En los últimos días de la divisiva contienda presidencial de Brasil, la mayoría de los trece candidatos hicieron campaña por todo el país, se enfrentaron en debates y se atacaron con anuncios propagandísticos en un intento desesperado por conseguir votos.

  • 5 octubre, 2018

Sin embargo, Jair Bolsonaro, el candidato populista de extrema derecha que está a la cabeza en las encuestas, pasó buena parte del último trecho de la contienda en una cama de hospital, recuperándose de una puñalada mientras publicaba selfis y unos videos en los que lucía débil y aturdido. Aunque casi desapareció de la escena política, aumentó su ventaja: las encuestas sugieren que Bolsonaro quedará muy por encima de sus opositores en las elecciones del domingo.

Su éxito ha desafiado las leyes de la gravedad política. Hasta hace poco, Bolsonaro solo era un provocador ubicado en los márgenes del poder que logró poco como legislador durante siete periodos, pero dominó la escena mediática cuando se convirtió en un defensor de la dictadura militar y al lanzar ataques verbales contra mujeres, personas gays y afrobrasileñas, en un país donde la mayoría de la población no es blanca.

Hasta principios de agosto, ni siquiera tenía un compañero de fórmula porque a los partidos y a los políticos tradicionales les parecía tóxico.

Sin embargo, de manera muy similar a como pasó con el actual presidente estadounidense, Donald Trump, Bolsonaro ha sabido aprovechar el profundo resentimiento contra la clase política. Su figura canaliza el enojo de los brasileños ante los impactantes niveles de corrupción y delincuencia al presentarse como el único candidato lo suficientemente duro como para resolverlos.

“Los brasileños quieren un héroe”, dijo Daniel Machado, profesor de mercadotecnia política, en referencia a la promesa de Bolsonaro de tomar medidas radicales para arreglar su país.

Millones de electores ven sus posturas incendiarias —ha dicho, por ejemplo, que las mujeres son ignorantes, ha cuestionado que deban ganar el mismo sueldo que los varones y le dijo a una legisladora que era demasiado fea como para violarla— como las palabras honestas de un hombre que no teme decir ni hacer lo necesario.

Bolsonaro ha prometido enfrentar la violencia, que provocó una tasa récord de homicidios en 2016 con 62.517 víctimas, al facilitar el acceso a las armas y otorgarle a la policía mayor autoridad para matar. Hace poco, uno de los hijos del candidato publicó una fotografía en la que simulaba que torturaba a un opositor. El compañero de fórmula de Bolsonaro, un general jubilado, ha dicho que una intervención militar podría ser la única forma de depurar el corrupto sistema político del país.

“Necesitamos quebrar el sistema en su conjunto”, dijo Bolsonaro, de 63 años, en uno de los videos diarios que transmite por Facebook.

Hace un año, la mayoría de los comentaristas y personajes influyentes en Brasil consideraban que la candidatura de Bolsonaro era descabellada, pues lo veían como alguien demasiado incendiario para tomar las riendas de la cuarta democracia más grande del mundo. En ese entonces, algunos observadores y estrategas políticos veteranos pensaban que su atractivo menguaría cuando la campaña empezara de manera oficial, en agosto.

Después de todo, Bolsonaro también es el aspirante más denostado: tiene una tasa de rechazo del 45 por ciento entre los brasileños. No obstante, a medida que se acerca la primera vuelta electoral, los candidatos centristas con más financiamiento y redes de apoyo más sólidas han visto cómo sus bases electorales terminan por sumarse a Bolsonaro.

Su popularidad solo creció después de que fue apuñalado mientras sus seguidores lo llevaban en hombros durante un mitin político a principios de septiembre. El atacante declaró a la policía en el lugar de los hechos que estaba actuando conforme a “un mandato divino”, lo cual hizo que los investigadores pusieran en duda su salud mental. No obstante, el ataque favoreció el mensaje de Bolsonaro sobre la necesidad de aplicar mano dura en contra de la delincuencia, según sostienen los analistas.

Ahora que es el puntero declarado, algunos actores políticos poderosos —incluido el pastor evangélico y magnate televisivo Edir Macedo, la poderosa coalición agrícola en el Congreso y las élites enfocadas en la estabilidad de los mercados— han prometido apoyarlo.

Los detractores dicen que ven tendencias autoritarias en Bolsonaro, un capitán retirado del Ejército que ha prometido designar a generales para diversos cargos y quien ha hablado con admiración de la dictadura militar que gobernó Brasil de 1964 a 1985.

“Si nos tomamos en serio las cosas que Bolsonaro ha dicho en campaña, en mi opinión la democracia de Brasil corre un serio peligro”, comentó Lilia Schwarcz, una importante escritora e historiadora brasileña, catedrática de la Universidad de São Paulo.

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