John Müller está pesimista. Cree que la imagen de Chile en el mundo quedó destruida, que será complicado volver a atraer capitales extranjeros, que la forma en que se expresó la crisis social no se parece a ninguna otra del mundo y que la televisión cubrió excesivamente las manifestaciones. “Es como ponerle un canal de televisión a un secuestrador para que haga públicas sus demandas”, indica el periodista chileno radicado en España.
Por: Josefina Ríos
Foto: Verónica Ortíz

  • 26 noviembre, 2019

La imagen de Chile ha quedado destruida”, asegura sentado en un café de Providencia John Müller. El periodista chileno radicado en Madrid tiene una mirada descarnada de lo que ha vivido el país durante el último mes y cree que será difícil que los capitales extranjeros vuelvan a experimentar el entusiasmo que hasta hace poco sentían por Chile. Especialista en temas económicos e internacionales, el columnista de los diarios El Mundo, El Mercurio y la radio Pauta es categórico: “Las dos primeras semanas de crisis fueron de expectativas , pero a partir de la tercera el escenario cambió. La fluctuación del mercado cambiario es un indicador potente de que la cosa pasó de castaño oscuro y que Chile ha caído en un estado de anarquía donde no se puede planificar nada a largo plazo”.

-¿Esto significa que los capitales internacionales que llegaban a Chile ya no lo harán por un buen tiempo?

-Sí, se acabó. Obviamente una situación que se prolonga por casi un mes con la intensidad de la violencia que se ha visto en Chile, con el nivel de desorden y el caos que hay y con este nivel de destrucción de todas sus instituciones, lamentablemente se traduce en que el país está siendo valorado muy negativamente.

-¿Es posible revertir esta imagen?

-Depende mucho del tiempo que tarde Chile en volver a ponerse sobre sus pies. Y, en ese sentido, mientras más tiempo pase, más va a tardar en mejorar esa imagen. Necesita, además, de una política deliberada del gobierno para restablecer la imagen, pero como no sabemos qué gobierno vamos a tener ni qué régimen político va a existir en Chile en los próximos seis meses, la verdad es que es muy difícil ponerse a plantear ahora una estrategia de recuperación de la imagen país. Primero hay que recobrar cuestiones más básicas: la vida cotidiana, el transporte público y luego empezar a recuperar parte de los cientos de miles de empleos que se van a perder de aquí a diciembre. El daño que se ha hecho a la economía chilena es muy grave. Y esto lo van a pagar los grupos más débiles de nuestra población.

-Hay protestas en Barcelona, Hong Kong y Bolivia. Las vimos hace poco en Ecuador, Francia y hace algo más en el los Indignados españoles. ¿Es posible homologar lo que sucede en Chile con algún otro movimiento?

-Es difícil homologarlo con algo ahora mismo. Me parece que lo que ha ocurrido en Chile -que yo creo que es una especie de insurrección 2.0- combina primero la presencia de una sociedad tremendamente tecnologizada, una anomia representada en una pérdida completa del respeto a las leyes y a la autoridad y una capacidad de organización y gestión de la violencia muy concreta. Por eso creo que esto no tiene precedentes en la historia y probablemente no tiene precedentes en ningún otro movimiento. Más que una cosa del pasado, lo que estamos viendo en Chile es una versión del futuro.

-Pero habrá ciertos elementos comunes, ¿o no?

-Entre Barcelona, Hong Kong y Chile hay elementos comunes como el uso de redes sociales para organizar la protesta e, incluso, la creación de apps para orquestar las manifestaciones. Y luego está el papel de los medios audiovisuales en la generación de un ambiente de estrés y ansiedad, fruto de las famosas transmisiones en vivo, donde están permanentemente en un carrusel tortuoso de noticias malas. Es el “modelo CNN”.

-En Chile, los medios de comunicación hemos sido muy criticados por la cobertura de este conflicto social. ¿Pero Qué responsabilidad real le cabe a la prensa en esta crisis?

-El “modelo CNN” sin duda ha contribuido a la generación de un ambiente de angustia. Esa ansiedad que se nota en la población chilena cuando a las cuatro de la tarde quiere ir a casa porque siente que puede quedar sin transporte… eso es producto de ese modelo. Y no digo que exista un plan detrás de esto, lo que digo es que ese modelo de noticias permanente alimenta esa angustia y este estado de cosas. Este es un tema que habría que revisar, porque en el fondo la manera en que está actuando ese modelo es como ponerle un canal de televisión a un secuestrador para que haga públicas sus demandas. Tú no te imaginas que una cadena de TV ponga su señal a disposición de un secuestrador para que diga quiero un US$ 1 millón y un avión para salir del país, porque entonces la opinión pública, angustiada, empieza a decir “me parecen razonables las peticiones del secuestrador”.

-Pero un medio de comunicación no puede evadirse de la realidad y dejar de informar lo que ocurre.

-Pero perfectamente se podría dar la información en los tramos de horarios definidos históricamente para ello. Por ejemplo, pueden informar sobre los disturbios en las noticias de las 8:00 AM, de las 2:00 PM y de las 9:00 PM, y no dedicar toda tu programación durante todo el día a transmitir sobre una barricada ardiendo.

-¿Crees que Hay morbo detrás de esta cobertura noticiosa?

-No es morbo, es un incentivo: tener más audiencia.

-Claro, porque a las audiencias les interesa estar informadas sobre lo que está pasando, entonces, ¿qué criterios debieran primar?

-Creo que hay muy buenas formulaciones periodísticas, por ejemplo, en la política antiterrorista en Colombia. Ahí había protocolos muy claros para los medios de comunicación sobre cómo informar de los secuestros. En España también se crearon protocolos en torno al tema etarra.

-¿Eran protocolos formulados por los medios de comunicación o impuestos por el Estado?

-Fueron las organizaciones profesionales las que se dieron estos protocolos. Pero, además, pienso que en Chile los periodistas van a tener que abrir un debate después de que termine esta crisis sobre por qué han sido incapaces de distinguir los géneros periodísticos. Y me refiero a las acusaciones contra los periodistas de ser manipuladores: esto tiene que ver con un problema de confusión de géneros. Cuando un periodista -que es un periodista informador y que está en un segmento informativo- empieza a opinar, claramente está transgrediendo los códigos profesionales. No hay problema con que diga que es partidario de que haya marcha, es una opinión legítima y cada profesional se hará responsable de sus dichos, pero lo que no me parece aceptable es que en un espacio informativo, un periodista decida sesgar la información porque a él o ella le resulta más simpática la protesta o porque le parece que si informa sobre los carabineros heridos le está haciendo un favor al gobierno.

-¿Pero tú piensas que en los medios chilenos ha existido una confusión sobre los géneros periodísticos durante esta crisis?

-En la televisión, a cada momento. Los matinales, por ejemplo, son una permanente confusión entre información y opinión. En la prensa escrita, en cambio, están separados estos géneros. Sabes claramente cuando se trata de una opinión de, por ejemplo, Carlos Peña, de lo que es netamente información.

-Las violaciones a los derechos humanos han sido un tema recurrente en esta crisis, tanto en Chile como en el extranjero. ¿A tu juicio se están violando los derechos humanos en Chile?

-Estoy seguro de que puede haber excesos de parte de las fuerzas de orden. Y no me cabe la menor duda que la justicia va a actuar con rigor y lo va a condenar. Creo que está muy claro para los chilenos que los derechos humanos solo los puede violar el Estado, pero también hay una vulneración de los derechos individuales de las personas por parte de las protestas violentas, por los que quemaron el metro, iglesias y edificios en este país. Esto se traduce en un daño patrimonial y a los derechos de las personas que no hay que despreciar.

-¿Y qué te ha parecido el actuar de Carabineros?

-El problema de Carabineros no es de números, es respecto a sus métodos de trabajo. Son anticuados, por ejemplo, los perdigones fueron proscritos en los principales países de Europa hace más de 10 años. Hoy en Barcelona se están usando balines de plumavit y no se puede disparar a los ojos. ¿Cómo es posible que la policía chilena no trabaje aún con pistolas eléctricas o de táser?