Son los más grandes de la industria del bodegaje y no hay rival que los iguale en metros cuadrados. Bodegas San Francisco a estas alturas es toda una institución. Desde firmas forestales hasta grandes retailers por años han asegurado un espacio en sus cuarteles, los que parecieran no tener límites.

  • 31 octubre, 2008

 

Son los más grandes de la industria del bodegaje y no hay rival que los iguale en metros cuadrados. Bodegas San Francisco a estas alturas es toda una institución. Desde firmas forestales hasta grandes retailers por años han asegurado un espacio en sus cuarteles, los que parecieran no tener límites.

 

Sus dominios prácticamente no tienen límites. Son cientos y cientos de modernos galpones en los que la vista se pierde… y eso que sólo conocimos uno de los nueve centros que posee Bodegas San Francisco en todo Chile. Hasta sus socios se impresionan por el tamaño que la empresa ha adquirido en estos 23 años de vida y su emoción es más evidente aún cuando narran su historia.

Claro que para nosotros también fue una sorpresa. Nunca imaginamos que tenían una verdadera ciudad instalada en el corazón de Pudahuel. El gerente de Desarrollo de la compañía, Alberto Fluxá, cuenta que atienden a más de 310 empresas.

La crisis no es algo que los asuste; y es que para Sergio Barros, uno de los socios fundadores, en estos períodos las empresas optan por parar sus proyectos de inversión en centros de distribución, y entonces aparece la opción del arriendo como una alternativa para guardar productos. Advierte que esto lo dice por experiencia, ya que durante la crisis asiática la compañía vivió algo similar.

De ahí que lejos están de frenar el ritmo de construcción mensual exhibido el último año. Esto es de 12 mil metros cuadrados, que representan una inversión de 50 mil UF al mes. “Y todo, con recursos propios”, advierte Arturo Salvatierra, el hombre que lleva las finanzas de la compañía y otro de los socios fundadores.

Ambos señalan que nunca pensaron en alcanzar esta escala. “Cuando partimos con una bodega de siete mil metros en la calle San Francisco, pensamos que esto tenía un límite… Hoy tenemos 725 mil metros construidos, facturamos más de 30 millones de dólares y no tengo idea de hasta dónde se pueda seguir creciendo”, explica Barros. El negocio del bodegaje no era lo que estos ingenieros civiles sabían hacer. De ahí que la intención de Barros, a través de su empresa constructora en la que Salvatierra había llegado a realizar su práctica profesional, fue levantar un complejo de bodegas con la intención de vender uno a uno los módulos.

Aunque el negocio siempre fue de menos a más, el gran salto de Bodegas San Francisco (BSF) llegó en 1996, que coincide con la separación de uno de los socios fundadores (Arnaldo Furman). Fue entonces que se creó la marca BSF. En 2000 llegan a Antofagasta y luego la red se extiendió hacia el sur, tras la construcción de otros tres centros en Chillán, Temuco y Puerto Montt. Ya hacia 2005 el salto fue casi cuántico y la empresa pasó de construir cinco mil metros mensuales a más de diez mil.

¿Qué impulsó esta expansión? Salvatierra no duda en decir que fue el retail. “Los grandes supermercados y tiendas por departamentos necesitaban un proveedor y una infraestructura de bodega bien especial, y nosotros se la ofrecimos”.

Según sus fundadores, hay varios aspectos que los diferencian de otros proveedores de este tipo de infraestructura. Aparte –lógicamente– del tamaño (su rival más cercano apenas se acerca al 20% del total de metros de BSF), para ellos la clave está en encargarse de la construcción de los galpones. “Nuestra gran ventaja es esa. Somos extremadamente baratos para construir, al punto que me atrevería a asegurar que nuestra competencia construye, al menos, al doble de nuestros costos”,
sentencia Barros.

Otro factor que a su juicio ha sido determinante es la relación que establecen con los clientes. “Este negocio siempre ha sido atendido por sus dueños. Nosotros recibimos al cliente directamente, vamos aprendiendo de sus necesidades y nos adecuamos a sus exigencias”, agrega Fluxá.