• 15 junio, 2007

Hernán Cheyre

 

Esa podría ser la frase para el bronce del Grupo de los 20 que hace poco tiempo fue zamarreado por proponer relajar la regla de superávit fiscal. Hoy, cuando la medida se impone en medio de aplausos, uno de sus integrantes, Hernán Cheyre, da las gracias por lo que les toca, pero advierte que el asunto no es tan simple como llegar y gastar. ¡Cuidado con los días R!, advierte.
Por Roberto Sapag; fotos Verónica Ortíz.

Hernán Cheyre, economista de la UC y master en Chicago, sabe que cuando se pone un pie en la arena política, aunque sea en el borde, siempre se corre el riesgo de entrar a un juego rudo, así sea que la aproximación venga desde las ideas. En ese terreno hasta el más cauto puede terminar con un abollón en la carrocería.

Fue lo que le pasó, en alguna medida al Grupo de los 20 hace unos nueve meses. El grupo presentó el documento “Aprovechemos la oportunidad”, recibiendo de vuelta no flores, sino que maceteros, además de un portazo en Teatinos 120 que se oyó en todo Santiago. Incluso David Gallagher frunció el ceño y en una columna en El Mercurio los descueró sin compasión. Hasta populistas, les dijo.

Son los gajes del oficio, debe pensar Cheyre cuando se le recuerda el ingrato episodio. Con todo, prefiere no detenerse en la anécdota ni cobrarse revancha. Solo quiere anotar a pie de página que algo de paternidad les cabe en la propuesta de relajar la regla estructural de superávit fiscal y quiere advertir que una cosa es tener la guagua y otra muy distinta es hacerla caminar por el sendero correcto en la vida. En simple, que el tema no es solo gastar más, sino que saber gastar y a la vez ganar competitividad. De lo contrario, mejor vamos comprando tickets en galería.

-El tema de moda son las holguras y el gasto fiscal. ¿Cómo ve que se ha manejado el gobierno en ese plano?
-Lo primero que hay que decir es que el manejo fiscal de los últimos años obviamente ha sido muy responsable y eso explica en buena medida que Chile tenga la favorable percepción de riesgo actual que le permite acceder a créditos inmejorables para una economía emergente. Eso no está en duda. El problema es que las condiciones no son estáticas, cambian en el tiempo, y uno tiene que ver cómo se adapta y cómo les saca partido.

-De ahí el planteamiento que hicieron los 20…
-Exacto, en nuestra propuesta “Aprovechemos la oportunidad”, del año pasado, lo que dijimos fue: las condiciones han cambiado, las holguras son mejores a lo previsto, ya hay activos importantes acumulados, el mundo marcha sin contratiempos… Entonces, agregamos, no tiene sentido seguir con la regla de superávit intocada y dijimos que, sin comprometer la responsabilidad fiscal, había que liberar gradualmente el superávit estructural para llevarlo a cero y usar esos recursos (más los del alza de largo plazo del cobre) en dos cosas: solucionar problemas sociales y aumentar la competitividad de Chile, para lo cual proponíamos por un lado gastar más en educación (aumentar las subvenciones) y hacer ajustes tributarios.

-La propuesta se parece mucho a lo que se ha conocido últimamente. Pero a ustedes les dieron un portazo.

-En ese momento fuimos catalogados de populistas por algunos.

-Desde muchos frentes, entre otros por David Gallagher.
-Claro. Nos dijeron que estábamos fomentando un gasto excesivo de recursos que podía tener consecuencias macroeconómicas muy negativas. Sin embargo, todo lo que estábamos haciendo, y el tiempo nos dio la razón, era anticiparse a los hechos y evitar llegar al minuto en que el dique se rebalsara y que fruto de presiones desordenadas se empezara a gastar.

-¿Por qué cree que los desautorizaron tan violentamente?
-La reflexión que he hecho con los meses es que algunos pensaron que con este grupo tan potente de 20 economistas se podía debilitar al ministro Velasco. ¡Nada más lejos de nuestra intención! Al revés, lo que queríamos era apoyar sus políticas, y a la vez decirle mira, puedes dar un paso más para que Chile mejore la competitividad. Pero como el año pasado las condiciones eran otras (mayor desempleo, menos crecimiento y muchas aprensiones políticas), creo que eso explica la reacción tanto de empresarios como de otros analistas, que nos señalaron con el dedo como
irresponsables, poniéndole la proa a nuestra propuesta, sin necesariamente estar en contra de los argumentos técnicos.

-O sea fue un asunto de oportunidad. Se adelantaron a los tiempos.
-Hay que situarse en el momento que hicimos la propuesta. El ministro Velasco se sentía debilitado, los resultados económicos no lo estaban acompañando y era natural que se encapsulara frente a estas propuestas. Por el lado de los empresarios… bueno a ellos les ha ido bien y en ese sentido cualquier cambio es natural que no les guste, en especial si aparece como una amenaza al ministro.
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-¿El comentado matrimonio entre gobierno y empresarios del que se habló con la depreciación acelerada?

-No tengo antecedentes de acuerdos tácitos o no entre gobierno y empresarios para dejar las cosas tal cual y no mover mucho el bote. Lo que sí resulta claro es que, con una visión de corto plazo, un escenario como el actual obviamente favorece al mundo empresarial. Pero si queremos dar un salto para pasar de un crecimiento de 5% a 7%, ahí hay que romper huevos para hacer tortillas. Para generar ese mayor crecimiento se debe cambiar algunas condiciones y eso puede hacer sentir a algunos menos cómodos. Pero yo creo que si se pisan callos, no importa, hay que hacerlo. Lo que a mí no me parece es que en este país las políticas públicas las hagan los gremios empresariales.

-La poca voluntad de diálogo parece seguir. De hecho, hace pocos días el ministro nuevamente replicó con algo de odiosidad a la conformación de un grupo de 30 economistas que se reúne en el Estadio Santa Rosa.

-Quiero decir solo dos cosas sobre eso. Primero, que al parecer hay un problema personal del ministro Velasco, que no le gustan las críticas en general. Y segundo que tampoco es para darle tanta importancia a que haya grupos como el Santa Rosa, que buscan ser instancias de reflexión. Para todos es buenos que surjan ideas y que se discutan. Eso está en la naturaleza de la democracia. El debiera estar agradecido de que haya estos grupos. Negarse de antemano a propuestas como estas, aparte de problemas de personalidad, puede reflejar también que siente que se lo debilita y nada más lejos de nuestra intención.

-Pero les queda el premio de consuelo de que sus ideas su impusieron.
-Bueno, al final eso pasó y lo que importa es que el ministro está aplicando las medidas con un desfase.

-¿Tal cual ustedes querían?
-Bueno, convengamos que hay algunas diferencias. ¿Por qué? Porque el uso más activo de la política fiscal y las holguras se está concentrando en gastos corrientes, en lo que yo diría es asistencialismo. Además, cuando uno tiene mucho gasto corriente, al final eso impulsa la demanda en un año particular, ayuda a contar con mejores cifras de producción ese año y el siguiente, pero eso a la larga debilita la capacidad competitiva de la economía, porque bota el tipo de cambio y porque en definitiva conduce a que las tasas sean más elevadas, afectando a la inversión y el empleo a futuro. Y eso es peligroso.

-Pero el gasto ya estaba en alza.
-Bueno, eso es lo que digo. Aumentar el gasto público genera una mayor bonanza transitoria (como se ve este año). El gasto público va a crecer 8,9% de acuerdo con el presupuesto y el PIB lo hará cerca de 6%. El próximo año el gasto público también va a aumentar y no me extrañaría que lo haga en torno a 9%. Y la pregunta es qué viene después de ese impulso transitorio. Porque claramente el tema de fondo no es gastarse la plata para no dejársela al gobierno que viene, como insinuó el presidente del Senado. Eso justamente es lo que no hay que hacer.

-Ustedes querían gasto y algo más, por lo que han dicho.
-Claro. Siempre he pensado que en este país es necesario romper el velo ideológico con que se aborda el tema tributario y usar esa herramienta como instrumento de competitividad. En muchos países del mundo ya es así. De hecho llega a ser curioso que en países europeos, entre miembros de la UE, los más gorditos y antiguos acusen a los más nuevos de que a través de sus políticas tributarias están haciendo competencia desleal. ¿Qué te dice eso? Bueno, te dice que en el mundo también se compite con la herramienta tributaria y Chile hoy está desperdiciando la posibilidad de usarla. Y es una pena que eso sea así únicamente por un tema ideológico.

-Hay quienes dicen que la carga tributaria chilena es comparativamente baja con otros países.
-Acá está en la cabeza de algunos que los impuestos tienen que ser más altos porque los que pagan son los que tienen más y por un tema redistributivo hay que generar más recaudación. Eso es absolutamente errado y antiguo. El énfasis social es una necesidad, pero los gobiernos tienen que hacerlo por el lado de un mejor gasto.

-Es ahí donde el escenario no parece ser el mejor.
-Bueno, nosotros creemos importante la tercera pata, que es la reforma del Estado. Se habla mucho de eso y no pasa nada porque se dice que no hay recursos. Bueno, ahora hay recursos. Entonces, hagámosla. No se trata de achicar el Estado por achicar, sino de administrar mejor. Durante 13 años (85-97) Chile logró crecer en promedio más de 7% al año. En ese lapso lo que más incidió en el resultado fue un aumento en la productividad, impulsado por múltiples reformas. Eso ya no es así y lo reconoce el propio comité de expertos que convoca el Ministerio de Hacienda. La contribución que hoy tenemos y que se espera a futuro por productividad va a ser menos de 1%. Eso hay que cambiarlo.

Y agrega:
-El sector privado, que está inserto en un mundo competitivo, se adapta por razones de supervivencia, pero el aparato estatal no lo ha hecho. Ahí falta entrar a picar. En Chile, uno de cada tres pesos que se gasta es administrado por el Estado. Es evidente que ahí hay un potencial de eficiencia y productividad que se puede ganar si se modernizan los criterios usados en la asignación de esos fondos.

{mospagebreak}-¿Cómo hacerlo?
-Lo que me preocupa es que no veo de parte del gobierno un relato que vaya en la línea de fortalecer el crecimiento de largo plazo. Hay demasiado énfasis en el concepto del Estado benefactor. Esta meta de la presidenta de garantizar derechos a los ciudadanos, suena bien y tiene sentido, pero debe tener un contrapeso, porque los ciudadanos también tienen deberes. Si solo se garantizan derechos, se pierden incentivos para que cada persona desarrolle su potencial y contribuya al crecimiento. Un ejemplo es lo que ocurre con la pensión básica solidaria que puede llevar a un desincentivo al ahorro personal. Está bien que haya pensiones dignas, pero hay que recordar a las personas que a ellos también les cabe un papel en alcanzar eso. A lo anterior se suma que cuando se entra en esas dinámicas suele producirse una espiral de nuevas peticiones de beneficios, lo que al final puede llevar a subir los impuestos, lo que debilita el potencial de crecimiento.
Esto hay que decirlo aunque no sea políticamente correcto.

-Uno tendería a pensar que una persona como Velasco sabe todo esto, pero que probablemente está en una encrucijada por las dinámicas de la política.
-Si uno mira varios de los escritos de Velasco antes de asumir eran mucho más liberales y estoy de acuerdo con usted en que probablemente lo que se hace una vez en el cargo se debe a equilibrios políticos. Pero cuidado, si Chile quiere dar un salto debe ser más ágil. El mejor ejemplo de esto es Irlanda que en 1980 era considerado el patio trasero de Europa y luego de unos años con reformas hoy tienen uno de los ingresos per cápita más altos. Ellosfomentaron la inversión y hoy tienen unas de las tasas de impuestos a las empresas más bajas del mundo. Y lo hicieron sin entramparse ideológicamente. Hubo voluntad, hubo un proyecto claro, un líder que encarnó el proyecto y una sociedad que supo ver las implicancias del proyecto. Eso nos falta en Chile.

Y remata:
-No se trata de crecimiento o de equidad. Se trata de emprendimiento, que todos emprendamos y que el Estado dicte políticas que les permitan a todos emprender. A los trabajadores, a los jóvenes, las mujeres, las pymes. A todos.

-Suena bien, pero por qué no se la juega con algunas medidas concretas…
-Okey. En el caso del impuesto a las empresas, por ejemplo, al menos en el de las pymes, haría que tributen solo sobre la base de utilidades retiradas. Eso es una inyección a la vena de esas empresas porque les permite generar un flujo de caja para financiar sus iniciativas. En el caso de las no pymes también avanzaría en esa dirección, quizás con tasas diferenciadas. Para las pymes debiera ser cero, y para las demás empresas, por último, debiera definirse una escala.

-Y ¿qué hay de la depreciación acelerada?
-Yo la creo positiva y, de hecho, estaba en la propuesta de los 20. No solo eso. El impuesto de timbres, que encarece los créditos hoy tiene una muy alta incidencia. Hay que bajarlo o eliminarlo. La
baja del IVA también hace pleno sentido conceptual porque grava el gasto y no el ahorro, pero tal vez ahora no corresponda.Eso pese a que hay que recordar que en el pasado se subió en forma “transitoria”.

-¿Y en la reforma del Estado?
-Hay que darle más flexibilidad a los jefes de servicio para que manejen sus reparticiones, colocarles metas claras y establecer una rendición de cuentas con transparencia. Es decir, pasar de una maquinaria pesada a una dinámica con incentivos como los que hay en el mercado.

-Lo que le faltó al Transantiago.
-Bueno, el Transantiago es una mala palabra y un buen ejemplo de lo que se logra cuando se confía demasiado en los esquemas de planificación centralizada, sin dejarle espacio a los agentes privados. Resulta que después descubrimos que en este plan hacían falta incentivos en los contratos. Bueno, eso nos tendría que dejar una lección, aunque haya salido un poco caro.

-¿Una lección para qué?
-Por ejemplo, para lo que ahora todos dicen es la piedra angular del crecimiento futuro: la educación. Ahí tenemos que se decidió aumentar la subvención, pero si eso se hace sin corregir los criterios con que se asignan los recursos es igual que entregarle más recursos al Transantiago sin cambiar los contratos. Luego, siguiendo la misma lógica que se aplica en transportes, en educación también es el minuto de cambiar los incentivos, lo que significa que hay que renegociar el Estatuto Docente, que es un contrato entre los prestadores (los profesores) y el resto de los usuarios. Lo digo sin eufemismos: paguémosle una cantidad a los profesores que quieran cambiarse voluntariamente al régimen normal de contratación del Código del Trabajo. Esa sería una inversión tremendamente rentable. Si la idea es no dar cheques en blanco en el Transantiago, hagamos lo mismo con la subvención escolar.

-No puedo no preguntarle qué le parece la idea de aprovechar las holguras de plata en un gran proyecto nacional. Meterle un chorro de plata a una megaobra, a algo que pueda ser emblemática.
-Gastar una gran cantidad de plata por una vez puede tener efectos nocivos sobre el tipo de cambio, la inflación y la tasa de interés. Por eso hay que hacer las cosas de manera gradual y que mejoren la competitividad. No se trata de gastarse la plata porque sí, sino que hay que usar bien las holguras para ganar competitividad. Nuestra idea original no era gastarse la plata, sino que dejar de ahorrar tanto. Por lo demás, creo que hay que mirar con respeto y tal vez algo de temor que en la contienda política electoral se empiece una competencia por quién ofrece más con cargo a esos fondos. Algo así como los días R previo a la elección.

{mospagebreak-¿Pero no es razonable hacer ese gasto en un bien superior como la autosufi ciencia energética, como esbozó Felipe Lamarca?
-Vamos por parte. Sí comparto que el tema energético no está recibiendo la importancia adecuada en la agenda del gobierno. Hoy están manejando la crisis solo con la idea de que no se corte la energía. Hay una suerte de control de daños sin mucha preocupación por el costo al cual se está haciendo. Es verdad, tener energía versus no tenerla es mejor, pero no es indiferente en materia de competitividad el costo. Dicho esto, ante ideas como usar plata para resolver el tema de una vez creo que esto no se resuelve de un día para otro y tampoco creo necesario involucrar recursos fiscales, porque si se entregan las señales de precio adecuadas y se sacan las barreras regulatorias, solitos van a llegar los inversionistas a colocar todas las centrales que sean necesarias y con la tecnología adecuada.

Teoría y práctica

Hernán Cheyre salió de la universidad y entró a trabajar en Odeplan en los tiempos de Miguel Kast. Después de un año y medio allí se fue becado a Estados Unidos a cursar un Master of Arts en Economía en la Universidad de Chicago. A su regreso, cumplió su compromiso de “pagar la beca” dictando clases en la Universidad de Chile, en donde estuvo por más de cuatro años como profesor de jornada completa.

En 1985, junto a Erick Haindl y Alvaro Saieh funda Econsult, firma de consultoría y opinión económica y financiera con lo que se podría decir dio salida a su veta de empresario. A poco andar, Econsult cambió su estructura de propiedad (con la salida de Haindl y Saieh) e ingresó al plano de la clasificación de riesgo, área en la que tuvo un importante crecimiento con los años (comprando agencias, luego asociándose internacionalmente y, finalmente, vendiendo la clasificadora en 2000 a Fitch Rating).

Hoy, en la empresa, Cheyre es socio de José Ramón Valente, partner y amigo que quien fue alumno suyo en la universidad y quien ingresó a la firma en la segunda mitad de los 80.

En estos casi 22 años de historia, Econsult ha cambiado mucho de perfil. Inicialmente concebida como empresa de consultoría económica y financiera, hoy junto a ese campo también se dedica a la asesoría a personas en administración de platas e inversiones. Tiene además una administradora de fondos de inversión, con los fondos Halcón I y II, y también están asociados a Falcon, una empresa ubicada en el mismo piso de El Golf 99 donde está Econsult, la que se orienta a la consultoría aplicada en busca de ahorros efectivos en empresas, cobrando un variable en función del ahorro que son capaces de producir en la empresa asesorada.

En la actualidad, Econsult, sin grandes activos fijos ni capital financiero, se define como una empresa de capital humano, que brinda asesorías de confianza. En conjunto trabajan allí unas cincuenta personas, incluyendo a los 22 trabajadores de Falcon.