Japón tardará en reponerse del terremoto y maremoto que asolaron al país el 11 de marzo. Hasta para un pueblo acostumbrado a la adversidad, la devastación del sismo y las olas, sumados a la amenaza de un accidente nuclear, resultaron de una escala inimaginable. Al cierre de esta edición, los muertos sumaban seis mil y los desaparecidos superaban las diez mil personas. A continuación, siete claves para entender la tragedia japonesa y su impacto global. Por Marcela Corvalán.

  • 22 marzo, 2011

 

Japón tardará en reponerse del terremoto y maremoto que asolaron al país el 11 de marzo. Hasta para un pueblo acostumbrado a la adversidad, la devastación del sismo y las olas, sumados a la amenaza de un accidente nuclear, resultaron de una escala inimaginable. Al cierre de esta edición, los muertos sumaban seis mil y los desaparecidos superaban las diez mil personas. A continuación, siete claves para entender la tragedia japonesa y su impacto global. Por Marcela Corvalán.

 


Impacto economico acotado, pero riesgoso

Pese a la magnitud de la tragedia humana, las tres prefecturas japonesas más golpeadas por el maremoto representan apenas 4% del PIB nipón, de modo que el consenso entre los bancos de inversión es que aunque la economía recayera en la recesión, lo haría por un período acotado. Ello, por la merma en la inversión y el consumo. Las estimaciones actuales hablan de un recorte de entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales al crecimiento esperado este año, que estaría entre 1,4% y 1,6%. Pero, al igual que ocurrió en Chile, los observadores esperan que la reconstrucción proporcione un impulso en el segundo semestre, lo que mejoraría las perspectivas para 2012.

Estos supuestos contemplan que las disrupciones del sistema eléctrico se resuelven en el corto plazo –a más tardar, en abril– y que la situación en la planta nuclear Fukushima Daichi no se sale de control. Si, en cambio, hay escasez de electricidad o algún otro motivo que demore la reactivación de la industria, clave para la economía nipona, el impacto no será tan moderado.

La crisis en Japón encuentra a la economía mundial en una situación vulnerable. Aunque con señales claras de repunte tras la recesión provocada por el desplome financiero de 2008, la recuperación es aún muy incipiente. Las dudas derivan de la debilidad del mercado laboral en EEUU y los persistentes problemas en el mercado de la vivienda; la inacabable crisis del euro y un rebote de la inflación en las economías emergentes que podría obligar a sus autoridades a actuar para enfriar el crecimiento… todo ello da cuenta de un equilibrio precario, ya amenazado por las alzas en el precio del crudo a raíz de la agitación en Medio Oriente.


Un gobierno que se afirma

El terremoto encontró al primer ministro Naoto Kan con niveles de aprobación de apenas 20%, en una posición muy debilitada y afectado por la salida de uno de sus ministros a causa de un escándalo menor por financiamiento de campaña.

La respuesta inicial a la emergencia ha sido bien recibida. Kan se ha mostrado como un líder seguro y su jefe de gabinete, Yukio Edano, ha logrado posicionarse como una voz creíble entre los japoneses. Edano ha transmitido información con al menos cinco conferencias de prensa al día, mientras que Kan ha limitado sus apariciones pero se le ha visto decididamente a cargo de la solución a los problemas en Fukushima. La evaluación de los japoneses es que la respuesta gubernamental al terremoto ha sido más rápida y efectiva que la asignada al terremoto de Kobe en 1995.

Si Kan logra afianzar su liderazgo, podría aprovechar el ánimo actual de los japoneses para avanzar en reformas económicas hasta ahora estancadas y cimentar un resurgimiento de la economía. A su favor está el hecho de que a la oposición le costará mucho más controvertirlo cuando se usen el argumento de la asistencia a los damnificados y la reconstrucción. Hasta podría terminar su periodo de cinco años, algo que no ocurre desde la partida de Junichiro Koizumi en 2006.


El financiamiento de la reconstrucción

Los indicadores habituales hacen dudar de que Japón merezca tener un grado de inversión. La deuda pública llega a 198% del PIB, lo que hace temer por la capacidad del gobierno para pagar por la reconstrucción y deja en evidencia su vulnerabilidad a una pérdida de confianza en su solvencia.

Pero Japón es Japón. El gobierno no sólo ha evitado fácilmente cualquier crisis soberana de pagos, sino que también puede financiarse a tasas muy reducidas, debido a que casi 95% de su deuda es interna y a que tasas de política monetaria históricamente bajas y un crecimiento aletargado han limitado las alternativas de inversión. Es cierto que Japón es un acreedor externo neto, lo que le da ciertas licencias. Pero con un déficit presupuestario cercano a 8% del PIB en 2010, no es el mejor momento para lanzarse con una política fiscal expansiva.


Cortes en la cadena de abastecimiento global

Las instalaciones de empresas japonesas emblemáticas resultaron dañadas directamente por el terremoto y el tsunami, a lo que se suman el impacto del deterioro en la infraestructura vial y portuaria, una eventual escasez de electricidad, la falta de agua y las deficiencias en el transporte de personal. Entre las mayores firmas niponas, Canon, Sony y Toshiba han cerrado factorías en la zona afectada, donde había una gran concentración de compañías tecnológicas, y han recortado la producción en otras plantas más alejadas por los cortes eléctricos programados. Toyota, igual que otras automotrices, paralizó su producción en Japón.

El grueso de la industria nipona usa métodos de producción just-in-time que dependen de una logística impecable. Esto, a su vez, sacó a la luz el hecho de que una cantidad sorprendente de productos tecnológicos ensamblados en China y en todo el mundo contiene componentes fabricados en Japón, desde semiconductores hasta iPhone e iPad. General Motors estuvo entre las primeras empresas que anunciaron la paralización temporal de algunas operaciones fuera de Japón debido a la falta de un componente. Samsung Electronics, Ford Motors y Boeing reconocieron que esperaban noticias de sus proveedores japoneses para evaluar el impacto en sus líneas de producción y que, mientras tanto, buscan proveedores de respaldo. Nokia calcula que el año pasado hasta 15% de sus componentes eran comprados en yenes.

De nuevo, aunque puede haber problemas en el corto plazo, el impacto no debería ser invalidante a menos que las interrupciones se arrastren por meses, en lugar de días o semanas.


Todos para uno…

La reacción inicial de los operadores a la imagen de los muros de agua que se venían encima de Japón fue correr en busca de refugio. El índice selectivo de la bolsa de Tokio cayó 11,3% entre el 11 y el 15 de marzo, mientras el más amplio, el Topix, lo hizo en 10,7%. Las expectativas de repatriación de capitales por parte de las empresas niponas para financiar la reconstrucción, y de venta de activos por las aseguradoras para pagar las indemnizaciones, hicieron subir al yen hasta máximos desde la segunda guerra mundial. Era el equivalente a patear en el suelo a la economía japonesa, muy dependiente de las exportaciones. Pero las réplicas no se limitaron a los mercados locales, sino que la volatilidad alcanzó a las otras bolsas industrializadas y a los mercados cambiarios y de commodities en general, evidenciando que Japón sigue siendo un jugador de peso en la economía mundial.

De ahí la decisión del grupo de los siete países más industrializados del mundo de intervenir en los mercados cambiarios por primera vez en más de una década. Se estima que sólo el viernes del anuncio los bancos centrales del mundo vendieron yenes por unos 25 mil millones de dólares, buscando –por un lado– apoyar a Japón en su reconstrucción, pero también indirectamente conservar el impulso de la reactivación global. Es probable que las acciones de los bancos centrales continúen por algún tiempo y que el impacto sicológico de una acción concertada, clara y decidida, reduzca la incertidumbre y limite la volatilidad.

El efecto sobre las materias primas

El impacto hasta ahora es mixto. El menor crecimiento inmediato puede disminuir la demanda por commodities agrícolas, pero sin duda repuntará en el futuro cuando se reconstruyan los inventarios. Algo parecido puede decirse de los metales y commodities industriales. En el caso particular de la energía, la caída inicial en las compras de petróleo puede dar paso a una demanda renovada para sustituir la generación nuclear, que representa el 30% de la matriz japonesa. Los reactores de Fukushima no volverán a funcionar – el agua de mar con que se inundaron para bajar la temperatura los dejó irreparables.

Una mayor demanda japonesa mientras persiste la turbulencia en Medio Oriente es una receta para precios del petróleo más altos, con todo el riesgo que eso acarrea a la economía mundial.


La energia nuclear tiene para rato

Cualquiera podría pensar que construir plantas nucleares en islas conocidas por su vulnerabilidad sísmica es una locura. Una vez que la emergencia quede atrás, Japón tendrá que revisar su industria nuclear, tal como lo están haciendo Alemania, China y EEUU, incorporando las lecciones dolorosamente aprendidas.

Pero esto de ningún modo implica que haya que considerar la energía nuclear como parte del pasado. China, una vez que concluya sus revisiones, sin duda seguirá adelante, lo mismo que India. La necesidad de generación limpia, sin emisiones de gases de efecto invernadero, asegura un rol a la generación nuclear en el futuro.