Harald Beyer dice ser optimista respecto a lo que viene, pero se declara consciente de que existe incertidumbre y vacío de liderazgo. En su análisis, plantea que la crisis exige que la administración de Sebastián Piñera tenga un especial cuidado “en las formas, en el diálogo”; y que sea “más generoso en las concesiones”. A su juicio, la estrategia de Andrés Allamand es de dar señales a la clase media, y, de paso, obligar a la oposición a llegar a acuerdos. El rector de la UAI concluye: “Supongo que él siempre está pensando en ser presidente”.
Fotos: Rodolfo Jara

  • 17 enero, 2020

Desde hace ya muchos años que Harald Beyer viene reflexionando sobre el rol de la derecha chilena y la necesidad de abrir las ventanas hacia vientos más liberales. Ha dicho que ese mundo político debe representar a otros sectores de la sociedad para constituirse en una mayoría política y social. Quizá por lo mismo observa con atención los movimientos de figuras como el senador RN Andrés Allamand y también del gobierno liderado por Sebastián Piñera para seducir a otros mundos políticos.

Desde una mirada reflexiva y más bien optimista, el actual rector de la Universidad Adolfo Ibáñez –y que por mucho tiempo fue parte del círculo del CEP-, apuesta a que luego de la crisis del 18 de octubre Chile va a retomar una normalidad. ¿Por qué lo cree? A su juicio, porque las capas medias han sido explícitas en su anhelo de cambios y transformaciones, pero el elemento ordenador es que la gente quiere que ese camino sea en tranquilidad. “No sé si lo peor ya pasó –señala Beyer–, pero un país no puede quedarse eternamente así. En otros lugares que ha habido estallidos sociales, las crisis duran un tiempo razonable. Los grupos más radicalizados se terminan agotando. Las clases medias empiezan a quietarle apoyo a las protestas. Surge el temor y la necesidad de acuerdos”, señala.

-En el escenario actual y en un sistema presidencialista, ¿cómo se encauzan las salidas con una figura presidencial que tiene un 6% de apoyo?

-Me atrevería a decir dos cosas. Primero, que el presidente Piñera ya en su primer gobierno, demostró tener una debilidad en la gestión política. Y eso ha quedado nuevamente en evidencia. Ahora veo que Piñera tiene poco espacio y, por tanto, tiene que retroceder en su pretensión de ser Jefe de Gobierno y concentrarse en su rol de Jefe de Estado cediendo espacio a su gabinete y partidos. Lo segundo es que el régimen presidencial, que es otra dimensión, no tiene buenas formas para procesar las crisis. De hecho, desde 1990, en América Latina hay 21 presidentes que no han terminado su mandato. Eso es muchísimo y lo sorprendente es que no nos extrañe. Todos han sido regímenes presidencialistas. En Chile, en algún momento, se insinuó que Piñera podría no terminar.

-¿Y ese riesgo se despejó?

-Yo creo que sí, pero te muestra los problemas que tiene el régimen presidencial para procesar las dificultades sobre todo cuando no se tiene mayoría en el Congreso.

-¿En la discusión de una Nueva Constitución se debería repensar el régimen presidencial?

-Hace tiempo que lo vengo sosteniendo. En un régimen parlamentario, por ejemplo, probablemente tendríamos a Piñera gobernando con mayoría en el Congreso. Y frente a una crisis, el jefe de gobierno tiene un elemento de disciplina muy grande que es disolver el Parlamento y llamar a elecciones anticipadas. Esa es una forma natural de resolver una crisis política. La otra es que la mayoría vote en contra y reemplace al Primer Ministro. Cualquiera de las dos, permiten resolver las crisis políticas.

-¿Y ésta es solo una crisis política?

-Siempre las crisis son políticas. Las causas pueden ser sociales, económicas y podríamos hablar largamente sobre si este es un problema estructural del modelo chileno, pero al final todo esto se traduce en una crisis política que debe ser procesada y resuelta de alguna manera.

-Dice que ya en su primer gobierno Piñera no tuvo destreza política. Pero hoy el escenario es bastante más complejo, ¿no?

-Por cierto, porque el evento fue mayor. Es la tesis del filósofo Nissim Taleb y que llama el “Cisne Negro”. Es decir, un evento totalmente inesperado, de gran impacto y en que la naturaleza humana nos permite explicarlo a través de nuestros puntos de vista. Es decir, frente a un evento así solo confirmamos nuestros sesgos en vez de pensar los problemas con ópticas nuevas.

-¿Y eso ha sucedido: que nadie está abriéndose a nuevas soluciones condicionados por un sesgo ya adquirido?

-Sí. Yo creo que ni el sistema político, ni el sistema social y económico han procesado suficientemente bien lo que ha pasado. Por eso usan las mismas explicaciones que antes. Ese es el carácter del momento y que hace que hoy estemos en esta gran incertidumbre, con un enorme vacío de poder y de liderazgos. Estamos tratando de responder con viejas fórmulas y eso lo vemos tanto en el oficialismo como a la oposición.

La debilidad política

-Usted habla de la destreza política del gobierno. Pero Piñera y Chile Vamos ya gobernaron. Tienen experiencia…

-El tema es cómo organiza su gobierno y eso tiene que ver con el distanciamiento con los partidos. Ya le pasó la vez anterior. Piñera no tiene mucha sensibilidad para la deliberación política porque eso se hace de la mano con los partidos políticos. Entonces, ¿qué pasa? Que frente a la crisis rápidamente se le desordenan los partidos. Y otra cosa muy típica de los sistemas presidenciales: los presidentes son poderosos cuando pueden persuadir y eso sucede cuando tienen popularidad. Entonces, si tienes presidentes que no son populares, es muy difícil que tengan capacidad de persuadir, de deliberar y de sumar.

-Pero el presidente tiene que conducir igual. ¿Cómo lo hace entonces?

-Tiene que negociar más con sus partidos y ahí hay una falla. Hay algo en el diseño de ese cambio de gabinete, hay algo en la forma en Piñera se acerca a los problemas políticos, que no es lo más recomendable para en el momento actual.

-¿Con que análisis está actuando el gobierno? Hay quienes dicen que ha reducido la crisis a un problema de orden público. Otros dicen que aún está tratando de leer lo que sucede…

-Es todo eso simultáneamente. Esa idea de que en política puedes separar las cosas en distintas dimensiones, es un error. Indudablemente, si miras hacia atrás, ya se sabía que había un temor latente en la población y que eso era parte de la incertidumbre propia de los procesos de modernización económica. Tan así era que Piñera ganó la elección con la idea de clase media protegida, pero nunca la llevó a la práctica. Entonces, se estaba acumulando una cierta decepción. Pero el fenómeno realmente interesante es por qué las clases medias no están apoyando a ningún gobierno en particular. ¿Por qué eligen un gobierno y muy rápidamente le quitan su apoyo? Le pasó a Michelle Bachelet y ahora a Sebastián Piñera.

-¿Y por qué esos sectores serán tan veleidosos?

-Más bien creo que hay algo en el discurso político que no está encajando bien con los grupos medios. Tiene que ver con la sensación de una clase media que siente que todo su progreso es producto de su esfuerzo personal y que cuando necesitan apoyo, ni las instituciones ni el mundo político, son capaces de darle respuesta. Entonces, sus temores, su incertidumbre choca con instituciones que están muy a mal traer. En el fondo, somos un país un poquito de cartón piedra.

-¿Mucho más débil de lo que veíamos?

-Claro. Ha bajado la calidad de nuestras instituciones. No han sido capaces de responder a las demandas de la ciudadanía. En salud no se atienden las urgencias suficientemente rápido. Los tribunales de Justicia son lentos y el sistema de penas que tenemos, no parece razonable. La idea de que el cliente siempre tiene la razón, no existe. Es decir, hay una serie de elementos que muestra una incapacidad del país de enfrentar la modernización institucional que se requiere.

-¿Eso explicaría la rabia, por ejemplo?

-No sé si hay tanta rabia como se dice. Creo que la violencia es de un grupo muy minoritario y, por otro lado, hay un dejar hacer de algunos sectores, pero no tanto porque valoren la violencia sino porque sienten que las demandas sociales son justas.

-En ese sentido, ¿pensar que esto es solo un asunto de orden público, es un error?

-Yo entiendo que se piense así porque la clase media quiere estabilidad. El sociólogo Émile Durkhaim decía que los seres humanos necesitamos ser contenidos por instituciones que respetamos. Si no se produce respeto, no hay contención. Y algo de eso estuvo en la base de las primeras reacciones después del 18 de octubre.

-¿Y el gobierno ha logrado hacer esa lectura?

-Cuando tienes una crisis política de esta envergadura y el sistema institucional no es capaz de darte las soluciones, tú esperas que el mundo político en general conduzca este proceso. Y ahí viene otro factor: tenemos un vacío de liderazgo gigantesco. No hay referentes políticos ni tampoco los hay en el mundo social y en el empresarial. Es decir, no tenemos referentes sociales que ayuden a conducir este momento. La crisis exige que el gobierno tenga un especial cuidado.

-¿En qué?

-En las formas, en el diálogo, más generoso en las concesiones. El mensaje que tuvo el gobierno en sus inicios respecto a lograr grandes acuerdos, hoy se hace imprescindible. Pero para eso el gobierno tiene que ceder hasta que duela. Convengamos que la oposición no ayuda tampoco.

-¿Porque también ha sido poco generosa?

-Absolutamente. La oposición tuvo una victoria política al poner la reforma a la Constitución sobre la mesa. Debiera tener algo de magnanimidad y no lo ha tenido. Ahí se evidencia el problema del vacío político.

-Pero casi todos firmaron un acuerdo para abrir el camino a un plebiscito. ¿Eso no fue generosidad?

-Al principio parecía que si, pero ahora todos están sacando ventaja.

La táctica de Allamand

-¿Usted es partidario de una Nueva Constitución?

-A mí me gustaría que la derecha jugara un poco más agresivamente con una posición de ir hacia una Nueva Constitución y así abrir un camino para tener un mejor régimen político, mejores instituciones que permitan cumplir con los derechos que las personas demandan. Yo jugaría a ese juego pero entiendo que hay otras opciones.

-¿Lo entiende desde el pragmatismo de la política?

-Es que al final, el éxito político se construye con pequeñas estrategias y no con lo que los académicos pensamos necesariamente. Yo entiendo que hay que dar espacio para que haya estos cálculos pequeños. Es parte del juego político. Pero hay que reconocer también que hay mucha gente de derecha que está por darle más legitimidad a la Constitución.

-En ese sentido, ¿cómo evalúa el rol de Andrés Allamand junto a otros senadores para rechazar una Nueva Constitución?

-En esta situación todos los comportamientos son estratégicos. Me da la impresión que tácticamente ésa es una manera de moderar a la oposición.

-¿Y Allamand está jugando esa carta para moderar a la izquierda?

-Yo creo que él está jugando a una carta para interpretar la demanda de estabilidad de la clase media.

-Si el senador Allamand dice que el 2020 y el 2021 pueden ser años tan complejos como en tiempos de la UP, ¿eso es apostar a la estabilidad?

-Esa es una mala estrategia. El miedo no es a la izquierda ni a la UP. El miedo de la clase media es a perder su estabilidad. En este proceso de modernización del país –y de ahí nacen sus demandas- sienten que sus logros son producto de su propio esfuerzo y de nadie más. Pero son frágiles y su gran temor a perder el bienestar alcanzado. No es a la izquierda ni al Frente Amplio.

-Entonces, ¿la estrategia sería para calmar los miedos de la clase media o para domesticar a la oposición?

-Tácticamente, yo supongo que Allamand está buscando introducir un elemento moderador de la oposición para que los acuerdos puedan ser más fáciles en este contexto. Porque no veo con claridad que su opción de rechazar una nueva Constitución pueda ganar. Las encuestas muestran que incluso los sectores de derecha quieren ese camino.

-Usted siempre ha defendido el espacio para que en Chile exista una derecha liberal. Allamand encarnaba ese ideario. ¿Diría que cambió?

-Bueno, todo es relativo.

-¿Y lo ha sorprendido su cambio?

-No, porque Allamand tiene una trayectoria político-táctico, y él nunca ha sido un político que esté pensando en el largo plazo. Te insisto: yo veo muchos elementos tácticos aquí. Yo creo que él quiere mostrar que todavía hay fuerza en el NO a nueva Constitución. A figuras como él, esos elementos les permiten jugar un papel, fijar línea.

Allamand tampoco está jugando a la anti democracia. Está levantando una estrategia que tiene otros fines.

-¿El fin es levantar su candidatura presidencial?

-Bueno, supongo que él siempre está pensando en ser presidente. Y es legítimo también.