“Todos los clientes son importantes, desde el que compra un peso hasta el que compra mil pesos”. Cada frase que pronuncia José Bayelle lo delata como el comerciante de tomo y lomo que es. Emblemático en el retail del sur por haber seguido siempre su camino propio, acaba de cerrar una alianza con Southern Cross que promete seguir dando de qué hablar.

  • 23 julio, 2008

 
“Todos los clientes son importantes, desde el que compra un peso hasta el que compra mil pesos”. Cada frase que pronuncia José Bayelle lo delata como el comerciante de tomo y lomo que es. Emblemático en el retail del sur por haber seguido siempre su camino propio, acaba de cerrar una alianza con Southern Cross que promete seguir dando de qué hablar. Por María Eugenia González.

 
El inconfundible acento y el rosario musulmán entre los dedos de José Bayelle, retrotraen a algún templo del Medio Oriente. Pero no estamos en las tierras de Las Mil y una Noches, sino en el Club Alemán de Osorno, en el sur de Chile. Es sábado y el patriarca de los supermercados Bigger viste elegantemente y conversa animadamente con autoridades y periodistas en medio de una actividad social que reúne a la “crema y nata” de “la ciudad de los toros”.

Fue en este escenario, y después de varias solicitudes de entrevista, que decidió contarnos algunos detalles de las largas negociaciones que, hace pocos días, le permitieron cerrar una alianza con el fondo de inversiones Southern Cross, en una operación que fue ampliamente seguida por los medios y que generó una fuerte seguidilla de rumores. Fue también en ese ambiente que aprovechamos de hacer un breve recorrido por su intensa vida empresarial.

Porque la historia de los Bayelle comienza en los 60, cuando José decide emigrar junto a su madre y hermanos desde Mardin, en el sur de Turquía, y trasladarse hasta Pueblo Chico, en Río Negro, a 30 kilómetros de Osorno. Allí nacería el antepasado de Bigger, el pequeño supermercado La Reina, aún recordado por sus parroquianos.

Desde aquella época, recuerda Bayelle, “fui creciendo, trabajando más y más. Sí, porque yo trabajo 18 horas al día, señorita, y no se me suben los humos a la cabeza”. Se ve que el empresario es de esos hombres chapados a la antigua y, aunque se esmere, siempre sale a la luz su sello: “mire, para mí todos los clientes son importantes, desde el que compra un peso hasta el que compra mil pesos”.

Ya en esos años, confidencia, aprendió que “la gente más humilde es la más fiel”. Por eso, asegura, siempre se ha preocupado del trato directo con sus clientes; al punto, reconoce entre risas, que “a veces fío a los que son de confianza”. Para eso cuenta con un mítico cuaderno, similar al que se usan en los boliches de barrio. Y casi como para subrayar esta vocación, ese impulso comercial genético que ha marcado toda su vida, añade que “hay clientes a los que atiendo hace 48 años y que todavía me compran a mí, porque saben que no los estoy engañando. ¿Por qué cree que le compran a uno? Porque uno siempre los ha tratado correctamente… Siempre el mejor camino es ser honrado y correcto”.

Ese ha sido, a su juicio, uno de los secretos de su éxito. De hecho, grandes cadenas como Santa Isabel debieron salirse del negocio en Osorno hace unos años, porque estaban perdiendo plata. Así, gracias a esa batalla ganada, fue que Bayelle se hizo en esa oportunidad de un local de 15.000 metros cuadrados en 4.300 millones de pesos. Hasta ese momento, se dice que los administradores de otros supermercados no se convencían de que los Bigger vendieran más que ellos… Pero los hechos han dicho otra cosa.

 

 

 

Personalidad

Como “un hombre sencillo, inteligente y sobre todo muy austero” lo describen quienes lo conocen. Un hombre que no tiene pudor en contar que él mismo abre y cierra sus negocios, que tampoco tiene empacho en detallar cuánto gana, ni de recordar sus esforzados inicios. Todo esto puede descolocar a quien recién lo contacta, considerando que se trata de un empresario que llegó a controlar el 25% del mercado del retail de la Región de Los Lagos y a facturar 220 millones de dólares anuales.

Su oficina, ubicada en lo alto del supermercado mayorista La Bodega, está cubierta de papeles, cajas de productos, un pequeño refrigerador, un cenicero enorme lleno de dulces y otro donde apila las decenas de colillas de cigarrillos que fuma durante el día. La imagen es casi de fábula; es como si a partir de él se hubiera elaborado el icono del comerciante a la antigua… “Fíjate que llegabas a verlo y te ofrecía dulces, bebidas, o cigarrillos”, recuerda el ex periodista del diario El Llanquihue Víctor Toloza, hoy editor de El Sur de Concepción, quien explica que en su oficina, Bayelle podía seguir minuto a minuto el ritmo de actividad del negocio.

Su sencillez queda en evidencia en la anécdota que recuerda una periodista de una radio de Osorno, que arrienda un departamento en un edificio propiedad de Bayelle en el centro de la ciudad. Como le habían subido los gastos comunes, acudió directamente a hablar con él a su oficina de La Bodega. Después de una larga y amena conversación, José Bayelle terminó corrigiendo el valor, porque descubrió que el administrador estaba cobrando de más, y ofreciéndole a ella la administración del edificio.

Hace un par de años, la empresaria panameña Sofía Hillbert, dueña de Latin Gaming, recordaba que en su decisión de participar en la licitación de casinos con una propuesta para Osorno –la que finalmente ganó–, pesó de manera fundamental la negociación que sostuvo de forma directa con José Bayelle. Su estilo personal y el que se trataba de una empresa familiar, al igual como la de ella, donde colaboran sus dos hijos, la hizo tomar la decisión.

Alan Céspedes, gerente general de Latin Gaming Chile, destaca justamente este aspecto del empresario: “hay muchas empresas familiares, pero pocas familias a cargo de una empresa”, sentencia.

Y eso es lo que sucede con los Bayelle. Casado con una chilena de origen sirio, Josefina Nahum, quien lo acompaña en la contabilidad del negocio, el matrimonio tiene cinco hijos (Ricardo, Ximena, Juan Carlos, Paula y María José), cuatro de los cuales son ingenieros comerciales y uno, ingeniero civil.

Todos se involucran en el quehacer diario del negocio, incluso recorriendo, al igual que el padre, los pasillos de los supermercados, para ver que todo esté en orden. En esto no queda nadie fuera, ni siquiera los nietos, asegura Alan Céspedes.“Ellos laboran en las actividades que se les asignan, con sentido de humildad, de saber que deben responder a la confianza familiar”.

Pero eso no es lo único que impresiona en este empresario. También llama la atención su sentido emprendedor. “Recuerdo –dice Céspedes– la primera vez que nos sentamos a conversar en 2003 sobre un proyecto de casino. El se imaginó inmediatamente el proyecto y fue su principal impulsor, porque veía oportunidades para brindar a la provincia”.

 

 

El negocio

Pero, ¿cómo se produjo la alianza con Southern Cross? Porque fueron varios los interesados en hacer negocios con los Bayelle que no llegaron a buen puerto. Sus hijos, que participan del negocio con la misma intensidad que él, fueron clave en la decisión, asegura el patriarca: “ellos decidieron alianzar con otro. Yo no soy el que decide, la palabra final la tienen ellos. Como son ingenieros, saben más cosas”.

 

Sin embargo, reconoce también que no pudieron abstraerse del actual escenario del supermercadismo, donde se están produciendo constantes fusiones y adquisiciones. En sus palabras explica que “como están hoy todas la empresas juntándose, nosotros también nos logramos unir con una (Southern Cross) y lo hicimos porque pensamos que va a ser mucho mejor. Además, vamos a tener un director en la mesa, mi hijo Ricardo, que es ingeniero comercial”.

 

Detalla que “seguiremos teniendo un porcentaje de participación en la nueva empresa, pero no el control. Es un porcentaje más o menos importante, yo creo, pero eso lo maneja mi hijo Ricardo”. También se quedaron con la distribuidora Dimak, “con la que llegamos desde Concepción a Coyhaique”.

 

Está consciente de “que hoy los dueños de supermercados son más fríos, no tienen contacto con la gente”, pero dice que él tiene un negocio que no entró en la operación con Southern Cross, La Bodega, donde seguirá canalizando su estilo. Se trata de un centro mayorista que factura 450 millones de pesos mensuales, en el cual “no tengo ni una publicidad, ni aviso en la radio ni en los diarios, pero donde vendo bastante porque hay un trato de persona a persona”.

 

Gracias a la operación, los Bayelle quedarán con caja para iniciar o potenciar nuevos negocios, y eso es lo que proyectan hacer. Una de esas áreas será el desarrollo inmobiliario. “Tenemos varios sitios en Osorno y en Valdivia, y por ahora estamos construyendo un supermercado en Valdivia, que se inaugurará en noviembre-diciembre. En los terrenos de Osorno estamos desplegando un proyecto en la intersección de las calles Ramírez y Bulnes”.

De hecho, invirtieron 16 millones de dólares en la construcción de tres nuevos locales –dos en Valdivia y otro en Frutillar, pronto a inaugurar–, con lo que la firma llegó a un total de 16 supermercados.

El desarrollo del Casino Plaza del Sol será otra de las áreas en que concentrarán sus fuerzas. Las obras se encuentran en una etapa avanzada, porque este es uno de los proyectos en los que más ha trabajado José Bayelle durante el último año. Según cuenta, ha tenido una intervención importante en el tema “porque el sitio es de nosotros”: tendrá un hotel cinco estrellas, restaurantes, salas de eventos, cines, bowling, distintos ambientes, un casino de juegos y sala de bingo.

Como nada quedó al azar, el hotel del casino estará en manos de la cadena norteamericana Sonesta, también una empresa familiar, y de los operadores colombianos GHL. El proyecto es ambicioso: integrar el circuito turístico de Bariloche a la oferta que se producirá en Osorno.

¿Y analizan algún otro negocio? Entre risas dice que “eso depende de cuándo se presente la oportunidad. Si creemos que va a ser importante, vamos a meternos”. Se ve que el hombre sabe.