¿Quién iba a imaginar que un ministro de Minería iba a desordenar el naipe político como lo ha hecho Golborne? Probablemente, nadie. De que tiene condiciones técnicas, había dado prueba. Que tenga condiciones políticas, está por verse. Como sea, desde que encontró a los mineros en el fondo de la tierra – y para qué decir cuando los sacó a la luz- Laurence Golborne se ha convertido en el fenómeno político de la centroderecha. Por Maria Jose O’Shea Cox.

  • 19 octubre, 2010

 

¿Quién iba a imaginar que un ministro de Minería iba a desordenar el naipe político como lo ha hecho Golborne? Probablemente, nadie. De que tiene condiciones técnicas, había dado prueba. Que tenga condiciones políticas, está por verse. Como sea, desde que encontró a los mineros en el fondo de la tierra – y para qué decir cuando los sacó a la luz- Laurence Golborne se ha convertido en el fenómeno político de la centroderecha.Por Maria Jose O’Shea Cox.

 

Sorprendente, inesperado… e infinitamente incómodo para aquellos que tenían diseñadas sus estrategias presidenciales. En un verdadero convidado de piedra se transformó Laurence Golborne en la carrera por La Moneda 2014, la misma en que los ministros del Interior, Rodrigo Hinzpeter (RN), y su par de Educación, Joaquín Lavín (UDI), aparecían instalados en las primeras posiciónes de la contienda.

En palacio se apresuran a sacar una lección positiva de esta enorme popularidad conseguida por Golborne. Se trata, dicen, del resultado de la decisión presidencial de privilegiar un modelo de gabinete más técnico –“empresarial” o “el gabinete del retail”, como se le catalogó en su momento– por sobre uno de corte político. Lo que no sabían, claro, es que el técnico se iba a convertir en una máquina de popularidad que vendría a revolver el cuadro de esta manera…

Cuando Piñera lo quiso en su gabinete –dicen que fue Cristián Larroulet el que lo llamó primero para sondearlo, aconsejado por el Senador UDI Pablo Longueira–, Golborne se sorprendió. Dijo que aceptaría el cargo, pero que tenía un gran pero: había comprado los pasajes para ir al Mundial de Sudáfrica con sus hijos y no se lo podía saltar por nada del mundo… Conversaciones para allá, conversaciones para acá, quedaron en que integraba el gabinete e iba al mundial, a pesar de la regla del 24/7 que había fijado Piñera. El viaje al Mundial sería, a la postre, su primera controversia mediática. Luego vendría la risotada en el Senado por el royalty, una mala performance que irritó a la Concertación y a algunos en La Moneda. Todo, no obstante, borrado por el accidente a la mina y su ya conocido salto a la fama: subió del 16% de conocimiento en julio a un 72% en septiembre, con un 87% de evaluación positiva, según los datos de la encuesta mensual de Adimark Gfk.

¿Qué hacermos con Laurence?

Si bien en La Moneda están exultantes por los resultados de la operación de rescate –no sólo en términos de sacar a los mineros, sino por los réditos que le trae a Piñera a nivel nacional y mundial–, cuentan que en algún momento el segundo piso del gobierno –de fuerte alma RN– vio con cierta preocupación que Golborne se disparara tanto y disputara la atención a quien debía constituirse como el héroe indiscutido: el propio Sebastián Piñera.

Incluso, en el mundo parlamentario algunos comentan que la idea de subir al ministro de Salud, Jaime Mañalich, a la operación de rescate e intentar conseguirle una relevancia similar a la alcanzada por Golborne tuvo en parte que ver con eso: con la idea de repartir la atención entre los dos ministros y, de paso, darle un empujón hacia arriba al titular de Salud, quien aún bordea el 40% de conocimiento. Y para otros, hubo un tercer efecto tras el ingreso de Mañalich a la escena: al empatar la atención y concentrar la relevancia en Piñera, permitía también seguir con la idea de que es el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, el sucesor natural del presidente. No otro. Por mucho que la frase pública que mande sea “que florezcan todas las flores”.

De ahí que en la conferencia de prensa, cuando comenzaron a salir los mineros, algo más llamara la atención en los ojos políticos: muy cuidado en sus gestos, el presidente felicitó exactamente igual a Golborne, a Mañalich y al ingeniero a cargo del operativo, André Sougarret. Ni una palabra de más para quien, a ojos del público, se había convertido en el héroe de estos meses. Y en esa misma lógica, las palabras de Piñera el fin de semana pasado: “es muy prematuro (hablar de una carrera presidencial), pero les puedo asegurar que, por supuesto, Golborne es muy popular, porque ha cumplido una gran tarea en este rescate y porque, además, es un gran ministro”.

En círculos políticos se comenta que una potente señal de Piñera a Golborne se reflejaría en un eventual cambio de gabinete. Una cartera más visible, como Trabajo u Obras Públicas (de hecho, son las opciones que se aventuran), sería un indicio claro de respaldo a esta popularidad pre electoral. Lo anterior, considerando que Minería no generaría las herramientas necesarias para mantenerse activo en las encuestas de opinión.

Pero altas fuentes de palacio dicen que, por ahora, nada de ello está contemplado. Un ministro, entusiasmado con este boom del jefe de Minería, dice que Golborne debe seguir adelante con su perfil técnico y desarrollarlo, para luego darle mayor vitrina. Y que además, “como va a estar meses arriba en las encuestas, aunque esté en Minería, produce efecto de chorreo sobre el gobierno… le sube el promedio. Hoy, para el gobierno, Golborne vale oro”. Otro, más escéptico, dice tajante que “él sabe mucho de muchas cosas, pero poco de otras”, aludiendo a los conocimientos políticos del ex hombre del retail.

El titular de Minería, por su parte, opta por la cautela. En sus variadas entrevistas y declaraciones, se preocupa de otorgar los créditos necesarios a Piñera y deja en claro que lo suyo es un puesto de confianza presidencial. Golborne sabe de mensajes comunicacionales, al punto que incluso promovió la creación de una empresa asesora en estas lides antes de integrarse al gabinete.

Y qué dicen los partidos: ¿manda quien le gane a Bachelet?

Estaban en plenos tirones por quién tiene “el mejor derecho” de llevar la carta presidencial 2014, cuando Golborne (independiente) aterrizó de golpe en el escenario político de la UDI y RN. Mientras en el primero la carta principal es Joaquín Lavín –aunque algunos no pierden sus esperanzas en Pablo Longueira– en RN la opción la encabeza Hinzpeter, seguido del senador Andrés Allamand, más Alberto Espina y Lily Pérez, algo más atrás en la fila. Y si bien ya están comenzando silenciosamente a disputarse a Golborne –en la UDI dicen que está más cerca de ellos, mientras RN sostiene algo parecido, pero hacia sus filas– hay algunas voces que se encargan de aclarar que, si quiere ir a la presidencial, el camino en los partidos no lo tiene regalado.

“Tiene mucho talento, pero debe demostrar que es capaz de mantener esa popularidad y seguir dando pruebas de liderazgo. Y en eso, no hay que olvidarse por ejemplo de lo que pasó con el ex ministro Osvaldo Artaza, que separó a los siameses causando gran impacto, y del hoy nadie se acuerda…”, comenta un parlamentario UDI. Tajante, acota que “no porque le haya tocado sacar a los mineros va a ser candidato presidencial al tiro”.

Mientras, una alta fuente del gobierno adelanta que cualquier análisis serio indica que hay que mirar las cosas con perspectiva. “Este oficio (la política) no es amateur como para que salgan liderazgos presidenciales así como así”, advierte. Y llama a recordar lo que pasa en la Concertación: “hay que aprender a reconocer los liderazgos y los triunfos, pero no se les pone el cartel de presidenciables al tiro”.

Una voz del gabinete, sin embargo, tiene una opinión distinta: “aquí la cosa está muy clara: la pregunta que hay que hacerse es quién le gana a Michelle Bachelet. Y si ese es Golborne, no hay nada que hacer y los partidos tendrán que acomodarse con este candidato, aunque sea independiente. Aquí hay que darse cuenta de que, al igual que Bachelet, Golborne sonríe, genera afectos y toca guitarra. Pero, además, él es realidad, no puro canto”.

Como sea, dicen en la UDI que el partido debiera comenzar a definir su estrategia presidencial en noviembre, durante su consejo directivo ampliado. Hasta ahora, la principal apuesta sigue siendo Lavín y saben que si determinan que “es la carta”, se cuadrarán todos detrás.

No pasa lo mismo en RN, donde las cosas siempre han estado más desdibujadas. Si bien la opción principal sería el ministro del Interior, la lógica de las facciones domina históricamente al partido de Piñera. Los afectos son menos definidos y están marcados por las constantes tensiones entre conservadores y liberales.

El segundo de a bordo es Allamand. Si bien ha sido un histórico líder del partido, el no estar en la plataforma del gobierno hace difícil que logre instalarse como una carta en las mismas condiciones que Lavín, Hinzpeter y, ahora, Golborne. Pero de que está trabajando firme para eso, lo está: “es muy negativo levantar una alternativa de sucesión tan temprano”, dijo el lunes respecto de la carrera Golborne. Muy distinto a las declaraciones de Hinzpeter, esa misma mañana, a la televisión: “tiene una gran opción de convertirse en líder político… puede ser un candidato presidencial, sin lugar a dudas”.

Dos estrategias para hacer frente a un mismo fenómeno. Por algo están hablando…

Con los votos en la espalda
Dicen que el primer sorprendido con su popularidad es él. Y que algo de complicado está, porque nunca lo esperó ni tiene claro qué pasos políticos quiere dar. De hecho, varios comentan que es parte de su personalidad intervenir en proyectos de corto plazo, hacer cosas distintas y que estaría feliz de volver a la actividad privada en 4 años más. Pero, claro, “si tienes encima un 80% de popularidad y la posibilidad de ser el continuador del gobierno de la Alianza, es bien difícil resistirse”, dice un senador.