El diputado Jaime Bellolio asegura que la única forma de que la elección no genere el quiebre de la UDI es que Javier Macaya gane la presidencia del partido. Si eso no ocurre, “vamos a poner una fecha y llegado ese plazo vamos a tomar la decisión de quedarnos o no. Pero no vamos a seguir con el ‘lo estamos pensando’. Esto no es el cuento del lobo”.

  • 6 diciembre, 2018

Un día después de la suspensión de las elecciones internas de la UDI, Jaime Bellolio llega a un café en Providencia, a una cuadra de la sede del partido. No quiere sacarse las fotos con la casona de Suecia de fondo, dice que no quiere salir dando recomendaciones desde afuera del partido, porque parecería prepotente. Pero lo cierto es que el diputado viene desde hace al menos dos años pensando si renuncia o no a la UDI, principalmente por sus diferencias con el liderazgo de la directiva actual, que encabeza Jacqueline van Rysselberghe, que el domingo disputaba su continuidad frente al diputado Javier Macaya.

Eso, hasta que a las 12 horas, el tribunal electoral de la UDI anunció que el proceso se suspendía por problemas técnicos de la empresa a cargo de la votación, EVoting.

Mientras toma un té puro –porque desde hace dos meses está con una dieta que le prohíbe lácteos, carnes rojas y gluten, entre otros, después de varios años con colon irritable– asegura: “Lo que pasó es una vergüenza nacional, un bochorno completo, donde existen tanto responsabilidades de la empresa a cargo del proceso, como también de quien tiene que organizar el proceso eleccionario”.

-Llama la atención que después del desastre que resultó la rotación de Ciudadanos, ustedes hayan recurrido a la misma empresa para llevar a cabo sus elecciones. 

-Es que fue la misma empresa que hizo las elecciones dos años atrás. ¿Qué cambió? Que hay una remilitancia y otra directiva. Más allá de lo que sucedió el domingo, había algunas dudas desde antes de que fallara el sistema, por ejemplo, en el padrón. Lo básico en una elección para que haya igualdad de condiciones es que el padrón sea conocido por ambas partes y tenga la misma información. Desde que la directiva actual reinscribió el partido, empezó a trabajar en el padrón para conseguir la mejor información para poder contactar a los militantes. Pero cuando llegó el día de compartir los datos con la otra lista, sostuvo que esa información era privada y personal de la actual directiva, sobre todo los teléfonos. 

-Van Rysselberghe dijo que las dos listas tenían la misma información…

-Pero no es cierto porque ella misma ha dicho públicamente y su jefe de campaña también que ellos tienen más datos de contacto que la otra lista. Se vanaglorian de eso. Y eso es como que una lista hiciera doping para competir. Ahora, yo reconozco que acá hay un vacío: la ley de los partidos políticos no se mete en el detalle de cómo es el procedimiento de las elecciones internas. Por eso hemos impulsado con otros diputados, por ejemplo Marcelo Díaz del PS, estudiar un proyecto de ley para que también el Servel pueda investigar e intervenir en las elecciones internas, de forma que haya plena garantía de la transparencia, ecuanimidad y democracia. 

-¿Quién se beneficia con lo que pasó?

-Yo creo que ninguno se beneficia, más bien pierde Javier Macaya porque el domingo iba a ganar. 

-¿Por qué lo dice con tanta seguridad? ¿Tiene alguna encuesta que lo avale? 

-Es una sensación. Había algunos datos de muestreo también. Pero una de las buenas demostraciones de que los últimos dos años han sido perjudiciales para la UDI y de que han sido de especial división es que no hay ningún expresidente del partido que apoye la candidatura de Jacqueline van Rysselberghe. Ninguno: Pablo Longueira y Jovino Novoa dijeron que iban a ser neutrales; Andrés Chadwick es ministro y por tanto no iba a manifestarse; y todos los otros (Julio Dittborn, Patricio Melero, Juan Antonio Coloma y Ernesto Silva) están con la directiva de Javier, a pesar de que una parte de ellos la había apoyado anteriormente. Entonces, ver a su jefe de campaña diciendo que Jacqueline se siente una Evita y que lo que va a hacer es triunfar por los próximos 10 años no me gusta, porque da cuenta de que la lógica de división, de sectarismo, de no proponer ideas, iba a continuar y no solo por dos años, ¡sino que por 10! 

-Pero se dice que Van Rysselberghe tiene el apoyo de las bases, que son los más disciplinados a la hora de votar. La elección estaría 50%-50%…

-Bueno, si tiene 50-50 significa que no tiene el apoyo de todas las bases. Y lo que me muestra la expriencia es que a pesar de que ellos hayan hecho una campaña para denostarme a lo largo de Chile, voy a los distritos y eso no pasa. 

-¿A qué se refiere? 

-Hay testimonios de personas a las que llamaron con un mismo mensaje. No eran operadoras contratadas, sino voluntarios militantes de la UDI a los cuales era evidente que les habían dado una instrucción. Y en ese mensaje se decía que “la lista de los jóvenes” era “tremendamente blanda” y que era apoyada por “el izquierdista de Bellolio”. Esa forma de hacer campaña del terror al militante me molesta, aunque puede que a algunos los entusiasme mucho. Hay una diferencia muy grande entre discrepar y otra cosa muy distinta es denostar. No le doy mayor gravedad, pero sí me da lástima por aquellos que creen que las campañas de difamación y mentiras son las que hay que hacer en política. Yo creo justo lo contrario: que esas malas prácticas hay que terminarlas.

 

Pedrito y el lobo

-Independiente de quién gane el 16 de diciembre, pareciera que existe una fractura profunda, que hace que ambos grupos no sean compatibles en un mismo partido. ¿Cómo se sostiene la UDI a futuro?

-Después del fracaso de la elección, se mostró que hay una diferencia gigantesca. Y estoy convencido de que tiene que ganar Javier precisamente para que se den las condiciones de que esto no signifique un quiebre. La diferencia es de unos pocos, versus muchos, porque los que han llevado adelante el poder son unos pocos. 

-Si Macaya no gana, ¿ahora sí que renuncia al partido? Porque ya parece el cuento del lobo…

-Sí, y como no es el cuento del lobo, si es que la propuesta de Javier no es la mayoritaria de la UDI, vamos a poner una fecha y llegado ese plazo, vamos a tomar la decisión de quedarnos o no. Pero no vamos a seguir con el “lo estamos pensando”.

-¿Eso incluye crear un nuevo partido, irse a Evópoli?

-Están todas las opciones. Pero ahora no estoy mirando otros partidos, ni otros movimientos. Sino reflexionando con tranquilidad y honestidad sobre las convicciones que me hicieron entrar a la política: el respeto a la vida siempre, la libertad en todos sus ámbitos y promover una sociedad con pluralismo y diversidad. La UDI era una forma distinta de hacer política desde la derecha y eso está tan licuado, que ni siquiera se ve distinto.

-La salida del partido no es tan fácil: Lily Pérez, Joaquín Godoy, prácticamente desaparecieron cuando renunciaron a RN…

-Tengo claro que dejar de militar en un partido es un problema electoral. Pero llega un momento que tienes que ser coherente con tu convicción. No hay nada peor que la traición a tus propios principios. Por lo tanto, cuando hay unas personas en la UDI que me dicen que soy traidor porque digo dictadura, porque digo que defiendo los derechos humanos… no soy ningún traidor, soy coherente con los principios esenciales de la UDI que dicen que se respeta la dignidad humana siempre. Nunca he pensado distinto, entonces, ¿qué podría haber traicionado? 

-Sí se ha vuelto un poco más “liberal” en su carrera política…

-Sí, puede ser. Es la experiencia de vida, el creer que uno no se las sabe todas, el poder reflexionar, leer, escuchar a otras personas lo que te puede ayudar a tomar mejores decisiones. Si yo entré al congreso a los 33 años. A los 33 años no tenía respuesta para todo.

-¿Y ahora?

-Tampoco. Es precisamente la lógica de tener la duda lo que permite que uno haga mejor política. Yo una de las cosas que veo en el Frente Amplio es que muchos de ellos se sienten ángeles, tienen 25 años y creen que se las saben todas. Tienen puras certezas. Bueno, por eso se equivocan tanto. Porque no son ni ángeles, ya ha quedado bastante claro, ni tampoco se las saben todas. 

 

Kast y “los duros”

-Está la tesis de que al partido le convendría que gane Van Rysselberghe porque, si no, esa UDI más dura se iría donde José Antonio Kast.

-Algunos estrategas dicen que la UDI debe dejar de perder votos por la derecha, por tanto, debe girar hacia allá y rescatar el voto del electorado del “Sí”. Yo creo que eso puede servirte en la próxima elección, pero significa renunciar desde ya a tener una posición de futuro, a una posición que incorpore a los jóvenes.

-¿Cree que vale la pena correr ese riesgo a pesar de que termine costando la presidencial? 

-Es que debe existir una propuesta política basada en ideas, ¿y cuáles son esas ideas que tiene hoy la UDI? Yo creo que no se conocen, ni siquiera ha habido espacio para comunicarlas, ni para discutirlas. El único que presentó una propuesta programática fue Javier Macaya, que se llamaba La UDI 2020. Lo demás es simplemente “nosotros somos los más duros, los que representamos el ADN, la UDI de siempre”. ¿Cómo va a ser la UDI de siempre la que no tiene el apoyo de ningún expresidente o la que, apenas existe una posibilidad, sale a atacar al resto de las directivas y pretende culpar a la de Hernán Larraín por hacer voto electrónico hace dos años, y me pretende culpar a mí porque yo no quería voto de papel y lápiz, cuando eran ellos los que no querían una votación ni siquiera un militante un voto?

-¿Cómo ha vivido el distanciamiento con JAK? Él fue su mentor y hoy están prácticamente en veredas opuestas. 

-Estoy más distanciado de la posición política que decidió tener, donde ha extremado mucho sus diferencias. Una cosa es el personaje político en la época de las elecciones, que tiene que diferenciarse. Y otra cosa es transformarse en ese personaje. Yo creo que su entorno político lo obliga a convertirse en ese personaje, y eso es un error. Echo de menos a ese JAK más reflexivo, con una mirada más humana de las diferencias, que comprendía que al frente podía haber diferencias y trataba de comprenderlas y guiarlas, más que plantearlas como adversario.

-¿Atribuye el cambio a sus seguidores?

-Creo que algunos de sus consejeros que están en esta línea un poquito fanática ven que tienen una causa y la extreman a tal punto que caen lamentablemente en lo mismo que criticaban: que el fin justifica los medios. José Antonio no es así, yo lo conozco hace tiempo, por eso espero que pueda cambiar esa mirada y no dejarse llevar por aquellos que le dicen que la posición fanática es la mejor, porque no lo es ni en Chile, ni en ninguna parte.

-Pero electoralmente ha funcionado en países como EE.UU. y Brasil…

-Puede ser atractiva para el mundo de Twitter y las redes sociales, puede tener algún interés electoral de corto plazo, pero no de mediano y largo plazo porque las sociedades no se construyen a partir de extremar las diferencias.

-¿Hace cuánto que no hablan?

-Hace harto tiempo. No quiero ventilar problemas personales porque no quiero caer en algo que le he cuestionado, que es que al único parlamentario de derecha que individualiza para criticar es a mí. Por supuesto que eso duele y porque el efecto que produce en sus seguidores debajo de su comentario, que no es solo una hilera de garabatos y chuchadas a mí, algunos de ellos también llegan a la amenaza. Filtraron mis datos, me llegaban mensajes y correos anónimos, y empezaron a circular mensajes en grupos de WhatsApp a los que no pertenezco, en que decían puras mentiras, con amenazas y ofensas personales y a mi familia. Y en el minuto que empezaron meter a mi familia, yo creo que ya no hay vuelta atrás. Porque yo estoy disponible para responder y poner la cara, y hacerme cargo de lo que digo o hago, pero que no se atrevan a meter a mi familia. Esa cobardía no se la he aceptado nunca a la izquierda extrema, que lo hace de manera permanente, ni se la voy a aceptar a ellos. 

 

El candidato de La Moneda

-El lunes la desaprobación de Piñera llegó a 48%, y muchos aseguran que el gobierno pecó de crear sobreexpectativas, sobre todo en materia de seguridad y economía. ¿Qué evaluación hace?

-Siempre es difícil manejar las expectativas porque si no dices que hay una meta alta tampoco, tienes mucha aprobación. El crecimiento no es un fin de sí mismo, sino un medio para que el país pueda progresar y conseguir más cosas en conjunto. Entonces es cierto que hay condiciones externas que hacen que esto se ponga más lento, igual que en el gobierno pasado. Hay buenas señales de que va a ser mejor el próximo año, las propias personas así lo interpretan. ¿Nos hubiera gustado que hubiera sido más rápido? Obvio que sí. ¿Qué cosas pudo haber hecho distinto el gobierno para que fuera más rápido? No sé.

-¿Este Piñera es más de centro o de derecha que el del primer gobierno?

-Sin lugar a dudas aprendió de los errores de la primera vez: es más político, pone más atención a detalles, sigue con el mismo ímpetu de bilaterales y de conocer todos los temas a fondo, pero le pone más atención a la causa política. Sabe que esto no es un período de cuatro años, sino que tiene que ser la instalación de una coalición que permita gobernar la sociedad con una idea de que los ciudadanos se vean interpretados frente a esta incertidumbre de futuro. 

-Dicen que a La Moneda le conviene que gane Javier Macaya, ya que Van Rysselberghe es más díscola…

-El gobierno debe tener una relación con cualquiera que gane la elección de la UDI. Yo quiero que gane Javier, para que seamos capaces de poner una agenda de futuro, que es donde la derecha tiene una ventaja muy por sobre la izquierda, que recurre siempre a la misma posición que se llama Estado. La propuesta de la izquierda es: si es del Estado, es bueno. La propuesta nuestra es que queremos un modelo para armar, mucho más allá de un modelo facilista que diga “solamente Estado” o “solamente no Estado”. Es una pluralidad donde la sociedad civil contribuye mucho más eficazmente. Y eso lo hace mucho más Javier.