Sólo por haber logrado que la centroderecha se maneje por primera vez en mucho tiempo en un esquema de unidad y colaboración, los presidentes de la UDI y Renovación Nacional deberían estar satisfechos. Sin embargo –y justamente por este éxito– Hernán y Carlos Larraín quieren mucho más para la Alianza. De partida, dejar de mirar a Chile desde la vereda de la oposición. 

  • 19 febrero, 2008

 

Sólo por haber logrado que la centroderecha se maneje por primera vez en mucho tiempo en un esquema de unidad y colaboración, los presidentes de la UDI y Renovación Nacional deberían estar satisfechos. Sin embargo –y justamente por este éxito– Hernán y Carlos Larraín quieren mucho más para la Alianza. De partida, dejar de mirar a Chile desde la vereda de la oposición. Por M.Angélica Zegers V. Fotos, Enrique Stindt.

 

Cada uno en su estilo, los Larraínes, como los ha llamado la prensa, son personajes de temer. Hernán, presidente de la UDI y figura mítica del partido desde los tiempos del gremialismo que jineteaba Jaime Guzmán, no es un hombre de exabruptos, pasiones desatadas o cuñas para la prensa, pero sí de convicciones y, cualidad no menor, es de esos políticos que despiertan natural confianza no sólo en su grupo de pertenencia, sino que también en la trinchera de enfrente.

 

Carlos, por su lado, es un rara avis de la política. Se fogueó como alcalde de Las Condes, donde aún integra el Concejo, y desde hace un año y medio preside Renovación Nacional, luego de una campaña a la que nadie apostaba mucho por él, pero que finalmente le dio la victoria. Lo más fácil es definir a este abogado como un conservador a ultranza, pero lo cierto es que muestra cuotas de apertura y tolerancia mayores que las que impone esa etiqueta, además de una natural ironía y salidas campechanas que divierten y descolocan.

 

Ambos dirigentes miran la política de manera distinta y, al igual que los partidos que presiden, en varios puntos sus opiniones son divergentes. Pero comparten un set de principios básicos en lo ideológico y la profunda convicción de que la única manera que tiene la Alianza de llegar al poder y romper con el fantasma de ser eterna minoría –situación que según algunos es la que de verdad acomoda a la derecha– es encontrando de una vez por todas una forma de relación entre sus partidos no sólo civilizada, sino respetuosa, confiable e incluso amistosa. A esta tarea ambos se han entregado con fuerza y, a juzgar por los resultados, el saldo es positivo. Más allá de escaramuzas puntuales –como la mediática disputa entre los senadores Allamand y Longueira–, el trabajo en el Congreso y la sintonía entre directivas y parlamentarios han alcanzado grados de eficiencia como desde hace mucho tiempo la Alianza no podía mostrar.

 

El hecho de que la oposición no capitalice este buen momento en las encuestas no les quita el sueño. Los Larraines se tienen fe, aseguran que las ideas de la centroderecha han calado en la gente y que el agotamiento del gobierno y de la Concertación es indiscutible. Están seguros de que llegó el momento de la Alianza y están decididos a defender por todos los medios el trabajo que han hecho para fortalecer políticamente al bloque. Por eso, en cuanto se encuentran para esta entrevista, saltan al unísono lamentando y condenando las declaraciones de dirigentes y parlamentarios opositores que el día anterior habían anunciado sus intenciones de presidir las mesas del Congreso o las comisiones, luego del acuerdo alcanzado por la Alianza con el gobierno y la Concertación. Si hay algo en lo que tanto Hernán como Carlos Larraín están de acuerdo es que la política no es un proyecto personal, sino colectivo.

 

 

Reforma al binominal

Carlos Larraín

Está demostrada la enorme ventaja de tener pocos partidos grandes, pero si queremos proteger el binominal hay que hacerle ajustes. En Renovación Nacional estamos dispuestos a hacer estas reformas a cambio de terminar con la intervención electoral, pero la verdad es que la Concertación hace muchas gárgaras con el tema de los grupos excluidos y al fi nal no quiere cambiar nada, porque prefi eren seguir interviniendo. A la Concertación no le gustan los grupos minoritarios y aceptó entregar el control de la Cámara de Diputados a cambio de excluir a los independientes.

 
 

Hernán Larraín

Es necesario terminar con la intervenciónelectoral del gobierno, pero no creo que haya que condicionarlo a cambios en el sistema electoral. Lo que fortalece a los partidos es el sistema electoral y la Concertación existe por este sistema; pero es tal el grado de descomposición al que han llegado, que ni siquiera el binominal los está salvando. El gran hecho político es que con los parlamentarios independientes vamos a llegar a acuerdo para imponer una legislación contra la intervención electoral.

 

 

 

– Ustedes han dedicado mucho esfuerzo a recuperar la confianza entre la UDI y RN y proyectar un bloque que asegure gobernabilidad, pero no se ve la misma voluntad en consolidar un proyecto político que encante a la ciudadanía, ¿Cuál es la evaluación en esto?

 

– Hernán Larraín: No hay que ser injustos. Lo primero que intentamos reconstruir es una relación de confianza y lealtad entre nuestros partidos, porque es condición necesaria para la unidad. Desde 1989 siempre hemos tenido pactos electorales, pero no ha habido una unidad estable que, manteniendo la identidad de cada partido, nos permita operar como bloque. Ahora sí la Alianza se está preparando para gobernar. Es cierto que nos hemos dedicado con mayor celo a esta tarea que a trabajar en los contenidos de un proyecto político global y coherente; tal vez, porque eso se parece mucho a una definición presidencial que hemos querido dilatar. Pero también es cierto que, exigidos por el trabajo legislativo o por proyectos del gobierno, hemos ido generando una línea de acción compartida en temas delicados y complejos. El 90% del trabajo legislativo es común entre los dos partidos y está inspirado en principios arraigados y al final, cuando llegue el momento del proyecto, no creo que nos demoremos en afinarlo. La duda que sí tenemos es la capacidad de transmitir nuestros planteamientos.

La UDI y RN son partidos distintos. Creemos que hay militantes nuestros que representarían mejor nuestro ideal que Sebastián Piñera y tenemos derecho a luchar por eso. Hernán Larraín

– Carlos Larraín: Es un hecho incontrarrestable que la Alianza está mucho más unida ahora que antes y, aunque competimos por los votos, lo importante es que esto se haga en un marco de respeto y también de patriotismo, porque hay mucha gente que cree que la política se resuelve en el Parnaso. Creo que se está logrando que la opinión pública comprenda algunas ideas centrales de nuestro sector, como son la preferencia por un Estado chico, pero eficaz; libertad en enseñanza; menores impuestos, pero con un gasto eficaz de los recursos; un país que fortalece a sus fuerzas armadas y mantiene una buena política de defensa; un proyecto que mira hacia adelante y no se queda anclado en la nostalgia vengativa; una política más realista que ideológica; un bloque que tiene como norte que los chilenos superemos el subdesarrollo. La línea divisoria entre nuestro proyecto y el de la Concertación está clara, pero la propaganda del gobierno es grosera. Mientras nuestro esfuerzo es racional, el de la izquierda es pasional.

-¿Cómo se entiende que la Alianza negocie con los independientes, principalmente con el bloque de Adolfo Zaldívar, que está en contra del modelo que la Alianza defiende?

– HL: No hay que confundir las cosas. El poder en el Congreso está en los cuerpos colegiados, en la sala, y la mesa sólo conduce y coordina, pero es una señal potente haber llegado a acuerdo con el gobierno y tener la posibilidad de presidir las Cámaras

-Mientras negociaban el acuerdo con la Concertación, el presidente del PS, Camilo Escalona, declaraba que la derecha no da gobernabilidad…

– HL: Escalona está dando manotazos de ahogado. Nosotros buscamos un acuerdo con los independientes y lo logramos en el Senado, pero no en la Cámara, porque los diputados independientes no lograron sentirse autónomos de la Concertación. No diría que se logró el óptimo, pero es un acuerdo de administración que va a impedir que la Concertación siga manejando abusivamente el Congreso. Además, ambas presidencias quedaron para la Alianza el año 2009, lo que es un hecho político muy poderoso, porque ya hemos visto que la Concertación utiliza cualquier herramienta, incluido el Congreso, con tal de no soltar el poder, como se vio el 99 con el populista proyecto laboral. Nosotros no vamos a usar las mesas políticamente, pero tampoco vamos a dejar que otros lo hagan.


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– Según la última encuesta CEP, de diciembre, el 42% de la población desaprueba la conducción del gobierno, pero el 52% desaprueba también a la oposición; es decir, la Alianza no capitaliza un solo punto de la baja del gobierno…

– HL: En todas partes el juicio es negativo para los políticos, pero si se le pregunta a la gente quién cree que va a ganar las elecciones, la Alianza es vencedora.

– CL: La gente puede no tener muy claro cuál es el pensamiento de la oposición porque durante mucho tiempo hubo un esfuerzo de mimetización en este bloque y eso es letal; el electorado tiene derecho a elegir y para hacerlo debe poder cotejar. Hay que mostrar las profundas diferencias entre nuestros postulados y los de la Concertación. Esa es la gran lección que nos deja Sarkozy. Al mismo tiempo, hay que tratar que la gente entienda que el acuerdo al que llegamos en el Congreso busca evitar que el poder legislativo sea funcional a los disparates del gobierno. El famoso segundo tiempo del que habla el gobierno va a ser mucho peor que el primero y presidir la mitad de las comisiones nos puede ayudar a sacar adelante algunas cosas importante para el país. En RN no nos importan los cargos, sino la correcta operación de las Cámaras. El que quiera interpretar el acuerdo como una rendición ideológica lo está entendiendo al revés.

-¿Cuánto se está dispuesto a ceder en las ideas para llegar al gobierno?

– HL: Un hecho de la causa es que este país es culturalmente de izquierda, pero en las dos últimas elecciones presidenciales la centroderecha ha estado cerca del 50%. Esta es una señal de la penetración de nuestras ideas y marca una diferencia con decenas de años de historia. Nuestro proyecto no ha cedido nada en ideas y estoy seguro de que esta vez vamos a ganar.

– CL: No creo que Chile tenga una cultura de izquierda; la economía de mercado y el derecho de propiedad tienen una tremenda adhesión, en general se aprecia la libertad individual y mucha gente respeta la importancia del hecho religioso. Además, este es un país patriota y que cree en su historia, lo que no es propio de los países de izquierda. Creo que tenemos una estupenda materia prima para el desarrollo de nuestras ideas.

– HL: Si la Alianza no hubiera capitalizado el esfuerzo por introducir la idea de libertad difícilmente habría llegado a casi el 50% de los votos, que es más de lo que la centroderecha obtuvo nunca desde 1920. Este es un cambio notable, porque por casi cien años la izquierda y la centroizquierda habían monopolizado el discurso en un corte populista, donde la gente se convenció de que sus problemas los solucionaba el Estado. Hasta el propio empresariado, lo que se vio en los inicios del gobierno militar, era contrario a la libertad económica. Las únicas ideas de derecha que siempre han estado presentes son las de orden, seguridad y patria.

– CL: Dos hechos que desmienten esta supuesta cultura de izquierda son que la gente valore enormemente la calidad de empresario de Sebastián Piñera y nuestro propio sistema de pensiones, inventado en Chile y que hoy se exporta.

– HL: La lucha de clases es un concepto que siempre ha estado subyacente en la mentalidad popular.

Cosa de confianzas

– CL: Chile no es una isla protegida en materia de ideas y el siglo XX, si me perdonan la expresión, fue un siglo de mierda ideológicamente, porque triunfaron las ideologías totalitarias estatistas a ultranza, como el nazismo y el comunismo, y que al final causaron 100 millones de muertos, como contabilizó un grupo de intelectuales socialistas franceses. Así y todo, en Chile queda un concho de sensatez que hay que sacar arriba y los políticos de derecha no pueden refugiarse en el argumento de que Chile es de izquierda para declararse minoritarios y perdedores fi jos. Hay que salir a ganar.

-¿No cree que la UDI efectivamente se jugó en un momento por meter sus ideas en sectores populares y que lo logró?

– CL: Había una sensación de emergencia nacional y lograron reclutar gente, es cierto, pero seguimos en emergencia.

– HL: Cuando digo que Chile ha sido estatista y de izquierda no digo que siga siéndolo enteramente y sé que las cosas están cambiando, porque hemos ido ganando la batalla de las ideas en terreno.

– La centroderecha logra casi el 50% de los votos y aun así no más del 20% de la gente se defi ne de centroderecha.

– HL: A la gente no le gusta definirse políticamente y es un hecho que la centroderecha tiene un gran porcentaje de adhesión oculto. El trabajo de formación de jóvenes ha sido permanente en el partido y parte de nuestra más profunda vocación política desde los tiempos del gremialismo e impulsados por Jaime Guzmán.

– CL: El desafío básico para nuestro sector es expandir nuestras ideas. En RN han ocurrido cosas dolorosas, quiebres, conflictos y renuncias, pero sacamos más de un millón de votos porque respondemos a una cierta sensatez nacional. Siento fracaso en cuanto no logramos entusiasmar más gente buena en la política, pero estamos enfocados en este esfuerzo.

Tensiones de campaña

 

– ¿El nuevo ánimo en la Alianza es fruto fundamentalmente del buen entendimiento entre ustedes?

– CL: Tengo la impresión de que sí. Empezamos por no descalifi carnos, como solía ocurrir antes, y nos impusimos el axioma de no dejar mal parado al socio. Cuando se refuerzan un núcleo de ideas y el respeto, se puede aceptar un cierto chisporroteo por los bordes. Sin embargo, aquí hay mucho más que entendimiento entre presidentes. El trabajo en el Congreso es coherente, tenemos más de la mitad de los candidatos a alcaldes designados, mientras que los partidos de izquierda todavía no se ponen de acuerdo en las comisiones que los van a nombrar. Los resultados son concretos.

-HL: Junto con nosotros, muchos llegaron a la convicción de que si realmente queríamos tener éxito había que hacer un esfuerzo adicional y convertir los acuerdos electorales en uno político duradero.

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– ¿Evitó la UDI apoyar la candidatura de Pablo Longueira a la presidencia para evitar un problema con RN?

– HL: Nosotros queremos llevar un candidato presidencial y lo más probable es que lo nominemos en marzo o abril del próximo año. El tema de Pablo tuvo que ver con los tiempos, porque él y otros pensaron que había que nombrar un candidato el año pasado y otros pensábamos que había que dejarlo para más adelante. Yo espero que Pablo siga siendo una opción.

– CL: Nuestro candidato tiene muchas condiciones y regias posibilidades, pero creo que la idea que compartimos con Hernán es que ni siquiera este tema va a lograr socavar la unidad.

– ¿Cuál es el principal problema que le ve la UDI a Piñera como candidato?

– HL: La UDI y RN son partidos distintos y creemos que hay militantes nuestros que representarían mejor nuestro ideal, y tenemos derecho a luchar por eso.

– ¿RN quiere que la UDI apoye a Piñera antes del 2009?

– CL: No le ponemos ningún plazo a la UDI, simplemente le pedimos realismo político y le recordamos que cuando Lavín llevaba la delantera agachamos el moño y trabajamos por él. En política no baja de repente el arcángel San Gabriel y, a estas alturas, está bastante claro quiénes pueden ganar las próximas elecciones.

– El mismo Piñera acuñó la frase de que nadie tiene clavada la rueda de la fortuna y de hecho, después de que Lavín se definió como aliancista bacheletista, subió 12 puntos en la encuesta CEP…

– CL: Eso tiene una explicación muy sencilla y se relaciona con que en este país hay muy poco ánimo de cotejar ideas, y lo que privilegió la gente fue la imagen de amistad. Fue una especie de vuelo nupcial entre una paloma blanca como Michelle Bachelet, con un palomo blanco que fue Lavín, pero no hay fondo político.

– ¿Cómo se explica que, de los dos personajes mejor posicionados de la Alianza, Piñera esté prácticamente desaparecido y Lavín recurrentemente apoyando al gobierno?

-CL: Puede ser una cosa inteligente no exponerse, porque sabemos que hay gente dispuesta a salir a matar a palos a Piñera y si manteniéndose en una postura expectante le va bien, hay que dejarlo. Somos muchos los peones que estamos dispuestos a poner el pellejo sobre la mesa.

– HL: Joaquín busca empatizar con la gente que quiere armonía, pero nosotros no solamente tenemos que mirar la situación actual, sino que proyectar lo que va a pasar. No se logra perfi lar una alternativa de gobierno identifi cándose con quienes están en el poder, sino diferenciándonos.

 

Gobierno agotado

– ¿Cuál es el límite de los acuerdos con el gobierno?

– HL: No se puede establecer una línea divisoria. Hemos estado dispuestos a consensuar una línea de acción en seguridad pública, en lo previsional o en educación, pero en otras cosas, como el Transantiago, le presentamos al ministro Cortázar una carpeta repleta de ideas y no ha acogido ninguna. Esta no es una oposición que niega la sal y el agua, pero tampoco estamos cogobernando y es nuestro deber fiscalizar para evitar que se repitan escándalos como EFE o Chiledeportes.

– CL: Cada vez que llegamos a acuerdo con el gobierno es el gobierno el que se benefi cia, pero no nos importa asumir ese costo si es por el bien del país.

– HL: Lo que me molestó del acuerdo en educación fue la forma en que lo presentó el gobierno, porque era una iniciativa nuestra que la Concertación había desechado y que sólo acogió cuando vieron que iban a perder su proyecto. La presidenta lo anunció con una gran puesta en escena, donde nosotros parecíamos una isla en el archipiélago de la Concertación.

– ¿Cómo califican la actuación del actual gabinete político?

– HL: Todavía es muy prematuro hacer un balance: Pérez Yoma recién está imponiendo su estilo, pero tiene un sentido de la autoridad que no tenía Belisario y creo que ahora habrá más claridad, salvo por Vidal, que es un guerrillero, una aplanadora que sólo vive en el pasado y que busca permanentemente la agresión. Si Vidal da la tónica, no vamos a avanzar un metro.

– CL: En el gobierno predomina una línea retro, una tendencia nostálgica que nos lleva de vuelta a los 60 y por eso no sorprende que para rearmar un gabinete se recurra a personas que se repiten el plato tres o cuatro veces. Los nuevos ministros acentúan el carácter político del gobierno, vienen a ganar las elecciones. Yo no creo que la inoperancia del gobierno se deba al gabinete, sino a que la Concertación está convertida en un puzzle y la presidenta se la pasa arbitrando.

– ¿Creen que la presidenta arbitra con un norte claro?

– CL: La presidenta funciona con la lógica marxista leninista que aprendió en las universidades comunistas de Berlín oriental y tiene, además, un injerto feminista; su modo y su físico disimulan este lastre, pero está ahí; y si hay una cosa que se aprendió del siglo XX es que las ideologías esterilizan.

– HL: El problema de conducción y liderazgo del gobierno es muy profundo. Pérez Yoma puede ayudar a ordenar, pero no va a solucionar los problemas. La reacción de los parlamentarios por el acuerdo al que se llegó con la oposición en la Cámara de Diputados demuestra que el deterioro no tiene arreglo, por más que Vidal vocifere en contra de la oposición.

– ¿Temen que Andrés Velasco suelte amarras con el gasto?

– HL: No tengo ninguna duda de que el gobierno va a hacer todo lo que esté a su alcance con tal de conservar el poder. Este segundo tiempo que les gusta tanto reivindicar tiene el solo objetivo de ganar el partido, y para ellos ganar no significa gobernar bien y que haya más trabajo, mejor salud y buena educación, sino seguir en el poder. Pero la gente ya aprendió y no les va a volver a dar el voto.

– CL: Velasco ya se soltó las trenzas. Hay un 10% de aumento del gasto público y puede llegar a 11% si se computan los créditos para el Transantiago. Velasco cae bien en el empresariado sólo porque estudió en una universidad norteamericana. La presidenta dice que nosotros temblamos y es cierto, pero no temblamos de miedo sino de rabia, porque ganar las elecciones a la mala, usando la plata de todos los chilenos, es una cosa muy fea.