Basta de juicios apresurados y acusaciones infundadas. Tras años de irradiar desarrollo económico a nivel mundial, el modelo de libre mercado merece una defensa. Porque los ciclos no son algo nuevo, la política monetaria debe cumplir su función y las regulaciones correctas también tienen su espacio. El abogado: Juan Andrés Fontaine.

  • 17 marzo, 2009

 

Escuche parte de la entrevista en nuestra sección Podcast.

 

Basta de juicios apresurados y acusaciones infundadas. Tras años de irradiar desarrollo económico a nivel mundial, el modelo de libre mercado merece una defensa. Porque los ciclos no son algo nuevo, la política monetaria debe cumplir su función y las regulaciones correctas también tienen su espacio. El abogado: Juan Andrés Fontaine. Por Guillermo Turner; foto, Enrique Stindt.

 

Bastó una breve introducción para que el economista Juan Andrés Fontaine, socio de la consultora Fontaine & Paúl, iniciara la conversación con la frase perfecta para titular esta entrevista: “asistimos a una especie de revancha estatista, donde los economistas, políticos y lideres de distinto tipo, que han mascado su frustración desde la caída del Muro de Berlín hasta la fecha, viendo cómo sus modelos preferidos fracasaron y como el libre mercado triunfaba en el mundo y creaba prosperidad, de pronto encuentran un argumento para confirmar sus sospechas y desconfianza hacia la iniciativa privada y lanzan esta hipótesis de que lo que aquí ha fracasado es el libre mercado, el capitalismo”.

-¿Pero le cabe alguna cuota de responsabilidad al modelo?

-Hay que entender que el crecimiento económico en general –y en particular en una economía de mercado– es cíclico, y así como genera una trayectoria de mucho progreso, también de cuando en cuando sufre estos embates. Y en esta oportunidad este ciclo económico ha desembocado en una gran crisis financiera, producto de importantes errores y por eso entiendo que haya cierto desconcierto y frustración. Yo personalmente estoy muy decepcionado respecto a la manera en cómo específicamente en Estados Unidos se han manejado las políticas económicas que es en parte lo que ha conducido a este resultado, tanto las medidas preventivas como las curativas.

-Pero detrás de esos errores hay políticas públicas de los respectivos gobiernos, lo que eleva las responsabilidades al ámbito de las decisiones políticas.

-Hay de todo, pero quizás deberíamos primero hacer una descripción de cómo llegamos a esto, porque es imposible identificar las fallas sin precisar el diagnóstico. A partir de las reformas pro libre mercado de Estados Unidos, Inglaterra, Europa, América latina y Asia, específicamente China, el mundo entró en una fase inédita de prosperidad, con un crecimiento promedio en los últimos 20 años del orden de 3,5% anual y un aumento de 50% en el ingreso per cápita. Suele ocurrir, por un tema de la naturaleza humana, que cuando es tan prolongada la bonanza, termina creando malos hábitos, como un exceso de optimismo y toma de riesgos. Ese exceso contagió no solamente las decisiones individuales de empresas y personas, sino también las políticas, y hay políticas económicas que hoy uno las percibe como demasiado riesgosas y que de alguna manera fomentaron este resultado y condujeron a un exceso de endeudamiento. Estos ciclos de endeudamiento los hemos visto en la historia de la humanidad repetidamente. Y muchos de esos ciclos, no todos, terminan finalmente en una crisis financiera.

-Los hechos se repiten, pero la duda es si ahora estamos viviendo un ciclo más en la historia de la economía o uno que marcará un nuevo modelo futuro.

-Siempre los ciclos, y particularmente las contracciones económicas fuertes como la que estamos viviendo, dejan enseñanzas y van a influir en la política futura, pero la pregunta concreta es difícil de contestar. Creo que este ciclo ha desembocado en esta oportunidad en una crisis financiera muy seria, en un brote de pánico financiero, en una enorme desconfianza que paraliza las decisiones y, efectivamente, eso puede provocar cambios profundos y positivos en el curso de las políticas económicas.

-Cierto que las consecuencias se verán más adelante, pero ¿es posible prever el impacto de largo plazo de las medidas curativas?

-A medida que empieza a difundirse esta equivocada visión de que la responsabilidad de este desastre está en las políticas de libre mercado, hay efectivamente un riesgo de que termine yendo en esa dirección el curso de la futura política económica. Pero como decía, estos excesos de endeudamiento y estas crisis se repiten en la historia desde la antigüedad. Tiberio en Roma ayudó a los bancos romanos con una suerte de paquete financiero; el Jubileo de la tradición judía era un perdón de deudas cada siete años. Hay muchísimos ejemplos más recientes, en economías con diverso grado de control estatal y rol del mercado.

 


Volviendo al origen

“En la fase previa, aparte de esta gran prosperidad y expectativas muy optimistas que llevan a la gente a tomar exceso
de riesgo, hay un agravante: la bonanza fue asimétrica, en el sentido de que hubo países con un gran salto en crecimiento económico, como China, que ahorraron fuertemente y desviaron esos recursos hacia un Estados Unidos que aparecía como el lugar más seguro y rentable para invertir. Como consecuencia, Estados Unidos recibió una enorme entrada de capitales a propósito de este desarrollo, sumando a la prosperidad este gran flujo de capital”, dice Fontaine.

-Esa explicación formó parte de los descargos de Greenspan en el Wall Street Journal.

-También Bernanke dijo que en el fondo esta gran entrada de capitales provocó en Estados Unidos efectos similares a lo que desencadenó la crisis asiática en los países emergentes: fuerte ingreso de capitales, fallas en el sistema financiero, exceso de gasto y endeudamiento. Estos grandes flujos de capitales crean desafíos importantes en el manejo de políticas macroeconómicas. Nosotros vivimos problemas similares entre 1979 y 1981. En Estados Unidos se cometieron errores de política monetaria y fiscal que en parte son culpables de la gestación de la crisis. Además, la regulación financiera en ese país mostró serias fallas.

-¿Cómo se enfrenta el discurso anti mercado cuando las medidas que están tomando las supuestas economías capitalistas, como la intervención fiscal de bancos y empresas, sirven precisamente para promover esa “revancha estatista”?

-Pero esa promoción del estatismo a partir de las medidas de emergencia que se apliquen en una crisis constituye simplemente un error. La labor de los bomberos al apagar un incendio es esencialmente distinta a la labor de los arquitectos y constructores cuando hay que reconstruir el edificio dañado. En ese sentido, nunca los mercados funcionan en el vacío, todos operan sobre un andamiaje jurídico que se encarga de que se respeten los derechos de propiedad, que se cumplan los contratos, haya buena información y se administren las externalidades o riesgos sistémicos. En el caso del mercado financiero esos problemas son particularmente complejos y difíciles de tratar, por eso nadie en su sano juicio plantea un absoluto laissez faire. Los problemas del mercado financiero norteamericano no son atribuibles a una desregulación (que fue parcial y limitada a eliminar ciertas restricciones obsoletas) sino a mala regulación.

-¿Proponer la capitalización fiscal de empresas en Chile –como lo hizo la DC– va más allá de la labor del bombero?

-La capitalización temporal de bancos y otras instituciones financieras con gran capacidad de provocar riesgo sistémico es inevitable, y así se hizo en el caso chileno en la crisis de los 80, así ocurrió en México poco después o en Suecia a comienzos de los 90. Esa acción rutinaria es realizada por los bomberos financieros en todas partes del mundo. Ahora, aplicar eso al resto de las empresas es algo distinto. Uno puede imaginar casos de empresas no financieras que podrían causar algún problema sistémico, pero sería muy excepcional y, por lo mismo, es correcto que sea materia de una ley específica que se discuta en el Congreso caso a caso. Pero como norma general me parece que los problemas de solvencia de las empresas o financieras deben ser tratados por sus propios dueños, agregando capital adicional, consiguiéndose socios o, si eso no resulta, a través del concurso de sus acreedores o, finalmente, a través de la Ley de Quiebras. Lo anterior no tiene nada de escandaloso. De hecho, a lo largo de la historia económica se ha visto que un aspecto positivo –aunque parezca paradójico– de las crisis económicas es que ayudan a limpiar la economía de las malas empresas que también existen.

-¿Qué evaluación hace de las medidas puestas en práctica por el gobierno para enfrentar la crisis a nivel local?

-En Chile lo que estamos viendo es una reacción de las políticas económicas básicamente fiscales y monetarias destinadas a contrarrestar esta fuerte caída de la demanda. Lo primero que habría que preguntarse es por qué en Chile la demanda interna se ha desplomado como lo ha hecho de acuerdo a los últimos datos… A mi me sorprende, creo que la economía chilena tiene grandes fortalezas conocidas y reconocidas y que, tanto por su estructura como por sus ahorros, me hacía pensar que teníamos más capacidad de resistir el temporal. Pero el primer impacto ha sido este gran temor y la consecuente contracción en las compras por parte de los consumidores, freno en los proyectos de inversión, otorgamiento de créditos y contrataciones y aumentos de los despidos. La orientación de la política económica ha estado correcta en tratar de contrarrestar ese efecto. Lo más importante es actuar a través de la política monetaria, rebajando prudentemente la tasa de interés y asegurando buena liquidez. Pero el Banco Central ha tomado ese camino con demasiado entusiasmo. Al rebajar en 600 puntos su tasa de interés en tres meses me parece que está señalando que hay riesgo inminente de grave recesión, lo que puede terminar siendo una profecía auto cumplida. A futuro, el bandazo monetario va a ser difícil de revertir. Soy partidario de un manejo más fino del manubrio monetario.

En general, soy un gran creyente de la capacidad de la política monetaria para superar este tipo de problemas. Hay un debate en Estados Unidos en este momento respecto al poder de la política monetaria, por eso se puso de moda el keynesianismo, debate que allá hace más sentido, ya que como los bancos están desarticulados la política monetaria pierde uno de sus canales de influencia mas importante…

 

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-El ministro Velasco decía hace un tiempo que ahora todos son keynesianos…

-El keynesianismo tiene distintos elementos. Keynes fue un economista genial que acertó en su diagnóstico respecto de que las economías tienen esta propensión a entrar en fluctuaciones cíclicas asociadas a cambios en las expectativas de los consumidores e inversionistas. Ahora todos somos keynesianos en cuanto a que reconocemos la existencia de esa fuente. Pero en cuanto a la receta keynesiana, él se inclinó fuertemente a favor de la política fiscal e hizo toda una crítica a la política monetaria. Desde 1936 (la época de Keynes) en adelante se ha aprendido que esa crítica era gravemente errónea y que la receta fiscal suele terminar siendo pan para hoy y hambre para mañana.

-Como ministro de Hacienda, ¿habría aplicado el paquete anunciado en febrero?

-No puedo contestar esa pregunta porque no tengo toda la información de las cuentas fiscales de que dispone un ministro de Hacienda.

-Entonces cambio la pregunta hacia adelante: ¿a favor o en contra de nuevas medidas?

-Hay un espacio para acciones fiscales tendientes a combatir el desempleo y a apoyar a la pequeña y mediana empresa en sus problemas de liquidez; sin embargo, tendría mucho cuidado en que las medidas que se adopten sean estrictamente temporales y que no nos hagan incurrir en un déficit fiscal de carácter más permanente. Mi estimación es que el déficit fiscal de este año será por lo menos 4% del producto, lo cual es una suma alta, la mayor en los últimos años. Y hacia adelante, considerando el bajo crecimiento del mundo y las perspectivas de precio del cobre, podemos tener un sostenido déficit fiscal. Afortunadamente, estamos en un punto de partida muy bueno, porque los ahorros acumulados –mérito sin duda en parte del ministro Velasco y del gobierno actual– nos permiten enfrentar este déficit con la tranquilidad de que tenemos cómo financiarlos, pero en la medida que empiezan a eternizarse no hay ahorro que aguante. En consecuencia, hay que tener cuidado de que este debate actual conduzca a acciones de política fiscal que después se tornen insostenibles. Y eso el mercado lo sabe.

-¿Eso implica cuidarse también de las medidas que implican reducir el ingreso fiscal, como una rebaja al IVA?

-Hay rebajas de impuestos que se hacen muy difícil de retrotraer, como por ejemplo el caso del IVA o de los combustibles. Creo que en estas situaciones no son convenientes. En cambio, sí apoyo rebajas temporales de impuestos y postergaciones de pagos de impuestos, como el PPM. También, el otorgamiento de subsidios o de estímulos para la inversión y el empleo a través de créditos tributarios.

-¿Echa de menos una actitud más proactiva por parte de sectores pro mercado en lo que a ideas para enfrentar la crisis se refiere?

-En Chile no estamos en crisis, estamos enfrentando una eventual recesión asociada a una drástica caída de la demanda y eso implica que estamos en el terreno habitual de la macroeconomía. Podemos discutir si la receta fiscal o la monetaria es la más apropiada, pero es un terreno técnico en el cual conocemos lo que hay que hacer, de manera que no es equivalente al problema que se discute en Estados Unidos, donde sí hay dificultades estructurales en el sistema financiero. Ahora, lo que sí lamento es que el debate parece concentrado en la coyuntura y falta un análisis más a fondo de por qué Chile está cayendo o al borde de la recesión, cuando todos considerábamos que el país como nunca estaba bien preparado para enfrentar esta situación. Una explicación es que simplemente esta crisis sea mucho más fuerte que todo lo que habíamos esperado; pero la otra posibilidad –y me inclino por ella– es que durante los últimos años nosotros nos acostumbramos a depender demasiado de la economía mundial… Somos una economía pequeña y, obviamente, nos afecta lo que pase en el mundo, pero precisamente porque somos pequeños podemos encontrar nichos para aumentar la competitividad y mejorar nuestra participación de mercado aun en aquellos que están cayendo. Y ese tipo de visión ha estado ausente. Nuestras autoridades han tendido permanentemente a exagerar un poco la nota respecto de la situación externa, casi para utilizarla de excusa de por qué aquí las cosas no están tan bien.

 

 

 


Tres origenes de la crisis


Tres áreas distingue Juan Andrés Fontaine al momento de evaluar los errores que se cometieron en la fase previa a la crisis.

1. Las políticas macroeconómicas: “pienso que si bien el manejo del Banco Central de Estados Unidos fue en general muy acertado por parte de Greenspan, se fue confiando demasiado en la capacidad de los pequeños movimientos de tasa de interés para estabilizar la economía y desatendiendo la gestación de este exceso de endeudamiento.

Específicamente, tras el shock causado por el atentado contra las Twin Towers, la política monetaria y la fiscal se tornaron demasiado expansivas y por demasiado tiempo. Tal vez la crisis es indirectamente obra de Osama Bin Laden”

2. La regulación financiera: “Aquí es donde los críticos del mercado centran sus disparos y con cierta razón, porque el mercado financiero es el cerebro de la economía, es la torre de control en la asignación de recursos y, por consecuencia, tiene que manejare muy bien. Pensábamos que el mercado de capitales de Estados Unidos era un modelo de buena regulación financiera y ahora hemos descubierto que había fallas sumamente importantes en sus regulaciones y de otros países que se inspiraron en su sistema. No es que haya sido un mercado desregulado, no es que el mercado financiero norteamericano haya sido el terreno del laissez faire, sino que uno con fallas. Por ejemplo, se delegó la regulación a fórmulas de autorregulación (lo que no es propiamente una desregulación”), con activa participación de clasificadores de riesgos y complejos modelos de valoración de las inversiones, en cuyo manejo hubo serios errores por fallas en el diseño de los incentivos”.

Todas estas fallas desembocan en este gran endeudamiento y las cifras son impresionantes. El endeudamiento del sector privado como porcentaje del producto en Estados Unidos pasó de 160% el año 80 a 360% hoy.

¿Qué errores de regulación uno puede observar? Primero, si bien hay regulaciones -y algunas de ellas bien estrictas- el sistema es dual, o sea concentra sus regulaciones en la banca comercial y deja sometido a un sistema mucho más laxo de controles y supervisión a los intermediarios financieros no bancarios, como los bancos de inversión. También ocurre que los índices de Basilea, surgidos de un proceso de coordinación internacional, tienen un carácter pro cíclico y eso hace que cuando las cosas están bien, los bancos prestan más de la cuenta y, al revés, cuando las cosas están mal, prestan menos de la cuenta.

Tampoco se abordó bien el complejo problema del to big to fail, esto es, que ciertos bancos u otros intermediarios alcancen una gravitación tal que obligue a la autoridad a acudir a su rescate en caso de problemas. Esto crea muy malos incentivos. Modestia aparte, la ley chilena de 1986 se hace cargo de ese problema mejor que la norteamericana, estableciendo de antemano un mecanismo excepcional para que los depositantes y acreedores de largo plazo de una institución financiera asuman parte del costo de la recapitalización. La ausencia de ese mecanismo, que en la práctica no puede ser suplido por un procedimiento de quiebra normal, es lo que hace que la actual crisis financiera norteamericana se arrastre ya por tantos meses.

Dentro de este ámbito, se ha criticado mucho de que el sistema fue opaco, que nadie entendía bien los productos financieros cada vez más sofisticados que se empezaron a transar. Esa creatividad tuvo efectos muy positivos porque ayudó a distribuir y diversificar los riesgos y, en consecuencia, bajó los costos de capital y permitió que una cantidad de empresas y personas accediera a endeudamiento más barato. Pero también un lado negativo: fue más rápida que los reguladores y que los supervisores. Como consecuencia, hay un mea culpa que éstos deben hacer, ya que pudieron haber hecho mejor su pega”.

3. La intervención fiscal: “la tercera gran fuente de errores en el aspecto preventivo de esta crisis tiene que ver con una muy fuerte intervención del Estado a favor del financiamiento de la vivienda, a través de estas instituciones semi estatales como lo eran Fannie Mae y Freddie Mac y también en ciertos cambios regulatorios que indujeron a los bancos a entrar muy agresivamente en el terreno del financiamiento de los famosos créditos subprime; todo ello, por razones políticas en los años 90. Ahí hay un ejemplo de lo que podría pasar en el mundo si se extendiera esta idea de la propiedad pública”.