Aurelio Montes Jr. habló con Capital de negocios y sentimientos. Contó cómo ha sido su aterrizaje en la viña forjada, entre otros, por su padre y cuáles son sus planes de vida. Abogó porque los sectores privado y público trabajen por consolidar la imagen del país y de la industria y anunció que su retiro del sector vitivinícola será… el día que lo entierren.

  • 30 noviembre, 2007

Aurelio Montes Jr. habló con Capital de negocios y sentimientos. Contó cómo ha sido su aterrizaje en la viña forjada, entre otros, por su padre y cuáles son sus planes de vida. Abogó porque los sectores privado y público trabajen por consolidar la imagen del país y de la industria y anunció que su retiro del sector vitivinícola será… el día que lo entierren. Por Lorena Rubio; fotos, Verónica Ortíz.

 

Viene llegando de Estados Unidos, donde estuvo un mes visitando a clientes, traders y supermercados para vender una marca que conoce muy bien, pero a la que tardó en incorporarse: Viña Montes.

 

Aurelio Montes del Campo (33, agrónomo de la UC con mención en Enología) se convirtió desde febrero de este año en el nuevo jefe de enólogos de la viña en la que su padre es uno de los mayores accionistas. El tema no lo estresa, pero Aurelio Jr. tiene claro que hoy es “el rostro” de la firma para atraer nuevos consumidores y abrir más mercados, algo que lo obliga a viajar constantemente a las principales plazas de la firma: Norteamérica, Asia e Inglaterra.

 

Y aunque la mayor parte del tiempo lo pasa recorriendo los viñedos de la empresa, se da tiempo para sus principales hobbies: el paracaidismo (que ha practicado dentro y fuera de Chile), el tenis y para retomar su desconocido gusto por el boxeo. Además, cuenta que reinició su vida sentimental –tras la muerte de su esposa Francisca Cooper en Tailandia, en 2004– con una joven ejecutiva de una cadena de retail, con la que pololea hace 1 año y tres meses.

Sigue totalmente dedicado a la labor social y no elude afrontar temas que preocupan a la industria, como el tipo de cambio, la imagen-país y la agenda laboral. También el cariño que siente por el fundador de la viña, Alfredo Vidaurre, quien enfrenta una complica enfermedad.

 

-¿Ingresar a Montes fue darle el sí a tu padre (Aurelio Montes Baseden, socio y fundador de la viña), después de tantos años en Ventisquero?

-Nunca había trabajado en Montes, lo cual para mí era súper importante, porque fue una decisión de vida. Siempre he pensado que las cosas, para que uno las valore, deben lograrse con esfuerzo y pasión. En Australia, donde estuve un año trabajando y mejorando mi inglés recién salido de la universidad, tuve una conversación muy linda con mi padre en la que me dijo: “ya terminaste tus estudios, ¿cuándo te vienes a la viña”. Y mi respuesta fue: “no tengo ningún problema, pero en muchos años más. Necesito que me inviten como un profesional y no como el hijo de alguien”. Ahora se dio el momento y he hecho una carrera suficientemente importante para merecer estar aquí.

 

-¿Cómo han sido estos meses?

-Intensos y entretenidos. No es fácil entrar a una empresa como Montes donde el éxito se respira en todos lados (es la quinta viña chilena en retornos por exportaciones y la segunda en el mercado estadounidense). Aquí hay que mantenerse en la cresta de la ola, lo que implica perfeccionismo, trabajo y tener el concepto de calidad metido en la sangre. Aquí no existen vinos de medio calibre. Es todo o nada. Tiene también una connotación personal: a mi padre lo admiro mucho profesionalmente y es espectacular decir “esto lo aprendí de Aurelio Montes”, como escuché tantas veces a la gente que trabajaba en el día a día con él.

 

-¿Sigues a cargo de los mismos temas que veías en Ventisquero?

-Es básicamente lo mismo, pero aquí todo está enfocado en vinos tremendamente Premium. Tenemos tres vinos iconos, de altísimo valor. Lo que sí mantengo en mi trabajo es algo que siempre me ha preocupado: ser la cara de la marca, para lo cual tengo que viajar muchísimo y contar nuestra historia y posicionarnos entre los clientes. El desafío es mayor porque no somos una marca nueva y el nivel de exigencia es muy alto.

 

-Cuando recién llegaste a la viña, dijiste en una entrevista que habías “llegado para quedarte”. ¿Tus planes se mantienen o no descartas emprender algún proyecto propio?

-Se mantienen absolutamente. Yo vivo, pienso y duermo pensando en vino y en Montes. Cuando no estoy trabajando, estoy disfrutando, pero siempre en torno al vino. Los proyectos propios siempre van a estar. Soy enólogo, esa es mi esencia, y eso implica que siempre voy a estar buscando nuevos cultivos, tener un huerto, en fin. Por ejemplo, me encantaría desarrollar aceite de oliva.

 

-¿Cuántas copas se toma un enólogo al día?

-Dos copas. El fin de semana la cosa es más violenta (ríe).

-¿Te han ofrecido ingresar como socio a Montes?

-No, y creo que no podría, porque esta compañía cuesta entre 100 millones y 120 millones de dólares, así que tener el 1% cuesta 1,2 millón de dólares. ¡Imagínate!

 

-Este año sólo Montes y Santa Rita se mantuvieron en el que ranking de Wine Spectator, con los 100 mejores vinos del mundo. ¿Te sientes parte de ese logro?

-Sí, cien por ciento. En todo caso, si bien Wine Spectator es muy importante –sobre todo en el mercado norteamericano– no es Dios.

 

-Pero su opinión es seguida por los consumidores, ¿no?

-Sí, mucho. Es el ranking que más se mira. Pero hay que tener claro que un puntaje no sólo es “oh, mi vino es espectacular”. Salir elegido entre los 100 mejores es trayectoria, consistencia, calidad, imagen, ser conocido en EE.UU., y muchas cosas más.

 

-¿Con qué meta te retirarías satisfecho de Montes?

-Lo primero es consolidar lo que Montes es hoy. Y después, mi meta es apoyar los mercados que están más débiles, por ejemplo, Inglaterra, donde me encantaría que fuéramos más potentes. Ahora, nosotros tenemos un tema de capacidad de producción. No somos un Concha y Toro, sino que una bodega chica, por lo tanto, no es para volverse loco.

 

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-¿Tienen metas en cuanto a aumentar los volúmenes?

-Sí, todos los años crecemos 10% en volumen y 20% en retornos, pero nuestro objetivo primordial es la calidad.

 

 

 

 

El pulso de la industria

 

 

-Últimamente se han conocido informes y proyecciones contradictorios para la industria del vino. ¿Cuál es tu impresión sobre lo que viene?

-Cuando uno ve los números hay que poner ojo. Por ejemplo, este año hay un 30% de aumento en los retornos, pero una caída en el crecimiento de los volúmenes. Crecemos en precio promedio y en calidad, pero hay que escarbar bien pasa establecer las causas. Primero, yo diría que hay una situación puntual que es la grave crisis que está viviendo nuestro principal competidor, Australia, debido a una sequía que hizo caer su producción 40% en 2007, y se estima que en 2008 eso se podría repetir. Y la otra cosa que hay que mirar es que más del 50% de la torta se la reparten no más de 10 viñas, de un total de 260 que hay en Chile. Es decir, no se puede afirmar que a toda la industria le está yendo bien. Además, acá hay dos tipos de empresas, las que han continuado consolidando sus marcas, y otras que han aprovechado el momento para hacer un buen negocio.

 

-O sea que ¿hay especuladores del vino?

-Sí. Como los precios están buenos, hay quienes dicen “mandemos rápido este embarque para que hagamos un buen negocio”. Lo que yo sostengo es que hay que saber aprovechar esta oportunidad (porque es una oportunidad, sin duda), pero cuidándola. En esta industria es tan fácil entrar como salir y nuestra visión es aprovechar este momento, pero con visión de futuro, invirtiendo en publicidad e imagen, viajando más y también subiendo precios. No es sólo un tema de oportunismo, y por eso siempre hemos sido una de las viñas que más invierte en publicidad y marketing en Chile y siempre hemos sido muy cuidadosos con los controles de calidad. Sólo así se mantiene la fidelidad de los clientes, porque la gente cuando prueba un Mercedes, no se cambia más de auto.

 

-En caso de que cambien las condiciones, ¿estarían dispuestos a fusionarse con otra viña, como lo han hecho otros?

-No es parte de nuestro estilo. A Montes no le interesa fusionarse ni crecer demasiado. Queremos mantener esta imagen de viña boutique.

 

-¿Dónde está hoy, en tu opinión, el futuro de la industria vitivinícola en Chile?

-Hoy, por ejemplo, hay una tendencia distinta que se llama producción biodinámica –que es un vino orgánico para el cual las podas se realizan de acuerdo a la posición de los astros– y hay otros nichos, que no apuntan a la masividad. Esa es la única posibilidad para las viñas chicas: diferenciarse. En cuanto a los valles que están de moda hoy me parece que son el de Limarí y el valle de Catapilco, cerca de Zapallar, donde nosotros, por ejemplo, estamos probando porque nos parece que el clima puede ser bueno para los blancos. En cuanto a cepas, las blancas son la nueva tendencia.

 

-¿Qué debiera privilegiar Chile, calidad –y por lo tanto mayores precios- o penetrar el mayor número de mercados?

-Para mí ambas estrategias son absolutamente compatibles. Primero hay que ser novedoso, creativo. Luego, hay que tratar de dejar de lado esa noción que asocia Chile con barato, y eso sólo se puede hacer en equipo. Hay que olvidarse de buscar la mina de oro, pero sí preocuparse de desarrollar algo que te diferencie y te convierta en atractivo.

 

-¿Cuál es el mayor avance y novedad que ha arrojado la industria chilena del vino en los últimos 10 años?

-El switch hacia la calidad, que es algo que viene de no más de 15 años.

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-Muchos afirman que al rubro vitivinícola y en general a las empresas exportadoras locales, le falta generar una imagen potente y consistente con el precio. ¿Se está haciendo lo suficiente en esta materia?

-No se está haciendo lo suficiente por el lado de las empresas, pero, además, faltan políticas que nos permitan disputarle mercado a nuestros competidores. Lo que gasta Chile como país en imagen –incluyendo la inversión pública y privada– es ridículo. Hace un par de años Chile tenía un presupuesto de 1 millón de dólares para conquistar el mercado británico. Australia tenía 40 millones en la misma época. ¡Cómo puedes competir así!

 

-¿Eres de los que creen que si no mejora la marca Chile, es complicado generar una imagen sólida para los productos?

-En un 2000%. La gente parte comprando país, después compra marca. Por qué Argentina está creciendo como loco: porque está invirtiendo. Como país no estamos haciendo lo suficiente para mejorar la imagen-país. Hemos mejorado mucho, ProChile está haciendo buenas cosas, pero como concepto global estamos peleando cada uno por su lado. No se ve presencia de imagen-país en ninguno de los países a los que viajo. No hay una política clara y consistente.

 

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-¿Qué te parece la llegada de Juan Gabriel Valdés a la coordinación de las agencias de ProChile?

-Creo que estas señales son útiles para el país y provechosas para la industria del vino. Espero que él pueda empujar las cosas y mostrar que somos un sector interesante, que somos embajadores de Chile.

 

-¿Siguen siendo los mayores competidores del vino chileno Australia y Sudáfrica, o la gran amenaza está en Argentina?

-Nuestro competidor histórico es Australia y, si bien Argentina está creciendo, es inestable. El más peligroso para mí es España. Aunque está en Europa, es percibido como un país del Nuevo Mundo. Ellos están metiendo ruido y tienen muy buenos vinos.

 

-Siempre se habla de EE.UU., Asia o Europa como mercados, ¿qué pasa con los países latinoamericanos como México y Brasil?

-Es cierto que hay mercados interesantes en la región, pero aparte de Brasil –que tiene un gran poder comprador– el resto de los países, sobre todo al norte de Ecuador tienen un clima que hace menos atractivo tomar vino y no tienen una cultura de consumo. Para mí el mercado objetivo debiera ser Asia.

 

-¿Qué impacto está teniendo la caída en el tipo de cambio?

-Muy fuerte. Hay varios que están sobreviviendo. A nosotros como Montes nos afecta muchísimo, porque compramos todos nuestros insumos en euros y vendemos en dólares. Para todas las viñas chicas el escenario es aún peor.

 

-Algunos han criticado una suerte de pasividad en las autoridades económicas para intentar detener la caída del dólar. ¿Compartes esa apreciación?

-Esto se podría manejar mucho mejor. Básicamente mi opinión es que hay que sacar más dólares para afuera. Invertir más allá de Chile y acelerar el aumento en el límite de inversión de las AFP en el exterior.

 

-¿Inciden en la industria los conflictos suscitados en el tema laboral?

-Nos vemos afectados, efectivamente, porque trabajamos mucho con subcontratistas, pero lo estamos afrontando, aunque ello implica un aumento en los costos. Me parece bien que mejoren las condiciones de los trabajadores y no tengo nada en contra de eso. Pero no es esa la razón que está desestabilizando al sector. Es mucho más grave lo del dólar.

 

 

 

“Ahora viajo más a Santiago para ver a mi polola”

 

 

-Hace poco, uno de los socios históricos de tu padre, Alfredo Vidaurre, dio una bella entrevista donde cuenta cómo está enfrentando su grave enfermedad y cómo partió Viña Montes. ¿Qué representa Vidaurre para ti?

-Para mí “Fito” Vidaurre es un verdadero Maradona en esta industria. Es una persona que yo admiro mucho y que ha tenido una visión económica tremenda. El supo enfocar Montes hacia el camino correcto. Humanamente, además, es muchísimo más admirable, por su fortaleza y su capacidad para enfrentar los problemas. Lo encuentro una persona que ha tomado su enfermedad con un optimismo y una humildad que sólo provoca en mí admiración. Lo veo menos de lo que quisiera.

 

-¿Por qué? ¿Dónde estás viviendo ahora?

-Vivo en San Fernando, donde arrendé una casa preciosa. Los fines de semana me vengo a Santiago a ver a la polola, con quien pololeo hace un año y tres meses.

-¿Planes de matrimonio?

-No todavía.

 

-¿Prefieres vivir fuera de la ciudad?

-Yo nunca he sido citadino. No tengo ningún interés de vivir en Santiago, aunque es probable que el día que me case y por la educación de los niños termine viviendo acá.

 

-En general, ¿cómo es un día tuyo en la viña?

-En invierno viajando mucho y probando vinos. En esta época me paso recorriendo los viñedos, viendo las uvas y dando instrucciones de trabajo.

 

-¿A qué otras cosas estás dedicado?

-Uno de mis grandes hobbies es el paracaidismo y últimamente el tenis.

 

-¿Cómo llegaste al paracaidismo, un deporte tan riesgoso?

-Solo. Siempre me han gustado los deportes medio extremos. Durante mucho tiempo practiqué boxeo, tomé clases e incluso llegué a competir. De hecho, hace poco hablé con mi profesor de box y le dije que quería empezar a entrenar de nuevo los fines de semana. El paracaidismo lo hago cada vez que puedo –ojalá una vez por semana– y he saltado en Chile, Argentina, México y Estados Unidos.

 

-¿Qué pasa con tu labor en María Ayuda?

-Sigo muy comprometido. De hecho en mayo ingresé al directorio.

 

-¿Cómo va la Casa de la Fran (en memoria a su esposa fallecida)?

-Muy bien, atiende a 60 niños en Puente Alto.

 

-¿Cambió tu relación con Dios después de lo de Tailandia?

-Me acerqué más a él. Mi relación con Dios siempre ha sido cercana.

 

-Entonces, ¿llegaste para quedarte al área de la labor social?

-Totalmente.

 

-¿A qué edad planeas retirarte del negocio vitivinícola?

-Cuando me entierren