La empresa de software que durante años se jactó de ser pura bondad, está demostrando que, como todos, probablemente no es perfecta ni santa.

  • 18 febrero, 2009

 

La empresa de software que durante años se jactó de ser pura bondad, está demostrando que, como todos, probablemente no es perfecta ni santa. Por Federico Willoughby.

Como todos los eneros, la revista Fortune presentó la lista de las cien mejores compañías para trabajar en Estados Unidos. Y si bien la número uno, NetApp, es una justa ganadora (con gimnasios, clases de yoga, canchas de golf, conciencia medioambiental, etc.), lo cierto es que su victoria pasó a segundo plano opacada por la caída de Google a la cuarta posición.

El morbo tiene una explicación contundente: La gigante de Internet empezó a participar en el ranking en 2006 y durante 3 años consecutivos obtuvo cómodamente el primer lugar, por no decir que dio paliza. Comida gratis (cocinada por los mejores chefs de Silicon Valley), masajes relajantes que se calculan con algoritmo especial para que alcancen para todos, piscina, salas de juego y videojuegos, además de la posibilidad de un día a la semana para trabajar en cualquier proyecto individual, convirtieron a los googlers (los trabajadores de Google) en los empleados más envidiados del mundo y demostraban empíricamente que la empresa no sólo estaba ganando miles de millones de dólares, sino que efectivamente estaba preocupada de cumplir con su lema “Don`t be evil” (No seas malo), creado para guiar las decisiones tanto de la empresa como de los trabajadores.

Y okey, que hayan cortado beneficios como los paseos a la nieve y que bajaran algunos puestos en el ranking de Fortune no significa que Google se haya convertido en una corporación dedicada al mal, pero para algunos sí constituye otro síntoma de que las cosas en Googleplex ya no irradian la bondad de antes.

La primera alerta ocurrió en 2006, cuando la empresa decidió abrir su filial en China. Hasta entonces, el acceso de la población de ese país al buscador estaba limitado por la gran muralla digital con la que los orientales controlan el acceso a Internet (iniciativa cuyo nombre clave es Escudo de Oro). Conexiones lentas, links que no llevaban a ninguna parte y la angustiante sensación de estar vigilado era lo que la llegada de Google a China suponía que iba a terminar. Pero nada de eso. Si bien por un lado efectivamente el buscador empezó a funcionar, lo cierto es que, para hacerlo, la empresa norteamericana tuvo que suscribir un acuerdo en que limitaba la posibilidad de que los ciudadanos chinos buscaran ciertos temas “sensibles”. Según Google era mejor eso que no ofrecer ningún servicio, y quizás sí, pero lo paradójico es que la sola idea de censurar búsquedas y cooperar con un gobierno que controla la libertad de expresión atentaba a juicio de sus fans directamente contra el lema “No seas malo” del que por años se ufanó el buscador. De hecho, al ser consultado, Eric Schmidt, CEO de Google, aclaró que para tomar la decisión “habían hecho una escala del mal y concluido que era más malo no operar en China que sí hacerlo”.

Un relativismo moral que no sólo generó anticuerpos, sino que sembró la duda de cómo Google se las iba a ingeniar para estar a la altura de su eslogan en un mundo donde muchas veces se requiere tomar decisiones que trascienden el bien y el mal.

La segunda señal de alerta se empezó a vislumbrar a partir de una serie de abandonos, entre ellos el de Paul Buchheit, nada menos que el ingeniero que acuño el término “Don´t be evil”. Y es cierto que varios se fueron para empezar sus propios emprendimientos, pero hay otros que lo único que querían era alejarse de una cultura que ya no soportaban. El primero en quejarse públicamente fue el ingeniero Sergey Solyanik que, después de trabajar durante un año en Google, optó por volver a Microsoft, de donde venía originalmente. Según su blog, la decisión la tomó principalmente porque se privilegiaba demasiado la cultura de lo cool sobre la calidad del servicio. Convengamos a modo de atenuante que el tipo hizo sus descargos desde su cubículo en Microsoft, cosa que le quita credibilidad, pero el tema es que poco tiempo después de su posteo se filtró una serie de mails en que ex empleados explicaban por qué habían renunciado a ese nirvana llamado Google.

Una de las mayores críticas que hacían ver estos “desertores” tenía que ver con la engorrosa forma de selección de personal, un proceso que puede llegar a estar conformado por hasta 13 entrevistas personales en las que ninguno de los entrevistadores ha conversado con el anterior. “Google celebra su proceso de contratación, como si su ineficiencia y duración interminable fueran una prueba de minuciosidad, una medalla de honor, y quizás es minucioso pero apostaría que el proceso de Microsoft dura mucho menos y no resulta en una fuerza de trabajo no calificada o totalmente agotada”; “Cuando no trabajaba en Google siempre pensé en estas grandes ideas que podría desarrollar una vez dentro, y una vez que llegué, me di cuenta de que había 18.000 personas más pensando las mismas cosas”; “El tema de la comida gratis va junto con el estilo de vida Google. Si te quedabas a comer es porque te ibas a quedar a trabajar hasta tarde; de hecho, era mal visto irse justo después de comer. Creo que muchos se quedaban hasta tarde sin hacer mucho, no siendo muy productivos, lo que funciona si tienes veintitantos pero no si tienes familia… Mi experiencia es que aquellos que gastaban más tiempo en la empresa eran los que se quedaban a cargo de los proyectos más sexies”, son parte de las quejas.

Otra idea bastante polémica (y eso que estamos dejando de lado la publicitada intención de la compañía de querer digitalizar todos los libros del mundo, que le significó más de una acusación de piratas) está en su proyecto Google Health. El servicio permite guardar en los servidores de la empresa todos los registros médicos personales, y si bien aseguran la más absoluta confidencialidad, la ONG norteamericana Consumer Watchdog mandó el mes pasado una carta abierta al Congreso norteamericano en la que acusaba a Google de estar haciendo un fuerte lobby para poder relajar las restricciones a la venta de la información médica y, por ende, atentando contra la privacidad individual.

Y el tema del lobby no es menos antojadizo. Con la llegada de Obama al poder, Google oficialmente se convirtió en un jugador importante en los pasillos de Washington. La empresa no sólo fue una de las que más aportaron dinero a la campaña del nuevo presidente, sino que su CEO fue nombrado parte del transition team y semana a semana, en una suerte de apoyo tácito, Obama se dirige a Estados Unidos vía YouTube, cuyo dueño ya se imaginan quién es. Hechos que no dejan de preocupar a su competencia, principalmente Yahoo! y Microsoft.

“La pregunta de este momento es: ¿Google se convertirá en otra entidad de negocios buscando favores en Washington o se las arreglará para mantener el 767 volando a 30 mil pies de la actividad política?”, señaló Bill Whalen, de la Universidad de Stanford –en referencia al avión privado de los dueños de la empresa– a Los Angeles Times.

Y la verdad es que nadie está muy seguro. Y quizás tampoco importe tanto. Mientras sigan funcionado y haciendo buenos productos, está claro que pueden ser un poco “malos”. O si no, que le pregunten a Microsoft…

 

 

Links

DEJA TU MARCA

Acaba de salir la segunda edición del Guinness World Records, Gamer`s Edition. Tal como el nombre lo dice, el libro es el compilado definitivo de todos los records que los videojuegos rompieron el año pasado. Los juegos más vendidos, la historia de cada uno de ellos, los éxitos de ventas, el detalle de cada consola y claro está, un detallado catastro de las jugadores que sacaron el mayor puntaje en cada juego y plataforma. El libro no sólo es un must para cada gamer, sino que es una clara muestra de cómo Guinness, el tradicional volumen dedicado al registro de récords se ha reinventado en pos de un nuevo mercado. En Amazon.com a 17,12 dólares.

LA BESTIA NUESTRA DE CADA DÍA

thedailybeast.com. Tras el fracaso que significó la revista Talk, Tina Brown (ex editora de Vanity Fair, New Yorker, y famosa por su biografía a Lady Di) se lanzó de lleno al mundo del periodismo digital con The Daily Beast. La apuesta pretende ser el primer sitio que logre mezclar periodismo incisivo con un modelo de negocios viable. A diferencia de Drudge Report o el Huffington Post, este sitio pretende ser una alternativa para una mirada política más de centro. Una de sus principales gracias es que no tiene tapujos en armar temas en base a links de otros sitios web con información clave. Todo un must de la lectura de la mañana.