La producción en serie permitió masificar el automóvil, pero también lo convirtió en un producto poco exclusivo. Esto motivó el surgimiento de algunas pequeñas marcas que ganan millones fabricando automóviles literalmente a mano.

  • 14 diciembre, 2007

La producción en serie permitió masificar el automóvil, pero también lo convirtió en un producto poco exclusivo. Esto motivó el surgimiento de algunas pequeñas marcas que ganan millones fabricando automóviles literalmente a mano. Por Leonardo Pacheco Salazar.

La industrialización nos benefició a todos, hasta el punto de permitirnos disfrutar de los más innovadores inventos a muy bajo costo. Pero qué pasa con aquellas personas que tienen mucho dinero, como para gastarlo a manos llenas, y que desean usarlo en cosas que nadie más tenga. Es ahí donde hay un interesante nicho, el que por supuesto ya está siendo explotado por los más visionarios. Y hablando de automóviles, son los pequeños constructores los que han podido sacarle provecho a la exclusividad, hasta el punto de que cada facturación les asegura un sólido presente y un halagüeño futuro.

Lo interesante de esto es que las marcas especiales, tales como Fisker, Morgan, Gumpert, Koenigsegg, Noble, Pagani, Saleen, Spyker, SSC, Tesla y Yes, entre otras, trabajan con un mínimo de personal, incurriendo en pequeños gastos de operación, fabricando muy pocas unidades, pero cobrando grandes sumas de dinero por cada uno de sus ejemplares.

Quizás el caso más extravagante y digno de ser comentado es el de la firma británica Morgan. La fábrica no es más que un pequeño taller emplazado en la localidad de Worchestershire, lugar en donde trabajan algo así como doce artesanos, expertas costureras entre ellos, y desde el cual egresa un ejemplar al mes; eso trabajando a tiempo completo. La lista de espera por un Morgan nuevo es tan extensa, que resulta más costoso comprarse uno de segunda mano; si a usted no le gusta esperar, cómprelo usado.

Todo lo fino vale su peso en oro. Fabricar un automóvil de manera artesanal es una tarea ardua y compleja, que debe ser realizada por expertos. El ingeniero plasma la idea en el papel, el responsable de los materiales compuestos construye el monocasco con acero, aluminio o fibra de carbono según sea el caso, el carrocero (chapista) se encarga de vestirlo con el diseño sugerido, el artesano en cueros y madera le da vida al interior, en tanto que los motoristas toman la responsabilidad de que esos pistones y bielas emitan la más bella de las melodías.

El auto no se paga una vez que se entrega, sino que el cliente debe costearlo antes; es algo así como comprar en verde. Cada etapa del proceso es revisada al dedillo, y el que paga tiene plena libertad para visitar el taller y sugerir cambios; incluso puede solicitar un tipo especial de motor o pedir que su nombre sea grabado en las tapas de válvulas.

Spyker es otro de los pequeños fabricantes que han dado en el clavo. El impacto que han producido sus deportivos modelos C12 y C8 es tal, que uno de ellos fue elegido para una producción hollywoodense, e incluso la marca puede darse el lujo de sostener con fondos un competitivo equipo de carreras que participa en certámenes de GT europeo.

Los que compran estos automóviles fuera de serie, son millonarios apasionados por la velocidad, coleccionistas incurables, estrellas del cine o el deporte y, era que no, jeques árabes. Por ejemplo, el constructor Pagani, creador del bólido Zonda hecho íntegramente con fibra de carbono, cuenta entre sus clientes a un selecto grupo de magnates petroleros.

Quién lo diría. Cuando Henry Ford descubrió que produciendo automóviles de manera seriada se lograba una importante reducción en los costos, beneficio que luego era transferido al cliente, nunca sospechó que sin quererlo le estaba dando vida al lucrativo negocio de los automóviles exclusivos; la antítesis de lo que él quería lograr.

Ahora bien, para algunos son buenos los ejemplares masivos, de esos que uno es igual al otro y de los que circulan por miles por las calles del mundo; pero para otros un automóvil debe ser propio, sin parangones y único si se puede. De hecho existen algunos modelos de los que sólo se ha producido una unidad, tal cual, luego de que salió del taller se rompió el molde.

El mercado de los automóviles exclusivos navega con viento a favor, adquiriendo un impulso tan vertiginoso que muchas de esas gigantescas marcas industrializadas han intentado apoderarse de ellas; hace tiempo que la familia Morgan está siendo tentada para vender su pequeña factoría, y ya se sabe que la estadounidense Tesla tiene un par de ofertas sobre la mesa.

Los automóviles personalizados, exclusivos y únicos están ahí. Sólo hay que tener la pasión, la paciencia y el dinero suficiente para quedarse con uno de ellos.