Hugo Herrera es un intelectual de derecha y desde ahí observa críticamente el aconteceder nacional. dice que el problema del gobierno ha sido tener una mirada economicista en momentos en que se requiere de destreza política. “La gente espera un liderazgo del presidente”, asegura este filósofo, quien publicará el libro “Octubre en Chile”.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 5 diciembre, 2019

Mientras muchos miraban consternados la crisis social que removió la escena nacional hace ya casi dos meses, el filósofo y académico de la UDP, Hugo Herrera, se encerró en silencio para reflexionar, escribir y procesar lo que estaba pasando. Así salió su libro Octubre en Chile, que se publicará prontamente y donde las hebras de la historia, de los procesos sociales, económicos y políticos tejen una pieza que intenta aproximarse a lo que está sucediendo en el país.

Herrera es parte de una camada de intelectuales de derecha -compuesta por Daniel Mansuy, Pablo Ortúzar, entre otros- que analizan a ese mundo político con una mirada más descarnada que compasiva. Cree que la tensión actual está alimentada por una postura que busca salir de la crisis aplicando códigos economicistas y quienes ven que el único camino es político. “Siempre el orden institucional es la base del florecimiento económico. No hay ningún país que se haya desarrollado en una situación de descalabro político”, dice.

Su lado viñamarino lo ha hecho mirar la capital y a la elite con una cierta distancia. Quizá por lo mismo ha hecho buenas migas con el diputado RN Mario Desbordes. No son amigos íntimos, pero son cercanos y ambos se sienten totalmente fuera del campo de juego en que se reúne la derecha tradicional.

-¿Eres de los que piensa que Mario Desbordes ha cambiado la escena política o tampoco tanto?

-A diferencia de lo que les pasa a los políticos más clásicos de la derecha -algunos de la UDI más recalcitrante o en el mismo gobierno-, Mario entiende que la economía es importante, pero que aquí estamos hablando de política. Este no es el balance de una gran empresa que se llama Chile. Aquí es necesario entender lo que está pasando para darle expresión institucional. Y Mario lo tiene súper claro.

-Pero la derecha ha aceptado reformas que hasta hace poco eran impensables…

-Pero son concesiones a regañadientes. No se los ve con entusiasmo. La cara de Jacqueline van Rysselberghe, la noche que se firmó el acuerdo constitucional, era de terror. En cambio a Desbordes se le ve cómodo en un contexto de diálogo, de negociación.

El peso de los dogmas

-¿Qué te impulsó a escribir ahora?

-Ver que los discursos -tanto en la izquierda como en la derecha- eran abstractos, con poca capacidad de ser permeados por la realidad social.

-¿Por consternación o por negación?

-La tesis de Friedman dice que el sistema económico de mercado es la base de un orden político correcto. Y si uno se pregunta dónde está la razón que explica la parálisis de Piñera, yo creo que está en esa afirmación de que en la política no se puede ceder porque hay un orden económico de mercado.

-¿Ves a Piñera paralizado, congelado?

-Lo veo congelado, sin capacidad de comprender ni de hablar con un sentido sobre esta situación. Piñera solo habla de temas económicos o de la policía. El problema es que, al final, hay discursos tan abstractos que el pueblo no puede reconocerse.

-También es abstracto lo que hay en la calle. ¿Qué hay desplegado allí?

-Aquí hay un malestar real que venía siendo diagnosticado. Todos los columnistas de la nueva generación de la derecha lo estábamos diciendo hace rato. Tampoco era ser tan profético. Esto se podía ver desde el estallido del 2011, que también era una demanda de la clase media.

-¿Aunque se dijera que era por la calidad de la educación, el fin al lucro?

-Parte importante de ese malestar tiene que ver con que la Concertación generó condiciones de desarrollo cuyas consecuencias no previó. Un ejemplo clásico es el CAE, que permitió que, por primera vez, toda la generación de jóvenes pudiera ir a la educación superior, pero el endeudamiento generó un malestar familiar. A eso súmale que desde hace unos tres años, por primera vez en la historia, las clases medias son mayoritarias en Chile, pero apareció el miedo enorme a la pobreza: sienten que con su esfuerzo lograron posicionarse en una situación de clase media, pero precaria, muy endeudada y con pensiones miserables.

-Pero Sebastián Piñera planteó en su programa lo de clase media protegida. ¿Había leído bien a la sociedad?

-Sí, pero también hay aquí un problema generacional. Piñera tiene 70 años y su generación operó en un contexto mundial radicalmente distinto. Hablamos de un mundo donde varios países caían bajo la órbita soviética. En Chile lograron hacer un vínculo con Chicago y su generación logra diseñar un modelo económico e imponerlo. Ellos creen que ganaron y ya están en retirada. ¿Les vas a decir que tienen que cambiar porque ahora la cuestión es política? Es súper difícil.

-¿Crees que en el fondo esa generación tiene miedo a la derrota?

-Más que derrota, es que ellos entendieron la vida según ciertos códigos y ya no están en condiciones de cambiar.

Muchos pueden decir que el presidente cambió, que no es el mismo. Pero si vemos el esquema discursivo de Piñera lo que ha hecho, en la práctica, es omitirse. En el momento en que se abrió la discusión constituyente, Piñera se fue para la casa. Se restó. Por eso fue tan desconcertante que saliera el ministro Gonzalo Blumel a hablar del acuerdo de paz. La gente espera un liderazgo del presidente. Dicho esto, creo que igual hemos llegado a un modus vivendi.

-¿Cómo es ese modus vivendi?

-Con un Presidente preocupado por la cuestión económica y policial y un Parlamento preocupado de las reformas políticas.

-¿Y cuánto aguanta el modus vivendi? ¿Da para dos años?

-Va a dar en la medida que en el Parlamento se desencadene un proceso político. Si empiezan a funcionar las comisiones, se proyectan acuerdos entre los partidos y se empieza a avanzar de verdad, se podría aplacar un poco el fuego de la calle. Por eso es tan importante retomar la agenda social, como dice Desbordes.

-Pero hay sectores que deslegitiman los acuerdos porque dicen que se hacen en la “cocina” de siempre…

-Eso es complicado porque la violencia no ha amainado y está en manos de organizaciones de izquierda y del lumpen. Entonces, esa violencia sumada a una policía desgastada, va a ser difícil controlarla. Yo creo que vamos a tener un período largo en que va a seguir habiendo saqueo y destrucción de mobiliario. Eso va a continuar, pero ya no tienes un millón de personas en la calle. Eso se acabó.

-Aunque la encuesta Cadem muestre que un 67% sigue estando a favor de la movilización.

-Sí, pero aquí hay que quedarse más con lo que la gente dice, con lo que la gente hace. Si no hay una dinámica política clara, un avance en el proceso constituyente y si no hay una decisión potente del gobierno de jugársela por una agenda de reformas importantes como tocar el tema de las AFP o el CAE, esto va a volver.

La ética política

-¿El gobierno tiene que abrir la billetera o no es eso?

-Hay mucho susto en todos lados. El acuerdo constituyente significó para la izquierda del Frente Amplio un fracaso casi moral. Se dividieron. Ellos venían transmitiendo que negociar en política era impúdico, porque era replicar la mentalidad del mercado. Y yo creo que para Piñera, toda cesión que signifique abrir la billetera representa ceder a sus convicciones de lo que le enseñaron en la Universidad Católica y en Harvard.

-¿Aun cuando pudiera estar en riesgo su propio gobierno?

-Ahí viene la diferencia entre los dogmáticos y lo pragmáticos.

-¿Y Piñera de cuál sería?

-Está por verse… Max Weber decía que la ética del santo consiste en mantenerse en las propias convicciones aunque el mundo perezca. Pero la ética del político responde por una colectividad. Por ejemplo, en la izquierda prima más la ética del santo, pero Gabriel Boric fue un político. Por eso lo están crucificando los santos. Esa misma tensión se ve en Piñera: está entre la ética economicista y la del santo político. El problema es que Piñera no visualiza con claridad el abismo al que nos podríamos estar cayendo…

-¿Dirías que el Ppresidente está solo?

-Muchas de las personas que han estado con él, dicen que lo han visto bien y que escucha bastante. Pero yo creo que el cambio de gabinete es el mejor síntoma de que quiere estar solo. Porque Blumel -con todas sus virtudes- es Piñera. Felipe Ward no tiene peso político, ninguna relevancia. Karla Rubilar, muy buena persona, pero no tiene un peso político.

-¿Está desdeñando la política?

-Totalmente. Piñera está queriendo resolver el problema solo. Y hay otra variable: si Piñera sale mal de esto, va a quedar como el peor presidente de la historia del país. Habrá sido el único que ha tenido dos crisis y que su falta de comprensión política no le permitió ver la salida.