiza Wolstencroft.

 

Mucho mejor que Trillium

“Una estrategia para el aprovechamiento comercial en forma sostenible de la especie Lenga en las regiones australes del país, mediante el establecimiento de plantaciones con semilla mejorada genéticamente, la mejora de las técnicas de producción de plantas y optimización de las técnicas de establecimiento de plantaciones. De esta manera se evitará depender sólo de la regeneración natural, la cual es de establecimiento más lento y proveniente de un material original de calidad desconocida”.

Así decía, más o menos, el proyecto que la Forestal Trillium pretendía desarrollar en sus terrenos de las actual Karukinka. Levantaron instalaciones en Punta Arenas, prometieron empleos, desarrollaron una amplia tarea de lobby con autoridades y medios de comunicación y esperaron las aprobaciones ambientales para iniciar sus labores. En el intertanto, su situación económica se complicó y en 2002 terminaron entregando las más de 270 mil hectáreas a Goldman Sachs, vía pagarés en mora.

Tras analizar el asunto por varios meses y evaluar el costo de oportunidad, las opciones de Goldman Sachs iban desde lotear el terreno y recuperar los alrededor de 30 millones de dólares a que equivalían los pagarés –según versiones de prensa de la época no confirmadas por el banco de inversión– hasta donarlo y recuperar parte de este monto vía reducción de impuestos. Fue esta última alternativa la que más agradó a los principales ejecutivos de la firma, donde “por una constelación extraña de fuerzas de la naturaleza” –como defina Bárbara Saavedra– había voces muy a favor de la conservación.

Tomada la decisión, vino la siguiente etapa: evaluar el mejor candidato para hacerse cargo del proyecto. La legislación estadounidense permite deducir impuestos de este tipo de donaciones, siempre y cuando se hagan en favor de una institución de ese mismo país. Fue así como se conversó con varias, hasta que se optó por Wildlife Conservation Society (WCS), a la cual cedieron los derechos en septiembre de 2004. Junto con las tierras, el banco hizo una contribución en dinero con el fin de apoyar el desarrollo inicial del proyecto de conservación (con un presupuesto anual en torno a los 600 mil dólares), a lo que se suma otro aporte a un fondo fiduciario, en el que cada peso que consiga la fundación el banco lo duplica. Esto, con el fin de ayudar a la perpetuidad de la iniciativa. Esta alianza se hizo inicialmente por tres años y se renovó por otro período similar, hasta 2010.

WCS tiene un amplio prestigio en el mundo, con una trayectoria de más de un siglo ligada al medioambiente. Además de hacer investigación científica y una diversa gama de programas en más de 60 países, administra parques como el zoológico del Bronx, en Nueva York. En Chile ha desarrollado programas en torno a la conservación de flamencos en el altiplano, de aves marinas en el archipiélago de Juan Fernández y de ballenas azules en el golfo del Corcovado, entre otras actividades.