En momentos en que las asesorías financieras se parecen sospechosamente a las terapias sicológicas, Capital se adentro e el maniaco depresivo mundo del corretaje para identificar las claves para aventurarse en las arenas movedizas del mercado. El grueso de los consultados cree que a los precios actuales muchos activos están de ocasión.

  • 17 marzo, 2009

 

 
 
 
 
 

 

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¿INVERTIR HASTA QUE DUELA?

En momentos en que las asesorías financieras se parecen sospechosamente a las terapias sicológicas, Capital se adentro e el maniaco depresivo mundo del corretaje para identificar las claves para aventurarse en las arenas movedizas del mercado. El grueso de los consultados cree que a los precios actuales muchos activos están de ocasión. El problema es que ya son muchos los valentones que se creían capaces de aguantar el aire y que están flotando boca arriba a la merced de olas de precios que suben y bajan. Si usted no es hábil en el arte de la apnea, mejor guárdese y salga del refugio cuando otros hayan calado la sandia. Claro que se perderá parte de la fiesta.

Por primera vez tienen algo en común los viejos corredores de bolsa que están llenos de cicatrices en el cuerpo y los niños recién graduados que están sentados en las mesas de dinero sujetando teléfonos con sus hombros: ninguno de ellos había visto nunca algo tan pavoroso como lo que se ha dado en los últimos meses en los mercados de valores. Ni las remembranzas de unos ni los textos y fórmulas de otros ofrecen respuestas. De ahí que la recomendación de consenso sea la cautela, el compás de espera.

A riesgo de que algunos de nuestros lectores reprueben el ejercicio, conversamos con muchos de estos operadores del mercado para tratar de despejar a manotazos la humareda y ver por dónde sigue el camino. Podrán decirnos que de poco sirve que la mayoría de los consultados sostenga a que los precios están bajos y que tarde o temprano subirán. Que eso equivale a decir que se viene una crisis y no ponerle fecha, añadiéndonos que “si de ese tipo de agoreros estábamos hartos, de estos otros, también”.

Sin embargo, le recomendamos no ser mala sangre. Es verdad: la pregunta del millón que usted y yo nos hacemos es cuándo la cosa estará nuevamente asentada sobre los rieles del reconfortante progreso… y esa respuesta es justamente la que nadie tiene. Pero nuestra investigación no fue en vano. Sí logramos valiosa información para hacer una mejor toma de decisiones y logramos reflexiones tanto o más valiosas, porque reafirman la lógica de invertir responsablemente, con valentía y prudencia y, sobre todo, conociéndose a uno mismo tanto o más que al mercado.

Usted decide la hora

“He visto muchas personas que entraron al mercado, le achuntaron un rato y luego dejaron de achuntarle mucho rato. Gente que se creía con nervios, con capacidad de aguante, pero que reventaron y salieron haciendo pérdidas. Por eso, porque la sangre fría a la hora de los quihubo no existe, nosotros a nuestros clientes les decimos que se esperen un poco. Que si no están en condiciones de aceptar que se puede ganar mucho y perder mucho, mejor aguantarse a que las cosas estén más claras, aunque se pierdan el primer 30% de alza”.

Eugenio Claro, socio de Munita, Cruzat y Claro, no se mueve de esta posición. Prefiere plantarse frente a sus clientes en forma sólida a entrar en una dinámica que sólo trae malos ratos. “La historia es historia y no da certezas sobre el futuro, y los modelos matemáticos y los premios Nobel no han funcionado. Entonces, ¡cómo vamos a ser tan irresponsables de decirle a la gente sí, láncese a la piscina nomás! Es mejor poder dormir tranquilo”, apunta.

Ahora si usted ya se está en el mundo de las inversiones, sugiere aprovechar el momento para recomponer las carteras de bonos (“la gente botó todo indiscriminadamente y se puede reestructurar discriminando”), comprar acciones en países flexibles y que puedan salir más rápido del hoyo, comprar en sectores que vayan a verse favorecidos con los planes de los gobiernos y no aventurarse en empresas que se verán castigadas por la baja del consumo y la actividad o instrumentos como hedge funds”.

Matías Braun, director de Estrategia de IM Trust y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, también cree que la clave está en proyectarse a largo plazo. Dice que cualquier inversionista que esté en condiciones de sostenerse cinco años, no puede sino obtener rentabilidades positivas destinando recursos a la renta variable. Es algo que está muy bien acreditado por la evidencia y porque en la economía mundial ha habido aprendizaje y las autoridades están mejor preparadas para abordar las crisis. Si en condiciones normales las inversiones en renta variable se duplican en períodos como el señalado, en las fases de recuperación inmediatamente posterior a la crisis esas tasas de crecimiento son más acentuadas.

Y si se quiere simplificar la vida, añade, invierta en el índice (en Chile el Ipsa). “Invertir en el índice funciona. Intentar ganarle, es decir tener un retorno mayor al Ipsa, es extremadamente difícil. De hecho, si uno mira períodos de cinco años, ve que sólo un 10% de todos los que lo intentan, logran hacerlo”, añade el experto. Ahora, si usted es competitivo y no le gusta estar en el montón, puede arriesgarse a ponderar más dentro del índice las acciones de empresas más pequeñas, de menos capitalización, que tienden a oscilar más acentuadamente. En cuanto a sectores, él se inclina por el retail.

En todo caso, Braun dice que el manejo en su conjunto del portafolio de inversiones debe hacerse usando dos criterios generales: con una mirada estratégica, que defina la asignación de recursos entre clases de activos (porcentajes a destinar en renta fija, renta variable, depósitos) y con una mirada más específica para definir dentro de cada clase, qué activos específicos adquirir (de gobierno, corporativos, qué empresas, etc.)

El presidente de Penta Estrategia e Inversiones, Alejandro Hirmas, dice que ha visto modelos de retorno de inversiones que dan resultados muy altos para los próximos 2 años y que si se quiere ser más conservador, incluso “reventando” los modelos, debiera haber una recuperación importante entre 2,5 y 5 años. “La pregunta que todos se hacen ahora es qué es largo plazo. Yo les diría que si la pérdida ya se hizo y hay capacidad de aguante, eso pasa a segundo plano. Si hay que esperar cinco años para doblar los valores actuales, pues habrá que esperar”.

Hirmas, concuerda con el resto de los consultados, en cuanto a que durante esta crisis las cosas han sucedido demasiado rápida y generalizadamente, quedando la sensación de que no hay muros de contención. Con todo, hace ver que hay liquidez, que hay mucho dinero en compás de espera, y que en algún momento tendrá que salir. En el caso de Chile, Hirmas dice que con el crédito resentido, con las empresas frenando planes de inversión para atenuar el castigo en el mercado, con un desempleo que subirá insegurizando el consumo y un comercio exterior golpeado, vamos a terminar con números negativos este año. “Cuesta pensar que el fisco sea capaz de compensar en la ecuación del PIB todas estas variables a la baja, así que muy probablemente vamos a sentir la temperatura de la recesión por unos meses, para en 2010, en la segunda mitad, comenzar a ver mejores números; entre otras cosas, gracias alas bajas bases de comparación”.

Advierte que para cada persona hay recomendaciones distintas. Para algunos el consejo es comprar bonos castigados y mantener caja; para otros (los que pueden esperar), el consejo es comprar y no mirar las pantallas por tres años. El problema es que de este tipo de clientes quedan muy pocos.

“Los mejores resultados en términos de retornos –explican en otra corredora– los obtienen aquellos inversionistas que definen correctamente su nivel de aversión al riesgo, y que son disciplinados en los momentos de turbulencias. Vender en momentos de pánico y comprar cuando todo esté en calma, lo más probable es que no genere retornos”.

Guillermo Tagle, socio de IM Trust, dice que a la luz de los casos de grandes inversionistas y gurús que han errado en esta crisis en sus intentos por capturar oportunidades, es mejor mantener posiciones de liquidez a la espera se señales más claras de recuperación. “Para quien no tiene como eje profesional apostar en el mercado financiero, el comentario válido es que estamos en un año de cautela, con toma de posiciones de resguardo y un porcentaje de liquidez para aprovechar las oportunidades que se presentarán”.

Y concluye en que “aunque el activo más depreciado hoy en el mundo es la capacidad de pronóstico de los analistas, me atrevería a decir que no hay ninguna industria donde uno pueda asegurar a ciencia cierta que ya pasó lo peor. Lo que más se ve son oportunidades para preservar la riqueza por un tiempo que gangas”.

 

 

 

PROYECCIONES PARA EL IPSA
No hay una opinión. No obstante ello, el ejercicio de consultar a las principales corredoras de bolsa del mercado permite hacerse una idea del piso y el techo que podrían enmarcar el desempeño de la bolsa local el presente año.

• Todos los consultados ven al Ipsa al alza, creciendo como mínimo un 10% este año.

• La mayoría se pronuncia a favor de un rango “conservador” de entre 10% y 15%, con un índice mínimo de 2.750 puntos.

• Como segundo escenario promedio, varios anticipan un cierre de entre 2.950 y 3.050 puntos para el indicador, lo que
supone un crecimiento de cerca de 20% y más respecto de sus valores actuales.

• A partir de los precios objetivo de cada una de las acciones que componen el índice, se prevé que el aumento potencial actual del Ipsa es de 31,4%, claro que no es posible determinar en qué plazo se alcanzará ese nivel.

• En el escenario más optimista, se podría considerar un repunte del Ipsa hasta los 3.400 puntos, es decir un alza de hasta 40%.

 

 

CARTERAS DE INVERSION
¿Cómo repartir los huevos en las canastas? La pregunta del millón de dólares tiene una respuesta relativamente uniforme entre los agentes del mercado de valores: en el corto plazo, refugiarse en renta fija y sectores defensivos en una proporción que considere como mínimo entre un 50% y 55% en el primer tipo de instrumentos. Y en renta variable, no estar concentrado, sino que repartido, ojalá globalmente, para lo cual sirven algunos fondos con carteras abiertas internacionalmente.

Si hubiera que resumir, la mayoría se inclina por una cartera perfil fondo C de las AFP, aunque algo más cargada a la renta fija, y si la chequera lo permite, considerar dentro del conjunto un porcentaje en inversiones inmobiliarias (del orden de 20%). Los más conservadores sobreponderan la renta fija hasta un 80%.

 

 

 

Mapa de riesgos y oportunidades


Consultamos a ejecutivos de Santander Corredores, Penta Inversiones, Bice Inversiones, Celfin, LarrainVial, Security, Euroamerica, BCI y Banchile, cuáles son las principales fuerzas que podrían hacernos sonreír o llenarnos la cara de espanto este año:

La suma de los miedos

• Que los planes de rescates para el sistema financiero en EEUU sean insuficientes o ineficaces.

• Un mayor desempleo a nivel local que acentúe la disminución del consumo.

• Que China no logre crecer al 8% como lo han prometido sus autoridades.

• Que un aumento de la incertidumbre global provoque un fuerte aumento en los premios exigidos a los activos riesgosos. Esto se traduciría en un repunte del costo de financiamiento y en un estrechamiento en el acceso al crédito externo para las empresas locales, determinando un prolongado freno a las inversiones en casi todos los sectores.

• Una recesión en Chile y global peor de la esperada.

• Que cobre fuerza el proteccionismo, algo particularmente delicado para economías dependientes del comercio internacional.

• Que aumenten las expectativas inflacionarias y las tasas de interés de largo plazo ante el abultamiento de los déficit fiscales en el mundo y luego de la implementación de políticas monetarias agresivas.

• Que en Chile se intenten imponer nuevas iniciativas de rigidización del mercado laboral, que acentúen la caída del empleo y retarden su recuperación.

• Que disminuya la inversión extranjera en mercados emergentes producto de una mayor aversión al riesgo.

• Que se dé un año hidrológico peor a lo esperado, que mantenga elevados los costos marginales eléctricos, perjudicando los márgenes de las compañías productivas y presionando a las acciones del sector eléctrico (y por ende también al Ipsa).

• Que persista la estrechez financiera local que impida un traspaso normal de los estímulos monetarios y fiscales a la economía.

• Que se concreten los riesgos en Europa –socio comercial clave de Chile– donde el crecimiento económico negativo y los déficit han incrementado el riesgo de que algunos países hagan default o abandonen la Unión Europea. Cualquiera de estos dos resultados, incrementaría la presión en el mundo y por tanto en Chile.

Las cuentas alegres

• Las valoraciones actuales en renta variable y deuda corporativa en dólares son muy atractivas a largo plazo. En los últimos 18 meses ha habido una pérdida de valor equivalente a la ganancia registrada desde el 2003, existiendo valoraciones en valores extremadamente ácidos. Estas valoraciones entregan una protección importante frente a la crisis económica que, con toda seguridad, se desplegará agresivamente en los próximos trimestres. En una perspectiva de mediano plazo el punto de entrada es muy bueno.

• Hay compañías financieramente sanas que pueden optar a comprar activos en Chile y en el exterior a precios muy atractivos. Por ejemplo, Lan aumentó de forma significativa sus operaciones después del ataque a las torres gemelas, lo cual podría repetir en esta coyuntura. En el caso de las viñas podrían acceder a nuevos clientes que busquen vinos con mejor relación precio–calidad, mientras que las empresas de bebidas o de retail podrían aprovechar la coyuntura para realizar adquisiciones.

• Hay compañías que pueden aprovechar la debilidad relativa de sus rivales para ganar espacios en sus respectivos mercados.

• La mantención de un mejor tipo de cambio puede mejorar las exportaciones de productos nacionales que habían perdido terreno los últimos años.

• Existen empresas que se beneficiarán de los planes de estímulo fiscal (construcción e infraestructura).

• A diferencia de otras crisis, las economías emergentes se encuentran con una posición fiscal y de deuda externa sólida, algo que los inversionistas tienen cada vez más claro. En este contexto, el mercado local ha tenido una menor volatilidad y se ha visto premiado por inversionistas internacionales.

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¿DONDE APOSTAR?

Aunque recién parte marzo y todavía el escenario bursátil es poco predecible, diez de las corredoras que más transaron en la Bolsa en 2008 nos dieron su recomendación para los títulos que componen el IPSA. Entre lo más llamativo, destaca la unanimidad con que todos recomiendan comprar acciones de Cencosud.

 

 

Las cinco con mejores indicadores

Hicimos el ejercicio práctico de poner a las compañías que informan resultados a la SVS en cinco rankings distintos, midiendo los retornos, la rentabilidad y su evolución precio/utilidad, entre otros. En cada uno de ellos marcamos en rojo las que tuvieron los cinco primeros lugares, pero además las ordenamos en relación al puntaje que obtuvieron en la suma de las distintas posiciones que tuvieron en estas mediciones. Aquí, los resultados de las 5 mejores según la suma de sus rankings.

 

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FALSOS AMANECERES: EL INESTABLE AÑO QUE SE NOS VIENE

Determinar la causa de la crisis se ha vuelto una tarea tan compleja como predecir el futuro de los mercados bursátiles. Pero así están las cosas. Entre especialistas que debaten a gran escala, gobiernos que no consiguen ponerse de acuerdo y cifras que no terminan de preocupar. Por Sebastián Edwards, especial para Capital.

Creo que lo peor ya pasó”, me dice un amigo, refiriéndose al fuerte aumento de la Bolsa de Nueva York durante la semana que terminó el 13 de marzo. Luego se ríe y me golpea la espalda. “Hay que celebrar”, agrega. Yo lo miro muy serio y me quedo en silencio. “No tan rápido,” quiero decirle; quiero explicarle que se trata de un rebote técnico, de una reacción mecánica y posiblemente temporal, y que cuatro días de alzas no son nada. Pienso en el dicho “una golondrina no hace el verano”, y en lo que ello significa en el mundo de las finanzas y de las inversiones. Quiero decirle todo eso, pero me contengo. No quiero echarle a perder la noche a mi buen amigo que, como en los viejos tiempos, ha pedido una botella de Dom Perignon –cosecha del 98, le explica al mozo–, y luego agrega que tiene que ser Lagfergeld. Lo miro y me sonrío. No sé cuanto cuesta exactamente esa botella de champaña, pero según recuerdo, es mucho dinero; debe bordear los tres mil dólares.

Durante los próximos meses veremos muchas semanas como la aludida. Veremos semanas en que el índice S&P 500 subirá en más del 10%. Pero también veremos períodos como las tres semanas anteriores: durante esos 21 días el mismo índice se desplomó en más del 22%.

El año que viene será uno de gran volatilidad; un año de derrumbes bursátiles, seguidos de recuperaciones. De días de negrura y frustración seguidos por días de esperanza e ilusiones; de colapsos y de renacimientos.

Lo importante es que no debemos engañarnos con los falsos amaneceres. Debemos reconocer que tenemos delante de nosotros a uno de los períodos más difíciles en la historia de las economías modernas. Lo más probable es que –como muchos analistas finalmente lo han reconocido– este sea un año con una tasa de crecimiento negativa en la economía mundial. Peor aún, en los Estados Unidos el nivel de ingreso del año 2008 sólo será alcanzado a fines de 2011 o, quizás, a mediados de 2012.

Y aunque a muchos les haya costado aceptarlo, esta crisis es verdaderamente global y de ella nadie se salva. Los países europeos, con todas sus críticas al capitalismo salvaje y a la falta de regulaciones del sistema anglosajón, son los más golpeados y a los que más les costará salir del agujero en el que han caído. La razón de ello es simple: es precisamente en Europa donde se produjeron las mayores burbujas inmobiliarias –en Irlanda y España, dos países católicos, curiosamente–, y donde los bancos actuaron de manera más irresponsable, al prestarles cantidades extraordinarias de dinero a las economías incipientes de Europa del Este. El supuesto “desacoplamiento” de América latina no fue tal, y pasará a la historia como una de las ideas menos felices de la primera década del siglo XXI. La economía brasilera ha resultado ser particularmente vulnerable y tendrá dificultades para salir de la crisis y crecer a las tasas alguna vez soñadas.

La busqueda de culpables: el rol de Greenspan en la debacle

Las últimas semanas se han caracterizado por una búsqueda de culpables y responsables de lo que sucedió. ¿Quién arruinó la fi esta? ¿Pudo haberse evitado? ¿Qué debiera haberse hecho en forma diferente? Estas son algunas de las preguntas que se hacen analistas, reporteros y académicos en el mundo entero.

Esta búsqueda de chivos expiatorios se ha producido a dos niveles. De un lado, están los activistas de siempre que, en una actitud de un simplismo aterrante, lo pintan todo con una brocha gorda y no vacilan en acusar a los Estados Unidos, las multinacionales, el capitalismo cruel, el Fondo Monetario Internacional, el nuevo orden mundial, Robert Murdoch, Carlos Slim y unos cuantos otros.

De otra parte están los análisis más sofisticados, que buscan las causas de la crisis en los detalles, en las pistas finas, en la textura microscópica y en la granularidad histórica. Entre estas discusiones, lo más interesante, sin duda, es el debate que se ha producido entre John B. Taylor, el profesor de Stanford y ex subsecretario del Tesoro durante el primer gobierno de George W. Bush, y Alan Greenspan.

En un libro que apareció hace unos días –Getting off track– Taylor argumenta que la razón principal de la crisis fue la política monetaria extraordinariamente laxa que siguió la Reserva Federal a partir de los últimos meses de 2001, y hasta mediados del 2006.

Según Taylor, Greenspan y sus colegas mantuvieron la tasa de interés extraordinariamente baja, aun cuando todos los indicadores y reglas técnicas –incluyendo la “regla de Taylor”, llamada así en honor al profesor californiano– sugerían, con fuerza, que las tasas debían subir (la diferencia entre la tasa de interés sugerida por la regla de Taylor y la que la Fed efectivamente fijó se puede ver en la gráfica adjunta).

De acuerdo con Taylor, este período de política monetaria súper expansiva permitió que se produjera el boom de la construcción y de los precios de las viviendas. Según cálculos realizados por él mismo, si la política monetaria hubiera sido razonablemente austera, como las reglas técnicas lo sugerían, la construcción de nuevas casas hubiera tenido su peak en 2002 con 1,7 millones de nuevas unidades. Lo que sucedió, sin embargo, fue muy diferente: en 2003 se comenzaron 2 millones de nuevas casas, en 2004 otros 2 millones y en 2005, 2,1 millones de nuevas unidades. Todo esto produjo la dramática sobreoferta que hoy día nos pena y que arrastraremos durante los próximos años (ver la figura adjunta para estos cálculos realizados por John B. Taylor).

Pero eso no es todo. Según Taylor, la política expansiva de la Reserva Federal fue “copiada” por otros bancos centrales, los que también se soltaron las trenzas e hicieron crecer el crédito a tasas exorbitantes. Y lo que Taylor muestras en su pequeño libro es extraordinario: fue en los países donde la política monetaria fue más laxa, en relación a lo técnicamente aconsejable –en Irlanda, España y Grecia– donde se produjeron las mayores burbujas inmobiliarias. El profesor de Stanford ha hecho una labor digna de Sherlock Holmes en su búsqueda de pistas y en su afán por encontrar al culpable.

Los argumentos de Taylor son tan persuasivos y bien presentados que han causado un gran revuelo en los círculos especializados. El “maestro”, se dice, no era tal; era un gigante con los pies de barro. Los más osados llegan a decir, incluso, que el alguna vez venerado Greenspan no era otra cosa que un fraude.

Afectados seriamente su reputación y su legado histórico, Greenspan se sintió obligado a responder, lo que hizo en una columna en el Wall Street Journal. En ella argumenta que el sector de la construcción, las hipotecas y los precios de las viviendas responden a las tasas de interés de largo plazo –10 años– y no a la tasa de política monetaria o de Fondos Federales. El problema, dice, es que a pesar de los esfuerzos de la Fed a partir de mediados de 2004, y de los aumentos de la tasa de política, la tasa larga se quedó abajo, atascada en el sótano, no queriendo subir, pegada a machete. Para ser justos, eso es efectivo. Tanto es así que el mismo Greenspan habló del tema en uno de sus muchos testimonios frente al Congreso. En su oportunidad, se refirió al “cunundrum” o acertijo de las tasas largas que no querían subir. La explicación de Greenspan es que, en un mundo globalizado, los países –y aún los países grandes como los Estados Unidos– no tienen completo control sobre sus tasas de interés, y que la gran afluencia de fondos hacia la economía norteamericana mantuvo las tasas de largo plazo a niveles anormalmente bajas.

La controversia, naturalmente, no ha terminado. Más y más participantes opinarán, y muchos expertos con espíritu de detectives buscarán las causas de esta debacle. Lo que sí queda claro es que, hasta ahora, la reputación de Greenspan ha sido dañada. Y si bien lo de Taylor no fue un knock-out contundente, el profesor ha ganado este primer encuentro ampliamente y sin objeciones.


¿Somos todos keynesianos ahora?

Se supone que esta crisis ha reivindicado al keynesianismo. Después de años de haber estado en el exilio intelectual, las teorías y políticas inspiradas por los escritos del Lord británico y tesorero del venerado King’s College de Cambridge estarían de vuelta. Específicamente, la noción de que el gasto de gobierno tiene un rol económico sería nuevamente aceptada por políticos y especialistas.

Pero el asunto no es tan simple. Para sorpresa de muchos, la reunión de los ministros de Hacienda del G-20 la semana pasada mostró, una vez más, que otra cosa es con guitarra. Mucho se habla de Keynes y de sus recetas para salir de recesiones por medio de un uso agresivo de la política fiscal, pero poco se hace al respecto.

Resulta que los países que más se resisten a seguir el dictum del economista progresista por excelencia son los países europeos. Y son, precisamente, los que más han criticado al capitalismo y a los Estados Unidos.

La propuesta del secretario del Tesoro Tim Geithner de que todos los países avanzados implementen un paquete de estímulo fiscal de a lo menos 2% de su PIB no encontró ningún eco en la Unión Europea. A estas alturas sólo China y los Estados Unidos parecen haber redescubierto la sabiduría de Keynes.

Y son, precisamente, este conservadurismo timorato y esta incapacidad de actuar con decisión lo que, parcialmente, explica por qué un número creciente de expertos cree que la Unión Europea sufrirá los mayores costos de la crisis y tendrá las mayores dificultades para recuperarse de ella.

 

 

La inflación que nos aguarda

Ben Bernanke, el chairman de la Reserva Federal, es un prestigioso académico que enseñó durante décadas en las universidades de Stanford y Princeton. Su especialidad era la política monetaria durante épocas de recesión y, especialmente, durante la Gran Depresión. Por más de dos décadas, Bernanke estudió con gran detención lo sucedido entre 1929 y 1939, y elaboró una serie de ideas de qué debiera haberse hecho para evitar el descalabro de esa época. Lo que nunca pensó fue que estaría a cargo de la Reserva Federal durante la mayor crisis experimentada por los Estados Unidos desde, precisamente, la Gran Depresión.

En términos generales, la Reserva Federal ha actuado en forma acertada. Ha proporcionado liquidez, se ha asegurado de que no haya una corrida bancaria, y –con la importante y costosa excepción de Lehman Brothers– ha velado por que la banca siga funcionando y no se produzca un gran pánico.

Una de las medidas más importantes que ha tomado la Reserva Federal es otorgar crédito en forma generosa. De lo que la mayoría de la gente no se ha percatado es que este aumento de la liquidez ha sido absolutamente espectacular. En poco más de dos meses la base monetaria –o, lo que es lo mismo, los pasivos de la Fed– se han duplicado. Vale decir, la Reserva Federal ha hecho lo que sólo sucede en los libros de texto: duplicó su oferta monetaria.

En tiempos normales esto hubiera provocado una inflación desatada. Pero estos no son tiempos normales. La inflación está en cero, y la inflación esperada –medida como la diferencia de retorno entre bonos nominales y bonos indexados– está a un nivel bajísimo de no más de 1,5% anual durante los próximos 10 años.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde está esa inflación terrible con la que nos asustan los monetaristas? La respuesta es tan simple como preocupante: los bancos no han traspasado al público los aumentos de liquidez de la Reserva Federal. Temerosos por el mayor riesgo y la falta de transparencia de los instrumentos que ellos mismos ayudaron a crear, los bancos han mantenido esta mayor liquidez en sus bóvedas. Tanto es así que las llamadas “reservas excesivas” de los bancos, las que no son otra cosa que el exceso de encaje mantenido por sobre el obligado, pasó de sólo 60 billones en agosto del año pasado a casi un trillón de dólares en febrero de este año.

Pero en algún momento la confianza se recuperará. Algún día las autoridades anunciarán un plan simple y potente para estabilizar al mercado financiero y darle nuevamente credibilidad. Y cuando ello suceda, un porcentaje importante de esas reservas excesivas saldrá de las bóvedas de los bancos y será prestado. Y cuando ese momento llegue, es muy posible que el aumento de la liquidez alcance niveles nunca vistos. El resultado será el de los libros de texto: una gran presión inflacionaria que podría generar la Gran Inflación de los Estados Unidos.

Es de esperar que entonces Bernanke y sus colegas estén tan alertas como ahora, y sepan manejar la situación con eficiencia y ecuanimidad.

La Banca y el futuro del Capitalismo

Uno de los grandes problemas que continúan afectando a la economía mundial es la incertidumbre sobre el futuro de los bancos. Los rumores abundan y muchos analistas creen que algunos de los grandes bancos –y especialmente Citigroup– se encuentran en un estado de insolvencia. Incluso, hace unos días las acciones de Citi se cotizaron en menos de un dólar.

Terminar con esta incertidumbre es el primer paso requerido para iniciar la recuperación. Mientras esto no suceda, es imposible pensar en que la economía mundial empiece a estabilizarse.

El gran debate es si algunos de estos bancos debieran nacionalizarse. Un número creciente de economistas, incluyendo muchos que apoyan el sistema de mercado –entre los que me encuentro– han argumentado que una nacionalización temporal es, posiblemente, la menos mala de las opciones. El problema se puede explicar de la siguiente manera: en la actualidad cuatro tipos de incertidumbre se ciernen sobre el sistema bancario (todas ellas relacionadas entre sí): ¿cuál es el volumen efectivo de sus perdidas? ¿Tienen suficiente capital como para evitar caer en la insolvencia? ¿Estarán dispuestos los inversionistas privados a inyectarles capital fresco? Y, ¿cuándo comenzarán a prestar dinero en forma “normal”?

Una nacionalización (temporal) aclararía tres de estas incertidumbres. La primera de ellas, sin embargo, –el verdadero monto de sus pérdidas– continuaría sin resolverse. Pero una vez aclaradas las demás, estaríamos en otro mundo. No habría mayor especulación a través de ventas short, y el flujo de crédito se reestablecería de inmediato. Desde luego que una medida de esta tipo podría (y debiera) complementarse con otras de las medidas sugeridas: la creación de un “banco malo” que compre los activos tóxicos.

Un período corto en el que algunos bancos estén nacionalizados no afectaría para nada el carácter capitalista de largo plazo del sistema económico de Estados Unidos. Al contrario, reafirmaría que el capitalismo moderno requiere de un Estado limitado pero fuerte; un Estado que hace pocas cosas y las que hace las hace bien. Y entre las actividades limitadas que este Estado moderno debe hacer, una de las más importante es que, cada tres o cuatro generaciones, salve al capitalismo de sus propios excesos.

 

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LA CAJA REINA

No es la panacea para todos los problemas derivados de la crisis, pero otorga una tranquilidad que los inversionistas valoran. En momentos de restricción crediticia, las empresas con disponibilidad de recursos propios merecen una atención especial al momento de conformar o reestructurar su portafolio. A continuación, una selección de Capital.

Cash is king, el mantra repetido durante años por algunos inversionistas y asesores, cobra hoy una relevancia inesperada. Tras años de dinero barato fluyendo desde el sector financiero –promovido por relajadas políticas monetarias–, los mayores niveles de riesgo que impone la crisis económica internacional obligan a los bancos a elevar sus resguardos. Simultáneamente, el mercado se afana en encontrar los nuevos precios de equilibrio para los activos, acarreando una secuela de caídas y desvalorizaciones que tiene a los inversionistas con la angustia desatada.

Y ahora que el dinero no sobra, ¿cuáles empresas están mejor preparadas para enfrentar la tormenta? Por supuesto, aquellas que –con buen respaldo financiero– han sufrido en menor medida los impactos de demanda y precios; pero en el escenario descrito existe un músculo vital que las ayudará a enfrentar la restricción de crédito, evitar ajustes innecesarios y, por qué no, incluso a aprovechar oportunidades de inversión: la disponibilidad de recursos propios. Y aunque no sea el único elemento a considerar, en la determinación del portafolio de inversiones vale la pena distinguir esas empresas.

Considerando los estados financieros a diciembre de 2008 de las sociedades productivas (o aquellos holding como Antarchile, cuyos resultados se explican mayormente por inversiones en empresas productivas) que componen el Índice de Precios Selectivo de Acciones (IPSA) de la Bolsa de Comercio (o sea, descontando aquellas del rubro estrictamente financiero), en Capital elaboramos un ranking que considera los indicadores más recurrentes para medir la disponibilidad de recursos y posición financiera de una empresa: rentabilidades del patrimonio y activos, capital de trabajo, deuda sobre patrimonio, liquidez corriente, razón ácida, disponible, depósitos a plazo, valores negociables y deuda de corto plazo con la banca. Y si aparecer en el mejor lugar es equivalente a 1, de la muestra seleccionada es SQM la firma que suma el menor puntaje y aparece, por lo mismo, encabezando el ranking, seguida por CAP, Andina, Enersis y La Polar. En mayor o menor medida, el mercado bursátil ha reconocido este atributo en la valorización de sus acciones, anotando rentabilidades sobre el 76% el año pasado en el caso de la firma de fertilizantes y, si se trata de observar lo ocurrido en 2009, CAP anota un alza en torno al 23%. Pero vamos por partes:

 

 

• LAS MAS SOLVENTES: si de capacidad para hacer rentar los recursos de sus accionistas se trata, SQM y Lan lideran el ranking, con una rentabilidad del patrimonio a diciembre de 34,27% y 30,03%, respectivamente.

ACTIVOS QUE RENTAN: nuevamente es SQM la firma que encabeza, con un retorno sobre activos de 19,53% y secundada por la eléctrica Edelnor (18,89%), demostrando su eficiencia en el manejo y administración de los activos.


CON CAPACIDAD DE PAGO: las empresas relacionadas Antarchile y Copec suman los mayores capitales de trabajo. Observe que desde el punto de vista del análisis financiero de los balances a diciembre, aquellas firmas con capital de trabajo negativo no son capaces de cubrir su pasivo de corto plazo (pasivos a 12 meses).

• NO CORREN RIESGOS: la deuda sobre patrimonio nos permite saber si la deuda exigible con terceros es mayor, igual o menor que el patrimonio de la empresa, siendo 1 el valor de equilibrio. Pero no hay que sacar lecturas apresuradas, porque algunas empresas se caracterizan por trabajar con deuda, como aquellas que operan maquinaria en arriendo.

• CUBREN SUS PASIVOS: En términos de razón ácida (capacidad de pago que tiene la empresa, considerando sólo efectivo y cuentas por cobrar) son Minera Valparaíso y Colbún las firmas que lideran el ranking.

• NO LE DEBEN A NADIE: o al menos a los bancos en el corto plazo, aspecto en el cual la posición de Calichera es envidiable.

         

• CON CAJA: Si de recursos disponibles y depósitos a plazo se trata, entonces ponga su atención en la posición que anotó Enersis a diciembre. Pero recuerde que se trata de una foto del último día del año, lo que explicaría la posición de Cencosud. También los valores negociables se inscriben en esta categoría, aunque con menos conocimiento sobre su liquidez inmediata.

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REGULACION Y CRISIS

 

El peor momento para implementar iniciativas regulatorias drásticas es en medio de una crisis, cuando la mecánica y dinámica de esta todavía no se han entendido en su totalidad. Por Arturo Cifuentes.

La crisis subprime se ha transformado en algo similar al Quijote, las tragedias de Shakespeare o la Biblia: da para todo. Así lo demuestra el debate en torno al marco regulatorio en Washington, Londres y Bruselas. Amigos y enemigos de las regulaciones han encontrado en la crisis —y en una inspección selectiva de los hechos— los argumentos para defender posturas divergentes.

Por ejemplo: los fundamentalistas del libre mercado se han focalizado en que los productos derivados de crédito (el mercado donde se gestó la crisis) eran el mercado más regulado del mundo, contrario a lo que la mayoría de la gente cree. Razón no les falta. Primero, en este mercado sólo podían participar inversionistas institucionales, no pequeños inversionistas individuales. Segundo, los precios estaban, y siguen estando, alterados por las opiniones de las agencias calificadoras de riesgo (ratings). Además, este mercado estaba sujeto a una serie de reglas (niveles de reservas, liquidaciones forzadas) que dependían de los ratings. En suma, un buen ejemplo de un mercado regulado que fracasó estrepitosamente.

Distinto es el caso del mercado de los credit default swaps (CDS). Este mercado, que carecía de regulación ya que no había una clearing house centralizada que monitoreara el volumen de contratos y la solvencia de las partes, entró en una fase disfuncional y tuvo un rol protagónico en el colapso de Lehman Brothers y Bear Stearns. Un buen ejemplo de un mercado no regulado que no funcionó bien.

¿Qué hacemos entonces: más o menos regulación? La pregunta es simple; la respuesta es más complicada.

La verdad es que plantear el debate en esos términos no es útil; invariablemente se termina en una discusión dominada más por ideologías que evidencia empírica. Hay que pensar en otros referentes.

Por ejemplo,

• ¿Cuál es la función de la regulación? ¿Salvar al sistema o salvar a sus componentes? ¿Proteger a aquellas empresas cuyo colapso puede desestabilizar al sistema o proteger a los inversionistas?

• ¿Las regulaciones: deben ser estáticas o dinámicas? ¿Deben estar sujetas a parámetros fijos (inmutables) o ajustarse de acuerdo al ciclo económico (expansión, contracción)?

• ¿Qué determina la regulación que afecta a una institución? ¿Su nombre (e.g. banco de inversiones, aseguradora, hedge fund, contraparte en un swap) o sus actividades (e.g. otorgar préstamos, vender en descubierto)?

• ¿Tiene sentido en un mercado global de bonos y derivados la existencia de organismos regulatorios a nivel de país, es decir, reguladores locales? En este sentido, el marco regulatorio estadounidense, que todavía reglamenta ciertas entidades y actividades a nivel de Estado y no del gobierno federal, parece trágicamente anacrónico.

• ¿Es suficiente que los reguladores monitoreen el funcionamiento de las componentes del sistema en forma individual? ¿Quién y cómo vela por el sistema total (integrado)?

• ¿Qué rol deben jugar la agencias calificadoras de riesgo crediticio? Más importante: ¿deben existir? Es extraordinario que a pesar de sus repetidos desaciertos todavía continúen emitiendo opiniones que, por su impacto regulatorio, influyen en los mercados.

Estas preguntas son complejas y las respuestas no son triviales. Pero es preferible hacerlas ahora a sufrir las consecuencias más tarde. Como regla general hay que desconfiar de aquellos que ofrecen soluciones simples y lapidarias.

Fallaron reguladores y regulados. Fallaron las bases de la teoría moderna de finanzas (hipótesis de mercados eficientes) y los fundamentos de los sistemas de manejo de riesgo crediticio (demasiadas distribuciones normales). Fallaron los reguladores: regularon sin entender. Peor todavía, dejaron sin regular el sistema bancario paralelo. No por que confiaran en él —simplemente no se dieron cuenta de que existía—, la prueba es que cuando lo descubrieron lo bautizaron como “shadow banking system”. Y por último, fallaron los inversionistas —especialmente los sofisticados— en forma tan espectacular que paralizaron los mercados crediticios al mismo tiempo que dejaron en claro que no eran racionales, que no tenían información completa y que no entendían la información que tenían.

Pero buscar culpables no es útil: hay que buscar soluciones.

Volviendo a las regulaciones, la pregunta clave no es más-versus- menos regulación, sino regulación inteligente versus regulación absurda. Una regulación inteligente ayuda al funcionamiento del mercado. Una regulación absurda lo castra.

El peor momento para implementar iniciativas regulatorias drásticas es en medio de una crisis, cuando su mecánica y dinámica todavía no se han entendido. Siempre se corre el riesgo de sacar “lecciones” erróneas. De ahí a las regulaciones absurdas (o irrelevantes) no hay más que un paso. Ojalá no lleguemos a ese punto, pero los primeros signos no son promisorios.

 

El autor es socio de Atacama Partners, Nueva York; Ph.D., Mecánica Aplicada, California Institute of Technology; MBA, Finanzas, New York University

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¡A RENDIR, TRIBUTOS!

Si pagar impuestos y transitar por la maraña tributaria es estresante en tiempos normales, cuando soplan aires de crisis la experiencia llega a ser exasperante. Nos zambullimos en estas abrumadoras aguas, aguantamos la respiración hasta el fondo y dimos con el cofre de las claves tributarias para subsistir que nos tenía preparado el experto Franco Brzovic. Saque lápiz y tome nota. Por Roberto Sapag.

En tiempos de crisis las empresas, las personas naturales y las sociedades que éstas tienen suelen pasar por momentos de estrés económico que desencadenan acciones que, aunque no nos guste, tienen implicancias tributarias. La venta de activos mobiliarios e inmobiliarios, las reorganizaciones societarias, el uso del ahorro previsional voluntario y otras figuras son opciones que están en el menú, y respecto de las cuales es esencial saber sus alcances.

Para desentrañar estos misterios y adentrarnos en la vorágine impositiva de la mano de uno de los más reconocidos guías en estas materias, acudimos a Franco Brzovic, socio principal del estudio jurídico Pérez Donoso y Cía.

1 En el caso de las personas

Quienes ven mermar o sencillamente secarse sus ingresos se ven forzados a echar mano a distintos activos para hacerse de flujos. Pero, ojo, que con ese proceder, y según el activo de que se trate, se pueden producir consecuencias que es bueno tener presente:

a) lo primero a tener en cuenta es que la venta de activos financieros –como acciones o fondos mutuos con alta presencia bursátil– no tiene alcances tributarios siempre y cuando la operación se realice en el mercado secundario. Ahora bien, si esos activos le generaron dividendos antes de su venta, le sugerimos reservarse parte de lo obtenido para pagar impuestos, porque esa utilidad irá al cálculo de su impuesto a la renta, del cual no hay forma de zafarse.

b) si el bien que vende es inmueble y usted no es habitual en este tipo de operaciones de compraventa, le contamos que está eximido de pagar impuesto por la plusvalía obtenida en el tiempo… Pero cuidado, no se le ocurra hacer la operación con una sociedad relacionada, porque ahí el desenlace de la historia es otro.

c) donde sí está liquidado es cuando al activo al que echa mano es su APV. Como en su minuto ese ahorro se rebajó de su renta a la hora de tributar, al usarlo en forma anticipada deberá pagar un “impuesto multa” que oscila entre 3% y 7%, dependiendo de una simulación de Global Complementario que se hará para su caso particular. Es fuerte, pero es la cruda realidad: una persona sin ingresos o cesante igual tiene que pagar impuestos en este caso, siendo el mínimo establecido de 3%.

Ahora, si usted tiene una edad en que la jubilación anticipada forma parte del menú, tenga presente que en ese caso puede echar mano a esos fondos de ahorro voluntario sin ese castigo. Dos cosas le añadimos para que considere. Una, que los fondos de pensiones se han desvalorizado producto de la crisis y que para esos recursos aplica una carencia de 48 meses.

2 En el caso de las sociedades

• La primera prevención que debemos hacer es que como las sociedades de inversión tributan igual que cualquier empresa, en caso de pérdidas deberán tener para efectos del SII todo minuciosamente documentado y acreditado. Franco Brzovic es insistente en señalar que el organismo pone mucho cuidado en los documentos que acreditan los gastos que derivan en pérdidas y que “como las pérdidas acumuladas no tienen plazo de prescripción, según la tesis del Servicio de Impuestos Internos, los documentos hay que tenerlos durante toda la vida de la sociedad”. ¿Qué supone esto? Entre otros, no se puede asociar gastos a ingresos no constitutivos de renta y que en el caso de los créditos no recuperables habrá que acreditar que se agotaron todos los medios prudenciales de cobro, cuestión para la cual el SII tiene estándares muy definidos. Sea cuidadoso y no olvide que en el caso de las sociedades anónimas a los gastos rechazados de flujos que han salido de la empresa se les aplica un 35% de impuesto de multa y en las de personas es considerado retiro.

• En caso de QUIEBRA, lo primero a considerar es que sufrir una quiebra, además de ser éste es un procedimiento doloroso, es caro. Hay que pagar para pedir la quiebra, los bienes se liquidan muy castigados y los dueños quedan virtualmente interdictos. Se suman a eso los alcances en responsabilidades civiles y penales y qué ocurre con los bienes personales, porque muchos empresarios son avales o fiadores solidarios, que responden en lo personal. Tarea para la casa que debe ser analizada caso a caso.

• Pero hay otras consideraciones que tener en cuenta en el caso de las sociedades: cuando se hace un préstamo a los socios, aquel no será reconocido como gasto, sino que como un retiro, cuestión que también sucede cuando se contrata al cónyuge y a los hijos menores de 18 años, aplicándose el impuesto multa de 35% o considerarse retiro, en el caso de las sociedades de personas. En el caso de los retiros efectuados por hijos menores que son socios, lo que podemos decir es que ha habido diferencias de criterio entre el fiscalizador y la Corte Suprema.

• Otra prevención en este ítem se refiere a las sociedades de responsabilidad limitada con socios que son personas naturales. En este caso, si la empresa tiene pérdidas tributarias pero tiene caja, los socios pueden hacer “retiros en exceso” (porque superan a la utilidad o se producen habiendo pérdidas) y sin pagar impuestos. Con todo, el día en que la sociedad tenga utilidad, los socios se verán obligados a pagar el global complementario, independiente de si hacen retiros o no, con lo cual lo que hubo fue una postergación de impuestos.

• Cuando las empresas liquidan activos bienes inmuebles hay que hacer otra prevención, porque en este caso las ganancias de capital fruto de la compraventa sí tributan como cualquier ingreso.

• Preguntamos a Franco Brzovic qué pasa en estos casos cuando hay además “valores patrimoniales disminuidos” producto de la misma crisis: “al respecto puedo hacer dos acotaciones. No existe por regla general lo que se llama valor patrimonial proporcional (VPP) financiero en materia tributaria. Es decir, cuando tus activos pierden o aumentan valor por razones de mercado, financieramente puedes corregir ese activo, pero no en materia tributaria, salvo una excepción muy compleja en la venta de derechos de una empresa. Pero sí hay otra cosa relevante y que se relaciona con los llamados precios de transferencia: si una empresa tiene bienes que valen 10 y los vende en 5, Impuestos Internos puede objetar que el precio no es de los corrientes en plaza; en ese caso hay que tener fundamentado por qué se vende a ese precio tan bajo”.

• Por último, y como en tiempos de crisis se suele acudir a distintas formas de financiamiento (acciones, deuda bancaria, bonos), Brzovic opta por hacer dos prevenciones generales: primero, que en el caso de aportes de capital, bienes o inmuebles, las implicancias tributarias (origen de los recursos, valorización) son más relevantes para quien aporta que para la empresa que recibe. Y segundo, que los intereses a pagar en caso de optar por deuda son gasto aceptado tributariamente, con la excepción de la plata se pidió para comprar acciones.

 

También en tiempos de crisis, muchas empresas tienden a explorar formas de reorganización para ganar sinergias y enfrentar de mejor manera los embates. Una de las figuras más recurrente es la de la fusión, escenario en el cual la clave está en el RUT a elegir para su ejecución. Y es que si una de las empresas tiene pérdidas tributarias, no hay que olvidar que los créditos tributarios son personalísimos y sólo pueden ser usados por el RUT de la empresa que los generó. Además, en estos casos, y como el proceso se informa a Impuestos Internos, lo normal es que se active una fiscalización, en especial de las pérdidas.

También en el caso de las reorganizaciones es importante que el valor de activos y pasivos queden como están en la contabilidad, porque de lo contrario se puede generar una ganancia de capital. Igual prevención hay que tener en caso de división, en donde además es relevante considerar que se puede traspasar la depreciación a una de las empresas hijas.

 

3 Disposición de bienes despues de muerto

Más allá de que este es un tema que no se refiere exclusivamente a los tiempos de crisis, la verdad es que como en estos tiempos se liquidan más activos o se vienen encima algunas responsabilidades, el asunto cobra importancia. “En periodos de crisis –dice Brzovic– surge mucho el tema de cómo se resguarda el patrimonio familiar, a lo que se suma que es legítimo considerar la opción de hacer en vida la transferencia de los bienes del padre a los hijos”.

Se trata de un caso complejo, respecto del cual ahondaremos básicamente en las que son situaciones más frecuentes. Una de éstas se da cuando el padre incorpora a sus hijos a la sociedad, caso en el cual, dice Brzovic, ellos pueden hacer retiros y pueden las utilidades en sociedades de personas que sean de ellos, lo cual no tiene efecto tributario, porque así lo dice la ley. La otra situación se da cuando el padre vende o liquida bienes poco antes de morir. En ese caso el SII pide que los recursos obtenidos se declaren en caja para el cálculo de impuesto de herencia.

Otra figura que ha ido ganando adeptos es la de la renta vitalicia. Con ella, el bien se traspasa en vida y a cambio los herederos deben pagar una renta vitalicia que debe ser (a los ojos de Impuestos Internos) función de los bienes que se están traspasando. Si el padre no fallece antes de los 5 años de haber constituido la renta vitalicia, el valor de los bienes no se agrega al cálculo del Impuesto de Herencias. En caso contrario, los bienes quedan para el cálculo de la masa hereditaria.

Por último, en este punto hay que hacer varias prevenciones: primero, tener muy en claro las ventajas del testamento, pues al testador le permite beneficiar a unos u otros de los herederos, especialmente a aquellos que tienen algún impedimento físico o mental; segundo, que en el caso del valor de los bienes inmuebles para los efectos del Impuesto de Herencia, si éstos se encuentran a nombre del causante, el valor de tasación es el valúo fiscal, y si se han traspasado a sociedades, se considera el valor contable para el cálculo del valor de la sociedad (normalmente mayor); y tercero, hay que tener presente que si se heredan derechos o acciones de la sociedad familiar, y la familia ocupa el inmueble, ésta tendrá que pagar arriendo a la sociedad, y si no lo hace se le presume una renta a la sociedad que es el 11% del avalúo al año o fracción proporcional del año.

Como sea, no está de más decir que en ningún caso se deben traspasar en forma directa las acciones de alta presencia bursátil a los hijos, porque éstas pierden el beneficio tributario de la ganancia de capital, dado que hubo un cambio de manos fuera de bolsa.

4 Municiones extra

Y como en la guerra y en el amor todo vale, Franco Brzovic aprovecha de entregar dos datos dignos de consideración a la hora de planificar un mejor manejo tributario en tiempos duros:

a) el primero se relaciona con los impuestos territoriales, normalmente conocido como contribuciones. El experto explica que el valor del bien, o avalúo, lo fija Impuestos Internos y que respecto de la tasa, las municipalidades pueden aumentarla o disminuirla dentro de ciertos rangos. Cuenta que en el caso de los avalúos, menos de 1% de la gente los reclama, siendo que al hacerlo con argumentos puede lograr rebajas. De hecho, indica, una amplia mayoría de quienes reclaman logran rebajas, “lo que permite no sólo que se cobren menos contribuciones en adelante, sino que también e devuelvan las pasadas”. Explica que esto se logra a través de un trámite administrativo sencillo, en el cual hay que acreditar y demostrar que el avalúo no corresponde dadas las circunstancias. Con todo, precisa que si se rechaza la presentación no hay instancia judicial para apelar y que siempre está el riesgo de que el SII decida ir a terreno y resolver que el avalúo debe ser más.

b) lo mismo ocurre con el tributo de patentes, el cual se calcula en función del capital propio, con una metodología para determinar el patrimonio, aplicándose luego un porcentaje de eso como patente. Pues bien, resulta que en períodos de crisis el patrimonio de las sociedades baja y eso no puede ser omitido del cálculo.

 

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2009: BONUS TRACK

En apenas un mes las colocaciones de bonos corporativos ya suman un tercio de las que tradicionalmente se efectúan en todo un año. Las expectativas hablan de montos históricos para 2009, que incluso se ubicarían en torno a los 6 mil millones de dólares. Por Paula Vargas y Cristián Rivas N.

El 2009 podría pasar a la historia como “el año de los bonos”. Un vistazo a lo sucedido en enero basta para aventurar este juicio. En ese mes se realizaron 11 operaciones de este tipo en el mercado local, las que sumadas rozaron los 1.000 millones de dólares, casi un tercio de lo que normalmente se coloca en un año.

Pero eso no es todo. Las inscripciones de bonos corporativos registradas ante la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) superan los 4.000 millones de dólares, que de concretarse –algo muy probable, porque muchas compañías manejan deudas con vencimiento a corto plazo–, implicaría que 2009 superará holgadamente los 5.500 millones de dólares en este tipo de operaciones.

“Este podría ser un año record porque, además, hay un beneficio adicional y es que no hay impuesto de timbres para estas operaciones”, explica el socio-subdirector de mercado de capitales renta fija de IM Trust, Hugo Horta.

En las operaciones ya ejecutadas y en las qu